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Asintió y rió levemente, mirándolos a ambos con una sonrisa. No sabía el por qué pero cada persona que conocía en aquel hotel le sacaba una sonrisa, todos habían sido bastante amistosos con ella y eso le gustaba pues no estaba muy acostumbrada ya que con la única persona con la que en verdad se sentía feliz en Seúl era con su padre. Cuando la muchacha ofreció que el chico la ayudara, volteó a verlo y le sonrió con amabilidad. - Oh, no tienes que hacerlo.. - Pausó y se dirigió a ambos esta vez - En verdad, si van a algún lado no cambien su ruta por mi
“A él no le importa ayudar. Además, sólo íbamos a nuestras habitaciones, nada importante.” Comentó, ojeando a su compañero para luego voltear hacia la muchacha con una sonrisa satisfactoria. Quitarse a su amigo de encima había sido su primera prioridad desde que se lo encontró en la recepción. Con sus grados de cansancio aquella noche, lo último que Doutzen pretendía era compartir una conversación como la que él quería ; en su habitación, quizás vean una película---o fue eso lo que él propuso.
“Ya te dije, hacerse el difícil es aburrido. No todas las mujeres son tan intensas ¿Sabes? Y una vez que no vean interés en el chico, no van a volver a insistir, pero repito, no todas. Entonces como que prefiero fingir interés” Respondió con mera sinceridad y un deje burlón. “Si tus gustos son buenos, entonces seguro que sí” Rió, sosteniendo el teléfono fijo para marcar el número de recepción. “En caso de que no sea así, ¿Qué debería esperar con ese /mas te vale/?”
“Ese razonamiento es algo... ¿ estúpido ? Si muestras interés en una persona cuando en verdad no estás interesado claramente termina mal. Ella obtendrá un mensaje equivocado y tú terminarás enredado en un enamoramiento.” Opinó ella, entrecerrando sus ojos. Asintió con una sonrisa, esperando a que marcara a recepción. “Oh, me refiero a que más te vale que sea bueno o no lo disfrutaré---es decir, sería una lástima, ¿ no ?” Se encogió de hombros, elevando su vista hacia él.
La suave brisa de la mañana desordenaba ligeramente sus cabellos, y la arena cosquilleaba contra sus pies; cubriéndolos de pequeños granos con cada paso que daba. Conectarse con la naturaleza, de una forma u otra, siempre era una sensación reconfortante. Algo que jamás hubiera sido capaz de apreciar en la ciudad, puesto que el áspero asfalto de las calles y aceras no estaba precisamente hecho para ser transitado descalzo, y podía causarle una herida considerable a quien lo intentase. Una voz no tan distante no pasó desapercibida ante sus oídos, y al escucharla nuevamente, se detuvo en seco. Se giró, entrecerrando sus ojos ante la vista. “¿Cómo es que—?” balbuceó sorprendida, acercándose hacia la persona para reconocer el objeto que yacía entre sus pies. “Oh… ya veo,” se agachó, tomando aquella toalla tan familiar que le pertenecía. “Lamento que te hayas topado con ella, en verdad te agradezco que me hayas avisado. Al parecer me distraje, y ni siquiera me percaté que olvidaba algo.”
“No es nada.” Negó ante los agradecimientos de la pelinegra. “Bueno, por poco me enredo y pego la cara contra la arena, pero no pasó nada.” Rió, haciéndose a un lado cuando ella se agachó para tomar su pertenencia.
Al llegar al ascensor le sonrió al muchacho pues a pesar de que insistió que “podría llevarlo ella sola”, tomó algunas bolsas de sus manos lo que hizo que pudiera mover sus brazos un poco. - ¡No te preocupes! Lo bueno es que lo alcancé - le dijo a la rubia con una sonrisa. Sabía que si el elevador se iba, podría tomar otro pero le urgía dejar aquellas bolsas en su habitación. - Piso tres - le respondió a la vez que soltaba un suspiro.
