No entender...
Llegamos a ese punto en el vacío, donde recordamos nuestras raíces y sabemos qué queremos para nuestro futuro, pero solo estamos nadando a través de un océano oscuro sin saber si lo hacemos en la dirección correcta. A veces incluso sabiendo que no estamos en dirección correcta, pero aún así insistiendo en seguir en ese rumbo solo por miedo a no saber recorrer uno diferente.
Todo el mundo siempre cree conocernos e incluso se permiten tener opiniones de nosotros aunque no entienden precisamente el por qué de nuestras acciones o decisiones.
No entienden lo que sentimos.
No entienden lo que decimos.
No entienden lo que creemos.
Y no entienden lo que callamos o con lo que hemos tenido que lidiar para en algún punto llegar hasta donde estamos.
Tiende a ser gracioso como muchas veces creen saber más de nosotros de lo que incluso nosotros mismos podemos saber, creyendo que vamos por ahí tomando decisiones siempre con la intención de lastimarlos o joder a alguien, como si esas personas fueran quienes nos quitan el sueño cuando ni siquiera merecen nuestro pensamiento.
Para el resto del mundo, siempre debes ser empático para cuando son ellos quienes lo exigen, pero no te permiten ser egoísta cuando eres tú quien está herido y harto.
¿Huimos o nos quedamos?
No es fácil vivir en esto del mundo de los indecisos.
Tal vez no seamos los que más sufren, pero sin duda lo hacemos, porque por un lado queremos evitar hacer daño a los demás y por el otro queremos hacer lo que deseamos, y cuando estas dos opciones difieren, siempre terminamos lastimados de alguna forma u otra o arrepintiéndonos de cualquiera que sea la decisión que hayamos tomado.
Me gustaría mostrarles un ejemplo de esta situación, pero me contendré.
Ya ustedes comprenderán.














