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busca lo más vital no más, lo que es necesidad no más, y olvídate de la preocupacióooon (8)
PRINCE ADRIÁN JAVIER AS BALOO from the Jungle Book.
( bash )
“¡Espera, espera!” exclamó en orden de detener al joven que estaba por dar inicio al juego: The Twilight Zone Tower of Terror . “Quiero grabar su cara cuando esto inicie.” Anunció, haciendo referencia al acompañante que se encontraba a su lado, a la vez que sacaba su celular y posicionaba la cámara frontal en dirección a ambos. “Entonces, dime, del 1 al 10, ¿Qué tan asustad@ estás?” cuestionó en tono burlesco.
“Mi respuesta no aparece en las opciones” replicó el príncipe, encogiéndose de hombros. No era su primera vez en el parque, mucho menos en aquella atracción, la cual había visitado unas cinco veces desde su última estancia en el lugar. “Creo que de los dos el que más anda asustado eres tú, Bash” molestó de vuelta socarrón, empujándole un poco con su codo. “De otra forma, no estarías parando el juego”.
( adele )
“Estoy segura que está por aquí.” Murmuró para sí misma mientras recorría el parque entre las concurridas callecillas entre los juegos. “Te juro por la vida que vi el restaurante cerca de Mickey y Cenicienta, no me preguntes que hacían esos dos juntos.” Insistió a su acompañante, el cual esperaba siguiera detrás de ella y no la hubiera abandonado en su intento de ubicación fallido.
“¿Estás consciente de que me tienes pasando hambre aquí?” replicó el príncipe tras la peli-colorido, para aquél punto arrastrando los pies. No estaba seguro de cuánto habían caminado, pero ya se encontraba bastante cansado de buscar un lugar, al parecer inexistente. “¿No podemos comprar algo más? Te lo juro, hasta los dulces me sirven ahorita”.
( jay )
Mientras reía, rodeó a su mejor amigo con ambos brazos, feliz de poder estar con él durante veinticuatro horas y hacer todo aquello que les gustase hacer. Además, se había tomado bastante bien la confesión que le dio la última vez que salieron juntos, así que toda incomodidad y confusión había desaparecido del bosnio. —Pero dime algo que no sepa, Adrián—. Comentó divertido, dejando un beso suave en su mejilla antes de apartarse y tomar su mano, tirando de él de una vez por todas hacia el exterior, donde las cámaras los esperaban para hacerles un par de fotos. Se quedó pensativo ante lo siguiente y finalmente le miró con una suave sonrisita. —Si mal no recuerdo, me debes un masaje—. Alzó las cejas con lentitud. —Así que vamos a irnos al hotel primero, para que puedas darme tu pago—. Informó. ¿Tener a AJ de esclavo durante tanto tiempo? Daba para mucho, sinceramente, y no pensaba desaprovechar la oportunidad. —Y más te vale que sea con final feliz—. Susurró en su oído para que solo él pudiese escucharlo, mientras los flashes chocaban contra ellos captando cada momento.
No estaba en la posición de objetar ningún tipo de comentario que hiciera el ajeno, puesto a que se tomaba muy en serio su papel, como siempre. Si por algo se conocía al costarricense era por lo literal y exagerado que se tomaba las cosas, así que en ésta oportunidad no sería diferente. “Está bien mi amo, algo que no sabes es que tengo un gemelo perdido” replicó intentando aguantar una carcajada, la cual de igual forma acabó saliendo. Claramente aquello no era real, pero se excusaba conque el bosnio no especificó lo que quería escuchar. “En mi defensa, te fuiste como Cenicento, por lo cual nunca se pudo dar. Además, la conversación que tuvimos fue prioridad” le recordó, todavía un tanto cohibido por la confesión de su último encuentro. No acostumbraba ser él quien quedase sin habla, pero definitivamente el saber lo que hizo y no poder recordarlo lo dejaba descolocado. “Está bien, príncipe. Usted ordena y yo obedezco” sentenció, dejándose guiar por el contrario a las afueras del salón, pronto viéndose con cierto rubor decorando sus mejillas tras el íntimo comentario. No estaba acostumbrado a aquél tipo de afecto con el otro por mucho que se sintiera verdaderamente atraído, por lo que la timidez comenzaba a resaltar en él.
