Sobre las razas de la Tierra Media
Para aquellos recién llegados al universo de Arda y a la obra de Tolkien, sería adecuada una descripción general de los Elfos. Son tan altos como los Hombres, y a menudo más altos. De todas las criaturas vivientes de la Tierra Media, son los más hermosos y dotados. Los Elfos son inmortales, pero pueden morir en combate, y pueden también perder el deseo de vivir. Cuando mueren, sus espíritus van a las Estancias de Mandos. Allí esperan el día de su regreso. En el principio de los Días, los Elfos vivían en la Tierra Media. Pero los Valar, que residían en el País de Valinor, más allá del Gran Mar, pidieron a los Primeros Nacidos, como se conocía a los Elfos, que vinieran a vivir con ellos. Muchos lo hicieron, pero unos pocos permanecieron en la Tierra Media. A estos se les permitió viajar a Valinor en un futuro, cuando la maldad hubiera sido erradicada del mundo. Este es uno de los aspectos más importantes de la Historia de los Elfos en la Tierra Media. Durante la Segunda Edad, los Hombres envidiaron la inmortalidad de los Elfos, y trataron de llegar a Valinor. Los Valar ocultaron su tierra y la hicieron invisible, para que nadie excepto los Elfos pudiera encontrarla. La ruta que debían seguir para ello fue llamada el Camino Recto.
Se dice de los Elfos que despiden una suave luz propia, sobre todo aquellos que han estado alguna vez en Valinor, o sus descendientes. Tienen una afinidad natural con todas las cosas vivientes, y pueden comunicarse con animales, e incluso con plantas y árboles. Su vista es excelente, muy superior en alcance y definición a la de cualquier otro ser, con la posible excepción de las Águilas. A decir de Gandalf, pueden “distinguir a una legua un gorrión de un jilguero”. No usan riendas ni estribos para cabalgar, bastándoles una palabra amable al oído de los caballos para que estos obedezcan sus deseos. Su andar es liviano, de modo que apenas dejan huellas, y no suelen usar botas. Estan dados a la bondad, y no soportan la presencia del mal en cualquiera de sus manifestaciones (nótese, por ejemplo, que los Elfos presentes en el Concilio de Elrond se tapan los oídos al oir la inscripción del Anillo Único, escrita en la Lengua Negra; y que Glorfindel se estremece al tocar el puñal de los Nazgûl con el que ha sido herido Frodo (La Comunidad del Anillo)). No necesitan dormir, como duermen los Hombres, aunque descansan la mente “en los extraños senderos de los sueños élficos, aún caminando con los ojos abiertos a la luz del mundo” (Las Dos Torres, pág. 30).
Otro factor importante acerca de los Elfos es que, aunque algunos de ellos, puedan haber cometido actos reprobables, muy pocos (o ninguno) son realmente malvados. Pero pueden ser corrompidos por la codicia de grandes tesoros, y esto casi siempre trae problemas y desgracias para ellos mismos, y para otros.
Evidentemente, sus orejas eran de algún modo puntiagudas; más que las de los Humanos, en cualquier caso. El único lugar en que esta cuestión se trata directamente son las Etimologías, publicadas en The Lost Road. Allí se dan las dos entradas siguientes para el elemento 'las' [Q =Quenya, N =Noldorin]:
*lasse 'hoja': Q lasse, N lhass; Q lasselanta 'caída de las hojas, otoño', N lhasbelin (*lassekwelene), cf. Q Narquelion [ KWEL ]. Lhasgalen 'Hojaverde' (nombre gnómico de Laurelin). (Algunos piensan que esto está relacionado con *lasse 'oreja'. Las orejas de los Quendi eran más puntiagudas y parecidas a una hoja que las de los Humanos).
'escuchar'. N lhaw 'orejas' (de una persona), en viejo dual *la, en singular lhewig. Q lar, lasta- 'escuchar'; lasta 'escuchando, oyendo' - Lastalaika 'orejas agudas', un nombre, cf. N Lhathleg. N lhathron 'oyente' ( *la(n)sro-ndo ) ; lhathro o lhathrando 'escucha'.
