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Dijo que el único futuro que le interesaba eran los próximos cinco minutos. Añadió que ese futuro sería esencialmente aburrido. Y, también, que el verdadero territorio a explorar por la ciencia ficción no era el espacio exterior, sino el espacio interior. Y que el único planeta verdaderamente extraño era la Tierra. En esas tres ideas radicales se sintetiza la ruptura que, a principios de los años sesenta, marcó la irrupción de James Graham Ballard en el contexto de un género literario hasta entonces dominado por la fascinación tecnológica y un imaginario nutrido por las posibilidades de la carrera espacial. “Me gustaría ver más ideas psicoliterarias, más conceptos metabiológicos y metaquímicos, sistemas temporales privados, psicologías y espacio-tiempo sintéticos, más de esos semimundos sombríos que se vislumbran en la pintura de los esquizofrénicos; en resumen, una poesía y una fantasía de la ciencia completamente especulativas”, escribió J. G. Ballard en su influyente ensayo ¿Por dónde se va al espacio interior?, publicado en 1962 en la revista New Worlds, manifiesto pionero de la new wave que acabaría tomando posesión de la histórica cabecera cuando Michael Moorcock asumió la dirección de la publicación en 1964. “La primera historia verdadera de ciencia ficción, y que yo me propongo escribir si nadie más lo hace, es sobre un hombre con amnesia que está acostado en la playa y mira una rueda oxidada de bicicleta, mientras trata de descubrir la esencia absoluta de la relación que hay entre ambos. Si esto suena insólito y abstracto, tanto mejor, puesto que a la ciencia ficción le hace falta una buena dosis de experimentación; y, si suena aburrido, pues por lo menos será un nuevo tipo de aburrimiento”, concluía el escritor. From : Jordi Acosta (elcultural.elpaís) "Un infierno válido sería aquél donde hubiera posibilidades de redención, aunque fuese inalcanzable: los calabozos de una arquitectura de gracia cuyos pináculos apuntaran a alguna clase de paraíso. Los infiernos institucionales de nuestro siglo son mundos de horror terminal, más definitivos que la tumba." J.G.Ballard
GAZA. Un manifestante palestino alza su bandera nacional en medio del gas lacrimógeno arrojado por las fuerzas de seguridad israelíes durante los enfrentamientos en la aldea cisjordana de Bilin tras una manifestación en apoyo
En el paso fronterizo del barrio chino, cerca de Beni-Enzar, para entrar a Melilla, dos mujeres ancianas cargan pesados fardos de mercancía sobre sus espaldas. Habitualmente este transporte se realiza desde unas naves industriales situadas a varios kilómetros de distancia de la frontera. Las mujeres porteadoras son el motor que mueve la economía a ambos lados de la valla. FERNANDO DEL BERRO Un hombre adhiere al abdomen de una mujer porteadora varias prendas de ropa y mantas, ayudándose de una cuerda. Después de forrar también sus brazos y piernas con otras mercancías, se cubrirá su cuerpo con una chilaba (túnica holgada de origen bereber), y sobre ésta cargará a la espalda un bulto de hasta 80 kilogramos de peso. La mayor parte de estos productos serán vendidos en comercios de Marruecos. Paso fronterizo del barrio chino, cerca de Beni-Enzar. Melilla. FERNANDO DEL BERRO
“En una vano intento de que el Tiempo/ no me devore/ Soy un pasajero ilegal en este autobús del Infierno”. Roberto Bolaños Madre carro y niño (1923-1929) Antonio Arissa (Archivo colección Telefónica)
Habíamos existido antes, e incluso conocíamos el sufrimiento,nos faltaban tan sólo las palabras. En ciudades ajenas permaneceremos, como los árboles, como las piedras. Canción del emigrado En ciudades ajenas venimos al mundo y las llamamos patria, mas breve es el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres. Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda el gran aro del sol ardiente, a través del cual, como en el circo, salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas contemplamos las obras de viejos maestros y, sin asombro, en añejos cuadros vemos nuestros propios rostros. Habíamos existido antes, e incluso conocíamos el sufrimiento, nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia ortodoxa de París los últimos rusos blancos, encanecidos, rezan a Dios, varios lustros más joven que ellos y, como ellos, impotente. En ciudades ajenas permaneceremos, como los árboles, como las piedras. Versión de Elzbieta Bortkiewicz Poemas de Adam Zagajewski: Autorretrato Fotografía:Gervacio Sánchez
