Un olor nauseabundo
De gases que provenían del suelo;
Desde ahí, hasta el mismo cielo
Ardía en llamas.
Les juro que hasta Dios se quemaba.
Al llegar, un perro me esperaba
Cuidando las puertas de la gran muralla.
Su boca ladraba con furia desenfrenada;
Una vida destruída por el odio y la codicia,
Que egoísta.
El fuego de la de venganza me espanta.
Como castigo serás testigo del horror.
Cuerpos rotos en profundos pozos
Uno encima del otro,
Ninguno tiene rostro.
Todos somos todos.
Tus penas son las del otro.
El infierno es un invento
De los que nunca vivieron.
La vida es el suplicio
Y la muerte el arrepentimiento.
De sueños me alimento,
Nada de mi vida pasada recuerdo.
Más se que en mi conocimiento
Del tiempo, que atraviesa el cuerpo
Quedan fragmentos de momentos intensos.
Que no somos cuerpos que sólo utilizan el razonamiento
Tenemos el alma, que existe hace tiempo
De vidas pasadas, que errores cometieron
Que intentan decirnos, a veces en sueños
Ya sufriste por esto,
No lo hagas de nuevo.














