La tierra esta completamente inerte, hace que se dividida en una iluminada, llena de color y vida, y la otra esta a Merced de la oscuridad solo iluminada por la luna donde los colores vivos no existen, dejando paso a solo colores planos y sombríos, Nuestra historia comienza con una niña llamada Kate que se encontraba leyendo un libro en su pequeña casa en medio del bosque, cuando unos niños se acercaron para invitarla a jugar a la pelota, está alegremente acepto, así pasaron las horas pasándose entre sí la pelota hasta que uno de
ellos la pateo fuerte a través del campo de fuerza hasta chocar con una roca del bosque sombrío, todos jadearon de miedo, Kate fue rápidamente a la pelota roja que se veía a lo lejos, pero Emma la tomo del antebrazo haciéndola retroceder y voltear le dijo: Que crees qué haces no puedes ir al bosque sobrio así como así, para eso esta el campo de energía para que esos asquerosos, hostiles y aterradoras gárgolas no puedan atravesar a nuestro lado, se dice que son muy peligrosos!, sus chillidos podrían dejarte sorda o peor, hacer que tu cabeza explote!-dijo ella con firmeza, los demás coincidieron que ir seria su sentencia a
muerte así que se retiraron, después de meditarlo unos minutos Kate se dirigió lentamente al campo de fuerza, antes de siquiera llegar se percato de una chica acercándose al balón, al parecer ella aun no había notado su presencia, Kate no puedo evitar verla con con curiosidad, la de piel pálida al sentirse observada levantó la mirada viéndola, esta rápidamente se escondió en el árbol mas cercano. Kate se entristeció al ver su reacción, después de unos minutos tímidamente la chica se acercó desde donde se escondía tomando el balón en el proceso -¿tu...acaso no me tienes miedo?- dijo la pelinegra acercándose , Kate respondió: - No, claro que no en realidad.... desde hace tiempo he querido conocerlos en persona, me llamo kate, ¿cual es tu nombre?- la de piel pálida sonrío y contesto: - me llamo Nora, es un gusto conocerte Kate. Así es como los siguientes días se encontraban a la misma hora y lugar para conocerse entre sí, encontrando que tenían mucho en común, jugaban, miraban luciérnagas, leían y dibujaban juntas, no podían evitar sonreír al sentir que ahora habían conseguido a una verdadera amiga.