— Hmph… —
Los sonidos de un motor hacían gran disturbio en una carretera aparentemente vacía, la gran mayoría de aquel amplio cielo celeste fue cubierto por el humo que salía del objeto colgante de sus labios, el cual yacía en constante combustión. A medida que lo consumía con su increíble capacidad pulmonar, el viento se hizo el encargado de deshacerse de aquellas cenizas que se formaron por la colilla de aquel objeto, y finalmente; del mismo.
Fue cuando aquel sonido constante de y cortante como las afiladas hojas de una navaja finalizó, y proyectó la silueta de su ser frente a la entrada de aquel lugar. Encima de una moto, una figura masculina, esta temporada no era precisamente el calor lo que abundaba y por ende, tampoco se presentaría con menos que una para nada disimulada chaqueta de cuero, jeans y zapatos. Aunque pasaba lento y tranquilo, aquel motor terminó por parar frente a una pequeña casa, no tan presuntuosa pero tampoco tan humilde, lo suficiente para que alguien tan práctico e instintivo viviera como quisiera, lejos de las preocupaciones mundanales y fuera de aquellos pleitos en los que se metía constantemente. Aunque un ligero viento recorrió su cabello, en un pequeño flash de nostalgia que iluminó su memoria con recuerdos de su pandilla, que a su vez podría considerarse su manada… No miró atrás, puesto que la mayoría estaban muertos o en prisión, luego de contemplar el limpio aire de la zona, realmente comprendió que llegó al lugar que le tocaba estar. Al fin y al cabo era nuevo, en ese pequeño pueblito llamado Writtens… ¿Debería conocer a sus vecinos antes de entrar a su nuevo hogar?
Calmado y repleto de maravillas rurales, el pequeño pueblo de Writters deslumbraba paz hasta donde podía llegar a alcanzar la vista. Hogar de diversos mitos urbanos, y hogar de alguien.. particular. El reloj marcaba 21:49 P.M., y podía verse a un joven muchacho sacando una gigantesca bolsa de basura hacia un cesto de la calle, como era lo correspondiente. El aliento vaporoso producto del creciente frío que invadía el invierno en U.S.A. se escapaba de entre sus labios, como una bocanada de aire que sus pulmones parecían querer respirar a como diera lugar.
— Bien.. supongo que es suficiente. — Musitó el castaño quien dejaba la bolsa en su respectivo lugar, abandonando el sitio para posicionarse nuevamente en la creciente oscuridad de la acera. Muchos tendrían algo de precaución por lo que podría llegar a suceder, pero lo cierto es que aquél pequeño pueblito escondido entre los árboles no tenía ningún peligro ‘’real’’. Solo para aquellos que eran capaces de observar, más allá de los sentidos, del ser humano, seres que invadían su cordura de forma tan persuasiva que se llegaba a plantear si realmente el mundo era lo que se le fue encomendado alguna vez, en tareas, libros, y experiencias vividas. Que va, Greenwood no pensaba en ese tipo de cosas todo el tiempo, solo era un adolescente más, tenía las pintas de un adolescente más, pero.. con un.. pequeño secreto que mantenía oculto de su único familiar allegado, un ya senil anciano que veía los primeros pasos de su nieto en el mundo de los adultos a pesar de su corta edad. Entre paso y paso, podían oírse los ruidos de botones siendo presionados así como los diversos sonidos que uno escucharía al jugar un videojuego, o ver una película, el muchacho caminaba tranquilamente por la verda mientras se perdía en un vago mundo de fantasía atraído por las inertes sensaciones de escapismo que cada tanto, necesitaba para lidiar con su nueva vida. Indecoroso, y poco sutil, Jeff avanzaba sin percatarse de que alguien estaba frente al punto de destino al cual se dirigía. Su hogar, en un pueblo repleto de casitas y humildes puestos de trabajo, estaba ubicado al borde del mismo conjunto de pequeños edificios, limitando con la gran ciudad. Una pequeña casa estilo americano de color celeste, de dos pisos, pegada a un pequeño super mercado que tenía por nombre: ‘‘NoNo’s a GoGo!’