Consecuencias de tener radicales en el Ayuntamiento
Cuando los candidatos se reclutan entre okupas, asalta capillas y radicales antisistema, lo raro sería que las consecuencias negativas de este reclutamiento hubieran tardado demasiado en manifestarse. Al menos, las primeras consecuencias.
Tras unas pocas horas siendo el responsable de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, se daban a conocer algunas de las lindezas con las que el señor Guillermo Zapata inundaba la red social Twitter:
“¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero”
“Amigos, @lulm nos lee desde el Estado de Israel, que no se sabe para que necesita tanto espacio si cada persona ocupa un monton de ceniza” (Las faltas de ortografía son también responsabilidad de este concejal de Cultura)
“Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcaser para que no vaya Irene Villa a por repuestos”
“#rescateficcion Rajoy promete resucitar la economía y a Marta del Castillo”
No es nuestra intención hacer un comentario sobre esta persona, pues pocas veces alguien es capaz de reflejar sus cualidades personales en tan pocas palabras. Más bien pretendemos profundizar en ciertos aspectos sociológicos que nos permitan entender cuál es la estrategia subyacente a la campaña de defensa emprendida para proteger a este concejal.
Es una costumbre patológica dentro de la izquierda la de endiosar a sus candidatos. Sin embargo, mientras que la elevación a los altares es algo que los líderes de la izquierda saben que funciona bien (aunque tradicionalmente ha sido ha sido más frecuente en países latinoamericanos), es también conocido que el derrumbe de la imagen idílica de los líderes desemboca irremediablemente en rechazo, frustración y, en algunas ocasiones, en violencia. Es tanta la confianza que las bases de Ahora Madrid han depositado en sus concejales, y tantas las expectativas puestas en ellos, que inevitablemente cualquier fallo que cometan produce entre sus votantes una doble frustración. Por un lado, por destruir en cierto modo la imagen idílica que sobre ellos tenían, lo que les lleva a sentir que se han dejado llevar demasiado por una idea excesivamente bonita; por otro, porque se sienten en cierto modo humillados ante el adversario, al que pensaban que podrían acallar en cuanto su líder demostrara su buen hacer y sus bondades, a la par que creen darle armas contra ellos mismos.
Es decir, al igual que se conoce el efecto de lo que podemos llamar subida a los altares del líder, se conoce el efecto que se produce cuando se descubre la farsa. Es por ello que se deben activar las estrategias necesarias para dirigir contra el contrario el odio y la frustración que producen los errores cometidos por los propio. Con esto se consigue un doble objetivo, cerrar filas con los tuyos, a la vez que se insiste en la demonización del contrario. Esta estrategia es tanto más eficaz si tenemos en cuenta la euforia postelectoral.
Pretendemos que estar afirmaciones nos permitan explicar cómo se han creado las justificaciones y las defensas en torno a este concejal de cultura. Los argumentos se han centrado en dirigir la frustración contra la oposición: “nosotros no hemos cometido ningún fallo, es la oposición la que vilmente nos lo imputa”.
Podemos empezar, por ejemplo, por el caso del periódico digital Eldiario.es. Su defensa tira de los mantras de la izquierda contra la derecha. No hay mejor manera de atacar al contrario que tirando del tópico “la derecha siempre ataca la cultura”. En este caso, el subdirector es este diario nos deslumbra con la siguiente reflexión: “Vigalondo entonces y ahora Zapata son víctimas, además de sus errores, de la intolerancia hacia los artistas y creadores cuando se atreven a cuestionar con el humor u otras armas las verdades asumidas por la mayoría”. Es decir, que Zapata es una víctima atacada por aquellos que no entienden a los intelectuales. Sin embargo, la estrategia es este periodista es clara: dirigir contra la derecha la frustración que pueda producir el fallo cometido por el concejal, con el cerril argumento de que la derecha ataca a los intelectuales y a la cultura, sumándose a la tesis del propio edil, que argumentaba defender una causa justa como era defender a Vigalondo cuando en su día se vio en vuelto en una polémica similar. Se trata de dar la imagen de que él es la víctima, pues en realidad apoyaba una “causa justa”.
