Soulmates
Es un día lluvioso para escribir. No haré una nota triste como si fuera más fácil escribir esos días, pero es verdad que a mi me salen los versos cuando hay algún sentimiento claro como tristeza o melancolía. No he querido escribir por eso. No soy una persona muy triste en general, pero si voy desenmarañando las palabras que están entretejidas con sentimientos a veces tristes o quizás simplemente que han tocado el corazón.
Me vienen recuerdos de un amor que no quiero perder y siento como si fueran hoy, esta vez me saltaré un capítulo llamado “ruleta rusa” de mi vida por los peligros en que anduve cuando joven, nunca fui suicida aclaró. Tu mi amor viniste después de eso.
Eran los principios de los 90s no tenia 30 y tú tampoco 50,mi amor de escapadas. Había vuelto a mi pueblo llena de planes y proyectos recuerdo esos tiempos con mucha alegría , tenia nuevos aires la vida. Nadie estaba viendo lo que venía para esta tierra el sur de Chile.
Un día estaba en el Super del pueblo llamado “ Las Brisas” tú estabas allí también pero yo no sabía, camine por los pasillos buscando los frascos para conservas, lo recuerdo en cámara lenta, tomé un frasco y alguien inmediatamente cruzó mis 50 cms2 y puso una mano en el mismo frasco, mire hacia el lado y eras tú traspasándome con tus ojos intensamente, no pude hacer nada más que congelarme y pasar unos segundos contigo comprendiendo que era más que un encuentro un asalto para notarte y no olvidarte nunca más, seguí viéndote con algo de temor sonreímos un poco y me eché hacia atrás para caminar retrocediendo, tu hiciste lo mismo y fue una señal para saber que era un secreto entre los dos, ni una palabra nada más. Así comenzaron nuestros encuentros que marcaban un estilo
Pasaron poco días y estaba en un vivero en el pueblo agachada ensimismada viendo una planta al ratito sentí lo mismo pero detrás mío, tu presencia, ya comenzaba a temer en ese magnetismo.
Comenzaron a hablar en el pueblo del famoso empresario norteamericano que había llegado y tenia proyectos en la zona, también que era deportista y amante de la naturaleza.
En el barrio te veia pasar en auto con otros extranjeros con sus tablas de kayak. El pueblo se estaba revolucionando porque estabas ahí, las mujeres y hombres ya querían buscar una forma de incluirte en sus vidas.
Otro día sublime para mi fue el día que iba saliendo de la casa de mi abuela al lado de la mía y tú entraste atléticamente cruzando el jardín ibas vestido de verde petroleo y tus ojos azules intensos y tristes se clavaban en mi, los primeros acercamientos a tu oficina, ya mi timidez dejaba que me acercara y te saludara. Unos pocos días después supe del proyecto Fitzcarraldo de trasladar árboles añosos a la casa que habías comprado en el barrio, y nosotros con mi pareja estábamos incluidos en la ejecución por ser el paisajista, persona a la cual le debía respeto aunque el me irrespetaba siempre. Comenzó la remodelación de la casa que habías comprado en el barrio. Mucha gente pasaba por ahí, arquitectos, paisajistas, personas que llegaban a mirar la obra, amigos tuyos. Nos cruzábamos ahí como si nada, mirábamos los avances, abrías la puerta para que entrara, sonreíamos en el jardín, yo temiendo siempre temiendo, podías ser un poderoso que creía que podría tener a cualquiera a sus pies, y los tenías, a todos los tenías.
Acercarte a ti era intenso y tenso, era demasiada coincidencia todo, demasiado sincronía, todo se teñía de misterio y de esos temas espirituales que yo estaba leyendo esos tiempos, nada era casualidad, los mismas ideas, la misma estética, la misma visión, la misma pasión, los mismos silencios, suspiros y miradas, te convertías en la luz y en la confirmación de todo, tu hacías creer que había una adolescencia de vuelta y creo tu también estabas viviendo. Comenzando por ver no solo transformar una casa si no también verte elegir esos árboles uno a uno en el bosque cercano, el día más lluvioso el día más tormentoso, el gris o el verde los colores que pusimos de moda, los tejidos que yo tenia tus preferidos, no solo un visionario si no un clarividente poderes que compartíamos, amabas el sur y hacíamos llover como en un diluvio.
Pronto nos encontrábamos en las calles del centro del pueblo, una vez me arrancaba yo, otra te arrancabas tu, nos perdíamos corríamos como niños, buscábamos el mar, los yates, o nos pillábamos en auto, que corrías a montar cuando yo me acercaba. Un par de años y me dijste que debías dejar el país, recuerdo un día que grite te pareces a mi padre por el nombre y porque te vas, dejabas una estela que yo debía grabarme al oler tu chaqueta mojada con la lluvia.
Y nos dejamos nadie salió dañado con todo esto tú hiciste tu vida y yo la mía, pero me dijiste que no me habías olvidado y yo tampoco al encontrarnos en el aeropuerto y lanzarnos un beso muchos años después
Te recuerdo con alegria
A Douglas el amor que fue mío un tiempo











