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chovee:
La Yoohwa de siempre vuelve a estar con él y tal vez Vicente no se dé cuenta, pero su cuerpo sí. Se le tensa completo y de a poco, y un nerviosismo interno, ansiedad familiar que siente en presencia de tan imponente señorita, marca su presencia como electricidad que le recorre por dentro. Se lleva el vaso a los labios para refrescar una boca que se siente seca, pero consigue un efecto alterno cuando cierto comentario llega a sus oídos. Se atraganta en el trago, esta vez difícil de disimular, y se le destruye la imagen de la que ha sido portador los últimos segundos. Imposible no imaginar el escenario, su mente crea imágenes de una Yoohwa abrazándolo en esas veces que a regañadientes ha permitido que duerma a su lado, y acompañado a la vergüenza de haber creado una reacción, inevitablemente se le suben los colores al rostro. “¡Yoohwa~! Te aprovechas de mi” la queja sale natural de sus labios, leve fastidio en sus rasgos faciales, y aunque parece implícito que se refiere específicamente a los abrazos nocturnos, está casi seguro que podría emplearlo en aquel contexto también. Porque ahora las palabras que salen de la boca de la fémina su mente las toma de una manera diferente, produciendo efectos en él que hace un segundo se creía momentáneamente inmune de sentir. Iluso. Todo gracias a aquel pensamiento plantado por aquellas finas manos femeninas, y que ahora le tenían buscando de forma caótica palabras para responder. “Yo—” aire, una mueca, y sus ojos van a dar al techo. Su labio inferior sufría las consecuencias, porque ahora lo mordisqueaba sin piedad. Le tenía, literalmente, sin palabras, robándole esa calma y sinvergüenzura de los que minutos antes se sentía poseedor. Iluso. Con Yoohwa nunca se podía estar seguro de nada, porque se descuidaba y ella salía con algo nuevo. Detalle que él, aparentemente, había olvidado. Su mirada viaja al brillo de sus labios, y abre la boca con la intención de decir algo pero tal frase nace y muere con una rapidez impresionante y de entre sus labios sólo sale un suspiro. Fruncido el ceño, mira ahora a los ojos de aquella chica que se ha robado aparentemente su lengua y a quien ahora tiene más cerca, y se cuestiona si será capaz de resistirse a esos intentos que ella ha mencionado o si simplemente se dejará llevar, porque siente que se inclina más hacia la segunda y de cierta manera teme. Pero no es un temor malo, sino uno llamativo, que alimenta su curiosidad y lo guía a creer que tal vez no sea tan malo vivir sin un corazón. ‘Tómalo. Tómame.’ Despierta de su ensimismamiento al mismo tiempo que se rompe el silencio que ha forjado y roto esa voz que reconocería hasta si fuera sordo, como ha dicho en otra ocasión, y ahora siente que es capaz de hilar esos pensamientos que antes sólo tenían la intención de formularse pero que no llegaban a tener el sentido suficiente como para escapar sus labios ni a trompicones. También siente que se ha dejado mucho llevar, ya que el color no quiere dejar sus mejillas y siente que tiene que tragar duro para poder aclararse la garganta. “Ah, Yoohwa” el nombre es mencionado una vez más, con un deje divertido en el tono de su voz. Y a pesar de que es imposible fingir con éxito que no ha producido nada en él con todo lo que ha dicho, de todas formas hace el intento. Porque así es él y prefiere fingir demencia ante admitir un grado de derrota. Aún así deja caer su cabeza, y mientras tiene ocultos sus rasgos de la fémina, sonríe ampliamente. Tal sonrisa se desvanece hasta quedar nada más que una suave huella sobre esas comisuras, que enseña una vez tiene alzada la mirada en la dirección a la que se ha atraído durante todo el rato que han estado allí: la mirada ajena. “No- no sé lo que has hecho– lo que estás haciendo,” y es que una pequeña parte de él seguía creyendo que habría una posibilidad de que hubiera magia involucrada. ¿O sólo se estaría dando cuenta de cosas a las que antes no prestaba atención?. “¿Te seguirás metiendo en mi cama, ocupando mi silla y robándome mi ropa?“pausa. “No. Digo, sí. Sí, ya terminamos de comer. La verdad es que ya no tengo hambre,”mira lo que le queda, y simplemente no le nace seguir con la comida ni por ansiedad. “Gran provecho le sacamos a la comida. ¿Nos vamos?”
