Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.
José Saramago (via hachedesilencio)

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Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.
José Saramago (via hachedesilencio)
Se poco de búsquedas y mucho de nostalgia. A veces todavía nos puedo sentir en aquel puente, dejándonos la garganta mientras la lluvia nos calaba. En aquellas noches, cuando no existían los horarios, cuando construíamos familias de seres perdidos. Cuando cerrábamos los antros del barrio viejo y saludábamos a los primeros tenderos: "buenos días, Princesa" con más ron que sangre en las venas.
Hoy iba a escribir nuestro tratado de la “imposibilidad”, pero tu sonrisa se ha colado entre las letras y he perdido los argumentos de camino a casa. Ahora tu cepillo de dientes morado y el mío rojo, me parecen la perfecta combinación para esta casa de grises. Hoy también debería haberte despedido, sin discursos formales ni frases hechas, una despedida de las mías, sin palabras ni explicaciones, cargada de silencios que solo entiendo yo (y a veces ni siquiera). M. dice que siempre cojo carrerilla antes de estamparme contra murallas chinas, yo la digo que la vida me ha enseñado a caerme y a tropezar, pero que sigo disfrutando de la carrera, de cada pisada, del vaho saliendo de mi boca, de la gravilla que se levanta a mi paso. Hoy vamos a tirar el dado una vez más, a ver que sale…
Lo que mas me jode es que sigas siendo mi salvavidas. Ese al que me aferro cuando las cosas se están poniendo difíciles. Que yo siga aquí, usándote de escudo y de parapeto mientras tu probablemente a kilómetros de distancia le arrancas besos a alguien. Supongo que es lo mismo que jode a todo el mundo, no ser la historia inacabada, el: "y si" de esa persona a la que no permitimos irse del todo. Voy a sobrevivirte, de eso estoy segura, porque sobreviví a ella y a las cenizas que masticaba a cada paso, no creas ni por un segundo que vas a conseguir hacerme daño, que hace ya tiempo que solo conozco lagrimas de frustración. Voy a dejarte creer que me destrozas, no te sientas especial por ello, vendrán más, probablemente algún día recuerde tu olor en la almohada, pero no te equivoques, hace ya tiempo que mi única adición es la nostalgia.
Estoy cansada. Cansada de justificar los porque si y porque no, de buscar explicaciones, de puertos de paso. A veces pienso que solo se vivir en el fracaso, en la agotadora carrera para llegar a una meta que nunca alcanzo. A veces creo que nací con el inconformismo grabado en alguna recóndito rincón de mi cuerpo, como un embrujo gitano que me persigue sin descanso.
A veces me pregunto si te dejare quedarte. Si me dejaras acompañarte un rato. Porque esta vez, son más tuyas que mías las ganas de salir corriendo, son más tuyos que míos los miedos. Apuro cigarros y cervezas fingiendo que no importa si hoy espero o no escuchar tu voz, que no importa si estas calada hasta los huesos esperándome en el portal con una botella de vino. No se desatar tus nudos de mi cuerpo, no se hablar de nada que no sea la forma en que muerdo tus caderas. Que ahora cuento los minutos en función del ritmo que marcan tus dedos en mis piernas y los días se confunden entre ellos a la espera de tenerte entre mis sábanas.
Desde aquel Sábado solo se afilarme los colmillos en tu cuello. Una loca más orbitando alrededor de tus pupilas, sin límites que nos aten a la cordura. Sobrevivo al paso lento de las horas, a la rutina asfixiante de los días. Araño segundos a los minutos para buscarte una vez más entre las sábanas, les cuento a unos y a otros que hoy no tengo el día de copas medio vacías. Sólo quiero que pase este invierno una vez más, que se lleve lejos mis ganas de ti o que te traiga, que te traiga para siempre.
Yo siempre tan segura, tan en mi cuadrado de deberes,placeres y responsabilidades. Estoy descuadrada por ti, por tu pelo rubio y tus ojos demasiado azules. Por tus "hoy no se, pero mañana quizás" y me debato entre mis ganas de borrar cualquier rastro de ti o salir a buscarte el día que decidas plantarte en mi puerta, como siempre, por un impulso momentáneo. Polos opuestos que se atraen dirán ellos, el caos que ha llegado para salvarme, diría yo. Y da igual, ya todo da igual, porque sólo nos quedan kilómetros, una distancia insalvable. Y ahora ya no sirven de nada las veces que he estado en el lugar y en el momento adecuado. Ahora sólo cuentan las veces que estamos dejando de ser.
Dices que se me ve a leguas la pinta de conquistadora innata, siempre pensando en el próximo territorio inexplorado. Te doy la razón por esta vez, sin que sirva de precedente, porque ya he visto antes la determinación grabada en las pupilas de aquellas que creyeron poder convertirse en raíces. Que no hay cuerdas, ni sentimientos que vayan a poder atarme a ti más de una primavera. Es mi naturaleza huir cuando el terreno se ha vuelto demasiado llano, cuando los caminos se tornan viejos conocidos.
