Dormir con pulgas trae aparejados sueños tiznados de sensaciones que reconozco tan usuales en días apabullantes; donde el bombardeo constante te arrebata impunemente la tranquilidad.
El contexto general no te da tiempo ni de pensar,
desconectar la cabeza resuena como una acción sólo posible en manos de una deidad.
Las ideas tenues, intermitentes pero infinitamente pulsantes, te lastiman hasta la piel cuanto más las rascás.
Una especie de necesidad...
(anhelo de silencio y soledad)
me hacen despertar de madrugada
con el afán de encontrar algún momento de aparente quietud total.
Antes de que el mundo despierte,
el insomnio
(tedioso suplicio),
me vuelca en el piso
un charco de realidades, que inconscientemente día a día omito.