Yoohwa deslumbra pues, a pesar de todo, sabe que se ha salido con la suya. (Y el desfile de encantadoras reacciones que obtiene por parte de Vicente se lo garantiza; el tartamudeo, la poca seguridad con los pasos que daba, ¡ese rubor perenne!) No importa que haya metido la pata hasta el fondo, se dice, no importa que haya dejado sus sentimientos al descubierto de una manera tan poco elegante y que, de paso, se haya dejado ver como la mujer vulnerable que casi nunca era; como la chiquilla que empezaba a experimentar sentimientos dormidos desde hace varios meses, ¿quizá uno o dos años? “No he hecho nada que no haya hecho antes, oppa” enrolla un mechón de cabello en su índice y juguetea con él mientras achica los ojos y le observa, penetrante. Si bien sus intenciones habían mutado en los últimos días, aquella Yoohwa era la misma de siempre: descarada y provocativa. Una dispuesta a soltar comentarios insinuantes a diestra y siniestra, con la ligera diferencia de que ahora esperaba que no cayeran en saco roto. Esta vez deseaba lograr una diferencia... más tangible. “¡Claro que lo haré! Y más que antes. O es que... ¿Crees que vaya a ser un problema si ahora, con mucha más razón, encontraras mi perfume entre tus ropas? ¿O al despertar, porque te estoy abrazando mientras duermes?” antes de que él se anime a darle una respuesta con la cual imaginaba terminaría tropezándose, abandona su cabello y alza el dedo contra los labios de Vicente. Así sellaba cualquier palabra que tuviera la intención de soltar. “Piénsalo. Yo iré al tocador mientras pagas~, no hay problema, ¿cierto?” Y le abandona sin decir más, caminando directamente hacia el baño e imaginándose la clase de cara que dejaba atrás... Llegada se dispone a retocarse el maquillaje, acomodarse el cabello correctamente detrás de las orejas y rociarse encima un poco de su fragancia favorita, siempre infaltable dentro del bolso de mano. Un vez termina, observa su reflejo un par de segundos más. Parpadea. Pasa algo de saliva. Le sonríe a la Yoohwa del otro lado. Se sentía feliz y, a pesar de los argumentos que aquel muchacho tuviera, cómoda también. De aquello extenderse así, no se imaginaba abandonando el lado del mayor. A paso ligero es como, medio minuto después, abandona el lugar. Tiene las manitas por detrás y su caminar cesa cuando llega hasta un Vicente de espaldas. “¡Buu! ¿Terminaste?”
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chovee:
Corriente baja por su columna con las palabras, recorriendo cada vértebra, y una suave queja escapa sus labios al sentir a la otra sobre uno de sus puntos débiles. ¿Si no es aquí, entonces dónde? La duda nace, pero no se vocaliza. Decide dejarse llevar momentáneamente por la mujercita entre sus brazos, y le dedica una sonrisa. “¿Y cómo se pueden robar entonces?“ De su cintura pasa a su brazo, y de este último a su muñeca, acariciando el camino con paciencia, y ahora sus dígitos se envuelven en la mano portadora del dedo que castiga sus labios. Con delicadeza la separan, mas pronto son sus nudillos los que se vuelven las nuevas víctimas de su boca, uno por uno. Se negaría a admitir cómo se embriagaba, en vez de con alcohol, del aroma ajeno, ni el rápido palpitar de su corazón, tan súbitamente sensible, que producía el mínimo contacto de Yoohwa. Entonces, cierra los ojos, y susurra sobre el dorso de la mano que sostiene con la propia: “Me pongo a disposición de la princesa.”
“No~oh. No se pueden robar, las reglas son las reglas. Primero has de esperar a que yo quiera entregarlos. O pedirlos, entonces consideraré si dártelos o no” mantiene su petulancia hasta que la siente flaquear con esos besos tan delicados, tan que le derretían por dentro y hacían difícil ceñirse al plan inicial de llevar al mayor al punto en que tuviera que pedirla. Exigirla. Porque no, no había problema en ser quien se hubiera confesado de primero siempre y cuando lograra que Vicente perdiera la cabeza. (¿Pero cómo lo hará, se pregunta a si misma, si sentía que era ella a quien el control se le escurría entre los dedos?) “Tu princesa” corrige luego de hacer espacio entre ellos para observarlo fijamente. Esta vez logra mantener una tranquilidad exterior que no le hace ´justicia al estado de su corazón. “Disposición de tu princesa, habrás querido decir” gira sus dedos y acaricia los labios a su orden, deleitada con la imagen e incrédula de todo el tiempo que le llevó darse cuenta de sus sentimientos. “Pero conociéndote... lo más probable es que opongas un pero en algún momento.”