Algunos han rechazado esta conclusión basándose en que estas entradas fueron escritas antes de que El Señor de los Anillos fuera siquiera comenzado y que no deben aplicársele. Es notorio que el elemento 'las' retuviera sus dos significados, como puede verse por ejemplos del Señor de los Anillos mismo, p. ej. en Legolas ('Hoja verde') (Las Dos Torres, 106, 154), 'lassi' (="hojas") en el Lamento de Galadriel (La Comunidad del Anillo, 394), y Amon Lhaw (Colina del Oído).
Los niños Eldar recibían dos nombres (essi), uno dado al nacer por el padre, el otro más tarde, por su madre:
“... estos nombres maternos tenían gran importancia, pues las madres de los Eldar adornaban el carácter y la habilidad de sus hijos, y muchas tenían el don de la previsión profética. Además, cualquiera de los Eldar podía adquirir un epessë (“segundo nombre”), que no provenía necesariamente de la família, un sobrenombre otorgado generalmente como título de admiración y honor; y el epessë podía llegar a convertirse en el nombre reconocido posteriormente en cantos e historias (como fue el caso, por ejemplo, de Ereinion, siempre conocido por su epessë Gil-galad).
Cuentos Inconclusos, pág. 336
De porqué se le dio a Ereinion ('Vástago de Reyes') su epessë:
“Se dice que Ereinion recibió el nombre Gil-galad “Estrella Radiante”, debido a su yelmo y a su escudo de plata con un dibujo de estrellas blancas, que brillaba en la lejanía como una estrella, y que podía ser vista por ojos élficos a una gran distancia si él se encontraba en una loma”.
[El “dibujo de Estrellas Blancas de Gil-galad aparece en el nº 47 de “Pictures by J.R.R. Tolkien”.]
Otro epessë familiar a los lectores de El Señor de los Anillos es Galadriel, cuyo nombre paterno era Artanis (“mujer noble”) y el materno eraNerwen (“doncella-hombre”) (Cuentos Inconclusos 295). Galadriel era la forma Sindarin de Altariel (Quenya) y Alatariel (Telerin).
“En la lengua alto-élfica su nombre era Al(a)tariel, que derivaba de alata “radiación” (Sindarin galad) y riel 'doncella rodeada de una guirnalda' (de la raíz rig- “guirnalda”): el significado completo es “doncella rodeada de una guirnalda radiante”, en referencia a su cabello.”
De su destino tras la vida, los Elfos sabían mucho, debido a su larga estancia en Valinor y a lo que allí habían aprendido de los Valar. Los Elfos se ven a sí mismos como la suma de dos partes: el Fëa (espíritu) y el Hroa (cuerpo). Ambas partes no están atadas la una a la otra, pero sin Hroa, el Fëa no tiene poder, y sin espíritu, el cuerpo muere y se disuelve. La duración de la vida de los Elfos es por naturaleza la del mundo (aunque a menudo se les llama inmortales, que es un concepto totalmente diferente). Pero los Elfos llaman al mundo “Arda Sahta”, el Mundo Maculado. Dentro de sus límites, nada está libre de la influencia de Melkor, y los Elfos y los Hombres, que están hechos de la misma materia de Arda, están destinados a sufrir de alguna manera.
De modo que el Fëa tiende a “consumir” el Hroa, hasta que todo lo que queda de él es una forma difusa que es, de hecho, indestructible. Los Elfos pueden morir de pena, o a causa de heridas (aunque no por enfermedad) y entonces el Fëa abandona el Hroa. El Fëa sin hogar será convocado en las Estancias de Mandos, a donde irá por propia voluntad. Muchos Fëa hacen esto, pero aquellos que han sido influenciados por Melkor, por temor al castigo que recibirían en Mandos, permanecen en la Tierra Media intentando tomar el control de otro Hroa que ya contenga un Fëa. Aquellos que siguen la convocatoria pueden, si lo desean, encarnarse en un cuerpo recién nacido, idéntico al anterior. Los demás permanecen en Mandos hasta el Fin del Mundo. Porque los Elfos están sujetos al mundo y no pueden abandonarlo. Todos los Fëar, cualquiera que fuera su elección, deben esperar en Mandos durante un tiempo; cuánto dependía del propio Fëa. Si había cometido actos malvados en su vida anterior podría tener que esperar mucho antes que se le permitiera volver a la vida. A Fëanor, por ejemplo, nunca se le permitió abandonar Mandos.
