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JINAH
Se decía a sí misma que aquello lo hacía en un acto de caridad, una especie de buena acción del día para librarse de culpa por aquellas otras travesuras que había hecho, pero la verdad es que disfrutaba mucho del contacto de los labios ajenos, incluso el intenso sabor a alcohol que rondaba en aquel beso y no iba a negarlo, el agarre en su cintura, la cercanía de ambos. Ah… como deseaba la morena que aquello fuera un poco más real, al menos que el contrario recordara un poco al día siguiente. “Alex…” susurró sobre sus labios, separándose un poco, apelando a su propia sanidad, mejor alejarse ahora a esperar un desastre o algo peor “Vamos a llevarte de vuelta al campus, ¿Si?” preguntó con una pequeña sonrisa en el rostro, una de sus manos dejando suaves y pequeñas caricias sobre la mejilla del contrario, un roce que solo hacía para distraerle un poco y calmarse a ella misma “Seguro después de una ducha te sentirás mejor, ¿Qué dices?”
En el preciso instante en que sus labios se separaron por obra de Jinah, Alexis comenzó a extrañar su suavidad y su calidez reconfortante, tan distinta a la dureza y la indiferencia de la boca que había probado unos minutos atrás. No se dio cuenta de que estiró su propia boquita buscándole otra vez, rozando su nariz mientras oía sus sugerencias a medias, y estrujando la tela de su prenda entre sus dedos. La diminuta parte lúcida de su cuerpo sabia que debía soltarle para comenzar a caminar, el problema es que su voz interna se oía distante y las caricias de Jinah hablaban más fuerte. Así, amodorrado, recargó su mejilla contra su mano y cerró sus ojos, moviendo una de las suyas con torpeza hasta que logró tomarle de la muñeca. “De acuerdo, de acuerdo,” musitó entre varios asentimientos flojos. “Iré a donde tu quieras y haré---haré lo que tú quieras, Apple.” Y ahí estaba, el nombre maldito que se le escapó accidentalmente y pareció no notarlo.
YOOHWA
Yoohwa intenta registrar en el rostro ajeno cualquier pista que le de indicios del camino que tomará aquella conversación porque hasta ahora siente que no ha llegado a ninguna opción complaciente; ¿qué podría ser tan malo? Pero ha de guardar silencio si lo que quiere es escuchar el motivo de una vez por todas. Porque aun cuando desea acelerarlo y empujarlo hacia la respuesta, pues el silencio no le hace bien a su corazón, entiende que debe dejar que las cosas fluyan a su ritmo. Y así lo hacen, eventualmente y después de esa pausa que se sintió infinita. “¿U–Un…? ¿Un– accidente?” susurra con los ojos grandísimo y dándole un apretón involuntario a las manos del menor. Pasa saliva en seco, de repente nerviosa ante la idea de no tener a su amigo allí de frente. “¿C–cómo que un accidente? ¿Cuándo ocurrió? ¡Eso no sucedió aquí! ¿Cierto? ¿Cierto?” ladea el rostro y le registra preocupada de arriba a abajo. Todo lucía en orden, sin embargo, a falta de detalles, lo único que puede hacer es sacar sus propias conclusiones. “Alexis…” apura, su entrecejo formando un nudo de preocupación.
Una sensación de vacío pasó desde su esófago hasta el final de su estómago, mientras que un escalofrío se encargaba de sacudir lo que quedaba de su cuerpo. “No fue aquí,” se armó el coraje para retomar la conversación y contestar las preguntas de Yoohwa lo más preciso posible, aún si la voz se le quebraba un poquito, y se aferraba con más fuerza a sus manos, y sentía que los ojos le escocían. Primero, porque se estaba arrepintiendo de confiarle algo que podría preocuparla, y segundo, porque tenía que revivir la---brumosa---escena en su cabeza para poder contarla apropiadamente. “Fue en Chile... Fue una estupidez,” continuó, carraspeando y relamiéndose los labios. “A mí no me pasó nada, por suerte, porque no era yo quien estaba volante, pero...” Cerró sus ojos para tratar de extinguir sus lágrimas antes de que comenzaran a correr. “Arruiné algo muy preciado para mí ese día, y no, no estoy hablando del auto. Un alguien, mejor dicho.” Y por último rió, rió de pena y nervios, y como un intento por aligerar un poco el lúgubre ambiente que se formó. Ahora recordaba porqué solía rehuir tanto el tema.
