“está bien” cede, al menos por el momento. pequeña curvatura en comisuras en lo que vuelve a observarle, esta vez prestando mayor atención a distancia que se presenta entre ambos. ésta sintiéndose casi kilométrica a pesar de beso finalmente compartido hace un par de días. pensamientos que regresan a cabeza propia en busca de hacerle hablar ( o más bien escupir ) sobre todo lo aquello que se cruzó interior en noches de insomnio. “pensé en llamarte hace unos días” confiesa entonces, mirada que casi atina a regresar al suelo pero que de todas formas se fuerza en mantener en contraria, porque se lo merece, quiere que sea capaz de identificar honestidad de cada cosa que se atreva a decirle “me habría gustado tenerte más cerca en todo este proceso” y va más allá de sentimientos que todavía se debaten en su interior, va más allá de si ella le quiere a él o si de él le quiere a ella ( aunque lo hace, y lo sabe bien ). se trata de simple necesidad de compañía, de no sentirse solo cuando carga tanto sobre la espalda. y en parte no lo cree ni él, porque se ha visto batallar con cosas peores en edad que le dejó decisiones con las que el día de hoy debe cargar. “a veces nos siento como una banda elástica que la vida estira a su propio parecer” vocablos que denotan la profundidad que le dieron noches de pensamientos e idas y venidas, pero no le importa, tampoco le avergüenza “de pronto nos deja coincidir y estar cerca, pero luego la estira y estira, todavía unidos, pero tu allí y yo acá” leve risa nasal, sin siquiera saber si menor será capaz de entender algo de lo que dice.
se siente culpable ante declaraciones ajenas porque es cierto que fue su culpa desaparecer, que podría haber insistido más en hacer compañía en momento tan difícil pero escogió el camino fácil, el de borrarse del mapa como siempre hace cuando se empieza a sentir levemente involucrada en algo que se le escapa de las manos. muerde carnoso inferior, prefiere prestar atención a discurso y si bien por momentos mirada vacila entre silueta y el suelo, sigue y hasta repite por dentro cada una de las palabras que más alto profesa. se debate todo el tiempo si abrirse y dejar entrar al otro, o a cualquiera, si vale la pena el riesgo que conlleva. “lo siento,” es lo primero que cree prudente pronunciar, “por no ser tan consistente, por si pensaste que no me importaba lo que estaba sucediendo...” a ella no le sale acudir a metáforas como a él, porque si alguna noche se tomó el tiempo de filosofar respecto a vida que le tocó, lo enterró por completo como a todo. “no sé lidiar con las cosas difíciles,” hablar sobre falencias implica enorme paso para poseedora de oscuros mechones, y sentencia podría ser verificada con cómo ella misma maneja todo aquello que es complicado dentro de cuatro paredes de hogar, “y no quería sumar más problemas,” no sabe cómo sería posible, solo lo cree y punto. pero ahí está de nuevo talento que la caracteriza: esquiva verdadera intención que intuye debe tener el otro, la de averiguar dónde se encuentran parados. ¿cómo responder? ni siquiera ella está segura. frustración que se escapa en bufido es más consigo misma que con mayor, y ahora sí le sostiene la vista, “no sé si seamos buena idea, beau” le cuesta más de lo que demuestra, pero es que miedo es tan grande que prefiere cerrarse que enfrentarlo, “a ti sólo te gusto sobria, y yo...” silencio posterior es abrupto, casi como si se le hubiera escapado. se niega a continuar.