‘. El castaño traía puesta una bufanda roja, así como su clásica vestimenta que; cualquiera que lo conociera, reconocería al instante: una sudadera verde oscura con una capucha finalizada en un contorno de algodón negro, un pantalón de gimnasia para conservar el calor corporal y llamativos zapatos de color rojo en forma de bota. — Estúpido Leviathan.. Prometo que te venceré la pró- — Fue entonces que se escuchó el ruidoso impacto del muchacho directamente contra uno de los postes de luz, cayendo al suelo y amortiguando con su cuerpo a la caída de la consola que resultó sin daño alguno, para alivio del enviciado adolescente. — ¡Maldita sea!; no te mueras.. ¡Si! — Festejó, con el tono de voz ligeramente bajo, mientras sonreía para si mismo, pero, al alzar la mirada, frente a la puerta principal del pueblo, y frente al supermercado de su abuelo, se encontraba alguien que jamás había visto antes. ¿Un nuevo vecino?, quizás, pero Jeff desconfiaba un tanto de ello, más que nada por sus prendas y por la extraña sensación que él podía captar alrededor de ese hombre; pues, lucia como un verdadero delincuente. Pero no dejó que su cabeza se carcomiera con dudas absurdas, no podía culpar a alguien que no conocía de algo que no hizo en primer lugar. Per si le sorprendía el horario al que el hombre se aparecía, pues el supermercado, por motivos de público conocimiento cerraba mucho más temprano. Jeff entonces tomó de sus bolsillos un pequeño cubrebocas negro el cual se colocó al instante, para ir a interactuar; obviamente temeroso, con ese partícular individuo. — Buenas noches, señor.. Lamento decirle que el super mercado está cerrado. —
Su semblante yacía indiferente, no era fanático de los juegos ni de socializar en general, lo poco que sabía de relaciones era lo que su animal interior podría decirle, y era que el alfa dominaba; eventualmente él se centraría en ser aquel. Aunque se reflejaba bastante bien en su atuendo, sentía que imponía cierta presencia, aunque ahora mismo otra se acercó a él, sus globos oculares lentamente dirigieron su mirar hacia aquel más bajo, parecía un adolescente, a juzgar por el olor y la cantidad de hormonas que podía detectar, más o menos sabía que aquel se encontraba entre los catorce y diecisiete daños de edad, lo que unos sentidos tan afilados como un cuchillo podían hacer eran una maravilla. Pero, aquel mirar tan intenso como la repentina mordida de un lobo en la yugular, una sensación fría pero terrorífica, aunque no yacía con intenciones hostiles frente a él, era difícil reprender ese aura ya que la liberaba naturalmente, era obvio, un lobo siempre permanecía alerta incluso en manada. Su movimiento fue hábil, de su bolsillo otro cigarro fue tirado hacia arriba desde su pulgar, como al tirar una moneda, y tal precisión para interceptarlo con la boca casi sin la necesidad de moverse. Luego cubriendo aquel con su manos y utilizando el típico encendedor, y ahí fue cuando su aliento se mezcló con el humo provocado de aquel objeto. Otra cosa que notó al instante fue la presencia de aquel tapabocas en su rostro, para su fortuna, su genética le impedía enfermarse fácilmente, así que virus como ese le importaban más bien poco, pero era lo suficiente como para ver una pequeña mueca de molestia en su rostro, la debilidad humana, algo que jamás le gustó y nunca le gustará.
— ¿Cuándo abre? — Preguntó, en seco. Removiéndose el cigarro de la boca con la diestra. La noche se estaba acercando y él yacía impaciente, quería comprar algunas cosas para poder encerrarse en su habitación, si bien desde niño controla sus ‘‘arranques’’, siguen siendo frenéticos como ser atropellado varias veces por un auto, y prefiere evadirse esas torturas. El rostro de aquel hombre joven era seguro, sereno y extrañamente salvaje al mismo tiempo, como si intentara no aparentar para nada lo que llevaba dentro, y es claro, cuando lidias contigo mismo, debes ser tan frío como puedas, para alguien que libra esa batalla constantemente, es bastante sencillo.