Reflexión de James Natchwey sobre el fotógrafo de guerra ¿Por qué fotografiar la guerra?¿Es acaso posible, eliminar un comportamiento humano que ha existido desde siempre gracias a la fotografía? Dadas las proporciones, suena ridículo plantearlo. Es precisamente eso lo que me motiva. Para mí, la fuerza de la fotografía está en que llama a la humanidad. Si la guerra niega la humanidad, la fotografía podría concebirse como algo opuesto a la guerra. Es un ingrediente muy potente en el antídoto contra la guerra. Cuando alguien asume el riesgo de ir a la guerra para mostrarle al resto del mundo qué es lo que pasa, está tratando de negociar la paz. Por eso, los señores de la guerra no aprecian a los fotógrafos. Aquello que se vive en el frente es extremadamente inmediato. No es la imagen en una revista, a 16.000 kilómetros de distancia, junto a un anuncio de relojes “Rolex”. Lo que ves es dolor sin paliativos, injusticia y miseria. Si todos pudieran ver por sí mismos, por lo menos una vez, cómo le deja el fósforo blanco la cara a un niño, el inexpresable dolor que causa un sólo disparo, o cómo la esquirla de un obús le arranca la pierna a una persona… Si todos pudieran ver por sí mismos el miedo y el pesar, solo una vez, comprenderían que nada justifica que eso le ocurra a una persona, y mucho menos a miles. Pero todo el mundo no puede ir, y es por eso que van los fotógrafos, para mostrar, para hacer que lo que pasa allí llegue a su fin, para llamar la atención sobre ello. Para crear imágenes impactantes que contrarresten el efecto de los medios y acaben con la indiferencia. Para protestar y, con esa protesta, hacer que otros también protesten. Lo peor es que, como fotógrafo, me aprovecho de las desgracias ajenas. Esa idea me persigue. Todos los días. Porque sé que si algún día dejo que mi carrera sea más importante que mi compasión, habré vendido mi alma. La única manera de justificar mi papel es respetando a aquellos que sufren. La medida en la que lo logro, es la medida en la que se me acepta, y en la que yo mismo puedo aceptarme. Articulos relacionados: Maestros de la fotografía: James Natchwey
War Photographer es una película documental suiza de Christian Frei publicada en 2002. Cuenta la historia del fotógrafo de guerra James Nachtwey y trata los dilemas a los que se enfrentan todos aquellos envueltos en periodismo de guerra. El documental fue nominado en 2002 al Oscar al mejor documental.
La concepción romántica del amor, que implica ruptura y catástrofe, es la única que conocemos porque todo en la sociedad impide que el amor sea libre elección. Y le pedimos al amor —que, siendo deseo, es hambre de comunión, hambre de caer y morir tanto como de renacer— que nos dé un pedazo de vida verdadera, de muerte verdadera. No le pedimos la felicidad, ni el reposo, sino un instante, sólo un instante, de vida plena, en la que se fundan los contrarios y vida y muerte, tiempo y eternidad, pacten. Oscuramente sabemos que vida y muerte no son sino dos movimientos, antagónicos pero complementarios, de una misma realidad. Creación y destrucción se funden en el acto amoroso; y durante una fracción de segundo el hombre entrevé un estado más perfecto. En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible. Todo se opone a él: moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre "lo otro", su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirla en objeto, en ser aparte y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento. Medio para obtener el conocimiento y el placer, vía para alcanzar la supervivencia, la mujer es ídolo, diosa, madre, hechicera o musa, según muestra Simone de Beauvoir, pero jamás puede ser ella misma. De ahí que nuestras relaciones eróticas estén viciadas en su origen, manchadas en su raíz. Entre la mujer y nosotros se interpone un fantasma: el de su imagen, el de la imagen que nosotros nos hacemos de ella y con la que ella se reviste. Ni siquiera podemos tocarla como carne que se ignora a sí misma, pues entre nosotros y ella se desliza esa visión dócil y servil de un cuerpo que se entrega. Y a la mujer le ocurre lo mismo: no se siente ni se concibe sino como objeto, como "otro". Nunca es dueña de sí. Su ser se escinde entre lo que es realmente y la imagen que ella se hace de sí. Una imagen que le ha sido dictada por familia, clase, escuela, amigas, religión y amante. Su feminidad jamás se expresa, porque se manifiesta a través de formas inventadas por el hombre. El