chvalex:
Una sensación de vacío pasó desde su esófago hasta el final de su estómago, mientras que un escalofrío se encargaba de sacudir lo que quedaba de su cuerpo. “No fue aquí,” se armó el coraje para retomar la conversación y contestar las preguntas de Yoohwa lo más preciso posible, aún si la voz se le quebraba un poquito, y se aferraba con más fuerza a sus manos, y sentía que los ojos le escocían. Primero, porque se estaba arrepintiendo de confiarle algo que podría preocuparla, y segundo, porque tenía que revivir la—brumosa—escena en su cabeza para poder contarla apropiadamente. “Fue en Chile… Fue una estupidez,” continuó, carraspeando y relamiéndose los labios. “A mí no me pasó nada, por suerte, porque no era yo quien estaba volante, pero…” Cerró sus ojos para tratar de extinguir sus lágrimas antes de que comenzaran a correr. “Arruiné algo muy preciado para mí ese día, y no, no estoy hablando del auto. Un alguien, mejor dicho.” Y por último rió, rió de pena y nervios, y como un intento por aligerar un poco el lúgubre ambiente que se formó. Ahora recordaba porqué solía rehuir tanto el tema.
De repente la chica siente la necesidad de removerse en su puesto, como si con ello fuese capaz de conseguir un cachito de comodidad entre los rígidos sillones de aquel pasillo. Comodidad esquiva que no le transmite aquel tema. ¿Y qué hacer? No podía irse por la ficha de imprudente o desbocada. No podía soltar lo primero que le cruzaba la cabeza porque... este se encontraba vacía. Hay un frío inusitado que le eriza los cabellos de la nuca y un carraspeo, de ella misma, que le impide que su hilo de pensamientos busque asentamiento muy lejos; la realidad estaba allí con Alexis, no en lo que pudo haber pasado. “Todos-- todos cometemos errores cuando somos jóvenes. Lo importante-- lo importante es--” otro carraspeo gracias a la aridez de la que se ha vuelto su garganta. “--lo importante es que tratamos de enmendarlos cuanto no es posible” inhala, exhala. No sabe desde cuándo tiene los ojos fijos entre las manos de ambos. “Lo siento... mucho” no quería decirle que aquello no sonaba del todo enmendable, pero así se sentía. “Supongo que pasará mucho antes de que esa herida termine de sanar, ¿cierto? Pero... ¡Ah! No siempre será así, ¡en serio! Te prometo que un día-- un día esto será una terrible pesadilla de la que todos habrán salido y...” intenta contagiarle con un poquito de felicidad pero se le hace difícil teniendo en cuenta el ambiente. “Ugh, Alexis, mi Alexis” suspira y súbitamente apoya la frente en el hombro de él. “Sé que no puedo hacer nada, que apenas te conocí ayer-- o casi ayer, pero siempre que necesites algo de mi puedes reclamarlo. Así sea sólo mis oídos, un abrazo, ¡lo que sea!”
chvalex:
Claro que quería verla. Claro, claro que sí, y es eso mismo lo que lo llevó a largar un quejido bajo la protección que se había formado en su regazo. No obstante, y ya que había sacado a colación un tema más delicado, sabía que debía sentarse y mirar a Yoohwa a los ojos, aun si intentaría evitarlos la mayor parte del tiempo. Respiró hondo. Se irguió. Tomó esas manos que lo habían consentido con caricias y entrelazó suavemente sus dedos, y comenzó. “Siento—siento que necesito hacerlo. Nunca me he atrevido a hacerlo, no como se debe.” Humedeció sus labios y chasqueó su lengua, buscando un punto de partida prudente. Podía escuchar a su corazón retumbando en sus oídos y le temblaban las manos, pero estaba bien, era normal. Le sucedía cada que abría la boca para hablar del asunto. “La razón por la que Vicente estaba tan molesto conmigo como para llorar es…” Restregó sus pulgares contra el dorso de las manos femeninas. “Porque el año pasado estuve en un accidente de auto.”