( jay )
Una sonrisa casi dulce se instaló en los labios del bosnio ante las palabras de su amigo. Después de todo lo que habían pasado volver a estar así con él era un grandísimo alivio, un placer. Había tenido mucho miedo de perderlo, pero había servido para darse cuenta de que jamás podrían estar alejados el uno del otro por mucho tiempo. Su amistad de años podía más que cualquier cosa. —Perfecto, entonces habrá masaje—. Zanjó, sin soltar el agarre que había asumido con él. Iba a volver a moverse para caminar, pero todo su cuerpo se tensó por la siguiente mención. Pensaba que habrían olvidado aquel tema cuando se negó a contarle acerca de ello en la isla, pero al parecer todavía seguía rondando la cabeza del costarricense. ¿Qué debía hacer? Sabía que AJ estaba en todo su derecho de saber lo que había sucedido, pero a la vez no se atrevía a contarlo y asumir la actitud que fuese a tomar el contrario. Nunca sabía cómo iba a reaccionar hasta que sucedía. —AJ…—. Iba a volver a darle largas, a dejar estar la conversación, pero no pudo. Soltó el aire de sus pulmones y finalmente desvió la mirada, avergonzado. —Nos acostamos. Habíamos bebido, me acerqué a ti para ver si seguías molesto y al parecer no era así. Me senté a tu lado, hablamos y… pasó sin más. Nos besamos durante un rato y nos marchamos a mi habitación—. Relató, con las palabras tan atropelladas que su lengua se trabó en un par de ocasiones.
Cada segundo que no recibía respuesta parecía eterno. Estaba tan inquieto al no saber si su pregunta había incomodado, puesto a que la reacción que tuvo el bosnio no le dejó sino puras dudas. Podía jurar que la primera vez que lo mencionó había dicho que se divirtieron, sin embargo, en su cabeza comenzaban a rondar ciertas oposiciones a eso; diciéndole que había cometido una estupidez al consultar nuevamente, pues simplemente la expresión del otro no le decía que hubiesen pasado un grato momento. La mandíbula casi se le cayó cuando escuchó la confesión, provocando que sus orbes se abrieran más de la cuenta. ¿Cómo podía ser posible que se hubieran acostado y que él no lograse recordar nada? Literalmente, su mente estaba del todo borrada, no había ni el más mínimo rastro del encuentro relatado, lo cual le entristecía en demasía puesto a que no sabía si había cumplido con las expectativas de su amigo, o si lo había hecho bien, o siquiera si lo había disfrutado. ¿Qué podía decir? Su mente estaba por completo en blanco, además de que se sentía bastante avergonzado y un tanto culpable por no lograr recuperar aquellos recuerdos. “Y, uhm, ¿qué te pareció?” no se resistió, por lo que fue lo único que logró decir. Necesitaba saberlo. Precisaba de aquella información para no sentirse de todo un asco, aparte de para que su ego no acabara por el suelo, pues le importaba mucho la opinión del muchacho.
( thayer )
Primer error de la noche, era algo que ya se había convertido en costumbre pero nada que lo hiciera apenarse “Oh, vaya, supongo que se parecen ambos nombres aunque debo decir que mi memoria no es muy buena” Se sinceró pues reconocía sus errores o debilidades cuando era necesario “¿En serio? La verdad es que no le hablo, desconozco sus gustos” Aclaró mientras observaba el objeto que llevaba con él, no era algo muy peculiar para su vista “Entonces… ¿De quién crees que pueda ser? ¿Crees que debamos dejarlo por ahí y marcharnos como si no hubiera pasado nada”
El castaño hizo un ademán, restando importancia. Era común cometer aquél error debido a que la mayor parte del tiempo el príncipe se la pasaba acompañado del bosnio. “Está bien, además de que tienes razón, los nombres son muy similares, de hecho, al mío simplemente le colocas la letra ‘a’ al comienzo” coincidió, con sus brazos encogiéndose ligeramente. “La verdad es que no tengo idea, digo, creo que alguna vez le vi un objeto parecido a Katan, pero podría estarme equivocando” confesó, no estando del todo seguro de sus palabras. La verdad es que no era del todo un detallista como para saber qué era de cada quién, simplemente se dedicaba a adivinar. “Tal vez si lo entregas en recepción el dueño pueda buscarlo o reportar su pérdida allí”.