El Elfo renacido es un niño otra vez, y no recuerda su vida anterior hasta que su experiencia y conocimiento han crecido. Entonces su vida se enriquece doblemente, ya que ha experimentado dos infancias y tiene recuerdos de dos vidas. Hay muy pocos casos en que un Elfo se haya reencarnado más de una vez. Se desconoce la razón de esto. No hay ejemplos documentados de Elfos reencarnados excepto Glorfindel de Gondolin, que renació en la Segunda Edad y prestó ayuda a Frodo y sus compañeros en el camino a Rivendel.
Los Enanos fueron hechos por Aulë, el maestro herrero y artesano de los Valar. Esto iba en contra de los planes de Ilúvatar: Aulë no tenía el poder ni la autoridad para crear otros seres vivientes (el resultado de sus esfuerzos fue un grupo de marionetas). Sin embargo, dado que se arrepintió enseguida de su pretensión y porque sus motivos habían sido buenos (deseaba niños a quienes enseñar, no esclavos a quienes mandar), Eru otorgó vida a los Enanos y pasaron a formar parte de su plan para la Tierra. Pero los Elfos aún debían ser los “Primeros Nacidos”, de modo que los Enanos tuvieron que dormir hasta que los Elfos despertaran.
En el capítulo del Silmarillion que habla de la creación de los Enanos, sólo se menciona a los Siete Padres. En la Carta nº 212, sin embargo, Tolkien habla de trece enanos que fueron inicialmente creados:
"Uno, el más antiguo, y seis más, con seis compañeras".
Por lo tanto, parece ser que Durin realmente ”caminó sólo” como dijo Gimli en su canción.
Las Puertas de Durin eran la entrada occidental al reino de Hadhodrond o Khazad-Dûm, más tarde llamado Moria. Fueron construidas en la Segunda Edad de la Tierra Media, probablemente antes del año 1000, cuando la amistad entre los Enanos y los Elfos de Eregion era mayor de lo que nunca llegó a ser después.
Las Puertas permanecieron en su lugar hasta el 13 de enero de 3019 TE, cuando la Comunidad del Anillo las atravesó, escapando por los pelos al Vigilante del Agua, que cerró las puertas tras ellos y las cubrió con rocas y troncos de árboles.
Las Puertas fueron construidas en colaboración por Elfos y Enanos. Narvi, posiblemente el mayor artesano de los Enanos en aquel tiempo, diseñó y construyó las puertas mismas; Celebrimbor, Señor de Eregion y descendiente de Feanor, las decoró con ithildin: hizo los Emblemas de Durin, un martillo y un yunque coronados por siete estrellas; el árbol de los Altos Elfos; y la Estrella de la Casa de Feanor. Escritas en las puertas estaban las palabras:
“(Estas son) las Puertas de Durin, Señor de Moria. Habla [Dí] 'amigo' y entra. Yo, Narvi, las hice; Celebrimbor de Hollin grabó estos signos.”
Las Puertas estaban construidas de forma que pudieran abrirse desde dentro, simplemente empujándolas. Se necesitaba la fuerza de al menos dos enanos para hacer esto. Además, los Enanos siempre mantenían una guardia tras las puertas, de modo que una persona sola, previsiblemente alguien que tratara de escapar, no podría abrir sin ayuda de la guardia.
Desde el exterior, ninguna fuerza enana, élfica o humana podía mover las puertas, excepto la contraseña inscrita en ellas; entonces se abrían solas, hacia los lados, hasta tocar la pared de roca.
