Alto estoy de mirar a las palmeras, rudo de convivir con las montañas…
Yo me vi bajo un almendro en flor, lleno de primavera y de fragancia, con el campo latiendo entre mis manos y la vida encendida en la mirada.
Era el tiempo del sol y de la siembra, cuando el aire se llena de esperanza, y los almendros blancos, como nieve, derraman su hermosura por las ramas.
“El silbo de afirmación en la aldea”













