A veces me pregunto que será de todas ellas, las que alguna vez se las llevaron, y yo, y muchas otras, compartimos con un nudo en el estómago, su imagen, su recuerdo, el último microsegundo donde se la ve.
A veces me saltan recuerdos de esas búsquedas de chicas de mi país, del vecino, que desaparecieron en el barrio, en su provincia, en el extranjero, y nunca se supo su paradero. ¿Qué habrá sido de ellas? ¿Qué no fue? ¿Donde terminaron? ¿Cuál será su historia? ¿Cómo fue su final? Porque a veces, por más doloroso que nos suene, es preferible imaginarlas muertas, que viviendo en un calvario.
A veces me pregunto si alguien las sigue buscando, si alguien las piensa a diario, o si su último conocido se rindio ante el vacio de su ausencia, y ese nudo que estaba solo en el estómago se esparce por todo el cuerpo, y brota mi angustia, de saber que alguien se adueñó de su cuerpo, de su historia, de su vida, y nunca volvió a mencionarla, a mostrarla, y la dejó olvidada cuando ya no le servía, cuando ya no la quería.
Y me duele saber que ellas, que son hijas, madres, hermanas, amigas, compañeras, podrían llegar a ser más cercanas a mi, y eso ya no solo me duele, sino que me llena de miedos, porque nos siento presas de una libertad que se nos niega, y donde solo me (nos) creo a salvo, un poco más a salvo, cuando entro a casa y veo el mensaje de mis amigas que dicen "estoy bien, llegué".
Todos los días, y sobre todo hoy, yo lucho por ellas que no volvieron, por esas inalcanzables busquedas, por las que seguimos, y por las que vienen. Yo lucho por un mundo donde mantenerme a salvo no sea algo de suerte, por defender nuestros derechos, y para que nuestra historia la podamos contar nosotras.
Feliz lucha.




