( jay )
Con todos los que habían pujado por su mejor amigo, Jayvin no tenía ni la menor esperanza de ganar, cosa que le celaba de un modo intenso. ¿Qué podría ocurrir entre el costarricense y quien sea que le ganara? Tan solo pensar en eso hacía que le hirviera la sangre, y se encontró a sí mismo fulminando con la mirada, sin querer, a algunos de los que querían tenerle. Pero, en cuanto el nombre del bosnio resonó en el lugar, sus ojos verdes se abrieron por la sorpresa. Ni siquiera fue consciente de que unos brazos habían tirado de él para levantarle de su asiento cuando ya se encontraba caminando hacia el frente para recoger su “recompensa”. Esperó a que AJ bajara del escenario y cuando se reunió con él emitió una pequeña risita divertida. —Hola, bebé, te echaba de menos—. Comentó a modo de broma, aunque realmente no era una broma; siempre que no estaba cerca le extrañaba de una forma intensa. Era lo que tenía quererle de ese modo. —Pero ahora eres todo mío ¿te lo puedes creer?—. ( @fckingxaj )
Decepcionado. Así había subido a tomar su lugar en el podio cuando le avisaron que sería su turno en la subasta. Ya venía con la tristeza de no haberse ganado Jayvin, pues justo en el instante en que anunciaron la compra de su amigo, él venía bien tranquilo luego de haber ido al baño. Claramente maldijo, una y otra vez el ni siquiera haber podido pujar, sin embargo, una vez que el nombre completo del príncipe fue anunciado por el micrófono, el costarricense le buscó con la mirada, quedándose por completo sin habla. Siendo escoltado bajó del escenario y sin esperar siquiera alguna otra indicación, corrió a los brazos del bosnio con una sonrisa bien grande en su rostro. “¡Joder, Izetbegovic! Juro que eres lo mejor que me pasó en la vida” exclamó tan o incluso mucho más emocionado que el otro. Le alegraba el no haber tenido a un desconocido como comprador, puesto a que podía imaginarse un millar de terribles situaciones, mientras que con el príncipe frente a él sabía que todo sería maravilloso. “Pues ya que el papel de esclavo es tu trabajo a tiempo completo, no será tan malo tomar tu lugar por un día, ¿cierto? ¿Qué es lo primero que se le ofrece, mi amo?”.
( jay )
Una sonrisa divertida se instaló en los labios del bosnio cuando escuchó aquel insulto, puesto que sabía que en aquella ocasión lo decía de forma cariñosa. No respondió, pero su sonrisa se borró cuando el otro se paró con aquel aspecto serio. Entrecerró los ojos, frenando a su vez, y finalmente una carcajada escapó de su boca. —¡Pero que egoísta!—. Se quejó. —¿Es que acaso quieres que muera de hambre? Mira lo delgadito que estoy. Todo por tu culpa—. Bromeó. Observó cómo su mejor amigo se carcajeaba y negó con la cabeza. ¿A quién engañaba? Era obvio que jamás en la vida podría odiarle, porque sentía todo lo contrario, pero eso él no tenía por qué saberlo. —Intenta dejarme sin masaje y veremos si es cierto o no que te voy a odiar toda la vida—. Amenazó, pero contrariando sus palabras, se acercó a él y le rodeó con los brazos, alzándose sobre las puntas de sus pies para besar su barbilla.