amor no es un acto natural. Es algo humano y, por definición, lo más humano, es decir, una creación, algo que nosotros hemos hecho y que no se da en la naturaleza. Algo que hemos hecho, que hacemos todos los días y que todos los días deshacemos. No son éstos los únicos obstáculos que se interponen entre el amor y nosotros. El amor es elección. Libre elección, acaso, de nuestra fatalidad, súbito descubrimiento de la parte más secreta y fatal de nuestro ser. Pero la elección amorosa es imposible en nuestra sociedad. Ya Bretón decía en uno de sus libros más hermosos —El loco amor— que dos prohibiciones impedían, desde su naci-miento, la elección amorosa: la interdicción social y la idea cristiana del pecado. Para realizarse, el amor necesita quebrantar la ley del mundo. En nuestro tiempo el amor es escándalo y desorden, transgresión: el de dos astros que rompen la fatalidad de sus órbitas y se encuentran en la mitad del espacio. La concepción romántica del amor, que implica ruptura y catástrofe, es la única que conocemos porque todo en la sociedad impide que el amor sea libre elección. La mujer vive presa en la imagen que la sociedad masculina le impone; por lo tanto, sólo puede elegir rompiendo consigo misma. "El amor la ha transformado, la ha hecho otra persona", suelen decir de las enamoradas. Y es verdad: el amor hace otra a la mujer, pues si se atreve a amar, a elegir, si se atreve a ser ella misma, debe romper esa imagen con que el mundo encarcela su ser. El hombre tampoco puede elegir. El círculo de sus posibilidades es muy reducido. Niño, descubre la feminidad en la madre o en las hermanas. Y desde entonces el amor se identifica con lo prohibido. Nuestro erotismo está condicionado por el horror y la atracción del incesto. Por otra parte, la vida moderna estimula innecesariamente nuestra sensualidad, al mismo tiempo que la inhibe con toda clase de interdicciones —de clase, de moral y hasta de higiene—. La culpa es la espuela y el freno del deseo. Todo limita nuestra elección. Estamos constreñidos a someter nuestras aficiones profundas a la imagen femenina que nuestro círculo social nos impone. Es difícil amar a personas de otra raza, de otra lengua o de otra clase, a pesar de que no sea imposible que el rubio prefiera a las negras y éstas a los chinos, ni que el señor se enamore de su criada o a la inversa. Semejantes posibilidades nos hacen enrojecer. Incapaces de elegir, seleccionamos a nuestra esposa entre las mujeres que nos "convienen". Jamás confesaremos que nos hemos unido —a veces para siempre— con una mujer que acaso no amamos y que, aunque nos ame, es incapaz de salir de sí misma y mostrarse tal cual es. La frase de Swan: "Y pensar que he perdido los mejores años de mi vida con una mujer que no era mi tipo", la pueden repetir, a la hora de su muerte, la mayor parte de los hombres modernos. Y las mujeres. La sociedad concibe el amor, contra la naturaleza de este sentimiento, como una unión estable y destinada a crear hijos. Lo identifica con el matrimonio. Toda transgresión a esta regla se castiga con una sanción cuya severidad varía de acuerdo con tiempo y espacio. (Entre nosotros la sanción es mortal muchas veces —si es mujer el infractor— pues en México, como en todos los países hispánicos, funcionan con general aplauso dos morales, la de los señores y la de los otros: pobres, mujeres, niños.) La protección impartida al matrimonio podría justificarse si la sociedad permitiese de verdad la elección. Puesto que no lo hace, debe aceptarse que el matrimonio no constituye la más alta realización del amor, sino que es una forma jurídica, social y económica que posee fines diversos a los del amor. La estabilidad de la familia reposa en el matrimonio, que se convierte en una mera proyección de la sociedad, sin otro objeto que la recreación de esa misma sociedad. De ahí la naturaleza profundamente conservadora del matrimonio. Atacarlo, es disolver las bases mismas de la sociedad. Y de ahí también que el amor sea, sin proponérselo, un acto antisocial, pues cada vez que logra realizarse, quebranta el matrimonio y lo transforma en lo que la sociedad no quiere que sea: la revelación de dos soledades que crean por sí mismas un mundo que rompe la mentira social, suprime tiempo y trabajo y se declara autosuficiente. No es extraño, así, que la sociedad persiga con el mismo encono al amor y a la poesía, su testimonio, y los arroje a la clandestinidad, a las afueras, al mundo turbio y confuso de lo