Que Diego no la creyera enferma la hacía sentir un poco mejor, sus palabras calmaban todo ese rechazó que se tenía hacía ella. —Gracias—Le dijo en voz baja, que apenas era audible, le sonrió y se sentó cruzando sus piernas en la cama “Sentarse de chinito” algunas personas así lo llamaban, mordió su labio inferior en una sonrisa, ella no era bipolar, pero la había hecho sentir mejor, sobre todo el detalle del té y de la caricia, lo tomaba aun paso tranquilo, disfrutando de su sabor que era tan peculiar, —Es feo estar en un internado ¿Verdad? —Lo cuestiono mientras una sensación la invadía, Diego siempre había crecido solo, eso pasaba, su hermana en su mundo y sus padres, solo se habían equivocado. —Tus padres te aman Diego y tú deberías hacerlo—Lo reprendió mientras los celos hacían posesión de ella, pero momentos después bajo la mirada, no era nadie para juzgarlo. —Serías un excelente padre, eso tenlo por seguro—Rió mientras lo imaginaba, con un traje, dándole un beso a su esposa y acariciando la cabeza de dos hijos, los cuales tendrían que tener sus ojos azules. —Bueno, quiero una familia normal… soy joven… no pienso en esas cosas, pero cuando sea un poco mayor quizás querré algo así —Rió de forma nerviosa, nunca había pensado en tener una familia, pero esa idea no podía siquiera procesarla, no imaginaba que tendría una vida, pensaba que la acabaría antes de una boda. —Esta delicioso, gracias—Lo abrazó y momento después no supo que decirle, se separó un poco, miro los ojos de él, sus finos labios, su rostro era perfecto, su sonrisa, fragilidad y sonrió para sí misma. —Quédate conmigo, también necesitas dormir—Acarició su cabello y se acercó a él hincándose en la cama, lo miraba de forma juguetona y mordía su labio, le dio un beso en la mejilla. —Pero tú te quedas en el sillón—Lo sentencio y se acostó para después ponerse las cobijas. —Diego—Lo llamó por su nombre antes de que llegará al sillón. —Te quiero—Dijo antes de hacer su típica sonrisa y de cubrirse el rostro con las sábanas blancas.