—Oh, Italia… amo Italia—. Admitió con una sonrisa. —Y el idioma, en realidad amo todos los idiomas posibles—. Se encogió de hombros, recordando cuando Fred intentó enseñarle alemán. Se apoyó en la baranda cuando llegaron a la atracción, esperando la cola, y dio un último trago a su bebida, tirando el vaso a la papelera. —Es un poco horrible—. Admitió. —Pero por lo menos tengo a mi mánager y poco a poco voy conociendo gente nueva y todo eso, lo que ayuda bastante—.
Esbozó una sonrisa cuando escuchó que amaba su país e idioma, para luego mirarlo de reojo. —¿Sí? ¿Sabes hablar alguno? Además del inglés, claro —preguntó curioso, bebiendo los últimos tragos de su refresco mientras esperaba la respuesta. Luego, buscó con la mirada un cesto de basura y lo arrojó a éste, agradeciendo haber acabado la bebida tan pronto, pues sabía que no estaba permitido subir con comida a las atracciones. Se giró a verlo, cruzándose de brazos y recostando la mitad de su cuerpo sobre la baranda, al igual que él—. Bueno, ahora ya me conoces a mí. Puedes agregarme a la lista —medio bromeó, luego de oír sus palabras.











