Sin rencores, porque una vez tú y yo lloramos porque no nos queríamos ir.
Rin
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Sin rencores, porque una vez tú y yo lloramos porque no nos queríamos ir.
Rin
ADENTELLAR
¿Qué viste en mí que decidiste desmembrarlo para reconstruirlo a tu antojo? Dime qué fragmentos de mi alma te parecieron útiles, cuáles devoraste, cuáles guardaste para alimentar la criatura que moldeabas en silencio dentro de ti.
Guíame, entonces, a convertirme en la idea que te enamoró, esa sombra dócil del hombre que fui y que ahora buscas hambrienta en otros cuerpos.
Hazme regresar a esa versión de mí que dejaste suspendida en tu memoria como un trofeo, a esa ilusión a la que vuelves cuando el resto no te sacia.
Recréame, aunque sea con las sobras, con los tendones que arrancaste de mi cuerpo, con los huesos de lo que fui cuando aún creías en mí.
Dibuja un mapa con cada beso que le diste a él sobre mi frente, como si cada contacto fuera una marca territorial, una advertencia grabada con saliva ajena de que ya no soy tuyo.
Despierta en mí al hombre que buscabas, usa mi piel, mi cuerpo y mi mente. Fúndeme en la carne de tus deseos rotos, hazme el disfraz viviente del amor que mendigas.
Porque entregaría mis sueños, mi rumbo y mi vida por convertirme en ese al que amas, al que le hundes la espalda en el pecho como si quisieras atravesarle el alma y alimentarte de lo que queda adentro.
Y yo, dispuesto al sacrificio, me dejaría devorar por tu necesidad de moldear. Quiero ser, ser, ser… tantas cosas quiero ser que por pertenecer a ti aceptaría deshacerme, perder mis límites, dejar que mastiques cada rasgo de mí hasta que solo quede la escultura que deseas.
Porque, por convertirme en ese hombre, arrancaré de raíz el pensamiento de él. Porque, al final, seré lo que quieres,
Porque ya no imaginaré cómo sería si yo fuera él… no necesitaré hacerlo. Te ofreceré mi identidad como carne tierna y tú la devorarás hasta dejarme hueco, listo para ser habitado por la forma exacta del hombre que quieres que yo sea.
REVENANT
Esa bala de inspiración resurge como un cadáver inquieto desde las ruinas de mis cimientos, desde ese lugar donde ya no existo, donde con intensidad siento el desvanecer de todo sentir.
Me desprendo de mis sentidos como de vestiduras marchitas por los siglos, como si cada uno fuera un fragmento inútil de un cuerpo que ya no me pertenece.
Despierto mi conciencia en un territorio donde incluso mi sombra se rehúsa a reconocerme, donde desprenderme de las venas corroídas por el eco fuese un acto casi litúrgico.
Me descamo de mí mismo como en un rito funerario, depositando cada sentido en un altar donde la muerte y la palabra respiran a la par, donde mi conciencia se yergue entre ruinas.
Una inspiración que despierta entre los muertos, bíblicamente, como si fuese profecía: que al tercer día de dolor mi alma, exhausta, se desatara en un torrente de palabras que ninguna enciclopedia podría contener y que ningún ser vivo podrá registrar.
Palabras que resucitan, resignificadas en un lenguaje arcano. Me derretiré, me consumiré como el plástico que envuelve y calcina ese obsequio profano al que insisto llamar espíritu, donde mi materia renunciará a su forma, como una hierba mala que insiste en renacer dentro de mí, una inspiración impía que solo busca calcinar.
EIN FUNKE
Una chispa que serpentea por una mecha interminable, que conecta con el campo de minas que enterraste con precisión quirúrgica, haciendo de cada avance hacia tu fortaleza una invitación al desastre.
Esa chispa tuya, inevitable y casi predestinada, pronuncia tu nombre en un idioma ajeno, uno que jamás imaginé que tu voz pudiera vestir, un lenguaje que tu boca aprendió lejos de la mía, un idioma que no nació conmigo. Y con un conjuro lo convertiste en un arma blanca, lo suficientemente afilada como para fracturar algo mucho más profundo que el hueso.