Yoohwa intenta registrar en el rostro ajeno cualquier pista que le de indicios del camino que tomará aquella conversación porque hasta ahora siente que no ha llegado a ninguna opción complaciente; ¿qué podría ser tan malo? Pero ha de guardar silencio si lo que quiere es escuchar el motivo de una vez por todas. Porque aun cuando desea acelerarlo y empujarlo hacia la respuesta, pues el silencio no le hace bien a su corazón, entiende que debe dejar que las cosas fluyan a su ritmo. Y así lo hacen, eventualmente y después de esa pausa que se sintió infinita. “¿U--Un...? ¿Un-- accidente?” susurra con los ojos grandísimo y dándole un apretón involuntario a las manos del menor. Pasa saliva en seco, de repente nerviosa ante la idea de no tener a su amigo allí de frente. “¿C--cómo que un accidente? ¿Cuándo ocurrió? ¡Eso no sucedió aquí! ¿Cierto? ¿Cierto?” ladea el rostro y le registra preocupada de arriba a abajo. Todo lucía en orden, sin embargo, a falta de detalles, lo único que puede hacer es sacar sus propias conclusiones. “Alexis...” apura, su entrecejo formando un nudo de preocupación.
chovee:
“Ah, Yoohwa, no me digas esas cosas” pequeña queja sale de sus labios en una voz ronca, casi un murmuro, y de pronto hace mucha calor entre los dos. El frescor de la noche le hace notar lo cálido de sus mejillas, pero lejos está de concentrarse en tal sensación cuando los carmines contrarios chocan contra su mejilla. Suficiente impulso para que los propios se dignen a ir en busca del sabor de aquel rojo pasión que la otra viste, aunque a quién le importan los colores cuando existen las necesidades. Su derecha baja por su espalda acariciando las curvas femeninas y al mismo tiempo, da la primera probada a los bonitos labios ajenos. “Te enseñaré…” sobre sus labios “… cuando quieras.”
En honor a la verdad, el beso robado, aunque casto, le toma desprevenida. Lo quería, lo ansiaba, pero todavía no. No tan rápido. “Hey...” exhala la respiración que contuvo mientras desliza un dedo hasta los labios de él, manteniéndolo a raya evitando que una vez más se pasara de listo. La chica sonreía, ladina. “Eso no, señorito. Aquí no.” Vuelve a ubicarse en una posición segura al acudir una vez más al oído de Vicente. “Los besos de las princesas no se pueden robar así como así. Yo no soy la Cenicienta o la Bella Durmiente...” y como advertencia, brinda una mordidita en la tierna carne de su lóbulo.
chovee:
En silencio se queda mientras su compañera parece, de alguna forma, perder la cabeza, y a Vicente se le antoja de lo más adorable. Leves curvaturas dibujan una suave sonrisa que se mantiene inmóvil en su rostro, y su ceño sutilmente fruncido, mas su mirada es cálida, y con ella absorbe tantos pequeños detalles como puede, porque sabe que esa Yoohwa es momentánea y que probablemente no la verá más. Porque si no la había visto de esa forma tras meses de haberla conocido, cuáles serían las probabilidades de que volviera a hacerse ver. Una Yoohwa vulnerable, que piensa cosas en voz alta que parecen dirigidas más a ella que a su compañero, como si se tratara de convencer de cosas y castigarse por otras en una lucha interna que exterioriza en palabras. O así se ve desde su punto de vista, al menos, ya que la cabecita de quien tiene en frente seguirá siendo un misterio para él por la eternidad, cree, y es la opción más posible, más creíble. No le molesta, sin embargo, para nada. Y no se cree nada de lo que escapa de los labios femeninos, nada de esas cosas negativas, de todos modos. “No te has comportado como una idiota, Yoohwa,” y niega con la cabeza suavemente, tal como hace cada vez que ella dice cosas de parecida índole. Entonces agarra un pollo y come, aunque ya no tiene apetito, porque parece una buena distracción. Teniendo la boca llena puede permitirse pensar antes de hablar, y habla poco por esa misma razón. “A mi no me parece incómodo, no tanto” replica, tras haber tragado, igual cubriéndose la boca con la palma de la mano. Aunque, a decir verdad, si ella comenzara a sentir verdadera incomodidad, esa palpable, es muy probable que él terminase sintiéndose de la misma manera. Sonaba a y se sentía como, de alguna forma, un trato lo que parecían traerse entre manos, pero lejos de la seriedad correspondiente a tal cosa, Vicente trataba de ocultar esa sonrisita cargada de sentimientos que afloraba una vez a las mil. Rehuyó la mirada ajena por un segundo, ocultándose tras el pollo, cumpliendo con la misión de acabarse el alimento que ya ni siquiera estaba disfrutando, tan distraído con la situación. Entonces, con un suspiro su semblante se vuelve medianamente serio, y asiente. “Primero somos amigos,” repite, porque es la parte más importante, y la que graba en su memoria para volver a ella, específicamente, en momentos que se necesite. Se deshace de lo que comía, y se limpia los dedos, haciendo demorar la respuesta en lo que su calmada mirada vuelve a fijarse en la contraria, reprimiendo una sonrisa que solita se va ladeando mientras se piensa la respuesta. “Supongo que podemos decir que sí, sí. Formalmente estamos ‘tonteando’” dibuja las comillas. “Pero que no me retroceda depende– depende de otros factores. No sé si varios, pero otros–” porque, después de todo, igual siente la necesidad de hacerse el difícil, el juguetón. Y afirma el codo contra la mesa y su mentón contra su puño, ladeando un tantito la cabeza. “¿Qué viene con el abrazo? A ver, cuéntame. Hace un rato no más hablábamos que planeabas comerte mi corazón, no creerás que tampoco cederé tan fácil” aprieta los labios cuando una risa amenaza con salir de ellos, porque esas palabras están muy lejos de ser y sonar tan serias como era la intención inicial. Hacerse es la palabra clave. Si en ese mismísimo segundo a Yoohwa se le ocurriera que quiere manosearlo de pies a cabeza, sería el mínimo lo que luchara antes de dejarla cumplir su cometido.
