Manías.
Hola, otra vez estos dedos tecleando por acá. Se hace tarde, pienso adrede, me cuento historias; dejo que me cuenten. Suena una canción, trivial por supuesto, es tarde y lo siento, estoy cansada y busco a Morfeo.
¿Me entienden? No sé ni qué escribo, ni a quien escribo ni porqué quiero escribir. No puedo concentrar una charla, perdón, un escrito en algo concreto que continúe en línea recta hacia un lugar real. ¿Contamos historias analógicas? A mí no me pasan, yo las invento y me las vivo irrealmente, manías, puras manías de no decir la cosa de frente y hacerle FRENTE.
Puras ideas desordenadas y pseudo profundas, dan alarde de triunfos y cotidianidades, esa voz que ensordece cualquier oído coqueto que le entienda lo profundo. Está frente a mí, hablando, y yo lo veo, completo y en dicha, sus movimientos son lentos pero vaya uno a ver como embelesa con esa tonta y calma forma de ser, es bello, es tan bello. No estamos solos, siempre están los otros, también los miro, de vez en vez les interrumpo para evitar la concentración máxima en la gustosa y agonizante querencia de mirarlo a él, pese a eso, soy pendeja, a mi solo me queda verlo ahí parado lleno de odio o eso parece... entonces de la nada, parece arder, yo creo que arde, arde algo dentro de él, siempre tratando de ocultarlo, siempre tiene algo para decir que le sobrepasa, ¿me entienden? Es que no es cualquier aquelarre pintado en la pared, maldigo el momento en que se me desviaron los ojos... esperen, ¿Sí será así?
Sigo mirándolo, a veces le enfrento la mirada, a veces le evado para no dármela de interesada, pero igual sea cual sea la situación, sigo insistiendo en buscarle, mirándolo como si fuera el único hombre en el planeta, como si después de mucho, mucho e infinito trecho hubiera encontrado algo, como si él dijera algo sobre mí, como si fuera algo, media mitad, lo que sea pero algo que dicen o hasta depronto la misma Nemesis que ha llegado a dominarme los sentidos que creía ya perdidos. ¿Qué quiere? Seguro esto es algo que yo había sentido hace tiempo y le ignoraba por completo cada vez que tomaba café en una plazoleta de mesitas metálicas viéndole pasar o en el ahora como cuando miro la calle llena de carros y gente carente de gracia y sonrisa.
Se va, se queda, se va, vuelve. No sé, y yo estoy aún aquí, sola. Actuamos distinto pero seguimos en compañía, ¿seguimos? Pero si yo no estoy hablando de mí. ¿Ven? La manía de ignorar, quizá por eso estamos así, por eso me pregunto tantas cosas. ¿Estás pensando lo que creo que estás pensando? ¿Acaso esperas que...? Léeme, léanme, pero háganlo.
Esto es un accidente, sí, esas cosas suceden, ¡Qué sí, un accidente! Estar frente a él es estar en frente del último eslabón de una cadena larguísima y enredada, algo improbable, imagínense la extensión de eso. Altivo, indiferente, ríe en la distancia y mira de reojo, yo sigo ese paso, repito el hecho y se vuelve a lo mismo -siempre con la negación en los labios- ¿coincidir? Vaya uno a saber, ¿descubrir? Tal vez, sorpresa es que en las mentes ronden pensamiento sobre el otro y sentir la culpa punzante en el pecho.
¿Ponerle nombre? Aha, no no y no. Es que no todo debe ser nombrado, a veces solo sé es, a veces son sólo dos personas aburridas, ociosas y confundidas. Pero están, eso es lo importante, tienen un punto en común, es este y es una realidad, uno no tiene que esperar nada, no querer nada, pero desear si y mucho; pasar algunas tardes junto al otro, hablar algunas noches, pensarse en momento justos, procurar caminar y acompañarse sin pensar en construcción de futuros o el querer inventado por el mismo sendero...
Que asustador se lee eso, antes de mal entendidos o percepciones erróneas lo instintivo del que escribe es necesario entenderlo e imaginarlo con todo este contexto junto, es necesario. Antes de que toda una catástrofe se venga encima, antes de tergiversaciones, antes de que se lo pregunten, lo digo: lo quiero... más o menos.
Hoy lo creo posible, ¿espejismo o realidad? No sé. Solo espero que el ignorar se vaya, ser capaz de mucho, hacerle frente a ideas erróneas que he pintado en el camino. Que el rastro de la coincidencia más casual, cree algo a bien o a mal pero que cree. Aceptar, se trata básicamente de eso, pero a veces el problema reside en que no se piensa en ser si no ser con el otro, y eso, pensar en algo imposible, es como pretender olvidar algo que no existe, por ende los finales se cuentan solos y los entendimientos se hacen más conscientes... da pena y solo puedo reírme mientras llega algún motivo para llorar de verdad. Como su nombre.
No siendo más, adiós, no es mi historia, insisto.
“Esa puta manía de asustarse cuando sientes, de disimular el ruido que hace el corazón cuando late (por alguien) fuerte. De hacer que no es amor cuando la realidad te mata. De correr en dirección contraria al abrazo que te salva. Esas putas manías” P.