La noche dominaba cada rincón del pueblucho poco a poco, y Greenwood nuevamente había dirigido su vista hacia el videojuego, al momento en que el susodicho fumador se atrevió a llevar otro de esos contenedores de nicotina directo a sus labios. El castaño no despreciaba particularmente a los fumadores, pero si a los cigarrillos, los consideraba un vicio innecesariamente dañino y un riesgo constante para la salud; sin embargo, en esos momentos no iba a dárselas de moralista, al menos, no todavía, al fin y al cabo, estaba tratando con un completo desconocido. El semblante del caucásico chico de ojos verdes se transformó en uno de leves nervios mientras rascaba su mejilla con una pequeña gota de sudor que recorrió su patilla y mejilla hasta caer al suelo. Sus iris iluminadas por un extraño brillo reminiscente por unos instantes se dirigieron a cada lado de la calle, ni una sola alma recorriendo el sitio.. Fue entonces que un incesante sentimiento de adrenalina comenzó a correr por todo su cuerpo, como si de alguna manera le advirtiera de que debía salir corriendo; algo detrás de ese fumador estaba.. fuera de lo normal. — Eh.. recién en la mañana. — Alrededor de las 9:00 o 10:00 A.M., más que nada por el senil anciano que dirigia el local, nadie podría quedarse tanto tiempo despierto. Pero cuando pensó que las cosas no podían empeorar, sin que el se percatara, uno de los tornillos que sostenía el enorme cartel de entrada se había soltado, cayendo por un pequeño espacio abierto que llevaba al alcantarillado del pueblo. Por otro lado, la sombra de un ente casi espectral se asomaba por el hombro del castaño, quien nervioso se dió la vuelta, rematando toda la tensión de la charla al encontrarse con un anciano bonachón, sonriente, que cargaba tan solo un pijama de color amarillo, pantuflas y una escoba con la cual barría la entrada de forma disimulada. ‘’Veo que hay alguien nuevo en el pueblo.. Jeff, ya es hora de ir a descansar. Será mejor que vayas a tu cuarto..’‘ En parte, el anciano también prescindia el aura amenazante que rodeaba al aparente delincuente, por lo que la seguridad de su nieto estuvo en primera instancia. El castaño no deseó abandonar, pero cuando siquiera consideró acotar algo, el fuerte ruído del desprendimiento de una de las vigas soltándose del techo dejó caer al enorme cartel, el cual se dirigió rápidamente hacia la cabeza del hombre viejo quien no pudo siquiera reaccionar hasta que.. parecía ser demasiado tarde. Greenwood se arrojó, con desesperación, sin saber lo que podría llegar a pasar después. — ¡Cuidado! — Exclamó, consternado, mientras todo por un momento parecía ralentizarse como si fuese alo decisivo, en el camino de esos tres extraños.
La escena le era lo suficientemente sofocante para querer matar a ese pequeño frente a él, verlo despertaba cierta lujuria sanguinaria de aquel instinto cazador; lo veía endeble, fácilmente una presa, podría ser un gran festín y era una idea tentadora pero… su naturaleza humana no se lo dejaría tan fácil. Aquel objeto ya estaba haciendo efecto en su cerebro, opacando las endorfinas por la nicotina, aquel ojiazul respiró profundamente con el objeto en la boca, su capacidad pulmonar era evidente, cuando consumió por completo toda la colilla en un santiamén. Y al exahalar una cantidad incesante de humo salía disparada como el de un generador. — Ya veo, gracias. — Comentó, intentando mantener la calma, la noche era precisamente una pesadilla por lo difícil que era controlar aquellos arranques de su lado lupino, y antes de que siquiera pensara en dirigir su pié hacia otra dirección, una voz añeja y senil interrumpió el mecanismo de su pensamiento. Miró al anciano sin alterar aquel rostro sólido como roca, ni siquiera mantuvo una reacción, hasta que… sintió algo extraño, su oído, su olfato, como un llamado interno de la desgracia hizo un eco en su psique, algo pasaría, una intuición sin igual para el peligro paranormal, era una de las características distintivas de aquellas bestias licántropas. Y la conversación tomó un aire secundario para él, ni siquiera con su oído escuchó lo que el anciano dijo, estando exclusivamente concentrado en qué sucedería. Allí fue, ese gigantesco cartel estaría a punto de aplastar al anciano, y el chico a su lado no sería lo suficientemente rápido. Para su fortuna, su pié se encontraba tensado segundos antes de que siquiera se desprendiera. Sus músculos, hechas con pura fibra, permitían una densidad muscular extra, una elasticidad tal que la potencia de su explosividad se disparaba decenas de veces por encima del humano, despegó a tal velocidad que una corriente de aire de la talla de la de un ventilador industrial sería dejada a su paso, y con unos sentidos agudos como una hoja de cocer se abalanzó al peligro.