JINAH
¿Rechazarlo? ¿Quién haría eso? Si desde que la cantante le había conocido que había quedado completamente encantada con él, con esa forma tan suave que tenía de… simplemente existir y quizás no podía decir que conocía lo que había en su corazón pero desde ahorita podía adivinar que era algo puro, como él. Definitivamente no podría rechazarlo “Eres bastante respetuoso, eso si” susurró, no podía negar que sentía su corazón golpeando contra su pecho ante las ligeras acciones del contrario y esas palabras tan sinceras. El otro día en el salón de baile, Nana había dicho aquello porque… bueno, a veces no podía callarse esos impulsos, pero no pensó realmente que el muchacho fuera a recordarlo después. Sus coqueteos solían ser momentáneos, ligeros a la memoria “Deja de sonar tan triste, no me gusta ese tono en ti” sus palabras de nuevo desapareciendo en el aire de tan delgada que salía su voz en esos momentos, sin embargo la cantante pensó en algo mejor, algo que sino le alegraba la noche, al menos le haría pensar en algo más. Así que no tardó mucho en separarse un poco de él, tomando su rostro entre sus pequeñas manos y obligándole nuevamente a mirarle a los ojos “Voy a besarte, ¿Está bien?” preguntó pero no esperó una respuesta, no la necesitaba ya que sus labios actuaron por impulso, cerrando la poca distancia hasta posarse sobre los ajenos en un roce tan suave, que no parecía real, tímido, expectante.
No estaba seguro de haberla escuchado correctamente, su petición llegando a duras penas a sus oídos... Solo supo algo de tristeza, y de que no le gustaba el tono que estaba utilizando. ¿Qué más podía hacer? Enmascarar lo que sentía en ese estado era imposible, y por eso oscilaba tan drásticamente entre la alegría y algo que recaía en la melancolía, porque melancólico era el único término que podría describirlo en esos últimos días. “Lo siento,” se disculpó, ronco y apesadumbrado, su desconsuelo disipándose cuando un par de manitas le tomaron del rostro y la realización de sus deseos se concretaba. “¿Eh---?” alcanzó a murmurar, su voz muriendo en los labios de Jinah y sumergiéndose de vuelta en su garganta. De ahí en más, su sistema fue rápido en reaccionar, sus manos fueron a parar a su pequeña cintura y sin miramientos la atrajeron de un solo jalón, mientras Alexis iba poniéndose cómodo entre la suavidad de su boca y se apoderaba de ella ávido y desesperado, contrastando con su delicadeza. En sus cinco sentidos, Alexis habría actuando con más cuidado y más timidez, habría intentado convertirlo en un momento especial y duradero, pero el alcohol había arrojado todas sus inhibiciones por la ventana y lo estaba forzando, para su pesar, a encontrar este tan anhelado consuelo en lo que Jinah le estaba ofreciendo. Que quizá no era lo que originalmente quería su corazón, pero estaba haciendo un excelente trabajo como parche.
