No supo que decir exactamente después de oír el pequeño agradecimiento de la morena, definitivamente ella no tenía nada que agradecerle. Sólo había sido sincero, quería dejarle claro que ella no había sido una simple aventura y que muchas veces había deseado no haber sido tan cobarde, le habría gustado poder contarle sus mayores miedos, pero sabía que aquello habría sido un riesgo que probablemente terminaría acabando con lo que tenían. Daniel no se consideraba un buen chico, aunque usualmente respetaba a todos, tenía buenas calificaciones y le caía bien a todo el mundo, había hecho cosas de las cuales se arrepentía muchísimo y temía que alguien las descubriera. Había intentado perdonarse a sí mismo, pero el intento había sido en vano. Era imposible. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la dulce voz de la morena que lo acompañaba, sonrió al escucharla y dejó los ojos en blanco, aunque en realidad estaba seguro de que la distraería lo suficiente como para evitar que ella tuviera que recurrir al alcohol. ―Por supuesto que me tengo confianza, además nunca apuesto a algo si no creo que seré capaz de ganar. ―Dijo, encogiéndose de hombros mientras formaba una pequeña sonrisa torcida con los labios, estaba seguro de que lo lograría. Y si no funcionaba con alguna cosa, intentaría con otra, pero lo intentaría hasta lograrlo. No iba a rendirse con ella, nunca lo había hecho y no comenzaría a hacerlo ahora. Soltó una carcajada al oír las pequeñas inseguridades de la morena y negó con la cabeza, totalmente seguro. ―Te prometo que no volveré a pisarte, de hecho, creo que me considerarás tu próxima pareja de baile favorita. ―Le guiñó el ojo divertido, obviamente bromeando. Si bien, el moreno había mejorado en el baile dudaba que Kate lo eligiese como favorito, aún le faltaba mejorar pero ahora era mucho mejor que antes y podía bailar sin necesidad de pisar a nadie, también podía mover su cuerpo un poco más ya que cuando había conocido a Kate no era demasiado bueno en el baile y era tan tieso como un tronco, por suerte, eso había cambiado y ahora estaba seguro de que no haría el ridículo con ella. Aunque tampoco le importaría, ya que ridículo o no, la haría sonreír. Y eso era en lo único que podía pensar ahora. Verla sonreír era una de las cosas que él más disfrutaba y no lo cambiaría por nada.
Sonrió al sentir el beso de la muchacha que lo acompañaba y se humedeció los labios con la lengua, ¿qué habría pasado si hubiera girado la cabeza para besarla en los labios? No lo sabía. Y tampoco lo sabría, pues no se había atrevido a hacerlo. Arqueó una ceja al escuchar lo primero que la morena había comenzado a decir, pero obviamente recordó el trato que habían hecho pues cerró la boca antes de decir algo que a Daniel lo hiciera fruncir el ceño. Buena chica, pensó él riendo para sí mismo. El lugar era bastante íntimo pero había mucha gente, algunos incluso ya estaban un poco bebidos, otro se encontraban danzando de forma un poco ridícula alrededor de la fogata y algunos grupos hablaban cerca de los coches, otros estaban sentados alrededor de una botella jugando a ese típico juego que no hacía más que causar problemas y dramas. ―La verdad es que preferiría que estuviéramos un rato juntos, ¿no te parece? Luego si quieres puedo presentarte al que te parezca más guapo y si creo que es adecuado para ti, te lo presentaré. ―Mintió, pero ella no lo sabía. La idea de presentarle a un tío esa misma noche no le hacía mucha gracia, sobre todo porque ahora que la tenía más cerca que nunca quería pasar todo el tiempo con ella. Se imaginaba incluso haciendo carreras de atletismo con ella de vez en cuando o disfrutando de la piscina como solían hacerlo en el lago. Ambos eran competitivos y les gustaba hacer ese tipo de competencias que terminaban entre risas y bufidos, pero más risas. Eso estaba claro. ―Por supuesto que prefiero noche de reencuentro. ―Afirmó, asintiendo con la cabeza. No tenía ni para qué preguntarlo, era obvio que prefería pasar un rato con ella que con sus amigos. Apreciaba a los chicos, pero Kate… bueno, la morena era especial. No sabía cómo describir lo que sentía por ella, pero definitivamente era algo especial. Algo que ninguna chica le había hecho sentir antes, y algo que se reservaría sólo para ella, porque sólo ella merecía hacerlo sentir así. Ella se había ganado ese