prohibido, lo ridículo y lo anormal. Y tampoco es extraño que amor y poesía estallen en formas extrañas y puras: un escándalo, un crimen, un poema. La protección al matrimonio implica la persecución del amor y la tolerancia de la prostitución, cuando no su cultivo oficial. Y no deja de ser reveladora la ambigüedad de la prostituta: ser sagrado para algunos pueblos, para nosotros es alternativamente un ser despreciable y deseable. Caricatura del amor, víctima del amor, la prostituta es símbolo de los poderes que humilla nuestro mundo. Pero no nos basta con esa mentira de amor que entraña la existencia de la prostitución; en algunos círculos se aflojan los lazos que hacen intocable al matrimonio y reina la promiscuidad. Ir de cama en cama no es ya, ni siquiera, libertinaje. El seductor, el hombre que no puede salir de sí porque la mujer es siempre instrumento de su vanidad o de su angustia, se ha convertido en una figura del pasado, como el caballero andante. Ya no se puede seducir a nadie, del mismo modo que no hay doncellas que amparar o entuertos que deshacer. El erotismo moderno tiene un sentido distinto al de un Sade, por ejemplo; Sade era un temperamento trágico, poseído de absoluto; su obra es una revelación explosiva de la condición humana. Nada más desesperado que un héroe de Sade. El erotismo moderno casi siempre es una retórica, un ejercicio literario y una complacencia. No es una revelación del hombre sino un documento más sobre una sociedad que estimula el crimen y condena al amor. ¿Libertad de la pasión? El divorcio ha dejado de ser una conquista. No se trata tanto de facilitar la anulación de los lazos ya establecidos, sino de permitir que hombres y mujeres puedan escoger libremente. En una sociedad ideal, la única causa de divorcio sería la desaparición del amor o la aparición de uno nuevo. En una sociedad en que todos pudieran elegir, el divorcio sería un anacronismo o una singularidad, como la prostitución, la promiscuidad o el adulterio. La sociedad se finge una totalidad que vive por sí y para sí. Pero si la sociedad se concibe como unidad indivisible, en su interior está escindida por un dualismo que acaso tiene su origen en el momento en que el hombre se desprende del mundo animal y, al servirse de sus manos, se inventa a sí mismo e inventa conciencia y moral. La sociedad es un organismo que padece la extraña necesidad de justificar sus fines y apetitos. A veces los fines de la sociedad, enmascarados por los preceptos de la moral dominante, coinciden con los deseos y necesidades de los hombres que la componen. Otras, contradicen las aspiraciones de fragmentos o clases importantes. Y no es raro que nieguen los instintos más profundos del hombre. Cuando esto último ocurre, la sociedad vive una época de crisis: estalla o se estanca. Sus componentes dejan de ser hombres y se convierten en simples instrumentos desalmados. El dualismo inherente a toda sociedad, y que toda sociedad aspira a resolver transformándose en comunidad, se expresa en nuestro tiempo de muchas maneras: lo bueno y lo malo, lo permitido y lo prohibido; lo ideal y lo real, lo racional y lo irracional; lo bello y lo feo; el sueño y la vigilia, los pobres y los ricos, los burgueses y los proletarios; la inocencia y la conciencia, la imaginación y el pensamiento. Por un movimiento irresistible de su propio ser, la sociedad tiende a superar este dualismo y a transformar el conjunto de solitarias enemistades que la componen en un orden armonioso. Pero la sociedad moderna pretende resolver su dualismo mediante la supresión de esa dialéctica de la soledad que hace posible el amor. Las sociedades industriales —independientemente de sus diferencias "ideológicas", políticas o económicas— se empeñan en transformar las diferencias cualitativas, es decir: humanas, en uniformidades cuantitativas. Los métodos de la producción en masa se aplican también a la moral, al arte y a los sentimientos. Abolición de las contradicciones y de las excepciones... Se cierran así las vías de acceso a la experiencia más honda que la vida ofrece al hombre y que consiste en penetrar la realidad como una totalidad en la que los contrarios pactan. Los nuevos poderes abolen la soledad por decreto. Y con ella al amor, forma clandestina y heroica de la comunión. Defender el amor ha sido siempre una actividad antisocial y peligrosa. Y ahora empieza a ser de verdad revolucionaria. La situación del amor en nuestro tiempo revela cómo la dialéctica de la soledad, en