Sonrió amigable, asintiendo varias veces. “Ah sí, mejor tarde que nunca.” Citó, como dicen por ahí. Marcó el piso que ella indicó y finalmente las puertas del ascensor cerraron frente a sus narices. Doutzen volteó a verla nuevamente, detallando el tamaño de las bolsas que ella llevaba por segunda vez en la escena. “Estoy segura que mi amigo puede ayudarte a llevarlas hasta tu habitación, ¿ verdad, Christopher ?” Le dijo, después dirigiéndose al alto surfista a su lado. “Se ven bastante pesadas.”
“Si pudiese estaría afuera haciéndolo. Me temo que tengo que esperar una llamada en recepción y por esa razón tengo que quedarme bajo la mira de ese trabajador amargado.” Repuso con un tono serio. Volteó a la chica y sonrió por la amabilidad de la invitación. “¿Trabajas aquí? Si es así espero no le digas al joven que le llamé amargado, he escuchado que eso puede generar problemas al pedir servicio a la habitación.” Bromeó, pues claramente no le importaba demasiado ese asunto.
“Que inconveniente.” Agregó sin más, devolviendo su mirada hacia sus asuntos. Cuando escuchó la voz del castaño dirigirse hacia ella nuevamente, la pelirrubia elevó su atención hacia él para asentir en afirmación. “Sí, trabajo aquí.” Informó, prosiguiendo con una risa: “no le diré, ni siquiera lo conozco. Y tampoco estoy muy segura de lo que hablas, no he tenido la primera conversación con un botones desde que llegué.” Le dijo, encogiéndose de hombros.
Ferdinand solía ser muy competitivo, y esto no excluía a partidos amistosos como el de ping-pong. Era ya el tercer juego que ganaba y se sentía bastante seguro con su táctica, hasta que un ruido le arrebató la concentración, haciendo que la pelota volase al otro lado de la habitación, golpeando directamente el ojo de la persona que acababa de pasar por la puerta. –Vaya.– murmuró con una mueca, mirando a su contrincante, –Lo siento mucho, ¿Te encuentras bien?– preguntó ahora en dirección al contrario.
Rió, llevando ambas manos hacia su ojo herido para cubrirlo ante el golpe. “Vaya, creo que ninguno de los dos lo vio venir.” Comentó, ahogando varias risas en su intento de no quejarse por el punzante dolor que aquello comenzaba a causarle.. “Sí, estoy bien---creo. No te preocupes.” Asintió varias veces, mirándolo mientras buscaba un espejo entre sus cosas para echarle un vistazo a su ojo.
“No puede fumar en recepción señor...” Bufa para sí mismo, burlándose de lo que un trabajador le había dicho hace un momento. La ansiedad que tenía en el momento le pedía con urgencia el fumar un cigarrillo (a falta de un puro) y el hecho de que se lo hubiesen negado sólo lograba que se pusiera de mal humor. Debido a que esperaba una llamada no podía salir al exterior a fumar, por lo que tendría que esperar un rato más antes de poder hacerlo, lo cual no lograba que su humor mejorara. Lo único que pedía era fumar un cigarro. ¿A cuántas personas podría afectar eso?
Al sobre-escuchar la conversación de ambos hombres que ocupaban asiento a su lado, Doutzen levantó su cabeza y se dirigió al señor que llevaba un cigarrillo paralizado entre sus labios. “Puede ir afuera a fumarlo, si prefiere así.” Agregó al comentario del ojiazul a su lado, asintiendo con la cabeza al recibir una sonrisa de agradecimiento de parte del cliente.
Larbas… ¿dónde estaban esas cosas del demonio? Michel maldijo, asomándose en los pies de los turistas que se encontraban en el lobby. Sólo se le ocurría a su madre mandarle de esos insectos, y peor aún, con vida. El rubio suspira, rindiéndose al sentarse. No era que se sentía mal por perder las larbas, pero se suponía que iba a hacer una broma y que iba a ser después; no en su primer día en el hotel. Michel decide observar su alrededor una vez más, abriendo sus ojos como platos una vez que ve uno de los insectos explorando el cabello de una persona. ‘’Disculpa,’’ Michel le habla, apretando sus labios para no reír y fallando en el intento.
