nº2: Sobre economía y pantallas táctiles
Hace unos meses escuché una conversación en econtalk en la que se planteó una idea que me pareció muy interesante: las personas son más abiertas y simpáticas en la actualidad por la creciente importancia del sector servicios en muchos países. Esto se debe a que muchos de los servicios en los que participamos cada día requieren el trato con alguna persona, desde un dependiente de una tienda de ropa hasta un masajista. Estos empleos dependen, aparte del precio, de un buen trato al cliente.
Sea o no cierta aquella afirmación, es posible que en la actualidad exista una tendencia subyacente contraria a la misma. La proliferación de las grandes ciudades y los aparatos electrónicos portátiles han transformado nuestras relaciones sociales y en vez de hacer a la persona más simpática hacia el desconocido nos ha dotado de una mayor apatía hacia él.
Primero, es posible que en las grandes ciudades sea más fácil que se encuentren personas que compartan gustos, ideología o modos de ver la vida. Sin embargo, el gran número de habitantes hace dificil crear un sentimiento de comunidad o cercanía; un sentimiento que es abuntante en los pueblos y zonas menos pobladas. Parece que un desconocido en una ciudad es uno entre tantos, pero un desconocido en un pueblo es para tantos uno.
Segundo, romper el hielo es una situación incómoda y el largo camino a la confianza entre los personas requiere derretirlo del todo. En la actualidad, mucha tecnología es usada para evitar ese hielo. Quién baja la mirada a una pantalla acaba de poner un gancho de no molestar en su puerta al mundo. Existe, además, un fenómeno muy extaño al hablar con alguien que esta con la mirada fija en su pantalla, como si se viviera a en una zona horaria distinta por 30 segundos. Una pregunta u observación dirigida a quién este en frente de una pantalla suele ser respondida con cierto retraso; la prioridad la tiene otro. Quizá sea hora de que releguemos todos a un segundo lugar lo que la tecnología portátil nos ofrece las veinticuatro horas de nuestro día, y escuchemos a la persona que solo estará un ratito en él. No es por decir que la tecnología sea mala, de hecho ahora mismo la estamos utilizando lector y escritor, sin embargo, sabemos que hay momentos en los que es maravilloso puente para hablar con amigos y familia distantes, y hay momentos en los que es imponente muro para hablar con amigos y familia si los tenemos cerca. El mayor ejemplo de ello lo observé yo mismo el otro día al sentarme a comer en una mesa de un restaurante de comida rápida. Un padre con su familia, su familia con sus móviles y tablets...
Termino, las personas estamos de alguna forma evolucionando. La economía propondrá sus teorías, y no serán más que el producto de nuestras propias elecciones en nuestro entorno, ya sea de disponibilidad tecnológica o de densidad de población. Por ello, este oso propone el pico y la pala para romper el hielo ante el desconocido, al fin y al cabo familia y amigos antes también eran nada más que eso: desconocidos.