Las Puertas de Durin permanecieron abiertas durante muchos años mientras los Enanos de Khazad-Dûm y la gente de Celebrimbor mantenían el comercio para su mutuo beneficio. Hacia el año 1200 de la Segunda Edad, Sauron, con la apariencia de Annatar (Señor de los Dones) empezó a enseñar a los Elfos de Eregion los secretos de la creación de objetos con poder. Sauron forjó el Anillo Único hacia el 1600 SE, y los Elfos se dieron cuenta de que habían sido engañados y de quién era Annatar en realidad. La Guerra entre Sauron y los Elfos empezó, y en 1697, Celebrimbor fue muerto y los Elfos de Eregion fueron vencidos por Sauron. Una hueste de Enanos y Elfos de Lórien cruzaron las puertas y atacaron al ejército de Sauron por la retaguardia, lo que permitió escapar a Elrond. Después de esto, las Puertas se cerraron al ejército de Sauron y permanecieron cerradas durante los Años Oscuros (es decir, hasta el fin de la Segunda Edad).
Las Puertas no se mencionan de nuevo en la historia hasta la Guerra del Anillo, aunque sin duda el Pueblo de Durin habría abierto y cerrado las puertas numerosas veces antes de la llegada del Balrog en el año 1980 de la Tercera Edad.
Después de esto, con la excepción de la Expedición de Balin a Khazad-Dûm, ahora llamada Moria, las puertas estuvieron siempre cerradas hasta la llegada de Gandalf, que interpretó mal las palabras “habla, amigo, y entra”. Tardó un tiempo en entender que la contraseña estaba inscrita en las puertas mismas. Como dijo él mismo: “Aquellos eran tiempos más felices”.
Los Hombres no están “sujetos al mundo”, como los Elfos. Eru les ha otorgado un don especial: la muerte. Cuando los Hombres mueren, van a las Estancias de Mandos pero no permanecen alí mucho tiempo. Salen del mundo y abandonan sus límites, nadie sabe hacia qué destino. Esto se ha convertido en un temor entre los Hombres, ya que desconocen a qué van a enfrentarse cuando mueran.
Fue Melkor quien sembró entre ellos este temor; los Elfos, que están sujetos al mundo hasta su final, no pueden entender el miedo que los Hombres sienten hacia el Don de Eru. Algunos Hombres afirman que no eran mortales por naturaleza, sino que fue Melkor la causa de su mortalidad (Los Elfos no creen esta versión de la historia, ya que consideran que Melkor no tiene el poder para cambiar el destino de una raza entera). Esto se basa en una antigua leyenda que puede considerarse la historia de la “Caída” de la Humanidad.
Antes de que hombre alguno hubiera muerto, Eru les habló y les dijo que estaría observándolos y que les ayudaría si ellos lo necesitaban. Pero cuando los Hombres acudieron a él más tarde, muy a menudo les aconsejaba que trataran de hallar las respuestas por ellos mismos y sacar provecho de la experiencia de esa búsqueda.
Melkor apareció entonces entre ellos con una hermosa apariencia y les dijo que les ayudaría y les daría poder y conocimiento si le escogían para liderarlos. Les dio muchos dones y muchas enseñanzas y ellos empezaron a temer lo que sería la vida sin Él. Entonces le hablaron de Eru, que para ellos sólo era una voz. Esto encolerizó a Melkor, y afirmó que Eru era la Oscuridad que devoraría a los Hombres. Luego se fue. Tras un largo periodo de dolor y pobreza la oscuridad cayó sobre el mundo y enturbió el Sol.
Entonces Melkor regresó resplandeciendo como una antorcha, y los Hombres se inclinaron ante él. Construyeron un templo para Melkor, y se pusieron a su servicio. Le sirvieron durante mucho tiempo, pero ahora raramente les daba algún don o consejos, o si lo hacía, exigía un pago, o la comisión de algún hecho malvado.
Eru sólo volvió a hablar a los Hombres una vez más, diciendo que le habían abandonado: pero dijo también que ellos eran aún sus súbditos. De modo que acortó sus vidas, y permitió que vinieran a Él y aprendieran quién era su Señor. Después de esto, algunos empezaron a morir, y acudieron a Melkor en busca de ayuda. Pero Melkor no siguió ocultando sus intenciones. Les dijo que o le obedecían o les mataría a todos. Al mismo tiempo, empezó a recompensar a aquellos que mejor le servían, frecuentemente aquellos que demostraban más crueldad con sus congéneres. Algunos Hombres empezaron a hablar abiertamente contra Él, pero quienes lo hacían acababan sacrificados con fuego en su templo.
La leyenda termina diciendo que algunos Hombres huyeron hacia el oeste, hacia el Mar.