Ocurrió en menos de un instante, pero aquel joven extendió el brazo por encima de la cabeza del anciano, y pese a la masa del cartel, la cual rompería fácilmente el brazo de cualquier hombre adulto, su extremidad no cedió, sino que… la sostenía fácilmente. Era una fuerza increíble para una extremidad tan delgada, algo comparable a una película de ficción, pero su rostro, seguía igual de inmutable que siempre. Y con total calma, dejó aquel cartel a su lado, con la misma mano que lo atrapó. Tal nivel de fuerza era algo difícil de esconder, por lo que simplemente pidió algo. — ¿Podrían no decirle a nadie de esto? — Disimulando el nerviosismo oculto en su rostro. No quería asustar a sus nuevos vecinos, más de lo que su imagen ya lo hizo.
La situación fue increíblemente confusa, ni el más joven ni el más anciano pudieron ver lo que realmente sucedió, y cuando aquello estuvo frente a los ojos de ambos, simplemente no podían creerlo, no querían creerlo. Aquella proeza fue digna del mayor Heráclito, y aunque había sido impresionante, tanto nieto como abuelo se miraron directamente entre si, lentamente dirigiendo la vista el uno al otro para regresarla hacia el muchacho de ojos azules, y repetir el proceso alrededor de séis veces. En resumidas cuentas, más que sorprendidos y curiosos, estaban horrorizados y muy desenfocados de la situación. Sin nada más que decir, ambos negaron con la cabeza al mismo tiempo, haciendo el parentezco familiar algo mucho más obvio. — No.. — Musitaron ambos a la vez, suponían que ignorar la situación era lo mejor que se podía hacer en a quél momento, aunque Jeffrey ya había confirmado su punto; muy en el fondo de su ser, ese sujeto no era normal, y tal vez.. su trabajo tarde o temprano exigiría que le de fin, pero eso era harina de otro costal. Fue entonces que el hombre de avanzada edad se acercó al recién llegado hombre de ojos azules usando la escoba como un bastón. ‘‘En fin.. ¿Quién dices que eres?’‘ Obviamente el hombre deseaba respuestas, pero no iba a atosigarlo ni obligarle a hablar si su congénere se sentía incómodo. Por otro lado, Jeff solo le dirigió una mirada un tanto más pesada y amenazante al hombre de fuerza sobrehumana; era como decir.. ‘‘Esto no se queda así.’‘
Se empezó a reprochar a sí mismo salvar a ese anciano, para no armar tanto jaleo, pero su cuerpo reaccionó solo, fue un movimiento más instintivo que voluntario, a esta altura no podía hacer mucho más que mostrar su superioridad, así como un animal goza del privilegio de su fuerza para marcar un terreno como suyo, él decidió marcar esta conversación como propia, ¿cómo? Al colocar las manos en los bolsillos, de forma tan relajada y sutil, el lenguaje corporal dictaría que él estaba en plena calma, no suponían ninguna amenaza para él y por ende, llevaría desde ahí, nuevamente desprendiendo ese aura amenazante. Que hablando de amenazante, se dio cuenta de la mirada de aquel más joven, era sencillo, olía las hormonas de su cerebro, podía predecir el estado de ánimo, el olfato canino era fácilmente millones de veces mejor que el de cualquier humano, sin embargo, desvió ligeramente la mirada, no le suponía interés alguno. A sus ojos, era ver un cachorro ladrarle a un camión, nada de lo que hiciera haría efecto. No obstante, su atención ahora yacía en el hombre mayor, que parecía ser el que más valentía tenía como para acercársele. — Están siendo un poco hostiles con aquel que les acaba de ayudar, ¿no les parece? — Independientemente de la situación, realmente le molestaba que su inconsciente acto de buena fe esté siendo tan criticado por sus características, no duda de su sorpresa, pero ya la mirada anterior de aquel crio fue suficiente para ponerlo de malas. Arqueó la ceja, aún así se presentó. Empezó por señalar su nueva vivienda. — Soy su nuevo vecino, pueden llamarme Mak, para abreviar. — Esperaba llevarse buenas primeras impresiones, pero parece que se arruinó.