JINAH
Era obvio que el menor no estaba bien, quizás era más culpa del alcohol que nada, seguro algo le recordaron o incluso discutió con alguien pero en ese momento dejó de importarle. Una especie de necesidad de permanecer a su lado por el resto de la noche le ocupó la cabeza y los pensamientos porque… bueno, quizás se había encariñado un poco con él, parecía rápido contando las pocas semanas que llevaba en la universidad, pero tampoco gastaría tiempo en pensar en cosas así. Mejor era llevarle de vuelta al campus y asegurarse que no se lastimara en el camino “Gracias, Alexis” respondió al cumplido del muchacho con una sonrisa entretenida, las personas ebrias siempre resultaban divertidas para la morena, pero esos roces y cercanía del contrario parecían algo más… íntimo. Aún así no se negó, enfocó sus ojos directamente a los ajenos y chocó su nariz contra la de él en un corto roce antes de responder a aquella frase “¿Oh si? ¿Ahora si quieres besarme?” mordió una sonrisa, negando un poco “Me ofende que solo tengas la necesidad de hacerlo cuando estás borracho, apestas a destilería, Alex” comentó, pero de nuevo, no se negaba a cumplir los caprichos del muchacho (aunque cierto era que prefería que estuviera en todos sus sentidos para hacer eso)
“¿Tú también vas a rechazarme?” La pregunta fluyó fugaz y natural de sus labios, su cuerpo y corazón encogiéndose ante un recuerdo que estaba borroso y vívido a la vez. Sin embargo, si no reaccionó como lo había hecho con Apple, fue porque el lenguaje corporal de Jinah le decía lo contrario y logró pillarlo incluso dentro de su estupor, el roce de sus narices bastando para acelerar el golpeteo en su pecho. Si no fuese porque algunas escenas pasadas se estaban mezclando con su presente, se habría sentido extasiado. Tenía un absoluto desastre dentro de su cabeza, uno que se paseaba entre el pesar y la dicha. Hizo una mueca antes de recomponerse. “Ah... No, no es solo ahora...” Cerró sus ojitos en lo que negaba con la cabeza, apartando algunos mechones del cabello ajeno con sus dedos torpes y poco certeros. “Claro que quería hacerlo antes, pero me enseñaron a ser respetuoso.” Y luego, encogiéndose de hombros, le enseñó su sonrisa boba e inocentona. “De ser---de ser por mí, yo... Habría... Sí.” Posteriormente, un suspiró cansino brotó de lo más hondo de su pecho, y sintiéndose abatido dejó caer su frente en la curvatura del hombro de Jinah, hallando reconforte en la calidez y el aroma tan dulce que desprendía, quizá de su perfume o de su champú.
JINAH
La primera reacción del muchacho fue totalmente de su agrado, la fascinación que podía verse en sus facciones era justamente el resultado que la cantante esperaba ver ante sus días enteros de ensayos y prácticas para lograr aquella pieza a la perfección, pero fue cuando él dio un paso atrás que todo cambió, las cejas de la muchacha se trenzaron juntas por unos segundos en confusión, sus ojos intensamente buscando una respuesta “¿Qué pasa?” preguntó en un suspiro delicado que terminó ahogándose en su garganta al sentir los dedos del muchacho en una de sus orejas, las cuales ante el tacto desconocido rápidamente se agitaron alertando a su cuerpo entero de tal intrusión, pero rápidamente las barreras se vencieron al sentir los roces mucho más suaves, caricias que escaseaban para ella y eran extrañas pero al mismo tiempo su rostro se acercaba más a las manos del menor, buscando esa calidez en sus dedos y por unos segundos se dejó disfrutar de aquello, hasta que sus instintos le traicionaron, obligando a escapar un ronroneo que resonó en la habitación hasta ahora silenciosa.
Alexis pasó rápidamente de la fascinación a la absoluta adoración, divirtiéndose con la textura de su pelaje y el movimiento de sus orejas. Él se encargó de ser delicado porque, vaya, nunca había visto semejante fenómeno dentro de todas las rarezas que había presenciado, y temía lastimarla en el proceso. Por fortuna, Jinah parecía estar disfrutando de sus caricias y él, notando como buscaba su mano, no se las negó y comenzó a extenderlas a algunas hebras de su cabello con la misma dedicación. Al menos hasta que el ronroneo rompió el silencio y acabó haciendo que se partiera en carcajadas. “¡Eres como yo!” exclamó cual crío alegre, tomándole las dos orejitas y volviendo a juguetear delicadamente con ellas. “Excepto que más adorable... E inofensiva.” Porque él no se atrevería a enseñarle su verdadera forma. ¿Cómo explicar la presencia de un lobo en medio del salón de baile? No con una lógica común y que le salvara de ser entregado al gobierno, de eso estaba seguro. Tendría que conformarse con su palabra por el momento. “Y es por eso tenías un olor distinto. ¿También tienes una cola?”