Por alguna razón que se le escapa del entendimiento, Vicente está tomando todo con mucha más tranquilidad de la que habría ideado si una semana atrás le hubieran preguntado su opinión de aquel desenlace. La situación debió ser mucho más sencilla y, quizá, con los papeles invertidos; un muchacho avergonzado y tropezándose con sus mismas palabras como ya le ha demostrado en anteriores ocasiones que puede ocurrir, frente a una chica delirante de grandeza y exudando coquetería que va jalando cada hilito que encuentra suelto en su compañero, donde entre tirón y tirón va obteniendo sonrojos a millón. Y es posible que Vicente no disfrute el espectáculo frente a él cpomo ella misma lo hubiera hecho en su situación (o eso es lo que cree Yoohwa que ocurre) pero aun así la situación sigue siendo demasiado ajena. Irreal. ¿Estaría soñando? ¿Estaría aquello salido directamente de la fábrica de su imaginación? Carraspea. “Está bien si retrocedes, lo único que no quiero es un rechazo rotundo o--” o dolería un poquito. Y mientras más se ilusionara más le dolería más. (Pregunta de prioridad nacional: ¿Por qué se ponía a pensar en esos detalles justo ahora?) Yoohwa inhala profundamente y con ello permite que su pecho se infle. Se encontraba mejor-- se sentía mejor, un bienestar que sólo le podía entregar el pasar de los segundos. Ti,c, tac, tic, tac. Su pulso no estaba acelerado y su rostro no se sentía congestionado. Las aguas regresaban a su cause y con ello la Yoohwa de siempre, esa compuesta y siempre en manejo de la situación, iba apareciendo de a poco de entre las sombras. “¡No es mi culpa ilusionarme con algo tan sencillo!” con un movimiento rápido se echa todo el cabello hacia atrás. Hinca los codos en la mesa y los cruza por delante, dedos tamborileando que denotaban cierta excitación. “Creo que las pocas veces que he podido abrazarte de verdad, sin que tu cuerpo se tense, es cuando duermes~” ladea la cabeza con inocencia, examinando a raíz al chico a quien ahora le ofrecía una información a completa voluntad. Porque esta vez no ha sido un simple desliz de lengua sino un accionar intencional con la esperanza de obtener alguna de esas visiones preciosas que sólo Vicente era capaz de entregarle. (Una de muchas cosas que eran únicas en su compañía.) “Además, por algún lugar tengo que empezar. Y me gusta que sea desde lo más sencillo. No puedo llegar de un día a otro y robarte besos a diestra y siniestra...” delicadamente humedece su labio inferior y le otorga cierto brillo. “Es más, sé que pensarás que soy una atorada por mi manera de hablar, pero los corazones no se ganan así como así-- creo que en eso estamos claros. Así que mi idea es bastante sencilla, y es que si me lo voy a comer, te llevaré al punto en que desees que lo hagas” repica la postura que observa en el chico cuando descansa la barbilla en su puño. Ahora se encontraban un poco más cerca. “Y no, sé que no cederás tan fácil, pero cuando lo hagas serás tú quien lo diga por si mismo: Tómalo. Tómame...” silencio. Silencio. ¿Cuántos segundos habían sido? De todas maneras es Yoohwa quien decide romperlo con un deje de alegría entremezclado con inocencia, justo como si un momento atrás no hubiera hablado con una confianza brumadora. “¡Bueno! Creo que hemos terminado de comer, ¿no? Ya no te ves tan encantado por la comida”
chovee:
“Si quieres…” trata de no hacer notar cómo le afecta ella en ese momento, aunque es consciente de que Yoohwa sabe el poder que tiene sobre él. Que ha tenido desde que los pusieron en la misma habitación, si no un poco antes. “Mientras quieras, yo puedo enseñarte todo lo que sepa” y aquello no va con tanta coquetería. No como sus labios, de todas formas, que rozan el lóbulo de su oreja y se pasean de la misma forma por su mejilla, lentos, suaves, con la punta de su nariz haciendo el contacto que su boca no se atreve a tomar. Sus manos vuelven a ascender, y lo siguen haciendo hasta llegar a sus omóplatos, donde sus dedos se adaptan a las distintas curvaturas de la espalda femenina. El ritmo sigue en él, pero su atención ya se ha perdido en ella.
