Semana 2: Bonjour, Annie.
—Después de asegurarse de que estaba completamente sola y no tendrÃa interrupciones, encendió la cámara y la colocó sobre la mesa, procurando que enfocara directamente al sillón donde pensaba sentarse. Cuando obtuvo el ángulo que deseaba, presionó el botón de ‘play’ y corrió a tomar asiento—. Bonjour, Annie. —Dijo a modo de saludo, esbozando una pequeña sonrisa—. Supongo que habrás notado que llevamos una semana en el refugio. Aún asÃ, no he perdido la esperanza de volver pronto a Luxemburgo, a pesar de que no hay noticias de nuestros padres. Ya sabes, es una de las reglas de esta ratonera. —Admitió con una mueca de desprecio dibujada sobre su rostro—. Los dÃas aquà son aburridos, monótonos y eternos. Recientemente llegó la heredera Alemana. —La mano que tenÃa apoyada sobre el posabrazos del sillón se convirtió rápidamente en un puño—. Le he dicho que no se acercara a ninguna de las dos, asà que supongo que estaremos bien mientras nos evite. —Hizo una pausa—. Hablando de ese tema, preferirÃa que tú también la ignores, yo haré exactamente lo mismo. Ya sabes, no vale la pena gastar tiempo en una traidora como ella. —Realizó un gesto despectivo para, acto seguido, recargarse sobre el respaldo de su asiento—. Por otro lado, evita revelar información relevante sobre nuestro paÃs al prÃncipe de Suiza. Solo hemos hablado en una ocasión, por lo que no puedo garantizar que me caiga bien o mal. No obstante, hizo un comentario en el cual insinuaba que estaba evaluando a los demás herederos y no lo sé, simplemente me dio mala espina. —Se encogió de hombros y apoyó ambas manos sobre su falda, enderezándose en el acto—. Sin embargo, no todos aquà tienen una mala actitud. Un claro ejemplo de ello es el prÃncipe Fabrizio de Italia. Según tus propias palabras, él te dijo que serÃa tu escudo si los alemanes decidÃan atacarte de nuevo. —Miró directamente al lente de la cámara y alzó sus cejas, sonriendo divertida. Quizá el joven lograrÃa lo imposible y sacarÃa de una buena vez a Bernard del corazón de su hermana. Solo el tiempo lo dirÃa—. También mencionaste que una tal Kiara es realmente dulce y amable, al igual que Catalina, la heredera al trono de Argentina. —Comentó rascando su cabeza y mirando al techo de manera pensativa, intentando recordar si su hermana le habÃa hablado de alguien más—. Por último, pero no menos importante, está el prÃncipe de Nigeria. Se llama Kingsley y me has dicho que te agrada. A decir verdad, también a mà me cae bien. —Esbozó una amplia sonrisa—. En fin, creo que no hay nada más de lo que debas enterarte y espero no haber olvidado nada importante. Estoy segura de que el próximo lunes tendré noticias más emocionantes para contarte, de lo contrario, juro que me suicidaré. —Bromeó en tono dramático, conteniendo la risa que amenazaba con brotar de sus labios—. Lamento no tener fotos de las personas que mencioné. Quizás pueda incluir algunas en el video de la semana que viene. Búscame en el desayuno y no olvides que te amo hasta la luna, ida y vuelta. —Le regaló una última sonrisa para, acto seguido, ponerse de pie y apagar la cámara—.Â














