Si me dejas, esta noche me gustaría tomar tu mano y llevarte a dar un paseo. Llevarte a todos esos momentos que hemos dejado olvidados, volvamos.
Volvamos a esos tiempos en los que escuchábamos música a todo volumen, así, sin audífonos, sin importar que los vecinos escucharan, sin importar que a los demás no les gustara nuestra música; vamos a subirle todo el volumen a nuestras canciones y a bajárselo al mundo.
Escribamos en un diario, escribamos lo que sea, de quien sea, no importa para qué. Vamos a escribir sin comas ni puntos y aparte; escribe lo que sientas, y a quien sientas.
Hablemos de todo y de nada, de películas, de series, de libros, de revistas; hablemos sin importar lo que los demás piensan. Háblame de lo que quieras, y de lo que no también.
Ven, vamos a subirnos al techo a intentar alcanzar el cielo, vamos a tumbarnos a mirar las nubes y luego las estrellas; bésame como si no lo hubieses hecho antes y lo hicieras por primera vez.
Toquemos timbres y corramos lejos, lejos de aquí, lejos de este presente. Revolquemos en la cama nuestros pasados.
Llamemos a desconocidos, hagamos bromas pesadas y luego riamos hasta llorar.
Regresemos a esos momentos en los que las distancias podían recorrerse en bicicleta o a pie. Donde los recorridos los medíamos en canciones.
Vamos, viajemos un poquito más atrás, cuando todavía tú y yo no nacíamos, cuando la gente se declaraba el amor en cartas, en cartas que guardaban en sobres, sobres que viajaban hasta su destino. Viajemos a épocas donde el amor cabía todo en una carta.
¿Qué dices? ¿Regresamos a todos esos momentos?
Ya ves, el pasado no es tan feo como lo pintan, sólo hay que saber escoger bien qué recordar.