No podía pedir demasiado de dos civiles ‘’comunes’’ al presenciar semejante proeza, Greenwood por lo menos no se fíaba de ese tipo de cosas en lo más mínimo, pero el anciano solo sonrió levemente de lado, mientras se acercaba a paso lento frente al presunto Hércules de pintas callejeras. El senil hombre se aclaró la garganta mientras hablaba con la gentileza que correspondía a los hombres de su edad, todo podía resumirse a un simple susto por la situación recientemente vivida, pero el canoso solo le dirigió la palabra de forma calurosa, como si estuviera tratando con un muchacho más de los tantos que rondan por allí. ‘‘Está bien, puedo suponer que te sientes amenazado por la mirada de mi nieto.. Pido disculpas, el no convive con la gente muy a menudo.. Por otro lado, te agradezco mucho.. mis viejos huesos ya no me permiten moverme con tanta agilidad.. Y en cualquier caso, bienvenido al pueblo, Mak.. Mi nombre es David Greenwood y este es mi nieto.. Jeffrey.’‘ Cuando mencionaron su nombre, el castaño mostró leve incomodidad, agachando ligeramente la mirada y solo pronunciando un ‘’hola’’ por lo bajo mientras se daba la vuelta para ir hacia el supermercado. Por otra parte, se pudo ver por un instante como aquel vejestorio miraba a su nieto alejarse con cierta apatía y melancolía, dejando huir un suspiro entre sus ya arruinados labios por la edad. ‘‘Lo siento.. supongo que es el miedo al ver a alguien tan.. particular. De cualquier forma.. soy dueño de este supermercado.. puedes venir cuando quieras si necesitas un producto.. y si no tienes dinero, puedes tomar lo que desees y pagarlo a tu modo.. Como agradecimiento por salvar mi espalda.. Ya quiero tomar mi cocol..’‘ El hombre entonces se sostuvo de las paredes para caminar hasta un pequeño aparcamento de bicicletas que estaba en la entrada, tomando un pequeño palo/bastón que se encontraba allí para caminar hacia la puerta del almacén de productos. ‘‘Ya es de noche.. ¿por qué no pasas a beber algo y nos cuentas de ti?’‘
Común era una palabra muy subjetiva, una barrera de un calibre como el de la moralidad o el opinión, algo que pueda ser común para uno, será una rareza para el otro. No es un caso aislado, ocurre en miles de partes del mundo, podría decirse que este momento es del calibre de un choque cultural, aunque este sería irse por las ramas. Lo que los compete ahora mismo es un tema más entrañable, fuera de aquel rostro repleto de apatía y salvajismo que proyectaba el de cabellos ocre, ante aquellas dos pequeñas presas ante su merced, la noche se asomaba poco a poco hasta cubrir enteramente el cielo estrellado, y naturalmente, aquel animal interno brotaría como un purulento impulso de acción, adrenalina e irritabilidad. Pero rápidamente, antes de cometer cualquier acto que pudiese delatarlo, colocó otro de aquellos instrumentos autodestructivos en su boca y procedió a encenderlo. La nicotina actuó rápido, su metabolismo lo volvía a salvar de cometer otra estupidez, así como en su pasado. Aún así, se notaba lo tenso que se puso de repente, aunque intentara disimular su tranquilidad, ardía por dentro casi con ira. Cuando se acercó aquel anciano, fue incluso más evidente. — No me malinterprete, señor. Ninguno de los dos me representa amenaza, en términos de fuerza, estoy por encima. Sin embargo, me pareció algo absurdo la reacción de él luego de mi acción. — Pese a su aspecto, habló con bastante educacion, y a decir verdad, se sinceró sobre lo casi ofendido que estaba respecto a la actitud de aquel muchacho, y recriminó su falta de participación. Cosa que se reforzó cuando mostró esa timidez tan extrema y poco temple al pronunciarla, ¿así serían los jóvenes de aquí? Esperaba que no, su carácter lo obligaba a estar con personas fuertes, poco sensibles, un leve gruñido salió de sus labios. Sin embargo, relajó el semblante luego de escuchar al anciano. Un trago no le vendría mal, y asímismo estaba algo escaso de dinero, lo gastó casi todo en sus viajes para venir a este sitio, que no fueron pocos. Y simplemente se encaminó hacia la puerta, detrás del viejo varón. Con manos ocultas en los bolsillos, y mirando la luna antes de entrar. — Acepto. — Musitó antes de cruzar la puerta del local.