Effortlessly adorable
VICENTE
“¿Hay detalles que me puedas dar? Porque si es así, sí los quiero oír.” Tal fuera para buscar una justificación a lo que resultó en su hermano luciendo así, o para saber más sobre lo que sucedía cuando el mismo tomaba otra forma para huir al bosque, Vicente deseaba oír todo lo que pudiera. Se recordaba que Alexis no había pedido ser eso en lo que se convirtió, un estúpido error lo había llevado a esas circunstancias y ahora había que lidiar con las consecuencias. Un lobo en una familia de cazadores era impensable, pero familia era la familia. “Partamos por lo importante: ¿De qué se supone que es la sangre?” O quién. Aquel creo no era muy convincente, pero no insistiría. “¿Es de algún animal, o… tuya, por alguna razón?” con voz tranquila, pregunta. Por dentro… no tan tranquilo. “Vamos justo a eso: a limpiarte. Estás hecho un completo desastre. Pero necesito meterte a un lugar donde no nos graben. En eso estoy pensando.”
Alexis apretó fuertemente sus labios y negó con la cabeza, el sabor de la sangre seca colándose por su boca y forzándolo a hacer una mueca. Se rehusaba a entregar detalles de los que no tenía certeza, o que podían oírse crudos, y bestiales, y podían cambiar radicalmente la imagen que su hermano tenía de él. “Creo que es de algún animal,” contestó, continuando con este excesivo uso del ‘creo’ porque no encontraba otra manera de describir la situación. Entonces se llevó ambas manos a la nuca y estiró el cuello hacia un lado, haciéndolo crujir. “Solo sé... Que no es mía. No recuerdo haber sangrado tanto.” Un suspiro apesadumbrado emergió por su nariz, demostrando su deseo de que fuese propia y no de otra criatura. ¿Qué tal si era de otro humano? ¿Uno indefenso? La idea le revolvía aún más el estómago. “Oh, cierto. No se me ocurre algún lugar en donde no hayan cámaras... ¿Dentro de las duchas? Pero tendríamos que cubrirme con algo para pasar.”
RYUSEI
Quiso felicitarle por hacerle caso y darle un par de palmaditas en el pecho, sin embargo el que él la sorprendiera de ese modo sólo hizo que le dieran ganas de despeinarlo y golpearlo repetidas veces. Por supuesto no lo hizo porque incluso si lo hiciera, era demasiado pequeña y floja como para golpearle en serio. “Ssssueltaaaaaaaaa.” Pidió, removiéndose de aquel agarre tan tonto. “¿Cómo quieres que me enoje si vives siendo así de bonito? Qué injusto. Pero gracias, muy bien tus disculpas. ¿Qué sentirías si ves que alguien le hace daño a un perrito indefenso?”
Alexis rompió en carcajadas y se llevó ambas manos al abdomen, haciéndosele imposible esconder la alegría en todas sus facciones. Alegría y malicia, esa malicia de niño pequeño cuya broma práctica ha salido a la perfección y logró salirse con la suya. “Ese es el plan malévolo, no te dejaré estar enojada conmigo.” Se atrevió a desordenarle un poco el cabello, mas su semblante se transformó de súbito cuando perros heridos fueron introducidos en la conversación. “Yah---no meas a los perritos en esto, ¿qué te han hecho? No hay nada que deteste más que una persona lastimando animales indefensos.”
sms → maknae 👶
Vicente: NO, ALEX, NI SE TE OCURRE MOSTRÁRSELAS A YOOHWA. ELLA NO QUIERE VER LA EVIDENCIA DE CUANDO ERA GORDO
Vicente: ¿Qué tengo que cambiar? Creo que ya me perdí un poco.