Cierra los ojos poco a poco, entregada a una caricia pequeñísima que encendía su cuerpo de un modo en que ninguno de los jugueteos con los chicos que había conocido los últimos meses lo había logrado. “¿Me enseñarás...?” afianza los dedos en la nuca, puesto que no puede enrredarlos debido a lo corto de las hebras. “Yo quiero todo contigo, oppa. Así que mientras tú quieras, por mi bien” juguetea con el tono de su voz para no sonar demasiado seria mientras sonríe con un rubor encendiendo sus mejillas, uno que esta vez no le robaba ni una pizca de valentía. Yoohwa tiene los ojos cerrados cuando aplasta un beso contra la mejilla de Vicente. Rojo pasión recordaba que se llamaba su labial y bonita marca que era capaz de dejar.
mercuryretrcgrade:
Jeongsuk descansa plácidamente sobre el mullido lecho que se ha montado entre colchas y almohadones que le sirven de atalaya, porque es un desastre de metro ochenta y tantos que no-puede-vivir sin haber perecido el grado de horas correspondientes de un niño chico. Decir que sufre una pequeña muerte cada vez que cae rendido en el mundo de los sueños (Dreamland: The True Tale of America’s Opiate Epidemic) está de más. Es como si Morfeo le atacase un par de veces cada noche, batiendo en completo silencio ese par de alas que se trae colgadas en la espalda, repartiendo gramos de arena sobre el muchacho que pinta garabatos en el aire. Al extranjero le gusta dormir, lo disfruta. Puede que haya olvidado un intento de promesa que se perdió en las mil palabras por segundo que salen de la boca de su mejor amiga, y es que a veces tiende a pretender que está prestando su completa atención, pero es un secreto que trae pintado en tonos fluorescentes en medio de la frente (igual y no sabe mentir, parece que llegó tarde a la repartición de bienes).
La vocecita cantarina de una chiquilla de mejillas regordetas le persigue hasta la más ventosa de sus pesadillas, aquella en la que se encuentra en medio del desierto y va corriendo con todas sus fuerzas hasta un arrollo que se perfila en medio de la nada. Una petición en bucle, la suplica de un despierta-despierta que le va calando hasta los huesos y amenaza con atormentar hasta el fin del mundo. La hendidura a los costados de la cama, y la escurridiza anatomía de una muchacha que cree conocer más que a sí mismo. Jeongsuk quiere detener el tiempo, dormir hasta el próximo diluvio o prestarse de conejillo de indias para que le inventen un clon y enviarlo a entretener a Yoohwa. Un suspiro quedo escapa de sus labios, adjunto al montoncito de gruñidos e improperios en su lengua madre. Decir que le ha tomado por sorpresa sería hipocresía (una farsa de bajo presupuesto), ya que ha pescado a sus compañeros de habitación cayendo en las redes de aquella atolondrada pequeñita de sonrisa picara y ojitos rasgados un par de muchas veces.
Tomarla entre brazos, porque tosca ella y aún más tosco él, como aprisionándola para que deje el griterío y le deje hacer el vago por unos cuantos segundos más. Removerse inquieto sobre su espalda, apretujando de la chica como un muñeco de felpa, un oso de pelaje color miel. “¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir…, dormir! ¡Dormir!… ¡Tal vez soñar! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida!”. El muchacho desparrama versos en la entelequia que le aflora en la somnolencia que se trae, por eso de haber sido despertado a la fuerza (lo que le trae infinidad de recuerdos que le bañan de nostalgia por estarse tontamente comparando a la muchachita con su madre —ha de tener un complejo de edipo tremendo y apenas se va dando cuenta). Escoge Shakespeare por ser uno de sus favoritos, el eterno Hamlet que se sabe de memoria, y porque a ella siempre le ha gustado escucharlo hacer el tonto o divagar entre letras antiquísimas que se pierden en su inmensa colección. “¿Recuerdas cuando éramos chicos y te gustaban esas obras de teatro? Me pedías que te ayudara a ensayar un diálogo diferente cada verano“.