El anciano tan solo asintió, ya había quedado lo suficientemente claro y seguir dando vueltas sobre el asunto solo generaría más discordia a la larga, por lo que prosiguió con su caminar hasta ingresar al mini mercado. No había nada fuera de lugar realmente en ese sitio, nada que estuviese fuera de los parámetros normales, solo, mercadería, mercadería, y más mercadería un tanto desordenada, a la par que el senil hombre sentía por mero instinto como la ira creciente en el corazón del pandillero con cigarro poco a poco se apagaba, junto al cerrar de la puerta automática. El hombre se acercó directamente a la parte trasera del negocio, presionando un pequeño botón en la pared, el mismo desplegaría una puerta con placas de metal reforzadas para proteger el negocio durante la noche, por lo que una vez finalizado ese proceso, nuevamente el abuelo se dió la vuelta para dirigirse a su tan peculiar invitado. ‘’No te preocupes, saldrás por la puerta del otro lado, esto es solo para evitar ladrones de pacotilla, aunque en este pueblerucho nunca sucede nada..’’ O bueno, eso decía él desde su completo desconocimiento. Por otro lado, Greenwood se encontraba en la zona del hogar directamente, revisando un pequeño grimorio, aquél peculiar libro que se había encontrado hacía ya unos cuantos meses, en medio de un polvoriento altar escondido bajo las profundidades de la tierra, con polvo hasta donde pudiese asomar la vista.. Monstruos, ritos extraños, todo se encontraba entre esas páginas, y la inmersión en ellas era tanta que no pudo escuchar los pasos de su abuelo acercándose a la cocina a preparar las respectivas bebidas. ‘’Aquí tienes, recién preparada.. Cortesía de NoNo’s A GoGo..’’ Se trataba de un Capuccino clásico, acompañado de un par de tostados que el mismo senil preparó, fue entonces que él se dió la vuelta para llamar a su nieto quien se encontraba anotando todo en una libreta pequeña que solía cargar para todo. ‘‘Jeff, baja por favor, ya está el bocadillo nocturno.’‘ Para el muchacho había preparado un pequeño chocolate, con un malvavisco, nada muy extravagante, pero al oír su nombre, el castaño abandonó casi al instante su lectura para ir hacia donde estaba el par, nuevamente topándose con el fumador compulsivo. Su rostro si bien no mostró desagrado, ni si quiera se molesto en detenerse a saludar, simplemente acompañado de su libreta, agradeció a su abuelo con un sutil movimiento de su cabeza, bebiendo del tentempié mientras anotaba cosas en su libreta. Ante aquél gesto, solo recibió una palmada y revuelta de cabello por parte del senil hombre quién arrojó una carcajada un tanto sonora. ‘‘Vamos, Mak, tómalo, se pondrá frío pronto.’‘
Al entrar con la guía del anciano no presenció la gran cosa. Aunque su visión nictálope le permitía presenciar casi a la perfección todo detalle alrededor, no comentó gran cosa, por otro lado, su olfato y oído le permitieron entender las características del sitio ráidamente con cada paso dado. Asumiento que seria de una muy mala educación, miró el atado de cigarros que tenía en su bolsillo; no podría recurrir a esto un rato así que pensó en mentalizarse lo más posible, no quería explotar en este sitio, eran gente inocente y si bien quería, no era un asesino. — Me imagino, entiendo que este pueblo es relativamente nuevo, apenas tiene 60 años, ¿no es así? Tampoco huelo muchas armas cerca, será que en serio es bastante pacífico. — Se hace incapié en la expresión ‘‘oler’’, ya que como los lobos, él se guía principalmente por los olores, y llega a depender de su olfato mucho más que de su vista. Y al mover su nariz, casi no hay de ese aroma a la pólvora de las balas, ni siquiera disperso. Sin embargo, un olor que sí inundaba su nariz era otro particular. El mismo que llegó a captar hace nada más que minutos, momentos antes de que el anciano casi muriera aplastado, no quiso darle importancia pero provenía de un lugar muy cercano, no podía ser un olor disperso, ¿otra cosa sucedería?¿qué podría significar? Usó su índice para rascar levemente su órgano olfativo. No le daba buena espina, para nada. Gracias a la invitación del anciano, mostró la mejor educación que pudo recordar tener. Y se sentó a esperar donde se le fue indicado, captaba el aroma a la bebida y la comida rápidamente, debía añadir que pudo incluso mostrar una ligera mueca de felicidad ya que, hace bastante no recibía de estos gestos tan hogareños, realmente, se acostumbró demasiado a tomar alcohol y comer chatarra últimamente, mofándose de su resistencia natural a toda clase de químicos. Sin embargo, al fin entendió el origen del olor, ese muchacho. Al que dirigió una mirada discreta, pero severa. Sentía que estaba jugando con cosas que no debía perturbar, quizá es esa antigua maldición hablando por él, pero inconscientemente, sabía que ese castaño corría gran peligro. Asintió levemente en agradecimiento al mayor, y empezó a tomar la bebida, la temperatura no le fue un problema, se lo bebió al primer sorbo, como si de una aspiradora se tratase. — Sinceramente, no pensé toparme con gente dispuesta a hablarme. Normalmente no llevo pintas que puedan ser apreciadas por los demás, agradezco eso. — Rompió el silencio con un comentario que a los demás probablemente les resulte algo incómodo, pero como alfa que pretendía ser, nunca se guardaba nada, y siempre era elocuente, pretendía ser llevadero para hablar y discutir. Además, quería hacer que ese castaño hablase, porque lo que tenía ahí, lo que su mano movía, esos movimientos resonaban en su cabeza como que algo realmente malo pasaría. Es como si lápiz de Greenwood, al moverse sobre el papel, estuviera escribiendo la palabra ‘‘detente’’ sobre la frente del licántropo.
