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Ya no más prestaré servicios de escucha, ni consejero; ni haré ninguna otra dilegencia para con el prójimo. Tarde me doy cuenta de que este altruismo complaciente, de que esta filantrópica servidumbre miseriosa, no consta, como no lo hará nunca, de una final manumisión, y que [...,] esta posición de elevada previsión sobre los otros, es el sustento de una deplorable desingualdad que exalta el ego, tanto como lo corrompe en su situación intersubjetiva, en su dependencia de estos.
οἱ νεκροὶ ἐγειρέσθων ‘que sean los muertos resucitados’ (Mateo 10:8)
μάκρον χρόνον ἀναμένω, ‘largo tiempo aguardo τὸν στῆθον ἀλγέω y siento dolor en mi pecho’
θάλλει τὰ ἄνθεμα ‘crecen las flores τοῦ κήπου λευκοῦ del níveo jardín’
θέλετε μὲν καὶ οὐκ ἰσχύετε, ἰσχύετε δὲ καὶ οὐκ θέλετε
(‘queréis y no podéis, en cambio, podéis y no queréis <y siempre así>’)
ὦ γυναῖκες, ἀεὶ ἄλγετ’ ὀπότε φίλετε
(‘vosotras mujeres, siempre sufrís cuando amáis’)
ταῖς γυναιξὶν, ὦ ἄνθρωποι, ἀεὶ ἄλγετε
(‘vosotros los hombres, siempre sufrís por las mujeres’)
οἱ ἄνθρωποι ἀεὶ πόθετε καὶ ἄλγετε
(‘los hombres siempre deseáis y sufrís’)
φίλε καὶ ἄλγε
(‘ama y sufre’)
A ti dirijo mis lamentos, aguardando que con ello te sea grata mi aflicción.
―Aquellas cosas que yo deseaba decirte, corazón, ¿qué cosa significan ahora? ¿Qué cosa pueden significar ahora que no estás? ―¡Deja de ser melodramático!, no es para tanto: mi ausencia apenas si supuso tu tristeza, mas no es esto tu fin ni tu muerte. ¡Eres un exagerado! ―¿Cómo puedes siquiera imaginar semejante cosa?, ¿cómo puede tu vanidad ennegrecer tanto tu mirada, que no encuentras la luz por más que vislumbras la verdad? Podría enumerarte en un instante sólo, todas aquellas cosas que por ti siento y ello no podría ser más real; pero jamás lo verás: nunca podrás verlo porque estás ciega, porque tu entendimiento comienza y termina en ti. ―Eres sólo un pobre y triste diablo que no sabe hacer otra cosa que sujetarse a cualquiera. More.
“De madrugada” (p., clo. a la esperanza de una vida que fuera la mía; 16/5/23, 12:45 a. m.)
―La esperanza es una cosa inútil… ―¿La esperanza es una cosa inútil? ―preguntó ella. ―¿No habría de serlo acaso? Si uno considera lo tortuoso de la existencia, ¿no cabe preguntarse si estas ilusiones son realmente vanas? ―Podrían serlo, en efecto; mas uno no puede ir por allí creyéndolo, moriría si se determinara a no esperar más nada. Las cosas que uno soporta a costa de la esperanza le permiten vivir, su supervivencia depende directamente de estas ilusiones cuya significancia justifica su vida entera. ―Yo podría creer que lo que espero es significante de esta manera, mas nada significaría si en efecto no es así, y uno podría esperar su realización toda la vida. Esa clase de vindicación muchos la esperan aún: gente miserable que pervive en su expectativa a costa de los grandes acontecimientos que a todo el mundo determinan realmente. ―Yo no sé porqué consideras tu vida desde una perspectiva tan pesimista. No es así la existencia; podría ser una causa perdida, eso es cierto, mas nada nos asegura que así deba ser. Yo puedo entender que no estés pasando por el mejor momento, pero eso no justifica tu anegación y esa imposible salvedad que con tanto ahínco exaltas el suicidio. Ella me miró mientras aún permanecíamos recostados sobre el catre, a las faldas de la cama de Joaquín; la aurora comenzaba a relumbrar y su luz bañaba las paredes de la habitación con el tinte cerúleo de un tierno despertar. Eran las seis y media de la mañana y el sereno nos cobijaba, de nuestras bocas brotaba vapor y nuestras pieles se erizaban. Entonces me besó y sus labios por alguna razón parecieron estar muy húmedos, como si al punto hubiese frotado sobre ellos un trozo de hielo. ―He estado de ti enamorada desde siempre, ¿lo sabes? ―… ―Desde hace meses deseaba compartir contigo esta noche; pues aunque a ti no te lo parezca, he estado esperanzada por esto desde el primer instante en que te conocí. Siempre has sido tú mi más grande deseo. Luego yo también la besé.
S/t (p., clo. al despecho; 15/5/23, 11:23 a. m.)
―Yo la quería verdaderamente, ¿sabes…? Habría dado mi vida por ella, aun así ella me hubiera traicionado. Toda mi vida he demostrado estar determinado a complacerla, ¿acaso he sacrificado todo por estar a su lado? No lo sé ni me importa, sé que obré con justicia y que como tal mi vida no fue un desperdicio, sino una muestra de virtud. Amanecerá esta noche y ella jamás nunca cobrará conciencia de esto, yo por otro lado, seré feliz: silenciosamente feliz. ―Lo que tú piensas que ha sido tu vida es falso: si hubieras obrado con justicia tu existencia no se atribuiría la insatisfacción del silencio, sino que honraría su buen juicio con el alarde de quien se siente al filo de la cúspide de su tiempo. Ahora descansa en paz, amigo mío; nadie guardará recuerdo de tu vida, haya sido ésta bienaventurada o un simple sinsentido.
S/t (p., clo. a los miserables; 15/5/23, 11:03 a. m.)
―Yo quisiera ser lo que tú necesitas, mas no puedo… Quererte como yo te quiero es siempre un fracaso. Si yo pudiera quererte como debo, no habría alternativa: tú me querrías. Esta soledad en la cual siento ensimismarme, me arrebata, me hace sucumbir y hace que desee estar muerto. Muerto al fin, no habrá porqué llorar ni porqué lamentarse: finalmente me habré librado de ti. ―¡Entonces muere! ―replicó ella―. Morir por mano propia es cosa de cobardes; si acaso eres tú un cobarde, entonces me alegra estar lejos de ti.
Laberintos larbales de hedor y sinsentido, es la negra condición de los hombres primerizos.
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