— ✧ princesa anna
Mantiene una sonrisa de lo más divertida mientras le oye contarle su infortunio y suelta una carcajada al final de su relato, cayendo de nuevo en la cuenta del porqué le encanta ver a la gente jugar en aquellas máquinas. —Pues señorita peludópata, si de algo te sirve, puedes pensar que has contribuido al aumento del patrimonio del dueño del café. Quiero decir, esa cosa debe estar llena de monedas —señala la máquina con un movimiento de cabeza—, y estoy muy segura de que son pocos los peluches que salen de ella —. Toma un sorbo de su café con leche y se gira para ver el paisaje tras las ventanas al escuchar el ulular del viento quizá más estruendoso de lo considerado normal y seguro, encontrándose con la nieve cayendo desde arriba. —Oh, es nieve —comenta, distraída—. No creo haber leído nada en los reportes. ¿Crees que empeore? —inquiere, volviendo a encarar a la morena, que, mirándola con calma ahora, le parece haberla visto en algún lugar antes. —Anna Blanca —decide presentarse, sonriendo sin mostrar los dientes.
❝ Bueno, de eso estoy encantada. Siempre a favor de que crezca el patrimonio de mi querido país ❞ contestó sonriente, claramente exagerando junto con la contraria. No había gastado más que unas pocas monedas en dicho aparato, aunque si se consideraba que toda persona que jugaba gastaba unas pocas monedas, tal vez podría decirse que sí se contribuía bastante al patrimonio de dicha cafetería. ❝ Un placer, alteza. Freja Lundgren, dama de compañía de la casa anfitriona, a su disposición ❞ hizo un pequeño asentimiento de cabeza a modo de saludo junto con su breve presentación y luego miró en la misma dirección que la princesa, recordando al instante la tormenta que se avecinaba. ❝ Sí, he escuchado los programas de noticias hablar de ello toda la semana. Será una tormenta bastante fuerte, tal vez quiera regresar al palacio antes de que empeore ❞.











