SEBASTIAN STAN & DAISY EDGAR-JONES FLAUNT Magazine, Spring 2022 Ph. by Carlos Serrao & Monica May
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SEBASTIAN STAN & DAISY EDGAR-JONES FLAUNT Magazine, Spring 2022 Ph. by Carlos Serrao & Monica May
SEBASTIAN STAN & DAISY EDGAR-JONES FLAUNT Magazine, Spring 2022 Ph. by Carlos Serrao & Monica May
FRESH (2022) dir. Mimi Cave
Texture
©Tsibin Konstantin
Victoria Pedretti photographed by Mack Breeden
Querías que todo, eventualmente, se diluyera.
Bueno, le empecé a dar vueltas y ya quedó. Se terminó.
Querías que todo, eventualmente, se destruyera.
hannah_lagom
¿Qué son estas ganas de querer leer y escribir últimamente?
VICTORIA PEDRETTI for The Laterals photographed by Anaïs & Dax
Hace un par de semanas me propuse ya no andar quejándome de mi vida ni exhibiendo mis sentimientos en redes o por lo menos no bajo mi nombre. Y no lo he cumplido. Y no lo he intentado. Quizá este sea el último post donde vomite cómo me siento. Por lo menos ahora. Por lo menos.
Y es que, de la nada y mientras espero un render, me dio un golpe de nostalgia. Muchas cosas han cambiado en las últimas semanas. Casa nueva, peleas sin sentido y con sentido tardío, amigos que se van sin voltear atrás, amigos que llegan sin avisar, amigos que solo están y amigos que parece que son más que amigos. Familia, despedidas que no se dan, remordimientos, cervezas todos los dias, los cigarros que duran años. La cotidianidad de su presencia y a la vez su ausencia, tan cerca pero a la vez lejos, literalmente.
Hoy no escribo desde el corazón roto de un amor que no fue o que se fue, escribo desde el corazón herido por la ausencia de la calidez de un amigo, de un hombro con quien platicar mientras se fuma un cigarro y se escucha el mar. Herido por la diferencia de horarios y la lejanía, por no poder hacer una videollamada cuando se necesita.
Extraño ese lugar seguro en dónde podía llegar a llorar, a reír, a cantar, a tomar. Y no hay que tomarlo a mal, ese lugar sigue ahí, incompleto, pero sigue ahí. Pero, ¿me extrañarán?. Yo sé que en su mayoría, sí. Claro que una parte de mi tiene la culpa por decidir hacerme a un lado y no incomodar con mi presencia, que era más que obvio que ya no era bienvenida, aunque yo aun me sintiera más como en mi casa que en mi propio hogar. La gata ya tenía otros brazos donde dormir y ellos con quien más reír. Ya veo que últimamente demostrar mis inseguridades me han hecho perder, pelear por cosas que ya no me corresponden e involucrarme en malentendidos. Y lo he intentado arreglar, desde el fondo de todo lo bueno que puedo llegar a ser, lo he intentado. Pero la vida sigue, la gente cambia y te cambia, te quiere y no te quiere, te tiene y no te tiene, está y no está. Y cuando te das cuenta, ya no queda nada.
Este escrito no tiene por qué terminar en la calle de la amargura. Solo estoy extrañando y me culpo por no ser lo suficientemente capaz de mandar un mensaje para platicar, para ir por un café, una cerveza, un clamato o lo que sea. Mis otros happy places andan de viaje o ya durmiendo. Esta noche solo quiero/quería platicar de la vida y distraerme.
Pero ya acabó el render.