The Tree of Life 2011
Es el quinto largometraje del singular guionista, productor y director de cine estadounidense Terrence Malick. La obra de este director se centra en describir la belleza de la naturaleza en una clara oposición a la ambición y la crueldad del hombre. Ha narrado algunos de los episodios más oscuros de la historia de su país, como la Segunda Guerra Mundial en la película La Delgada Línea Roja o la destrucción de la cultura nativa norteamericana en la cinta Un Nuevo Mundo.
Terrence Malick es filósofo de la universidad de Harvard donde consigue graduarse con honores. Empieza a desarrollar una tesis de doctorados sobre la obra de Martin Heiddegger que nunca salió a la luz pública pero que se ve reflejada en este film: el ser y la existencia. Malick regresa con una obra que tiene como propósito plasmar el disfrute y los sinsabores, los milagros y los misterios de la vida, desde un punto de vista íntimo, una perspectiva épica, y por qué no, cósmica.
Es más sencillo contar la historia de Dios que convencer a los ateos que existe. Y es esto lo que Malick consigue: convencernos de ello con la sencilla historia de una familia típica americana en los años 50, narrada a partir de los ojos de un niño, Jack, en las etapas que nos definen. Hay pocas sorpresas en el relato: los ritos de iniciación que la vida presenta siguen los patrones de siempre, el padre, autoritario, patriarca, interpretado de manera excepcional por Brad Pitt, es en realidad un fracasado que no sabe relacionarse con el mundo; la madre, caracterizada por Jessica Chastain, encarna el amor y la bondad, es un refugio cálido y eterno. También nos sitúa en la actualidad, con Jack adulto, Sean Penn se encarga de darle vida a éste, convertido en un arquitecto de éxito, que junto a sus padres recibe la fatídica noticia del fallecimiento de su hermano. Nos lleva al viaje de la creación de esta familia y al mismo tiempo al asombroso periplo de la conformación del universo, del planeta Tierra y de las primeras formas de vida. Sin embargo, Malick sabe explicarlo como si fuera nuevo, escuchando las voces de la conciencia de sus personajes como si fueran las de su propia memoria, desterrando a la nostalgia de su mirada hacia el pasado, apostando por un montaje que le permite organizar los versos de un mundo que se encierra en su extraña belleza.
"The Tree of Life" es un ejercicio autoral y artístico. No es cine para pasar el rato, para eso tenemos a Rápido y furioso con sus nueve entregas. Es una obra que busca atrapar al espectador que necesite, o que sepa apreciar otros puntos de vista.
En este caso, Terrence Malick, divide su largometraje en dos secciones y las va alternando en el tiempo, contando una historia no lineal que se mira cara a cara con otros ejercicios más espirituales y menos rígidos, como "Zerkalo" (Espejo) de Andrei Tarkovsky, para encontrarnos al final con un trabajo no tan intelectual, que ni siquiera busca atrapar al espectador, más bien representa las necesidades de un artista por ofrecerle al mundo lo que mejor sabe hacer.
¿Dónde estabas cuando yo echaba los cimientos de la tierra... mientras me alababan los nacientes astros, y prorrumpían en voces de júbilo todos los ángeles e hijos de Dios? Es interesante la cita que el director elige al inicio de la película (Job, 38) porque es la contestación que Yahvé le da a Job en el único momento en que éste, en su desesperación, le interroga acerca del por qué le somete a tantas
calamidades. Malick nos presenta en las primeras escenas la devastación que sufre una familia cuando muere un hijo, y como su muerte interrogará a unos y a otros sobre las actitudes y maneras de enfrentar la vida y los vínculos.