La historia de Númenor es la recreación que Tolkien hizo de la leyenda de la Atlántida (el cuento publicado en El Silmarillion se titulabaAkallabeth, que puede traducirse como “la Sepultada”, Atalantë en Quenya). Númenor era una gran isla al oeste de la Tierra Media, una tierra separada que los Valar otorgaron a los heroicos Edain (Hombres) de la Primera Edad que habían luchado junto a los Noldor en las guerras contra Morgoth. [La Família Real de Númenor descendía de Elros, el hermano de Elrond, que escogió ser mortal; indirectamente, esta línea llevó a Elendil el Alto, primer rey de Arnor y Gondor, y finalmente, a Aragorn, hijo de Arathorn.]
Desde el punto de vista teológico, la historia de Númenor es la típica historia de Prohibición, Desafío y Caída. Los Númenóreanos, aunque disfrutaban de una vida más larga que las de los demás hombres de Arda, seguían siendo mortales. Además, se les había ordenado que no navegaran hacia el oeste desde su Isla; es decir, hasta las Tierras Imperecederas. Tras un tiempo (quizás de forma inevitable, a medida que su poder y riqueza se incrementaban) los Númenóreanos empezaron a envidiar a los Elfos y a desear para ellos la inmortalidad (evidentemente, para disfrutar más de su privilegiada posición en el mundo). Gradualmente, empezaron a convencerse a sí mismos de que el control físico del continente de Aman era lo que otorgaba la inmortalidad; de todos modos, aún les quedaba suficiente sabiduría como para no llevar a cabo ninguna acción irresponsable. Significativamente, cuanto más se obsesionaban con la muerte, más deprisa se evaporaban sus vidas.
Hacia finales de la Segunda Edad el Rey Ar-Pharazôn el Dorado desafió orgullosamente a Sauron por el dominio de la Tierra Media. Los ejércitos de Sauron le abandonaron y el maia fue tomado prisionero y llevado a Númenor. Pero Sauron aún llevaba el Anillo Único, y de forma discreta, pero rápida se ganó la confianza del Rey y tomó el control del pueblo Númenóreano (con la excepción de los Fieles y sus líderes, Amandil y su hijo Elendil). A medida que la muerte de Ar-Pharazôn se aproximaba, Sauron le convenció para que atacara Valinor y conquistara la vida eterna. Ese fue un gran error, desde luego. Una profunda grieta se abrió en le mar y Númenor cayó al abismo. (Tolkien tuvo un sueño recurrente acerca de este acontecimiento; en El Señor de los Anillos se lo cedió a Faramir, que lo describe en “El Senescal y el Rey”).
El mundo cambió; pasó de ser un mundo “medieval” plano al mundo redondo que conocemos hoy día. Se supone que la Tierra Media es nuestro propio mundo, y que la concepción global de Tolkien era de progresión, con el “Tiempo Mitológico” transformándose en “Tiempo Histórico”. Los acontecimientos que acompañaron a la Caída de Númenor fueron muy importantes en este proceso.
En un principio, la “apariencia” de la Tierra Media era la del mundo plano del universo medieval. Valinor (el equivalente al Paraíso) estaba conectado físicamente con el resto del mundo y podía llegarse a él en barco. Cuando Númenor se hundió “cambió la forma del mundo”: el mundo plano se curvó y se convirtió en redondo, se crearon nuevas tierras y Valinor fue apartado de los “círculos del mundo”, y no podía ser alcanzado por medios ordinarios. Únicamente a los Elfos se les permitió llevar a cabo un viaje, sólo de ida, a Valinor, mediante el “Camino Recto”. (Un barco élfico que llevara a cabo este viaje, observado desde la costa, iría empequeñeciéndose con la distancia hasta desaparecer, en lugar de hundirse en el horizonte, como ocurre con los barcos humanos.)
