Esa extrañeza convive en las mentes, creciendo u olvidando, cada quien decide que categoría dar. Escoge el asombro de la alegría, la nitidez del conocimiento, el arrullo de la serenidad, el vacío de la tristeza, el tremor de la ira o la simple incredulidad. Pensamientos extraños que contemplan la vida entre incertidumbre y credulidad.