“Obviamente no vas a morir, yo no te dejaría, tonto” aseguró, compartiendole una mirada cariñosa. Y era cierto, el costarricense siempre pondría de primero las necesidades del otro, tal vez porque tenían un lazo que les unía desde pequeños, o simplemente porque la felicidad y el bienestar del bosnio llenaba de tanta alegría a sí mismo, que haría lo que fuese por conseguirla. “La verdad es que no me gustaría averiguarlo, así que prometo no dejarte sin masaje” desistió por fin, rodeando la cintura del más bajo y tensando su mandíbula una vez que sintió el beso en su barbilla. Vagas memorias volvieron a él y un pensamiento que había estado rondando en su cabeza salió a flote, provocando que no pudiese resistir ni un minuto más en revelarlo. “Jay, ¿recuerdas ese día en la fiesta?” comenzó, debiendo hacer una pausa al haberse mordido los labios, puesto a los inexplicables nervios que sentía. “Dijiste que estuve contigo... es decir, que nos divertimos, por lo cual asumo que estuvimos juntos” habló una vez más, con su corazón desbocado. Era un idiota, pero sinceramente no podía recordar con exactitud lo sucedido y su única fuente era él. “¿Puedes contarme qué ocurrió?”.
Prince AJ de Servantes of COSTA RICA attending at the Marsella’s Charity Gala 2016 in France.
( thayer )
Había encontrado en su transcurso por el lugar una pertenencia que parecía etiquetada para un príncipe llamado “Jay”. Estaba seguro de haber escuchado ese nombre y lo reconocía, a lo que su mente le dejaba recordar, así que se dedicó a buscar entre el hotel aquél rostro conocido, aunque no tuvo que esperar mucho para poder encontrarlo “¿Tú eres Jay verdad?” Preguntó con cierta intriga pues tenía temor a equivocarse “Creo que me he encontrado con esto y quizá te pertenece” Extendió al contrario esperando fuera la persona correcta. @fckingxaj
Descansando de un día bastante agotador, el costarricense decidió que estaba demasiado cansado para subir hasta su habitación, por lo cual se mantuvo en uno de los asientos del vestíbulo del hotel, apunto de quedarse dormido. Probablemente todo habría salido como lo esperado, de no haber sido por la intromisión del griego, el cual de golpe le hizo enderezarse y prestar especial atención a sus palabras. “¿Jay? Oh, no. Él es el príncipe de Bosnia, mi mejor amigo. Yo soy AJ, príncipe de Costa Rica” corrigió, pronto observando el objeto en la mano del contrario. “¿Sabes? La verdad no estoy seguro de que eso pueda ser de él”.
( jay )
—¿Qué otro? ¿Ya andas tonteando con alguien más? Basta, AJ, soy celoso, solo yo o lo nuestro se acaba—. Bromeó, haciéndose el loco a pesar de que sabía que hablaba de él. Rió de forma genuina y espontánea sin poder evitarlo poco después y se pegó más a él al sentir que rodeaba sus hombros con el brazo. Siempre que estaba con el costarricense su humor cambiaba considerablemente: era más feliz, estaba más contento. —Está bien, entonces perdámonos por Marsella y busquemos lugares donde comer hasta hartarnos—. Aceptó por fin, sin dejar de caminar. —Pero como te hinches y después me dejes sin masaje, te prometo que te odiaré toda la vida—. Avisó, señalándole con su índice.
“Eres idiota” afirmó entre risas, cabeceando para luego codear con dulzura al bosnio. Le encantaba que fuese así de tonto, pues era muy divertido luego tener que explicarle las cosas de manera directa. “Vale, pero tenemos que aclarar algo, Jayvin Izetbegovic” frenó su caminata, colocándose frente a él con un gesto bastante serio. “El ochenta y cinco por ciento de la comida es mía” habló luego de una pausa, la cual pareció mas o menos eterna, precipitando una carcajada antes de notar la reacción del contrario. “No puedes odiarme” desafió, entrecerrando sus orbes oscuros los cuales se fijaron nada más que en los esmeraldas frente a él. “Soy tu mejor amigo, no podrías”.