Diversas protestas se desparraman a través del abismo que forman sus labios para ir anidando, una a una, en los oídos de su amigo-- mejor amigo, compañero, camarada, compinche de infancia. A este parece darle absolutamente igual porque no muestra señales de importunarle la agudeza de su voz en tonos crecientes, quizá inmune a o ya acostumbrado a interminables charlas vía teléfono o Skype donde lo único con lo que contaba para construir la presencia de la jovencita era aquel sonido. Voz acaramelada, doz dulce, voz de niña que surtía efecto en muchos pero no en él. Pero entonces las palabras que van trotando vía arriba, a través de su garganta, son alcanzadas por flechas para ir sucumbiendo en fila india y darle espacio a un parlamento que ya ha escuchado demasiadas veces y que en el proceso le arranca más que memorias a la fuerza; sonrisas y bateo de pestañas también. Hace algo de tiempo que Jeongsuk no le deslumbraba con algún diálogo de aquellos.
“¡Lo recuerdo! ¡Lo recuerdo! Parecía como si formaras parte de la obra por tu cara-- tu cara lo decía todo” se remueve hasta conseguir la libertad que sus brazos necesitan y, justo así, poder alcanzar una de las mejillas de aquel grandulón. Si adaptaba su palma al contorno de la cara podría acunar la curvatura a la perfección. Tan bonito, tan príncipe, piensa al tiro, una reflexión demasiado recurrente desde que tiene uso de razón. Y es que es altamente probable que su obstinación perenne con Jeongsuk y las obras de teatro se debiera a eso; el rostro y el aura y ‘mira la postura en que se mantiene de pie’ y ‘¡hasta como mueve las manos!’. El hombre nunca había sido mucho de allá o mucho de acá, siempre mostrando contornos desiguales que jamás terminaban de calzar en cualquiera que fuese el país, pero a ojos de Yoohwa era precisamente esa falta de pertenencia al entorno lo que tanto le gustaba. (A veces soñaba con que había sido recortado de un cuento y, ¿quién sabe? Quizá fuese así.) Ensimismada y acariciando una barbilla ligeramente rasposa la mujer se aferra, con testarudez, a una idea demasiado atractiva como para dejarla desfilar sin más. “¡Oye! Tienes que afeitarte. Mírate cómo estás; este no es el Choi impecable que dejaré salga por la puerta esta mañana” con algunas palmaditas certeras sobre el pecho, Yoohwa le deja en claro que es hora de levantarse. Ahora sí y siendo ahora, ahora, se da inicio a una segunda batalla campal. Una mucho más manejable y de la que consigue victoria --o a la que se la otorgan-- al aplastar sus manos contra el pecho masculino y hacer la suficiente fuerza como para separar.
Por fin de pie sopla un par de veces hacia arriba y hace que mechones traviesos se levanten de su nariz y caigan a diestra o siniestra; Jeongsuk le había despeinado y eso se lo pagaría... en otro momento. No ahora, por supuesto, pues era momento de armar sus delgadas extremidades con las fuerzas necesarias como para, al aferrarse a los bordes del edredón y jalar, dejar al descubierto la humanidad entera de aquel oso tozudo en plena hibernación con falsas esperanzas de engatusarle con un poco de Shakespeare. “¡Ahora sí! ¡Arriba!” bufa y corre hasta su lado. Tomarlo de la mano, jalar de ella y luego ir empujando el metro ochenta y pico de pura carne y huesos hasta el baño era como remolcar dos veces lo que su existencia era óptima para movilizar. Ir al gimnasio de repente no se le antojó una mala opción.