Ya vemos que la izquierda mediática activaba los protocolos para que la frustración generada entre los votantes de este desalmado se dirigiera, no contra el concejal por haberles puesto en evidencia ante la oposición, sino contra la oposición. Quien también nos tiene acostumbrados a estas prácticas no es otro que el periodista Iñaki Gabilondo (alguien a quien, si nos damos cuenta, también se ha elevado a los altares y se utiliza como referente moral de la izquierda). Según él, “el PP no va a dar los 100 días de rigor a los recién llegados a los ayuntamientos y aprovechará desde el primer segundo para buscar fallos que les favorezcan de cara a las generales, como el caso de Guillermo Zapata en Madrid”. Es decir, que las reacciones que se han producido por las palabras del concejal Zapata, no se deben a “alguna desmesura” cometida por él mismo, como dice el propio Gabilondo, sino a una estrategia del PP. Se trata, una vez más, de que la frustración entre los propios se dirija contra el contrario.
Peor sin duda han sido las retorcidas interpretaciones hechas por la nueva alcaldesa. Manuela Carmena, aficionada a llamar a la prensa para que la inmortalicen viajando en el metro, nos da algunas pinceladas de su forma de pensar para que nos quede claro el sectarismo con el que piensa regir. En una entrevista con Efe, lejos de recriminar la actitud de su concejal, ha dicho que éste ha mostrado una visión sobre el humor negro que aconseja que haga otras tareas que no sean las de concejal de Cultura, sino otra más adecuada, pero que hay que rentabilizar esa capacidad que tiene para el humor negro. Es decir, que no lo quita por sus palabras, sino porque ha demostrado unas capacidades que serían desaprovechadas en su puesto de concejal de Cultura, y que en otra posición podríamos beneficiemos todos mucho más de su capacidad intelectual. "Guillermo no es un problema, habrá que buscar la manera de poder rentabilizar mejor su actuación (...), pero en principio no es un problema". Es tan retorcida y sectaria su posición, que resulta ella casi más indigna que su concejal. Prueba de ello es que sigue siendo concejal, al que se le otorgan otras funciones. ¿Acaso sus palabras solo lo inhabilitan para un puesto determinado y no para el resto de cargos públicos?
Otro concejal, Pablo Soto, nos deleita con estos mensajes:
“Yo no puedo aseguraros que por torturar y matar a Gallardon se vaya a cambiar toda esta historia, pero por probar no perdemos nada”
“¿Sabéis ese tipo que se prende fuego en la escalinata del congreso antes de una revolución? Pues yo soy más de KALASHNIKOV”
“Bueno, eso, que a quemar bancos. Digo a dormir”
“Ojo, que no es que yo quiera quemar bancos, que es por su bien. Y por lo bonito que hace el fuego”.
“Los amigos #PPSOE están pensando en cómo salir de esta. No son los suicidios lo que les preocupa, sino el olor a guillotina. #AbajoElRégimen”
En este caso, la respuesta de Manuela Carmena ha sido decir que se siente orgullosa de haber sido capaz de traer a las instituciones a alguien que se encontraba alejado de ellas. Es una reflexión retorcida. Sádica. ¿Podríamos aceptar que personas condenadas por estafar varios millones a Hacienda fueran concejales bajo el argumento de que es estupendo atraer a delincuentes a la legalidad?
Curioso, por otro lado, que haya sido el PSOE, al que Soto amenazaba con guillotinar, quien haya dado apoyo a estos radicales.
Decía Manuela Carmena que nos convencería a todos de que no debíamos tenerle miedo. Mal empieza, y más bien demostrando lo contrario. Empezando por sus palabras e interpretaciones, que son signo de un sectarismo y un dogmatismo rancios que nos alejan de la posibilidad de pensar que Carmena gobernará para todos.