Las referencias a “mares curvos”, “cielos curvos”, “el Camino Recto”,
“el Mundo Redondo”, se refieren al cambio en la forma de la Tierra. (El Palantir de Emyn Beraid “miraba solamente al mar. Elendil lo situó de forma que podía mirar con “visión directa” y ver Eressëa en el desaparecido Oeste; pero los mares que se curvaron debajo cubrieron Númenor para siempre”. (El Retorno del Rey, pág. 322)
Los Orcos son la antítesis de los Primeros Nacidos: feos, malvados, traicioneros y cobardes. Ningún orco ha sido nunca descrito de modo positivo en ninguna de las obras de Tolkien, y de hecho, muy pocos son nombrados por su nombre, y aún menos son descritos como grandes guerreros. Una excepción es Azog, un orco poderoso y cruel, que sembró el terror entre los Enanos.
Un concepto fundamental para Tolkien es el de que la maldad no puede crear, sólo corromper (el concepto Boecio de la maldad, opuesto al Maniqueo). En la carta nº 153 lo explicó de forma aproximada. Bárbol se equivocaba:
“Los Trolls son sólo una impostura, fabricados por el Enemigo en la Gran Oscuridad, una falsa imitación de los Ents, así como los Orcos son imitación de los Elfos”.
(Las Dos Torres, pág. 107)
“La Sombra que los engendró sólo puede imitar, no crear: no puede dar vida a cosas nuevas. No creo que diera vida a los Orcos, sólo los arruinó y los corrompió...”
“Bárbol es un personaje de mi historia, no soy yo mismo; y aunque posee una gran memoria y algo de sabiduría ancestral, no es uno de los Sabios, y hay mucho que desconoce o no entiende”.
(Cartas de J.R.R. Tolkien, pág. 190)
“El sufrimiento y la experiencia (y posiblemente el Anillo mismo) dieron a Frodo más perspicacia...”
(Cartas de J.R.R. Tolkien, pág. 191)
Tolkien subrayó explícitamente que los Orcos son, efectivamente “una raza de criaturas racionales encarnadas, aunque horriblemente corruptas”. También que “En las leyendas de los Días Antiguos se sugiere que el Diablo subyugó y corrompió a algunos de los primeros Elfos, antes de que hubieran oído hablar de los “dioses” (Cartas de J.R.R. Tolkien, pág. 191). De hecho, El Silmarillion insinúa que tal vez los Orcos eran Avari (Elfos Oscuros) capturados por Morgoth, aunque sólo dice que esta era una presunción de los Eldar, nada más. Podemos pensar que los autores, o los compiladores élficos del Silmarillion, que desconocían realmente la verdad, sólo estaban especulando. Pero dado que Tolkien mismo, hablando como autor y sub-creador, verificó hasta cierto punto esta idea, es de suponer que puede ser aceptada.
Sin embargo, esta concepción de los Orcos deja algunas cuestiones sin resolver.
Por ejemplo, el asunto de la procreación: El Silmarillion dice que “los Orcos tenían vida y se multiplicaban de igual manera que los Hijos de Ilúvatar” (pág. 54), pero esto no resuelve el tema. En ninguna parte se dice que existieran hembras Orcas (hay dos aparentes referencias a niños Orcos, pero son de El Hobbit, de modo que deben considerarse sospechosas; por ejemplo, se dice que Bolg, líder de la horda de trasgos que interviene en la Batalla de los Cinco Ejércitos, es el hijo de Azog, muerto por Dáin II en la Batalla de Azanulbizar, cuarenta y dos años atrás). Desde luego, si existen pueden estar ocultas, como lo estaban las de los Enanos, por ejemplo; pero resulta difícil creer que Tolkien no las mencionara en absoluto.
También está la cuestión de por qué, si los Orcos eran simplemente Elfos corrompidos, sus descendientes también eran Orcos (y no Elfos, un pensamiento de algún modo horripilante). Esta cuestión nos llevaría a debates sobre lavado de cerebro, genética y técnicas de reproducción artificial que parecen más apropiadas de Saruman o Sauron que de Melkor, además de no resultar apropiadas para el ambiente medieval de la Tierra Media.