Déjame conocerte. Descosernos mutuamente las cicatrices, contemplarlas sangrar y dejarlas curar con el aliento caliente de nuestras bocas. Vamos a esconder sólo nuestras caretas, piel a piel, mente a mente. Que las imperfecciones hablen por nosotras. Arrancarnos los orgullos, lo superfluo, descubrir todo lo que no sabemos que somos, recorrer paisajes nunca antes explorados. Sin prisas, sin horarios, sin rutinas. No vas a arrepentirte. No vamos a arrepentirnos.
Ahora vuelves a mover tus caderas delante de mí. Con ese medio gesto tan tuyo asomando en los labios y mis ganas entre los dientes.Al ritmo de una música que solo pareces comprender tú. Eso es una de las cosas que más me gustó de ti, ese ritmo que nadie más podía entender y al son del cual todos intentábamos mover los pies. Tan cercana y tan inalcanzable a la vez, daba igual arrancarte la ropa a tirones, recorrer tus caderas grabando cada centímetro de tu piel con nuestras huellas. Ilusas todas señalando fronteras. Nunca llegué a saber si disfrutabas con ello o por el contrario te asqueaba esa tendencia a convertirte en trofeo. Escondida siempre, detrás de faldas demasiado cortas y escotes demasiado prominentes.
La vida al final no deja de ser una sucesión de actos a los que te ves condicionada desde el día, instante y lugar en el que naces. Pero aún así todos seguimos lanzando el dado con la esperanza de que la distancia que separa dos números, marque la diferencia de nuestro “mañana”. No te engañes, da igual cuantas veces lances los dados, los trucos y supersticiones a los que te encomiendes. La vida al final es un tablero estándar y predecible al que intentamos buscarle lo inesperado. Así que…¿ por qué no nos limitamos a disfrutar la partida?
No te rindas.
No te rindas. Aunque ya no estemos ahí. No dejes jamás de intentarlo, llega hasta dónde juraste llegar, alcanza la cima y búscate otro reto más, no te pierdas por el camino de los que creyeron que sólo existía lo ya conquistado. Hay miles de ellas ahí fuera, esperando a verte llegar y clavar tu bandera. No creas haberte empapado ya de todas las páginas de este libro, permítete tropezar, caer, con la fuerza de quién sabe que le sobra fuerza para levantarse. No seas lo que ellos quieren que seas, déjate llevar por las más bajas pasiones, aprende a perder el tiempo y a ganarlos, a atrasar el minutero por placer. Prueba otras comidas, otras bocas, otras músicas. Abandónate a la corriente, al placer de lo no planeado, rompe esquemas y calendarios. Rómpete en mil pedazos, quítate las armaduras, juegatelo todo a caballo perdedor, hazlo, se consciente de ello y no te arrepientas, porque todo eso también eres tu.
2.500 kilometros. Exactamente esos. Al menos desde la última vez que nos cruzamos un 28 de Diciembre en Preciados. La gente comía chocolate con churros y las pelucas rosas invadían las aceras, y tú. Tu mirabas a otra ella. Y yo, yo volvía a aquellas navidades de 2009, cuando abandoné mis sueños de explorar los cinco continentes y me dediqué a recorrer con los ojos cerrados el camino que marcaban las líneas de tus manos. Aquella nochevieja en la que cambiamos las doce uvas por los doce escalones que nos separaban de tu casa y nuestro día uno por un cinco de noviembre con sabor a comienzo inesperado. Entonces comprendí, que da igual lo lejos que me marche, los kilometros que recorra, las bocas que marque con mi saliva. Que ese hilo que me ata a ti, es tan solo mío y tu espacio no es más que el que yo te otorgo en mis recuerdos producto de aquel oasis que inventé para nosotras, que al final y al cabo, éramos tan solo todo aquello que yo quería que fuéramos. Y la vida sigue, con otra ella que cambiara tus sábanas y soportará tus manías. Y yo seguiré, de escala en escala, de aeropuerto en aeropuerto, de ilusión en ilusión, creyendo haberte encontrado en cualquier sucedáneo de causa perdida, rescatando vidas ajenas por el camino, rescatándome. Siempre creyendo encontrarte cuando reconozco los ecos de tu colonia mezclándose con tu piel entre las brujas de Yucatán, en los ejecutivos con prisa que abarrotan la City, en los músicos que destrozan guitarras a orillas del Sena....
A veces me pregunto como es posible que sigas doliendome. La lluvia me cala, los coches pasan, la gente abarrota Sol en hora punta y tu permaneces…impasible. ¿Por qué no puedo arrancarte? Tu olor aún sigue conmigo, tus manos no han olvidado el modo de encontrarme, tu aliento sigue erizandome la piel. No hay aviones, mares, continentes que consigan alejarte de mi.
Usted — como siempre — ha sido la excepción más gloriosa y pertinente que he tenido que experimentar, y a pesar de mis intentos por no caer en el amor, fui directamente hacia él, cayendo de bruces al abismo de sus ojos. Ha sido usted la decisión más atinada, el hechizo más duradero y la forma más sincera de decirme a mi mismo “te quiero”. Desde que usted llegó a mi vida ya nada importa demasiado, la lluvia, el sol y las estrellas se han quedado en segundo termino; ya no importa nada más, desde que su existencia se cruzó con la mía, mi vida se tambalea melancólicamente por el estrecho camino que traza su andar.
Alejandro Esparza - Mujer con alas de Quetzal (via raccoon-linyera)