puesto en su vida y él estaba cómodo con ello… porque a pesar de todo, no se imaginaba con otra chica en el futuro. Y tampoco se imaginaba deseando envejecer con otra chica que no fuese Kate. Sacudió la cabeza y suspiró cuando sintió el suave contacto de los dedos de la morena contra sus labios, le sonrió una vez que se giró hacia ella, devolviéndole la sonrisa que ella le dedicaba con la misma emoción y el mismo brillo en los ojos. Eran especiales y ninguno de los dos se daba cuenta. Si bien separados eran magníficos, juntos eran indescriptibles. Absolutamente perfectos, pero sólo el subconsciente de Daniel sabía eso. ―Gracias. ―Murmuró con voz más ronca de lo habitual, se acercó hacia ella para besarle cortamente la mejilla. No se alejó, se quedó cerca de su rostro, notando como su respiración se mezclaba con la de ella, la miró fijamente a los ojos y le dedicó una sonrisa torcida mientras que una de sus manos se alzaba y le ponía un mechón de cabello tras la oreja. ―¿Te había dicho que tus ojos…? ―Fue interrumpido con varios golpes provenientes de la ventana que había a su lado, se giró de golpe y se alejó de ella para entonces ver como sus amigos de forma bastante inmadura hacía gestos de besos entre ellos y se reían, burlándose de él. ―No les prestes atención, cuando beben se comportan como idiotas. ―Dejó los ojos en blanco y se bajó del coche, ignorando las típicas burlas de sus ridículos amigos. Estaban bebidos, eso seguro.
Se apresuró a rodear el coche y ayudar a Kate a bajar de este, era consciente de que la muchacha no necesitaba su ayuda para hacerlo. Le dedicó una pequeña sonrisa a la morena para luego rodear su cintura con uno de sus brazos, le puso alarma al coche y guardó las llaves en uno de los bolsillos de su pantalón. Comenzó a caminar junto a ella y se paró frente a sus amigos los cuales era evidente que sentían envidia. Claro que sí, pero ninguno lograría ponerle una mano encima a Kate. Ninguno era digno de ella. Dudaba que pudiera conocer a algún tipo que fuese digno de esa chica. La chica que volvía su corazón loco, la que hacía que su lengua se enredara y terminase hablando como un imbécil. Su persona especial. Porque eso era ella, a pesar de que no estaban juntos y que probablemente no volvieran a estarlo. Ella era su persona especial, porque la quería a pesar de todo y sin condiciones y estaba seguro de que a ella le pasaba lo mismo con él. Era la persona que lo hacía sentirse querido y especial, no tenía idea de lo importante que era eso para él. ―Kate, te presento a los imbéciles de mis amigos. Tom, Rick, Jack y Paul. ―Dijo señalando a cada uno de ellos, sin mucho interés. Les dio una mirada fulminante a cada uno para que dejasen de babear por la chica que estaba cogiendo con fuerza de la cintura, apegándola a su cuerpo. No es que estuviera celoso, al contrario… bueno, en realidad estaba ardiendo de celos pero si alguien le preguntaba sólo diría que el hambre que lo atacaba otra vez le estaba poniendo de mal humor. Sería creíble… por un rato. ―Chicos, ella es Kate. Y no, ninguno de ustedes tiene oportunidad de bailar con ella hoy. Le he reservado todos sus bailes. ―Comentó antes de que cualquiera pudiera decir algo. Esperó a que se presentasen de forma correcta, besándole la mano a Kate y haciéndose los caballeros, sólo para impresionarla. Si supieran… a la morena no le venían esas cosas y ellos no tenían la menor idea de cómo tratarla así que eso, definitivamente era un punto a favor suyo. ―Bueno, ven aquí. ―Murmuró con voz suave, atrayendo a la morena a su cuerpo, apegando la espalda de la muchacha a su pecho y sonriendo al sentir el aroma de su cabello colándose por sus fosas nasales. ―Vamos a bailar, ¿quieres? ―Le pregunto, no dándole mucho tiempo para responder. Si ella no quería bailar, no lo harían, simplemente había querido sacarla de las garras de sus amigos. Se acercó hacia el lugar dónde varias personas se reunieron bailando, no había pista de baile por supuesto, pero Daniel se mezcló con la gente, sujetando firmemente a la muchacha por la cintura. ―Estás muy guapa esta noche... ¿te lo había dicho ya? ―Preguntó, divertido mientras la giraba entre sus brazos y la cogía de la cadera. La apegó a su cuerpo y la miró fijamente a los ojos mientras ambos comenzaban a moverse lentamente, de forma rítmica, siguiendo la música que había allí.