Es una chispa improbable, surgida del filo voraz de tus ojos cazadores, una mirada abismal que me arrastró a una trampa caníbal, donde mi deseo fue devorado sin misericordia. Su brillo fluctúa como un espectro luminoso que se niega a morir.
Porque tú no eres solo carne o sombra; eres un cúmulo de átomos indescifrables, un caos que tomó forma humana y que, en su forma maquiavélica, se volvió la encarnación del destello ancestral de la constelación que llevaba siglos ardiendo conmigo.
Y así ardes en el umbral de mi pecho; lo suficientemente tenue para no consumirme de inmediato, pero lo bastante feroz para recordarme que hay incendios que nunca se reducen a cenizas, sino que buscan habitar y expiar cada rincón en el que alguna vez te guardé.
2005
Eres brisa en la mañana,
luz dorada, piel de playa,
como el sol que cae en calma
y en tus ojos se desmaya.
Eres rumor de las olas,
y el misterio de las horas.
De voz suave y piel serena,
eres fuego, eres candela.
Entre risas y susurros,
sin querer te vas quedando,
como el agua entre murmullos,
en mi pecho estás latiendo.
Que no termine este sueño,
mujer de sal y de arena,
si en tus ojos hallo dueño,
mi alma encuentra su tregua.
Mis cicatrices, añejas, ruines y longevas,
fueron heridas alguna vez,
fueron dolor al rojo vivo.
Ya no duelen,
aunque hay días que punzan,
que dan comezón,
que se niegan a pasar desapercibidas,
que se dejan triturar por los rayos del sol.
Porque aunque están dormidas,
no están muertas.
Hablo de nosotros,
de ti, en voz baja, a discreción,
como si fuese un delito
confesar tal robo,
el hurto de tu risa
que guardo entre mis labios.
Un secreto entre alientos,
susurros enredados en la piel,
y tantas noches,
tantas, guardadas bajo el colchón,
donde duermen nuestros miedos,
donde reposan nuestras huellas,
silenciosas, pero firmes,
en la penumbra de lo que fuimos
y seremos.
Ser vulnerable y reconocer el origen de tus sentimientos no es una señal de debilidad, sino de fortaleza. Te conecta con tu inteligencia emocional y te permite relacionarte con los demás desde la autenticidad. Comprender cómo te sientes tú, cómo se sienten los demás y ser consciente tanto de la felicidad como del dolor propio y ajeno, enriquece tus relaciones y te lleva a una vida más plena y consciente.
My mom wake me up with a kiss this morning, nd’ I can’t just forget how pretty it feel’s, I’m just a happy little girl again.
Estoy cansada de ti.
De la sombra que proyectas sobre mí,
de sentir que cada instante a tu lado
es una invitación a desaparecer.
Estoy agotada, desgastada,
por saber que jamás podré hablar contigo
sin que las palabras se quiebren,
sin que me obligue a arrancarte un “te amo”
que nunca nace de tu propia voluntad.
Si hago las cosas bien, callas.
Pero si fallo, tu voz truena,
y mi silencio se convierte en refugio.
Estoy cansada de coexistir contigo,
de sentirme tensa, rota,
justificando que “está bien”
solo porque compartimos sangre.
De guardar mi voz,
porque la tuya siempre grita más fuerte.
Cada vez que intento hablar,
mi voz se ahoga;
tus lamentos, tus victimismos,
los convierten en cadenas.
Estoy harta de que me odies
sabiendo que somos iguales,
que en mí ves el reflejo
de todo lo que desprecias en ti.
Harta de que finjas no conocerme,
aunque nunca lo intentaste.
Para ti, soy lo que los demás dicen,
nunca lo que realmente soy.
Porque entenderme, verme,
nunca fue parte de tu plan.
— Yira.
Men are all the same, and my dad told me that.
I can’t keep living day by day.
How u can keep living day by day?
Nankurunaisa.
"Hay momentos en la vida en que comprendemos que lo absurdo, lo imposible y lo inconcebible son en realidad tan ordinarios como sencillos. De pronto vemos con claridad todo el entramado de la vida: desaparecen entre bastidores personas que creíamos importantes y del fondo en sombras emergen otras de las que no sabíamos nada, pero en cuanto aparecen sabemos que estábamos esperándolas, y ellas a nosotros, en un destino común".
"La mujer justa", Sándor Márai