Solo por la presencia del dueño de la tienda el ambiente no se volvía más tenso de lo que ya era, el pueblo podía ser tranquilo, sí, pero los misterios que lo rodeaban y esa característica tan particular de atraer lo paranormal, corría la voz entre la casta del castaño. Por otro lado, el anciano degustaba una pequeña taza de té de tilo recién servida bajo el aroma a lavanda que desprendía cada mueble del sitio. ‘‘Exacto, digamos que es una división de dos sitios limítrofes.. más que nada por los problemas que había entre inmigrantes y norteamericanos.. Pero todo ha quedado en el pasado..’‘ El hombre simplemente movió la cabeza de lado a lado, en un gesto negativo; como veterano de guerra, sabía que lo que había dicho era una ferviente mentira, el racismo y la xenofobia en los Estados Unidos era moneda corriente entre los ciudadanos del sitio e incluso los que eran de afuera; simplemente, el odio entre unos y otros parecía no tener fin. Por otra parte, Jeffrey se encontraba haciendo círculos en un punto específico de su libreta.. Cierta persona seguia desaparecida, y, a pesar de que ya era un investigador matriculado de la discreta organización, sus esfuerzos por encontrar a ese civil perdido eran completamente inútiles, por lo que a cada segundo que pasaba, parecía querer escribir más acelerado, con más insistencia. El anciano se sorprendió, más sin embargo, arrojando un leve silbido entre sus labios mientras llevaba la taza a la mesa y metía sus manos a los bolsillos. ‘‘Eso si fue rápido.. Te quedaste con hambre muchacho?’‘ Preguntó el senil Nono, como le solían llamar, arrojando otra de sus características carcajadas ante las palabras a las que se vió envuelto. ‘’La gente en este país es muy prejuiciosa.. basta un color de piel o una prenda para que te tachen de esto o lo otro..Pero nosotros no somos así, ¿cierto Jeff?’’ Le habló directamente a su nieto, para hacer que aportara algo a la conversación, pues conocía la naturaleza en extremo reservada y desconfiada de su único familiar. El muchacho lentamente alzó la mirada y dió vuelta su libreta en pos de que no noten lo que estaba escribiendo, dejando escapar una única palabra de su boca, en un tono frío y más que distante. — Cierto. —
Aún lo sentía, era como si le picteaban la cabeza. Su sombra, casi era la de una manada de lobos enfurecidos gruñéndole al castaño por esos garabatos que trazaba sobre el papel, podría decirse que literalmente la vena en su frente estaba a punto de reventar. Prefirió evadir mirarle, para responder al anciano, poco a poco su ánimo, o más bien ira, se calmó. Mantenerse a raya normalmente era algo difícil, lamentaba eso, por todos los que llegaron a conocerle en algún momento. Suspiró. — Es bueno saberlo, yo vengo de un lugar un poco complicado. Haha. — Rascó su nuca con algo de vergüenza, no sabría si decirlo lo dejaría peor parado de lo que ya estaba respecto a opiniones. Pero no perdía nada con ser honesto, al fin y al cabo el que no debe, no teme, aquel mayor resultó ser bastante simpático para lo que está acostumbrado. Luego de devorar su ‘‘comida’’ de semejante manera, suponía que era normal que le preguntasen, reaccionó casi con torpeza, no por falta de habilidad; sino de costumbre. Él comía hasta diez kilogramos de comida cada que podía, era casi su mínimo para ingerir, y casi siempre era carne, esto no era ni un bocadillo en ese sentido, por lo que no supo responder bien, tartamudeó. — ¿Eh? A-Ah… No, no se preocupe por eso. Estuvo delicioso, muchas gracias. — Mostró su faceta más jovial, ahora no siendo tan frívolo o atemorizante, aunque ese aura siguiese rodeándole el cuerpo, era más bien psicológica. Pero siguiendo con la conversación, suponía que sería más eficaz ser directo con él. Y señaló aquel papel doblando la muñeca, casi con incertidumbre, aunque fingida, casi ni se notaría, puesto que no era mal actor. — ¿Qué tanto escribes ahí? — Lanzó esa pregunta al castaño, con ojos curiosos. Pero cierta frialdad invadía la pregunta, ya que de algún modo u otro, le estaba dando a entender al castaño que realmente sabía que estaba jugando con cosas que no debía, pero suponía que fue demasiado sutil, al menos como para que alguien lo notase.
