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@estonoesdiario
Hola.
México.
Kira y Natasha.
Parecemos nubes, que se las lleva el viento, cuando hay huracanes, cuando hay mal de amores.
Arena Coliseo
Scorpions en Teotihuacán
📷: Alex Hache.
Bellas Artes. CDMX, 2025.
Monterrey, Nuevo León.
Mi amigo Alfredo y los dibujos que ha hecho casi diariamente en pequeñas tarjetas de cartón.
This is (NOT) the end.
Nuevos paisajes urbanos.
Ayer fue el cumpleaños de Natasha, lleva 10 años conmigo y me gustaría que se quedara 10 años más.
The Iron Maidens (Circa 2015)
Recuerdos de la Expo del Madhunter en tiempos de la pandemia.
A principios de este año visité las instalaciones de Google México. Fue una experiencia enriquecedora en la cual pude corroborar que, en el terreno de la IA, 2025 será un punto de no retorno.
Debo confesar que algunas de las cosas que vi me maravillaron y otras me pusieron a pensar sobre el futuro de muchos oficios y profesiones.
Los desarrolladores afirman que la tecnología no pretende sustituir a los seres humanos. Pero en países como este, donde el abuso y la corrupción están presentes en distintos ámbitos, semejante contundencia me parece hasta cierto punto ingenua y exageradamente optimista.
Solo el tiempo se encargará de callarme la boca o darme la razón.
Estuve en la Expo Profesiográfica que el Instituto Politécnico Nacional realiza año con año, para mostrar a los aspirantes al nivel superior la oferta educativa que tienen en campos como la ingeniería, las ciencias y las disciplinas económico administrativas.
The Crimson Idol, W.A.S.P.
Escuché este disco por primera vez en la casa de mi primo Fernando hace muchos, muchos años.
En aquel entonces yo estaba sumamente influenciado por agrupaciones como Pink Floyd y la pléyade de músicos que MTV me recetaba todas las tardes cuando volvía de la escuela. La televisión por cable era lo máximo en aquellos días.
Fernando detestaba el rock comercial, era un heavy metalero true que escuchaba cosas como Carcass, Shub Niggurath, Acrostic, Brujería, Cannibal Corpse y otras cosas que causaban horror entre “las buenas conciencias.”
The Crimson Idol rompía con la estética gore de su enorme colección de cassettes y CD’s.
Supongo que lo compró porque en la portada aparecía Blackie Lawless, cantante, compositor y líder de W.A.S.P, una banda de glam originaria de Los Ángeles, acostado sobre una cama en forma de cruz emulando al mártir del calvario.
Supongo que eso debió parecerle afín a los temas que le interesaban por aquel entonces: muerte, destrucción, las imágenes diabólicas y beber litros y litros de cerveza.
The Crimson Idol es un disco conceptual que narra el ascenso y caída de Jonathan Steel, una estrella de rock que termina su carrera de manera trágica gracias a la nula aceptación de su familia y a los excesos propios del gremio.
Sin embargo, la música era demasiado melódica y “fresa” para el gusto de Fernando, quien terminó regalándome la cinta con la condición de que la cuidara como a un tesoro.
Desafortunadamente, como solía suceder con aquel práctico pero frágil formato de almacenamiento sonoro, la cinta se quedó atorada en mi destartalado estéreo después de haber sido reproducida una innumerable cantidad de veces. Me compré el vinilo hace un par de años casi como un ejercicio de nostalgia.
Fernando y yo fuimos muy cercanos durante una larga temporada, a pesar de la distancia que nos separaba (él vivía en Michoacán y yo en la Ciudad de México) Cuando nos veíamos hablábamos de música, de películas, de lo que pensábamos de nuestra realidad y del futuro.
La vida nos llevó por rumbos distintos, él dejó de escuchar rock, se casó y se dedicó a ser un adulto funcional, lo mejor que pudo, hasta donde alcanzo a entender.
Yo me convertí en lo que soy, con mis idas y venidas, y no lo volví a ver nunca. Fernando murió en 2020 por complicaciones derivadas del COVID 19. Habían pasado 18 años quizá, si no me fallan las cuentas, desde nuestro último encuentro.
Vi su foto en una publicación que compartió su hermana para expresar su congoja por este hecho y no lo reconocí.
Sin embargo, siempre que escucho este disco me acuerdo de él, del que era, del que me regaló su cassette, de aquel muchacho con el cabello un poco largo que usaba zapatos con casquillo y una chamarra de piel que lo hacían parecer amenazante. Del que sacaba las bocinas de su equipo de sonido a la calle para espantar a sus vecinos.
Esa figura es la que tengo en mi memoria porque ese es la versión de él con la que compartí cosas que hasta la fecha siguen teniendo significado. Ese es el Fernando por el que brindó esta noche donde quiera que se encuentre. Ese es el Fernando que viene a mi cabeza cuando escucho la historia del ídolo carmesí que vive atormentado por la sombra de su pasado.