Vicente: Que eres duro, oh
Vicente: Sí la vi, está bien bonita. El muy desgraciado nunca habla de sus pololas pero se ve que es piolita. A mamá le gusta, porque por suerte ella sí habla de las pololas del Johnny. ¿Te imaginas sale con matrimonio? Me cago. Aunque no es como que no lo espere de él
Vicente: Puta, menos mal que iba con respeto y admiración
Vicente: Pero, bueno sí, me lo merezco
Vicente: Pero es que
Vicente está escribiendo...
Vicente está escribiendo...
Vicente: (Nunca te conté pero) Es que una vez con la Cote nos comimos en una de esas juntas donde el Mauricio. Yo no estaba ebrio ni nada, de hecho creo que fue una de las pocas juntas donde el Mauri que realmente me acuerdo, pero al par de días después cuando nos volvimos a ver, ella fingió demencia y yo no supe más que hacer...
Vicente: Tal vez lo aluciné. Porque me niego a creer que lo hizo porque beso mal, sobretodo porque casi nada en ella cambió después. De hecho, hasta el día de hoy no lo menciona....
Vicente: Voy a preguntarle
Vicente: La Jesu es una historia diferente. Una de la que no estoy orgulloso y me niego a contar.
Vicente: Comienzo a sentirme atacado, mucho de mi
Vicente: ¿Qué hay de ti, grandulón?
Vicente: ¿Qué pasó contigo y la Javi? A esa chica le salían corazones de los ojos cuando te miraba
Vicente: Olvídalo, olvídalo
Alexis: :):):):):):):):) le voy a mandar un mensaje justo ahora, estoy seguro de que se morirá del amor
Alexis: tu suerte con las mujeres, cómete a las que sí te pescan... como para cambiar un poco la rutina, digo yo
Alexis: ¿la podemos culpar? el johnny es el único de los tres que ha tenido pololas decentes... me acuerdo que nunca le gustó la única que tuve yo, no sé porqué
Alexis: empieza a buscar el traje, yo digo que se va a casar en enero, ya lo vi
Alexis: PERO VICENTE JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA QUÉ TRISTE TU VIDA
Alexis: yo creo que si besabas mal
Alexis: o a lo mejor se enteró de que te metiste con la jesu y asumió cosas... ¿o eso pasó después? o peor !!! la jesu le metió miedo o la amenazó, porque fíjate que la creo capaz de algo así
Alexis: ¿qué hueá? [thinking_emoji] noooo, la javi tenía pololo, incluso creo que siguen juntos
Alexis: esa es como mi maldición, siempre con las que están ocupadas :/
Alexis: pero nah, no pasó nada con ella, me buscaba porque quería aprender a tocar la guitarra y traté de enseñarle (énfasis en traté, de verdad que sí), y ahí quedó
@dolllface
Su hermano había desaparecido de su vista y en cierta parte, la morena pensó que era gracias a Moora y su estúpido reto. No le importó mucho, a pesar de lo que la gente creía, los gemelos no siempre estaban juntos y ese día era un ejemplo. Nana estaba cómodamente sentada en la barra del hotel, el barista se había encargado de prepararle una enorme.... malteada de chocolate y la chiquilla la había disfrutado como nunca. ¿Alcohol? No era para ella, no le gustaba rebajarse a sentir su ser desaparecer gracias a aquella bebida, así que la noche entera la pasó así hasta que se aburrió y pronto tomó su pequeño bolso y comenzó a caminar hacia fuera del lugar, sus pequeños cascabeles sonando a cada paso que daba hasta que un golpe en seco le detuvo, no le lastimó y estaba a punto de reclamar cuando su mirada fue a dar hacia su agresor y las palabras se murieron en sus labios. No podía gritarle, no a él "¿Alexis Cho?" murmuró poco por encima de la música, acercándose más a él para poder verle de cerca "¿Estás bien? Casi me tumbas" preguntó un tanto preocupada, no le conocía tan bien, pero sabía que algo debía ir muy mal si salía con esa cara de una fiesta.
