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Todo pasaba en cámara lenta alrededor de ella, su atención estaba enfocada en el moreno que yacía tirado en la carretera. Escuchaba de fondo al conductor excusarse, que el hombre había salido de la nada y que no podía quedarse. La rabia que sintió al sentir que lo perdía doblemente la hizo levantarse, fulminar al hombre con la mirada y amenazarlo con palabras muy naturales para ella. “Jaime, ¿puedes prestarme tu teléfono? Necesito hablar a mis abogados.” Pidió al portero quien no demoró en extenderle el móvil —cortesía de la mujer— y marcó el número de Beaufort, el abogado de la familia. “Más te vale que no le pase nada, ¡me importa un carajo! Vas a correr con los gastos, imbécil. Me encargaré de dejarte en la ruina, no sabes quien soy.” Despotricaba contra el hombre, ¡cómo si realmente se tuviera la culpa! Desquitaba su furia con alguien que probablemente era inocente pero la sola idea de sentir que perdía a Patrick de todas las maneras posibles, la aterraba. Beaufort contestó al segundo timbre, le explicó lo ocurrido y prometió llegar ahí lo más pronto posible. Para cuando colgaba, su mirada buscaba la azulada del masculino, sintiendo un poco de alivio al escucharlo hablar. “No hay forma de que lo consigas.” Sabía que la odiaba en ese momento, que no había sido un halago ni mucho menos una promesa de amor, pero le importaba muy poco en ese momento. Volvió a hincarse a su lado, esta vez, llevando sus manos a los hombros del masculino. “Shhh, shhh no te muevas, la ambulancia ya viene en camino.” Uno de los guardias se había encargado de eso. La policía no tardo en llegar, había una estación cerca de su departamento y mientras los oficiales entrevistaban al conductor, la castaña busco acomodar la cabeza del masculino sobre sus piernas para darle soporte. Sus dígitos deslizándose entre las hebras oscuras de su cabello. “¿Qué sientes? ¿Sientes las manos, las piernas? Carajo, Patrick... ¿Qué coño estabas pensando?” Mascullaba en voz baja sin esperar respuesta alguna, podía sentir la mirada curiosa de sus vecinos que ya habían salido a ver que pasaba sobre ella, seguro preguntándose qué hacía su vecina del pent house acunando a un hombre que no era su prometido.
El movimiento a su alrededor parecía salido de una mala película de acción. La velocidad era diferente a la de su cuerpo, a la que actualmente podría procesar sin distraerse demasiado por el dolor que destellaba como pirotecnia colorida frente a sus pupilas. Entre el caos, la voz que lo mantuvo anclado a la realidad era la de la fémina, curioso como siempre podía hacerlo escuchar a pesar de que quisiera perderse por un momento en la neblina oscura que le prometía paz. Respirar dolía, hablar dolía, demonios; pensar dolía. Sacudió la cabeza arrepintiéndose de inmediato por el mareo que desencadenó “Demasiadas preguntas” en silencio las repitió despacio, una a una “Dolor” eso era lo único que de verdad resaltaba hasta que su cerebro eligió ese preciso momento para recordarle exactamente la razón por la cual se encontraba ahí “No estaba pensando” eso era obvio. Si lo hubiera hecho estaría en casa con Lainey, ignorando la necesidad inherente que Jeanine le provocaba “Dijiste que viniera” respondió tras un instante para luego cerrar la maldita boca. No estaba pensando con claridad, era mejor que no dijese nada hasta que se sintiera mejor.
Lo único en su cabeza era Reagan. Días habían pasado desde esa noche en que él solo arruinó su vida pero todavía no podía borrar la imagen de las lágrimas cayendo por el rostro ajeno, sin embargo ya había faltado suficiente a su trabajo y estaba seguro de que lo echarían si seguía lanzando excusas estúpidas sobre su salud mental. Había un límite corto a ser el tipo que fue secuestrado cuando era niño, incluso la lástima tenía fecha de caducidad. Descendió de la ambulancia con Christian a sus talones para luego arrodillarse frente al herido “¿Por qué levantó su cabeza del piso?” la llamada de emergencia dijo que se trataba de una persona arrollada. ¿Por qué demonios no entendían que no debían mover a los heridos? “¿Sabe que puede haberle causado una lesión en el cuello? Podría estarlo matando en este momento” No sabía la gravedad del asunto y desde luego, no podía hablarle a alguien así porque sí, pero no estaba en control. Su vida era un asco, no sabía cómo ser humano en ese momento. Entonces, la voz de Christian resonó en sus oídos seguida de una orden poco amable en su dirección. Issac arrojó su kit de emergencias al piso antes de retroceder y tocar con más suavidad el hombro de la castaña “Por favor, déjenos hacer nuestro trabajo” esta vez no había agresividad en su voz, más sus ojos hablaban de la poca estabilidad que tenía.
Trabajar con novatos era un maldito dolor en el trasero, en especial cuando dichos novatos se comportaban como adolescentes estúpidos. Toda la noche había visto que Isaac no estaba en su mejor momento, de hecho, le sugirió poco sutilmente que se largara a casa, pero el otro se negó en redondo. Christian detestaba esta generación que creía que podían hacer lo que les viniera en gana; su maldita hija era exactamente igual, aunque al menos él podía tomar un poco de responsabilidad por la personalidad de Dove. Suspiró exasperado al ver que Isaac tomaba el liderazgo, y fue mucho peor cuando comenzó a elevar la voz como si estuviera dando una lección de primeros auxilios a la acompañante del herido. Él no era nadie, debía comenzar a aprenderlo “Richards, libera el campo de examinación” no estaba gritándole como deseaba a pesar de que estaba en su derecho de hacerlo, pero el problema residía en que si Isaac recibía un reporte, también lo haría Christian. De inmediato se inclinó a tomar los signos vitales del moreno. Sus pupilas reaccionaban correctamente a la luz, no había sangre en ningún lugar obvio. Eso era bueno; recorrió las manos enguantadas hasta el abdomen ajeno presionando con suavidad en busca de distensión pero se encontró con que el paciente básicamente se doblaba de dolor. No podía sentir ninguna fisura en sus costillas y la experiencia le decía que probablemente sólo era un hematoma por lo que removió las manos para revisar su espalda. Todo parecía estable a pesar de que era cierto, mover el cuello de un herido podía resultar en una lesión permanente en la columna “Voy a inmovilizar su cuello y deberíamos ir al hospital para obtener una radiografía, pero no hay nada de gravedad en él. Sólo un hematoma en las costillas.” dijo, observando a la castaña por unos segundos antes de proseguir con su trabajo.