su más profunda manifestación, tiende a frustrarse por obra de la misma sociedad. Nuestra vida social niega casi siempre toda posibilidad de auténtica comunión erótica. El amor es uno de los más claros ejemplos de ese doble instinto que nos lleva a cavar y ahondar en nosotros mismos y, simultáneamente, a salir de nosotros y realizarnos en otro: muerte y recreación, soledad y comunión. Pero no es el único. Hay en la vida de cada hombre una serie de períodos que son también rupturas y reuniones, separaciones y reconciliaciones. Cada una de estas etapas es una tentativa por trascender nuestra soledad, seguida por inmersiones en ambientes extraños. Octavio Paz Apendice del Laberinto de la soledad (fragmento)
¡Paremos ya la agresión israelí! ¡Toda nuestra solidaridad y apoyo al pueblo palestino! Por una Palestina Única, Laica, Democrática y No Racista http://www.corrienteroja.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=1423:%C2%A1paremos-ya-los-sangrientos-ataques-de-israel-al-pueblo-palestino&Itemid=183
Las mejores fotos ambientales del año 1- ‘La vida en el círculo’, de Faisal Azim, ganador del premio ‘Paisaje urbano’ Atkins 2014. Un grupo de vagabundos es retratado viviendo en los huecos de varios tubos de cementos en Bangladesh, donde más de 900.000 personas viven sin techo y donde cada día se denuncian torturas físicas, mentales e incluso sexuales contra estas personas en centros de acogida. FAISAL AZIM / ATKINS CIWEM EPOTY 2014 2- La escasez de agua potable se ha convertido en un problema habitual para la población rural de Sundarban, en Bengala Occidental, India. El clima tropical se visto afectado en múltiples aspectos aquí por el cambio climático, incluido el aumento de la temperatura y las precipitaciones, aumento de la salinidad y los fenómenos meteorológicos extremos, tales como inundaciones, ciclones y sequías. PRASANTA BISWAS / ATKINS CIWEM EPOTY 2014 3- Desde 1960, la isla de Ghoramara ubicada en Bengala Occidental, en India, lleva sufriendo la erosión gradual y progresiva causada por los efectos del cambio climático. En la actualidad, dos de cada tres viviendas han tenido que ser trasladadas y el 50% de su territorio está abandonado y consumido. DAESUNG LEE / ATKINS CIWEM EPOTY 2014 4-‘Envolviendo al árbol superviviente’, de Luke Duggleby, ganador del premio de la Comisión Forestal de Inglaterra. Un grupo de monjes budistas de Camboya bendice uno de los árboles supervivientes en una zona destruida para dar paso a una plantación de bananas. LUKE DUGGLEBY / ATKINS CIWEM EPOTY 2014 http://elpais.com/elpais/2014/06/30/planeta_futuro/1404115877_580611.html
Resiste Palestina !! Gaza 2014: un capítulo más de limpieza étnica al pueblo palestino
Todos ellos son jóvenes que abandonaron España forzados por la situación económica y la falta de perspectivas laborales. En Berlín, la red está formada por un núcleo de unas 25 personas, a las que se podrán sumar voluntarios que quieren ofrecer, por ejemplo, su casa o su tiempo para acompañar a las mujeres. En el resto de ciudades europeas el grupo es menos numeroso, pero las impulsoras confían en que vaya creciendo si se encuentran con muchas peticiones.
Toma la palabra · Astrid Menasanch Tobieson (directora y dramaturga sueca, Teatro Stå! Gerillan Me dirijo sobre todo a todos los periodistas, columnistas y editoriales en Suecia. Vosotros que tenéis el espacio mediático. Les pido, desde lo mas profundo de mi alma, de romper el silencio sobre el régimen que esta creciendo en España. Les pido que comiencen a informar. Les pido que cubran el derecho de la libertad de expresión en las sociedades donde el fascismo, a través del miedo, se apodera del poder, el espacio y de la posibilidad de definir los problemas. Tanto en España como en Kärrtorp (Suecia). Les pido que nos ayuden con sus textos, informativos y aportes al debate, les pido que contengan un análisis agudo y profundo. ¡Cubran! ¡Cubran todo! No hace mucho tiempo que España fue una dictadura. No hace mucho tiempo que hubo una guerra civil. Todos los debates son políticos. Dar espacio a un suceso es un acto político. No hacerlo, no cubrirlo, es un acto político. El silencio es, en alto grado, un acto político. La decisión de mantenerse en silencio se queda en el cuerpo en las memorias en generaciones. Esta ley neofascista que a partir del viernes será aprobada, no está desconectada del fascismo creciente en Suecia. Ni tampoco nosotros, como seres humanos, estamos desconectados el uno del otro.