Finalmente está la cuestión de si los Orcos, siendo fundamentalmente Elfos corrompidos, van a las Estancias de Mandos cuando mueren, y de si se reencarnan como los Elfos. (Esto último explicaría como se las arreglan para aumentar en número tan rápidamente.) También existen razones para pensar que los Orcos son inmortales, a la manera de los Elfos. (Gorbag y Shagrat, durante su conversación en el túnel, con Sam escuchando, mencionaron el “Gran Sitio”, refiriéndose supuestamente al que la Última Alianza mantuvo sobre Mordor, más de treinta siglos antes. Es posible suponer que en realidad, ellos estaban allí, y lo recuerdan). Pero las descripciones que se dan de los Elfos como Galadriel y Elrond, cuyos innumerables recuerdos dan una apariencia especial a sus ojos, no concuerdan con la idea de que los Orcos fueran también inmortales. Además, una referencia de los Cuentos Inconclusos acerca de los orcos que atacaron a Isildur en los Campos Gladios pone claramente en duda esa posibilidad:
“Así, sin duda, estarían envalentonados y ansiosos por ganarse las alabanzas de su amo, aunque no hubieran estado en la principal batalla. Pero no habrían sido alabanzas lo que habrían ganado, si alguno hubiera vivido lo bastante para ver su resurrección.”
Cuentos Inconclusos, pág. 356
Así pues, se da por supuesto que la esperanza de vida de los Orcos no era superior a la de los Hombres, por ejemplo. De todos modos, es preciso recordar que la inmortalidad de los Elfos es un don de Ilúvatar, y que Melkor no pudo mantenerla o eliminarla sin el consentimiento del Creador. Quizás Eru mismo la eliminó de los Orcos, para evitar que pudieran llegar a dominar el mundo. Pero, evidentemente, todo esto no son más que especulaciones.
Los Ents fueron la respuesta de Ilúvatar a las preocupaciones de Yavanna acerca del destino que esperaba en Arda a las Olvar, las criaturas vegetales. Advertida por Aulë de que los Hijos de Ilúvatar dispondrían libremente de los árboles y las plantas de la Tierra, se quejó ante Manwë y este lo consultó con Eru. Esta fue la respuesta del Creador:
“¿Supone, pues, alguno de los Valar que no escuché toda la Canción, aún el mínimo sonido de la mínima voz? ¡Oíd! Cuando los Hijos despierten, el pensamiento de Yavanna despertará también, y convocará espíritus venidos de lejos, e irán entre los kelvar y las olvar, y algunos se albergarán en ellos, y serán tenidos en reverencia, y su justa cólera será temida”.
Los Ents, pues, eran espíritus guardianes de los árboles, y cumplieron su función eficazmente, incluso en la Tercera Edad del Sol, cuando marcharon sobre Isengard para castigar al malvado Saruman, cuyas hordas órquicas habían devastado parte del Bosque de Fangorn.
Se cuenta que las Ents-mujeres preferían las plantas cultivadas, los jardines y huertos, mientras que los Ents sentían apego hacia los árboles. Esto motivó que ambos géneros se separaran. Las Ents-mujeres fueron hacia el este, e instruyeron a los Hombres en el arte de la agricultura. Pero tras el retorno de Sauron a Mordor en la Segunda Edad, las Ents-mujeres vieron devastados sus jardines por la guerra.
“Creo que, de hecho, las Ents-mujeres desaparecieron para siempre, destruidas junto con sus jardines en la Guerra de la Última Alianza (Segunda Edad 3429-3441), cuando Sauron adoptó una política de tierra arrasada y quemó sus campos para impedir el avance de los Aliados corriente abajo por el Anduin. Sobrevivieron sólo en la agricultura transmitida a los Hombres. Puede que algunas, por supuesto, hayan huido hacia el este o aún que se hayan convertido en esclavas: incluso los tiranos deben tener un marco económico y agrícola para sus soldados y obreros. Si algunas sobrevivieron así, por cierto habrían quedado separadas de los Ents, y cualquier contacto entre ellos habría resultado difícil, a no ser que la experiencia de la agricultura industrializada y militarizada las hubiera vuelto más anárquicas. Así lo espero”.
Cartas de JRR Tolkien-Nº 144
Así pues, no se descarta que Bárbol pudiera haber encontrado a alguna de las Ents-mujeres después de la Guerra del Anillo, en caso de viajar hacia el este, pero no es muy probable.
Tomado sin ánimos de lucro de ''El Rincón del Vago'' sección: Tierra Media. Más información aquí