Levantarse primero que cualquier otro en la habitación y enfundarse sus ropas más frescas, como aquel vestido vaporoso, salpicado diferentes tonalidades de azul cielo, junto con un sencillo suéter de cachemire que irónicamente le hacía favor de nubes, siempre era el ritual de Gwon Yoohwa para los fines de semana. Porque acudir hasta el dormitorio en el piso de abajo, dos puertas a la izquierda de donde ahora se encontraba, teniendo en cuenta la distribución de su mismo piso, no meritaba un cuidado personal extremo; maquillaje en punta, cabello perfectamente arreglado o siquiera la mejor de sus vestimentas. ¡Para nada! Quien esperaba por ella (sin saberlo) ya le había visto en los mejores momentos --como el día en que se graduó, radiante señorita envuelta en un llamativo vestido de satén no comparativo al de ninguno otro de su promoción-- y en los peores también --una bolita de odio desbordando de lágrimas en lo que odiaba al mundo pues ‘las chicas fuertes no lloramos’ y he ahí ella haciéndolo al no ocurrírsele algo mejor para domar sus sentimientos--. Y así, segura, sabía que aara aquella visita se requería sencilla.
“¿Jeeeong~suk?” susurró asomando su cabecita a través de la ranura de la entrada, no queriendo despertarlo sino llamar su atención en el caso de que se encontrara despierto. Por supuesto, ninguna de las dos cosas ocurrió, así que sigilosa, deslizando un pie por delante del otro, Yoohwa se adentró en aquel lugar. Hace unas cuantas semanas había pactado con uno de los compañeros de su mejor amigo para que no cerrara la puerta por las mañanas y maravillada estaba de que aquello siguiera en pie. “Jeoooong~suk” canturreó esta vez. Sobre la cama (la única ocupada) yacía un bulto sobre el cual no pensó dos veces encontrar lugar... Literalmente. Porque fue un suspiro lo que llevó a Yoohwa a ubicar una pierna a cada lado de aquella humanidad y. como la ventisca que era, arrancarle el cobertor que utilizaba para cubrirse. “¡¡Buenos días, señorito!! ¡Los pájaros están cantando y usted con las sábanas pegadas! ¡imposible! ¡¡Lo quiero arriba!!” ( @mercuryretrcgrade )
[wrong number]
yewon: yo lo sé pero no suelo ir por la vida comprando lencería bonita porque no es necesario...
yewon: ¿tu sí?
yewon: NOOOOOOOO!!!!!
yewon: ¿qué cosas estás diciendo yoohwa bonita?
yewon: yo no quiero darle ninguna sorpresa a jaebeom ¡menos con lencería!
Yoohwa: Pero es 10000% necesario sentiRSE BONITA USANDO LENCERÍA BONITA
Yoohwa: Además!! Olvida lo que dije hace un rato, no lo hagamos para Jaebeom oppa!!
Yoohwa: Hagámoslo para ti ´v`
Yoohwa: Una se siente muy linda y consentida cuando compra lencería bonita
Yoohwa: Entonces cuándo salimos? Tú dime el día y yo despejo mi agenda
chvalex:
Durante el fugaz tiempo que duró el nuevo trozo de sabiduría de Yoohwa, Alexis volvió a aferrarse a su cintura y a ocultarse en su cuello como un crío, pero tal pareció que comenzó a derretirse entre sus brazos porque, poco a poco, discreto y derrotado, se escondió en su regazo sin ninguna intención sospechosa de por medio y ahí se quedó, usando sus propios brazos como soporte para apoyar su frente. Una imagen bastante graciosa: La de una joven mayor y menuda consolando a otro joven que le duplicaba en tamaño hacia ambos lados. “¿Y si yo no quiero volverla a ver?” Dramatismo. No se trató más que una burda mentira de su parte, una que se oyó como si emergiera de la ultratumba. “Eso sería lo mejor… Noona, ¿recuerdas que tenía que contarte… La historia completa?” preguntó un poco dubitativo, tan bajito que no estaba seguro de si pudo escucharle o no.
Yoohwa introdujo sus dedos entre los cabellos azabache y marcó caminos de sur a norte, echándole todos los mechones hacia atrás aunque estos volvieran a buscar caer hacia adelante, cubriéndole la frente. “No seas tontito, claro que querrás verla. Quizá no ahora, pero adelante sí. Hay amistades que son demasiado valiosas como para ser abandonadas de un día a otro” su risa está conformada por varios suspiros suaves. Ahora más que nunca quería tenerlo con ella para protegerlo de cualquier malentendido que tuviera el mundo preparado para él. “¿La historia completa?” es posible que la intervención le haya sorprendido un poco, ¿o es que no lo habría escuchado correctamente? “Sí, sí, ¿quieres hacerlo ahora? Soy toda oídos si eso necesitas” retira algunas hebras y las deja bien resguardada detrás de la oreja del chico con la intención de divisar algo de su expresión. De inmediato descubre que no puede.
A mí no me gustan como tú, a mí me gustas tú.
(via loves-stay-strong)