El nuevo Job va a encontrar su lugar en la familia O'Brien, especialmente en la madre, que es introducida en la película mostrándonos las creencias religiosas con las que fue educada desde niña basadas en la oposición entre lo divino y la naturaleza, y que concluye con esta frase: “nos enseñaron que nadie que amara el camino de lo divino acabaría mal.” Dice también: “yo te seré fiel, no importa lo que me suceda.” Pronto esta creencia sufrirá una fuerte prueba cuando recibe un sobre en el que se le comunica que su segundo hijo, RL, ha muerto. El plano general en picado de ella sentada en la silla, sola, nos acerca a ese dolor que está latente pero que ve la luz cuando grita por lo que acaba de leer. Luego vemos cuando el padre recibe la noticia en su lugar de trabajo, quien se suma en un visible desconcierto a través de un primer plano en contrapicado y en el que el sonido de los motores del avión del hangar donde trabaja se asemejan a lo que su mente debe tener presente en ese instante, el aviso del fallecimiento de un ser querido y más aún, el de un hijo. La desesperación y el dolor, también la culpa, como manifiesta el padre por haberle humillado, irrumpen de repente en la familia, y con ello las inevitables preguntas a Dios: “¿Qué has ganado con que mi hijo muera?” manifiesta una madre desesperada. Aparece también entonces una imagen de Jack, el hermano mayor de RL, que ya pasado el tiempo está encendiendo una vela en honor al fallecimiento de su hermano. Lo vemos después moviéndose desconcertado e ido por una ciudad moderna, sólo y carente de sentido, como un alma en pena, donde la cámara en angulación contrapicada, se encarga de encuadrar al personaje en los inmensos rascacielos de la ciudad y en donde los travelling de seguimiento para el personaje con cámara en mano se usan para exponer lo primero.
Terrence Malick usa este film para decir que es más que un director de cine, es un creador, de los más genuinos que existen, aún activo, del cine americano. Cuestiones filosóficas hacen de esta película un universo personal, que no se parece a ninguno, donde queda claro que no sólo es lo que se quiere contar lo que podría gustar, es sin duda, el cómo se cuenta lo importante y donde se ve que hay una lucidez tremenda sumado a un trabajo concienzudo.
Cobran importancia dos aspectos en la narración: la importancia de los pies y de las manos. Se aprecian imágenes donde aparece un pie en el nacimiento, imágenes de pasos, un mordisco en el pie, una herida. La cámara va detrás de los niños mostrando los pies mientras corren, el hijo pequeño en una secuencia mueve el espejo mostrando al espectador sus pies, la madre bailando mientras la cámara captura sus pies, la madre mojándose los pies teniendo conexión con la naturaleza, hacia el final del filme los pies caminando en la orilla de la playa sobre el agua, etc. Los pies simbolizan sostener, descendencia, evolución y conexión con la naturaleza, con el ciclo inevitable de la vida. La importancia de las manos, donde se ve una mano sobre la espalda, manos sobre el césped conectando con la naturaleza. Otra secuencia en la que los hermanos se dan la mano mientras la madre los moja, al igual que en secuencias anteriores había hecho el padre con el árbol que planta. Manos del segundo hijo mientras duerme, las mismas manos que se agarran a los árboles, las mismas con las que los hermanos se balancean juntos o se ayudan a levantarse, o el disparo de un hermano a otro en el dedo. Hacia el final de la película unas manos salen de la tierra y cogen a la madre al mismo tiempo que la cámara muestra manos sobre los hombros o las espaldas de los personajes. El hijo cruza finalmente la puerta y suelta la mano de la madre. Las manos simbolizan la unión, la conexión entre las personas, el apoyo, el amor, la confianza.
Emanuel Lubezki, quien ya había trabajado con el director previamente, es el encargado de brindarnos fascinantes imágenes a lo largo de todo el filme. Visualmente el filme es impresionante y ese mérito le corresponde al trabajo de cámara de “el chivo”, que en cada cuadro nos pinta poesía en imágenes, los movimientos de la cámara y los ángulos de los encuadres son perfectos. Nos zambulle en imágenes que caminan entre lo acostumbrado y lo onírico. La cámara se mueve como si corriera al lado de lo niños de forma sutil y precisa, mientras que la luz de los atardeceres y amaneceres nos llenan de recuerdos.
En la película existen un sinfín de planos en los que la luz está de contra incidiendo sobre la óptica de la cámara y, como resultado, se obtiene el flare en la imagen. A pesar de que el resultado que se obtiene en la imagen al usar flare siempre se ha considerado un error garrafal en la fotografía, lo cierto es que da unos resultados muy artísticos, sobre todo cuando una figura tapa y destapa éste haciendo que aparezca y desaparezca en la imagen final obtenida en cámara.