Al escuchar las risas del contrario, volteó a verlo en confusión cuando su mirada se posó directamente sobre él. “¿ Se te ofrece algo ?” Inquirió, tratando de comprender el motivo de su carcajada.
– ¿Por qué no es correcto que este sentada en el vestíbulo en pijama?– preguntó, fingiendo una de esas sonrisas que inocentes que aseguraban que tenía un plan malvado rondando en su cabeza. Lennon podía ser la persona más infantil del mundo si se lo proponía, quizá es por eso que su madre adoraba mandarla lejos de casa a la primera oportunidad que tenía. – ¿Es sólo porque son las cuatro de la tarde?– preguntó en dirección a las miradas curiosas. – ¿Acaso la gente no viene a descansar a los hoteles?– cuestionó, poniéndose de pie. – Porque eso quiero hacer. – dijo antes de dejarse caer, justo a lado de una persona que llevaba un par de minutos observando el espectáculo que ella y un empleado del hotel acababan de dar. – Lo siento. – susurró, acercándose un poco al cuerpo contrario.
“Deberías irte a cambiar.” Comenzó, ignorando las disculpas innecesarias que la pelirrubia desconocida tenía para ella. “¿ Sabes ? También detesto seguir con las normas pero, lastimosamente, tengo que hacerlo. Trabajo aquí y créeme, pueden ponerse duros.” Se encogió de hombros, volteándo a verla. Si bien, como había dicho, detestaba seguir las normas, aun sabía que debía tomar un grado de madurez sobre el asunto y superarse a sí misma por primera vez en su vida. No era tan complicado después de todo, ¿ o sí ?
Había salido a dar una caminata, o eso fue lo que se dijo antes de salir del hotel. Su “paseo” fue bastante largo, ya era de tarde y había salido muy temprano en la mañana pero no pudo evitar tomarse su tiempo. Esta vez no había salido a conocer el lugar. Hanae regresó de su caminata con un millón de bolsas colgando de sus brazos y estaba segura que su mochila pesaba más que una roca gigante. En su camino se encontró con un lugar que estaba en renta, era bastante pequeño pero estaba segura que lo podía hacer funcionar como florería. Lo que llevaba en aquellas bolsas eran un montón de libros de diseño interior, ideas para la florería, catálogos de semillas de flores, muestras de colores que usar en la tienda y demás.
Al entrar al hotel, se dirigió directo al elevador pero caminaba un poco lento pues las bolsas pesaban mucho. Vio a una persona dirigirse también al elevador y trató de alcanzarle pues ni loca se iría por las escaleras. Estaba por llegar cuando las puertas del elevador se estaban cerrando. -¡Espera, espera! ¡No dejes que se cierren!
Luego de terminar con un largo día de trabajo, Doutzen se encontró a sí misma arrastrando los pies desde la playa hasta la recepción del hotel. Para su mala suerte, en el camino se topó con uno de sus compañeros de trabajo, demorando así su llegada hasta su habitación. Caminó junto a él hasta el ascensor una vez que escuchó que él iba al mismo piso y, entre risas y suspiros, fue mucha la distracción que le provocó lo suficiente para no escuchar los gritos de la desconocida. Tarde pero a tiempo aun, de un brinco sostuvo las puertas del elevador para que así ella entrase, de una vez viendo como su compañero la ayudaba con las bolsas que ella cargaba encima. “Lo siento, no te había escuchado.” Explicó, marcando el número de su destino nuevamente. “¿ A qué piso vas ?” Inquirió, volteando su vista hacia ella.
¿Qué opinas de lo que se dice sobre Ronan y tú? ¿Hay algo entre vosotros?
Uh, no sé que dicen de nosotros, pero sea lo que sea estoy segura que exageran. Ronan y yo sólo somos amigos, tenemos muchas cosas en común y él me cae muy bien. Es todo.