“¿Yoohwa noona?” soltó a tientas, con una mano restregando uno de sus ojos mientras, con el otro, trataba de enfocar a la chaparra joven de pie frente a él. Sin embargo, esta voz, melodiosa y reconfortante, no se asemejó para nada a cómo recordaba que se oía su mejor amiga, por lo que se forzó a hacer un segundo intento. “No, no...” Meneó su cabeza a duras penas, ahora cubriéndose el rostro con las dos manos y, entre sus dedos, observándole hasta reconocer sus facciones. “Nana noona.” Las risas bobas emergieron rápidas de su garganta, entretenido con el timbre de este ‘Nana noona’ que se enredó en su lengua. Así que lo repitió. “Nana noona, ¿estás bien? Hoy te ves---te ves más bonita que nunca.” Se acercó y le tomó del rostro sin tapujos, inclinándose para apoyar su frente sobre la de ella. Todavía tenía el pesar de la escena anterior a flor de piel y, como consecuencia, estaba hecho una bomba de tiempo. Creía dentro de su cabeza nublada y adolorida, que la joven podría ayudarle a olvidarlo. “Tanto que no... No me molestaría darte todos los besos que---que tú quieras.”
JINAH
Fue en un abrir y cerrar de ojos que la canción tomó completo control de la morena, sus pasos, sus labios siguiendo cada palabra de la letra y cada movimiento que ya tan memorizado tenía— pero esta vez era diferente, esta vez tenía a otro compañero que por alguna desconocida razón hacía todo mucho mejor, más emocionante. Nana se dejó llevar, seguía los pasos con exactitud, movía sus caderas chocándolas contra el cuerpo ajeno, sus manos se entrelazaban con los dedos del contrario y su cuerpo parecía estar en una especie de sintonía que solo desapareció en el momento en que la pieza estuvo terminada y la gatita quedó frente al muchacho, su respiración pesada, su pecho elevándose a cada suspiro, gotas de sudor adornando su piel acaramelada y las curiosas orejas peludas que aparecieron sin su permiso ni conocimiento por encima de su cabeza mientras sus ojos buscaban los ajenos, una reacción, una palabra. ¿Lo había hecho bien? ¿Estaba impresionado? ¿Se había divertido bailando con ella?
Para Alexis, seguir la coreografía al pie de la letra no fue una tarea sencilla. Con el reducido tiempo que gozó para memorizarla, sus errores y torpezas estaban más que aseguradas---independiente de sus sentidos agilizados---pero la energía y el profesionalismo de su compañera hicieron a aquellos tres minutos fluir naturalmente, más de una carcajada o una sonrisa embobada saliéndosele de improviso. Además, sentía el puso acelerado y la respiración superflua de Jinah, y tenía el aroma de su sudor dulce adherido a la nariz, y hacía esfuerzos constantes por no tocarla más de lo necesario, pese a que ella parecía estar tan cómoda... Tanto así que olvidó, durante un instante, ese nombre que había estado doliéndole recientemente, ¿cuál era? “Woah,” murmuró con fascinación, habiendo acabado la pieza con sus manos envolviendo la cintura de la joven, y con el cabello de la frente aglutinado en sudor. Justo en ese minuto, cuando una sonrisa se asomaba por sus comisuras, un par de orejitas aparecieron en escena y Alexis retrocedió un paso en primera instancia, sus ojos abiertos como platos. “¿Qué rayos...?” exclamó, luego inclinándose un poquito y estrechando la mirada. Como una criatura que solía crecer garras, y colmillos, y un pelaje digno de envidia, no lo encontró terrorífico, y más temprano que tarde su curiosidad triunfó y le obligó a tocar estas curiosas orejas felinas. Un toquecito, otro toquecito, y otro más con su dedo índice, pronto convirtiéndolos en delicadas caricias.
