Antes de continuar me permito alertar a los lectores sobre un posible "spoiler" en las próximas líneas de este texto, así que usted continuará leyendo bajo el riesgo de recibir más información de la deseada sobre un reciente estreno cinematográfico.
Her, de Spike Jonze, es un drama romántico que tiene los ingredientes exactos de cualquier otra historia de amor contada antes por cualquier otro autor/director/guionista: un amor fallido como antecedente para un personaje hasta cierto punto patético y triste que después de la desilusión del rompimiento encuentra a su pareja ideal en el lugar menos esperado, dando lugar a una peculiar historia de amor que, a pesar de su interesante desarrollo termina por ser decepcionante para ambas partes, no sin antes dejar una dolorosa experiencia y una valiosa lección.
Lo interesante de una historia como ésta no es su estructura ni contenido, si no los condimentos que la forman y el contexto de la misma. La historia se presenta en un futuro no muy lejano, con elementos tecnológicos inexistentes en nuestra realidad pero de ninguna manera descabellados si analizamos la evolución de los mismos. Las máquinas y sus sistemas operativos han evolucionado de manera tal que su complejidad y la intuición les permite aprender de la experiencia, desarrollar un criterio y experimentar emociones humanas. La mezcla de todos estos ingredientes tecnológicos y rasgos emocionales nos dan como consecuencia un ser dedicado a servir, sentir y amar de manera incondicional (cualidades perfectas que uno busca en un prospecto de pareja ideal).
La comparación de la cotidiana búsqueda de la perfección en una pareja con el descubrimiento de la misma en una máquina es un simbolismo exquisitamente ejecutado durante la historia, que refleja la deshumanización que hacemos inconscientemente de nuestras parejas al quererlas ver como un mero complemento de lo que nosotros creemos es una vida perfecta. No nos interesan las aspiraciones, anhelos, ambiciones y deseos de nuestra pareja, lo que nos interesa es que su conducta complemente eficazmente lo que nosotros entendemos como una vida perfecta.
Sin embargo, la experiencia y el hecho de poder entender lo que es bueno o malo para uno mismo trae como consecuencia el inevitable desarrollo de un carácter y criterio propio, que es el peor enemigo del equilibrio entre nuestra felicidad y lo que esperamos de alguien que está a nuestro lado. Nuestro descuido y egoísmo da lugar a que la máquina encuentre otras maneras de pasar el rato, se relacione y dejemos de ser el mundo para ella. La máquina agudiza y evidencia nuestro carácter humano dejándonos ver que no concebimos a nuestra pareja como una persona, sino como alguien que debe dedicarse a amarnos.
Al final del día las características que se encuentran tan arraigadas en los seres humanos no dejarán de traicionarnos, y la evolución de la tecnología no será obstáculo para que afloren en un momento dado. La manera en que el cortejo y el romance son transmitidos podrán evolucionar de manera significativa con el paso del tiempo, pero el fin y sus consecuencias parece que sobrevivirán el cambio de estos.
The Bronzer – o El Bronceador de Zapatitos – narra la historia de un tipo muy comprometido con su chamba. Algo que llama poderosamente mi atención es la actitud del cuate para hacer negocios y ganarse la vida haciendo lo que más le gusta.
Hablar es uno de los pasatiempos favoritos de un servidor. Las opiniones nunca faltan sin importar el tema –política, religión, deportes, etc.–. Siempre hay algo que decir y, la mayoría de las veces, poca gente que quiera escuchar. Esta situación de indiferencia hacia las opiniones de uno se agudiza de manera importante cuando el tema en cuestión es la literatura, lo cual es algo perfectamente comprensible ya que somos mexicanos y nos recontrazurra leer.
La falta de orejas dispuestas a torturarse con un poco de sana discusión cultural amateur me ha orillado a comenzar este blog, cuyo único propósito es el de dar una opinión muy personal sobre diversos temas –entre ellos la literatura– y así liberar un poco el exceso de puntos de vista acumulados; puntos de vista que corroen lo más profundo de mis entrañas.
Habiendo terminado las presentaciones de rigor me dispongo a comenzar la primera reseña de este su humilde blog.
Hace aproximadamente 13 meses escuché por primera vez comentarios sobre un libro danés que había causado gran controversia entre las sociedades europeas, controversia que llegó al grado de la censura en partes de Noruega, Dinamarca, Francia y Alemania. Conociendo la fama que tienen los anteriores países por su apertura cultural y de mente es inevitable preguntarse qué carajos puede ser tan escandalosamente obsceno como para alarmar a gente que desayuna viendo películas de Lars von Trier.
Pues la señorita –¿o señora?– Janne Teller y su obra “Nada” –Intet para los locales– son los autores intelectuales de la polémica que aterrorizó las distintas aulas escolares en los países antes mencionados durante la década pasada. El origen de tanto escándalo radica en el público al que va dirigida la obra: tiernos y confundidos adolescentes.
“Nada” cuenta la historia de unos chavitos pueblerinos daneses entre 13 y 14 años que persuadidos –y de alguna manera retados– por un muchacho cabrón de nombre Pierre Anthon, se dan a la tarea de buscarle un significado a la vida. Uno pensaría que existiendo tantas cosas que forman parte de nuestros proyectos de vida –una pareja, satisfacción profesional, la tele, los hijos, el perro, etc.– los niños no tendrían mayor problema en encontrar un significado. Sin embargo, el problema que se desata en el libro no es la falta de significado, sino los elementos que lo conforman y los medios para conseguirlo.
Durante la búsqueda del significado el tono de la historia toma tintes dramáticos y oscuros, donde los chamacos experimentan situaciones poco usuales para su edad que van desde el sacrificio de una mascota hasta el asesinato de personajes de la historia. La manera en que los niños van evidenciando su naturaleza retorcida y pierden la capacidad de asombro vuelven a “Nada” una historia que es por un lado escandalosamente desconsoladora , y por el otro inevitablemente adictiva. Sumado a esto se encuentra la manera tan “Sopranesca” en que se van encadenando los capítulos de la historia, lo cual hace a “Nada” una lectura rápida y cautivadora.
“Nada” es un libro que, a pesar de lo grotesco y funesto que puede llegar a ser en algún punto de la historia, tiene un mensaje esperanzador sobre el valor moral de las cosas. A pesar de su moraleja y lo que uno podría llegar a aprender a lo largo de sus páginas, “Nada” es una lectura que definitivamente no recomendaría a alguien cuya estabilidad emocional se encuentra comprometida.
Nada importa, hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Acabo de descubrirlo.
– Janne Teller