Un corazón honesto no se debe esconder, será del todo bueno, o al menos del todo humano.
-Michel de Montaigne

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@filosofoso
Un corazón honesto no se debe esconder, será del todo bueno, o al menos del todo humano.
-Michel de Montaigne
nº2: Sobre economía y pantallas táctiles
Hace unos meses escuché una conversación en econtalk en la que se planteó una idea que me pareció muy interesante: las personas son más abiertas y simpáticas en la actualidad por la creciente importancia del sector servicios en muchos países. Esto se debe a que muchos de los servicios en los que participamos cada día requieren el trato con alguna persona, desde un dependiente de una tienda de ropa hasta un masajista. Estos empleos dependen, aparte del precio, de un buen trato al cliente.
Sea o no cierta aquella afirmación, es posible que en la actualidad exista una tendencia subyacente contraria a la misma. La proliferación de las grandes ciudades y los aparatos electrónicos portátiles han transformado nuestras relaciones sociales y en vez de hacer a la persona más simpática hacia el desconocido nos ha dotado de una mayor apatía hacia él.
Primero, es posible que en las grandes ciudades sea más fácil que se encuentren personas que compartan gustos, ideología o modos de ver la vida. Sin embargo, el gran número de habitantes hace dificil crear un sentimiento de comunidad o cercanía; un sentimiento que es abuntante en los pueblos y zonas menos pobladas. Parece que un desconocido en una ciudad es uno entre tantos, pero un desconocido en un pueblo es para tantos uno.
Segundo, romper el hielo es una situación incómoda y el largo camino a la confianza entre los personas requiere derretirlo del todo. En la actualidad, mucha tecnología es usada para evitar ese hielo. Quién baja la mirada a una pantalla acaba de poner un gancho de no molestar en su puerta al mundo. Existe, además, un fenómeno muy extaño al hablar con alguien que esta con la mirada fija en su pantalla, como si se viviera a en una zona horaria distinta por 30 segundos. Una pregunta u observación dirigida a quién este en frente de una pantalla suele ser respondida con cierto retraso; la prioridad la tiene otro. Quizá sea hora de que releguemos todos a un segundo lugar lo que la tecnología portátil nos ofrece las veinticuatro horas de nuestro día, y escuchemos a la persona que solo estará un ratito en él. No es por decir que la tecnología sea mala, de hecho ahora mismo la estamos utilizando lector y escritor, sin embargo, sabemos que hay momentos en los que es maravilloso puente para hablar con amigos y familia distantes, y hay momentos en los que es imponente muro para hablar con amigos y familia si los tenemos cerca. El mayor ejemplo de ello lo observé yo mismo el otro día al sentarme a comer en una mesa de un restaurante de comida rápida. Un padre con su familia, su familia con sus móviles y tablets...
Termino, las personas estamos de alguna forma evolucionando. La economía propondrá sus teorías, y no serán más que el producto de nuestras propias elecciones en nuestro entorno, ya sea de disponibilidad tecnológica o de densidad de población. Por ello, este oso propone el pico y la pala para romper el hielo ante el desconocido, al fin y al cabo familia y amigos antes también eran nada más que eso: desconocidos.
Tu filosofoso
nº 1: Sobre ardillas y bellotas
Hace unos días estaba paseando por una carretera que separaba un enorme bosque de una pequeña urbanización. Vi que sobre el asfalto habían caído varias bellotas, decidí recoger una de ellas y la tiré de nuevo al bosque probando suerte, quizá esto le dé una oportunidad de convertirse también en uno de esos gigantes de la naturaleza (hay quién lo consideraría fútil o ingenuo, pero es lo que me ocurre cuando paseo y mi mente se blanquea). En fin, a pocos pasos escuche movimiento en un arbusto; habíasalido del bosque una ardilla marrón oscuro buscando alimento. Esta también decidió recoger del asfalto una bellota, sin embargo con un propósito distinto al mío. Con sus dos diminutas manos agarraba la bellota y comenzó a roerla, girándola de poco en poco y siempre atenta a la carretera y a esa otra criatura que la observaba.
Tras este episodio, me acorde de aquella parábola del sembrador que muchos, religiosos o no, conocen. Y empecé a interpretarla de otra manera: aquellas semillas que no dieron fruto también son importantes. La semilla que cayó en el camino, y que comieron las aves sirvió de sustento para estas; las semillas que cayerón en pedregales quizá, aunque fuera solo un poco, hicieron más fértil aquel suelo; y aquellas que fueron ahogadas por los espinos también fertilizaron el suelo para la vida otro ser vivo.
En definitiva, ¿qué más se puede pedir, sino ser sustento de otros? ¿No es importante el apoyo de cualquier persona al ser humano o a la naturaleza, haya alcanzado o no su pleno potencial: dar fruto? Quién piensa al ver un pobre pidiendo en la calle que no ha alcanzado su potencial o lo trata como desperdicio no rechazaría su ayuda si la necesitara. No sabrá la raíz de aquella pobreza y en muchos casos se negará a fertilizar su tierra con alguna moneda o una sincera comprensión. También en la familia o los amigos puede haber personas que no estén dando el fruto que esperamos de ellas, y sin embargo serán siempre una mano amiga a quién lo necesite. La semilla que dio fruto a setenta o a ciento habrá alimentado a los hombres, pero la que hizo tierra fértil alimentó al mundo.
Tu Filosofoso