YOOHWA
Yoohwa introdujo sus dedos entre los cabellos azabache y marcó caminos de sur a norte, echándole todos los mechones hacia atrás aunque estos volvieran a buscar caer hacia adelante, cubriéndole la frente. “No seas tontito, claro que querrás verla. Quizá no ahora, pero adelante sí. Hay amistades que son demasiado valiosas como para ser abandonadas de un día a otro” su risa está conformada por varios suspiros suaves. Ahora más que nunca quería tenerlo con ella para protegerlo de cualquier malentendido que tuviera el mundo preparado para él. “¿La historia completa?” es posible que la intervención le haya sorprendido un poco, ¿o es que no lo habría escuchado correctamente? “Sí, sí, ¿quieres hacerlo ahora? Soy toda oídos si eso necesitas” retira algunas hebras y las deja bien resguardada detrás de la oreja del chico con la intención de divisar algo de su expresión. De inmediato descubre que no puede.
Claro que quería verla. Claro, claro que sí, y es eso mismo lo que lo llevó a largar un quejido bajo la protección que se había formado en su regazo. No obstante, y ya que había sacado a colación un tema más delicado, sabía que debía sentarse y mirar a Yoohwa a los ojos, aun si intentaría evitarlos la mayor parte del tiempo. Respiró hondo. Se irguió. Tomó esas manos que lo habían consentido con caricias y entrelazó suavemente sus dedos, y comenzó. “Siento---siento que necesito hacerlo. Nunca me he atrevido a hacerlo, no como se debe.” Humedeció sus labios y chasqueó su lengua, buscando un punto de partida prudente. Podía escuchar a su corazón retumbando en sus oídos y le temblaban las manos, pero estaba bien, era normal. Le sucedía cada que abría la boca para hablar del asunto. “La razón por la que Vicente estaba tan molesto conmigo como para llorar es...” Restregó sus pulgares contra el dorso de las manos femeninas. “Porque el año pasado estuve en un accidente de auto.”
text to → Misha.
[text:] Okay dijiste que te mandara un texto si estaba despierto a las tres de la mañana…. no son las tres de la mañana pero encontré una gran revelación
[text:] Noviembre del 2011 ¡Los dos soñamos lo mismo! Creo que quizá si seamos gemelos psíquicos
[text:] Por cierto ¿volviste a soñar con el Furby?
[text:] y creo, creo que deberíamos hablar sobre algo
Alexis: no, no volví a soñar con él, por suerte
Alexis: ¿de qué… quieres hablar?
Alexis: ¿sucede algo?
VICENTE
Vicente, honestamente, no sabe qué decir. Las manchas son lo que más resaltan a su vista, y fueran de animal o humanas, no logra quitarse de la cabeza la imagen mental de su hermano convirtiéndose en esta bestia feroz e indomable capaz de rasgar pieles ajenas y embarrarse de sangre. Por esa misma razón, lo observa con el ceño fruncido y esta expresión en el rostro que le hacía ver como si la simple visión que tenía le produjera un dolor físico. “Puedes explicármelo en detalle mientras busco cómo podemos enmendar este desastre…” y parte en una dirección que no menciona, con ropas en el brazo, esperando que el otro le siga.
“¿Estás---estás seguro de que quieres los detalles?” buscó cerciorarse, arrugando sus propias facciones tras advertir el disgusto en las de su hermano. Si era cuestión de ser sinceros, Alexis no solo quería evitar la parte de los detalles, sino que no podía entregársela, porque gran parte de ellos se esfumaron una vez que la adrenalina abandonó su cuerpo. Apenas había pasado un año y todavía se sentía tan inexperto como el primer día. “No maté a nadie, creo. A ninguna persona. Creo.” La piel se le puso de gallina luego de escuchar lo que osó articular. Seguidamente, un suspiro cansino abandonó sus labios y la vista de estas prendas en buen estado le dieron una gota de alivio. “Gracias, por cierto. ¿A dónde vamos? Necesito quitarme esto de encima ahora ya. Necesito lavarme.”