( jay )
—Sabía que te morías por tener una cita conmigo—. Murmuró con diversión, sintiendo un ligero cosquilleo en el estómago ante las palabras mencionadas. Tenía ganas de hacerle muchas preguntas, de zanjar muchas cosas y quitarse dudas de la cabeza, pero no lo haría por el momento. No quería arruinar su salida. Continuó caminando, sin soltar la mano del costarricense, y torció la cabeza unos instantes cuando dio las opciones. —Me gusta más la segunda opción—. Aceptó, sonriéndole. Soltó su mano y volvió a rodear su cintura con los brazos, sin importarle qué pudieran pensar los demás de ellos al ir tan pegados. Siempre habían sido así y no habían tenido problemas. —¿Qué te apetece comer? Para saber qué sitio buscamos—.
“¿Yo? Si mal no recuerdo quien confesó cosas impropias fue otro” le codeó suavemente, dejando que su risa gruesa resonara en lugar. Había extrañado estar así con el príncipe, y es que se había sentido tan raro no tenerle a su lado las últimas semanas, que agradecía a Dios el nuevamente poder compartir con él, sin tener ningún tipo de discusión ridícula. “Me has leído la mente entonces, porque he pensado perdernos sería en exceso divertido” comentó correspondiendo aquél gesto, mientras que él rodeaba los hombros ajenos, apegando un poco más su cuerpo al contrario, sin obstaculizar demasiado sus pasos. “Mhm... De hecho me apetece comer macarrones, o hamburguesa... ¡No, espera! ¡Papas a la francesa! Sí, eso quiero, o incluso los tres”.
( jay )
Sin lugar a dudas yano quedaba ni rastro del chico malhumorado que había sido Jayvin días atrás;aquel que parecía vivir triste y arremetía contra cualquiera que se atreviese arespirar a su lado. Solo al recuperar aquello que tenía con AJ se habíapercatado de cuán importante era en su vida, y no pensaba volver a perderle nien broma. —Con tal de que me des un masaje, vendo hasta mi alma al diablo—.Comentó con gracia, soltando una risilla después. Estaba al tanto del pozo sinfondo que tenía su amigo por estómago, pero no le importaba. Por él pagaríamillones y el otro lo sabía. Se conocían desde que tenían pañales,prácticamente, era lo menos. —Va… ¿dónde quieres que vayamos? No conozco estesitio—. Murmuró finalmente, acercándose para morder el mentón ajeno antes desepararse y tomar su mano para comenzar a caminar.
Aquellas palabras lo emocionaron. Primero porque iba a comer como el goloso que era, pero más que por eso, porque hacía mucho que no pasaba una tarde a solas con su mejor amigo. "Entonces acabas de ganarte una cita, mi querido Jayvin” anunció bastante contento, pareciendo como un niñito con juguete nuevo. El bosnio despertaba aquella jovialidad en él, la cual le hacía sentir con tanto positivismo y tan buena voluntad para todo. Era maravilloso que se sintiese así, e impresionante que fuese únicamente gracias a él. Un gruñido se le escapó tras el mordisco, pronto dejándose guiar por el otro para empezar el recorrido. “De hecho tampoco conozco mucho, así que hay dos opciones: pedir recomendaciones o caminar hasta que consigamos un buen lugar para comer” planteó, inclinándose un poco más por la segunda de sus proposiciones.
( jay )
El de ojos verdesapretó los labios con suavidad al escuchar la pregunta de su amigo, aguantandola sonrisilla divertida que moría por instalarse en su boca. —Obvio que mepones, creía que ya te habías dado cuenta—. Comentó. Aquello formaba parte dela broma, pero ninguna otra cosa estaba más cerca de la verdad. Todo lo quesentía por AJ se había incrementado los últimos días, sin remedio. Le miró conlos ojos entrecerrados ante lo siguiente y se acercó también, pasando una manopor su cintura como si nada. —¿Es un trato? Porque si es un trato, te invitoa todo lo que quieras—. ¿Estaban coqueteando? Nah, seguro que no. Era todoparte de la broma, sí. El costarricense no había bebido y lo que habían tenidohabía sido producto del alcohol. Debía dejar de hacerse ilusiones con todo eltema.
