— Sí, esa es mi misión —repitió, asintiendo con su cabeza para darle énfasis a sus palabras—. No me digas eso que me aprovecho y entonces creerás que soy una interesada. Es una mala primera impresión, ¿no crees? —Volvió a bromear.
--Vaaya... eres casi como un ángel de la guarda--. Bromeó riendo, haciéndole hueco en el sofá por si quería sentarse. Frunció los labios lentamente y asintió. --Sí, pero si te lo mereces no es culpa tuya--. Comentó. --Así que pide. Pero no te pases, no tengo dinero--.