Se cumplen las normas de los paradigmas preestablecidos en muchas escenas, como por ejemplo en la que O’ Brien enseña a su hijo a luchar. La iluminación en ambos personajes con luz de contra genera una sensación de mayor profundidad, además la luz de contra facilita el montaje de los planos pudiendo mantener un raccord lumínico sin necesidad de que el espectador diferencie si un plano se ha rodado en invierno y otro en verano, debido a que el sol sigue perfilando de igual forma al personaje con la utilización del contraluz que produce en su figura. Este aspecto de la luz es importante cuando se utiliza luz natural en exteriores como se filmó casi toda la película, excepto en algunos interiores nocturnos donde fue necesario hacer uso de luces cinematográficas, como en la escena donde el padre está tocando el órgano para su hijo, develando así el increíble dominio de Lubezki sobre su labor.
La cámara se mueve al son de la poesía que nos da una maravillosa banda sonora. Cada fotograma parece bailar como lo hacían los planetas al son del Danubio Azul en "2001: una odisea en el espacio". Hay mucha captación de las sombras, sobre todo un plano que ya hemos visto en fotografía pero que al verlo en movimiento provoca mareo, en el cual vemos a los niños jugando en la calle. Lubezki y Malick nos demuestran la conexión que existe entre ambos y como su concepción de la imagen y la narración cinematográfica va más allá del propio cine y se adentra en el terreno de lo personal, es uno de los homenajes más bellos al arte.
La segunda parte de la película nos muestra los comienzos de la pareja y luego la felicidad de la familia con la llegada de su primer hijo. Las imágenes se acompañan con la música que generalmente es usada de forma extradiégetica para poder transmitirnos diferentes sentimientos en la vida de los personajes. El "Himno a Dionisos" de Gustav Holst, nos acerca al mundo de la inocencia y del asombro constante con el que el niño vive el descubrimiento del mundo. Más tarde vemos los celos con la llegada del segundo hijo. La música de Bedrich Smetana "El moldava", nos sitúa en la etapa de crecimiento y adolescencia. Una pieza enérgica y dinámica que refleja perfectamente el torbellino de vida y energía que representan estos años los juegos, las fiestas, los cuentos, la curiosidad, la actividad y el movimiento, también asistimos a la llegada del tercer hijo.
De repente la película va a sufrir un cambio en la que va a ganar protagonismo el padre, que se nos va a mostrar como un padre autoritario al que sus hijos le tienen miedo, y por los que la madre, siempre cariñosa, delicada y atenta, sufre en silencio. También se empieza a observar la tensa relación entre él y Jack, al que vemos rogar a Dios. La música, como un elemento narrativo más, nos sitúa con la titánica "Toccata y fuga en re-menor" de Johann Sebastian Bach. Las distintas voces del fragmento de la fuga utilizado, nos muestran a través del imponente sonido del órgano, la aplastante ley del padre aún en su incongruencia, capaz de jugar con sus hijos a la vez que les impone severos castigos o tratos humillantes.
Asistimos también, casi a manera de despedida, a la relajación del ambiente familiar que el padre impone, cuando al marchar de viaje los niños y su madre viven como un breve retorno a la infancia, a la inocencia ya perdida. La melodía de "Las barricadas misteriosas" de François de Couperin, nos transmiten esta mezcla de ligereza y alegría, delicadeza e inocencia que se acompañan de la voz en off de la madre en la que sus mensajes son tan distintos a los del padre: Ayúdense el uno al otro… Amen a todo el mundo. Cada hoja, cada rayo de luz... Perdónense. También escuchamos el sufrimiento de Jack, ese dolor del alma, su tristeza melancólica por la inocencia definitivamente perdida, en las notas de piano que interpreta la Sonata para piano K. 545 de W. A. Mozart. En la película la interpreta el padre al piano, ésta es de las pocas veces donde el sonido diegético hace parte de la película, metáfora del dolor del alma que también tiene él.
Al final la película te deja sin palabras. Probablemente porque es una película completa y redonda: está bien concluida y no hay nada que añadir. Te da la sensación que no la puedes explicar, ni siquiera eres capaz de describir bien las impresiones que te ha causado. Por eso es tan difícil hacer de ella una crítica de la única manera que sé: con palabras. No es una película común, es belleza visual, es la vida. Durante los 140 minutos que dura el film, Terrence Malick consigue despertar diferentes sentimientos aludiendo al creador, la preciosidad de su obra y las complejidades que se nos plantean a lo largo del camino de la vida.