“Pues no me lo habías dicho, no puedes culparme por no saber” argumentó alzándose de hombros, cuando una sonrisa lasciva hizo posesión de sus labios. Luego de haber arreglado las cosas, el castaño se sentía mucho más cercano al bosnio, pues era como si aquél tiempo que estuvieron separados, los hubiese hecho valorarse mucho más. Además de que había despertado sentimientos en el costarricense, los cuales había suprimido sin darse cuenta. “¿De verdad? Sabes que vestirme es más barato que alimentarme, Jay” se rió, con sus manos puestas sobre su pecho, mientras acariciaba éste con dulzura. Claramente el príncipe tenía una adicción suprema por la comida, así que su deber era recordarselo a su amigo.
( jay )
—Pues ¿sabes qué?A mí los spa no me gustan nada—. Le comentó de forma casual al costarricense mientrassalían del hotel por fin. Habían pasado toda la mañana entre masajes y chorrosde agua, y al bosnio no le gustaba nada todo aquello. Por suerte después de comerhabía encontrado un rato para secuestrar a su mejor amigo con la única idea deir a visitar la ciudad: él era el indicado, tenía que recuperar el tiempoperdido después de su discusión y los días alejados. —Eso de que me estémetiendo mano gente que no conozco, y que no me pone por cierto, me da un pocode mal rollo—. Arrugó la nariz y se tomó un segundo para observar al contrario de reojo, divertido. —Aunquesi tú quisieras masajearme, yo me dejaba encantado—. Bromeó, aunque no eradel todo una broma. ( @fckingxaj )
Más que relajado por la reciente atención que recibió, el costarricense no podía estar de mejor humor, casi no recordaba la última vez que se había sentido así, sin ningún tipo de presiones, por lo que aquél regalo que había hecho la producción fue el mejor. “Pues a mi no me importa realmente, me hacía falta relajarme” confesó, encogiéndose de hombros antes de que sus labios soltasen una carcajada por las palabras ajenas. “Por lo que he entendido, ¿entonces te pongo?” arqueó una de sus cejas, de manera divertida, mientras recortaba la distancia que tenía con el bosnio. “Pues mira, si me invitas una buena cena, capaz y te recompense” guiñó su ojo, para luego hacer que sus cejas danzasen de una forma graciosa.
( jay )
Una sonrisa divertida se instaló en los labios del de ojos verdescuando escuchó la pregunta ajena y ésta liberó toda la tensión que seguíamanteniendo. Aquella era la respuesta que había estado esperando y nonecesitaba nada más para saber lo que pensaba AJ. —No para mí, pero por unmomento sentí que no querías saber nada más y bueno, mejor asegurarse ¿no?—.Preguntó, alzándose sobre sus puntillas para dejar un beso en su mentón.Finalmente se apartó de él y suspiró suave. No hacía más que darle vueltas enla cabeza a la noche que pasaron juntos, y tenerle cerca no remediaba aquello.Dio un par de pasos hacia atrás, dejando la botella de agua sobre la encimera,y le observó unos instantes. —¿Puedo preguntarte algo?—. Le tomó de la manoy tiró de él para salir de allí, apretando los labios. No esperó una respuesta,puesto que iba a hacer la pregunta de todos modos. —¿Recuerdas algo de lanoche de retos?—.
El castaño sacudió su cabeza. Bien podía decir cosas bastante ridículas estando ebrio, las cuales podían llegar a perjudicarlo ( como en ese momento ) pero no era más que por el coraje o el sentimiento que se presentase estando en aquél estado. Cabe destacar, casi nunca reaccionaba igual. “Ya deberías saber que no tienes que hacerle caso a las cosas que digo, Jay” reprendió, riendo suavemente. Enternecido cerró sus ojos por lo que sus labios duraron marcados en su piel, provocando que su mandíbula se tensara ante la ausencia de éstos y un gruñido saliera de su boca. Sin dudarlo se dejó llevar por el contrario, con una sonrisa bobalicona que parecía no querer abandonar sus labios, sin embargo, se vio descolocado ante la pregunta ajena, ocasionando así que su anterior gesto fuese desplazado, imaginándose el peor escenario. “¿Debería?” interrogó con cierto temor de conocer la respuesta. No creía querer saberlo, pero igualmente la curiosidad comenzaba a matarlo. “¿A caso hice algo estúpido, Jay?”.