YOOHWA
Yoohwa se quedó con una protesta en los labios. Todo siempre era más fácil si había a alguien a quien echarle la culpa. Alguien a quien odiar. Así era como si vertieras un frasco de alcohol sobre la herida; la haría arder como los mil demonios, pero quedaría desinfectada y cerraría más rápido que tenerla latente y fresca. “Está bien, está bien, comprendo…” se deshace del agarre que Alexis había empleado en sus muñecas y vuelve a abrazarlo desde los hombros. No había mucho que hacer más que esperar a que aquello sanara por si solo. Y por como hablaba el muchacho, Yoohwa sólo tenía una seguridad: Tomaría tiempo. “Es lo mejor, señorito, porque sabes que en ella existe una amistad a la que podrás recurrir tarde o temprano” tarde, probablemente. Suelta un suspiro y se limita a acariciar su espalda. “Algún día ambos se sentarán a charlar y sonreirán de las cosas que sucedieron en el pasado. Si la chica es tan buena como lo pintas, seguro que será así.”
Durante el fugaz tiempo que duró el nuevo trozo de sabiduría de Yoohwa, Alexis volvió a aferrarse a su cintura y a ocultarse en su cuello como un crío, pero tal pareció que comenzó a derretirse entre sus brazos porque, poco a poco, discreto y derrotado, se escondió en su regazo sin ninguna intención sospechosa de por medio y ahí se quedó, usando sus propios brazos como soporte para apoyar su frente. Una imagen bastante graciosa: La de una joven mayor y menuda consolando a otro joven que le duplicaba en tamaño hacia ambos lados. “¿Y si yo no quiero volverla a ver?” Dramatismo. No se trató más que una burda mentira de su parte, una que se oyó como si emergiera de la ultratumba. “Eso sería lo mejor... Noona, ¿recuerdas que tenía que contarte... La historia completa?” preguntó un poco dubitativo, tan bajito que no estaba seguro de si pudo escucharle o no.
JINAH
Una risilla melódica se coló por entre sus labios mientras tomaba el celular y giraba un poco hacia él, nuevamente teniendo su rostro bastante cerca pero sin atreverse a nada “¿Qué pasa? ¿No te gusta mi propuesta?” preguntó alzándose un poco sobre sus puntas para verle más de cerca, arrugando un poco la nariz al sentir de nuevo el olor tan fuerte y entonces le regaló una enorme y brillante sonrisa, dando un par de pasos hacia atrás, dispuesta a llegar a la bocina para poner la canción de nuevo, aprovechar el inicio lento para correr hacia él y tomarle de ambas manos, colocándolas sobre su cintura (como empezaba la coreografía) en lo que ella se acomodaba ahí, nuevamente mirándole de frente, poca distancia entre ellos.
“Es... Posible,” titubeó en un murmullo, absorto en la reducida distancia separándoles una vez más. El aroma tan único de Jinah golpeó nuevamente su nariz, y Alexis no pudo evitar arrugar y mover su naricilla como un can; reconocía, bajo todas las esencias perfumadas que solía detectar en la mayoría de las chicas, una pizca dulce, un aroma lácteo que no era necesariamente desagradable. Como un bebé. Para cuando la música comenzó, sin embargo, tuvo que respirar hondo y así tratar de mantener su cabeza despejada, sus manos ahora yendo a parar a la cintura por obra de la chica. Ah, perfecto. Él prometiéndose que no le tocaría un solo pelo y ahí estaba, repitiéndose como mantra que solo se trataba de una coreografía mientras, con la mirada fija en los ojos de la chica, subía sus manos por su espalda al compás de la melodía y las detenía en la parte superior tras un ritmo marcado, tal como había visto en el vídeo.