Observó y escuchó a la joven con atención, asintiendo con la cabeza cada vez que terminaba una de sus frases. “También yo” concordó el muchacho, a lo que varios flashes de otras veces que había salido, se cruzaban por su mente. No podía negar que, en ese instante, prefería estar en el lobby del hotel tocando el piano, o en su habitación, escribiéndole a su hermana. Al oír su disculpa, rápidamente comenzó a negar; la joven no tenía razón alguna para pedirle perdón, después de todo, ¿qué era lo que había hecho? “No te disculpes, por favor. ¿Puedo hacer algo para mejorar tu noche?
Podrías hacer bastante... Me mordí la lengua, conteniendo cualquier comentario que delatara mi ebriedad. En lugar de ello, respondí: “Basta con tu compañía. Siempre y cuando no comiences a hablar sobre lo exitosos que son tus negocios con distintas transnacionales” Había soportado charlas de ese tipo toda la noche y si volvía a escuchar la palabra inversionista acabaría asesinando a alguien. Di un trago y me presenté, con un tono menos apagado. “Por cierto, soy Grace. Grace Kang”.