Su lápiz se seguía deslizando sobre el papel sin intenciones de detenerse; caracter irritable, aparente super fuerza, entre otro tipo de características le daban cierta idea de lo que podría estar tratando, solo entrecerró los ojos y garabateó algo al azar para ocultar su investigación en caso de necesitarlo, pero algo estaba claro, el castaño ya tenía, por lo menos, tres planes para contener al individuo en caso de ser necesario, o por lo menos, eso intentaría. El senil se mostraba cada vez más interesado por lo que decía el muchacho y en parte había confirmado su hipótesis; venía muy probablemente de los barrios bajos de territorios como la Costa Este, lugar en donde la delincuencia proliferaba por mucho en contraposición a los pequeños pueblos y ciudades rurales de Oregon. El viejo acarició delicadamente su propio mentón a la par que procedía a pensar.. ‘‘Vaya.. Me imagino que haz de venir de la Costa Este.. si, solía vivir allí cuando llegué a este país. Es un sitio algo peligroso con el tema de las drogas y las pandillas.. Pero el ambiente se extraña un poco, era más divertido que un pueblucho aburrido, hahaha!’‘ El anciano se carcajeó otra vez, tosiendo un poco en el proceso pero era porque su propia saliva resultó trabada en su garganta, finalmente, se contrapuso ante dicha situación y volvió a su estatus, dirigiéndole la mirada a su invitado nuevamente. ‘‘Bueno, sabes que, si de todas maneras necesitas algo, siempre puedes venir a buscarme.. Abrimos de 9 de la mañana a 22 de la noche.. A veces cierro un poco temprano por cansancio pero siempre intento respetar el horario.’‘ Arrojó un dato clave para la convivencia de los tres, o mejor dicho, para la convivencia de los dos, el castaño y el presunto pandillero; ante la pregunta que este último le hizo al investigador, el mismo no hizo más que simplemente mostrar una hoja con un listado y pequeños garabatos de diferentes artículos de la tienda, casi como si le estuviera jugando una broma al sujeto que tanto sospechaba de él.
— Solo estaba anotando algunos artículos que hacen falta en la tienda.. Creo que faltan 16 latas de atún, y dieciocho six pack de DR. PEPPER para el fin de semana.. —
Aquel anciano sin embargo le estaba comenzando a caer de buena manera, era obviamente raro que se llevara con la gente mayor debido a su carácter y apariencia, pero parecía que alguna chispa de juventud aún no se le apagaba a aquel costal de huesos. Mostró incertidumbre pero calma, por aquellas actitudes tan… osadas del castaño, en cierto sentido le era fácil darse cuenta, olía las sustancias que recorrían su cerebro, se podría decir que sentía sus intenciones, y el solo acto de desafiarlo le estaba hirviendo la sangre. Él no tenía ni idea, pero seguía siendo una bestia que podría ser fácilmente catalogada como un rango de Oro en aquella asociación a la que pertenece, y fácilmente podría acabar con la vida de todos en aquel pueblo abandonado en la nada. — ¿Extrañas tener que dormir con un ojo abierto? Incluso yo siendo joven preferí irme de allí. Mi familia era numerosa y no la pasábamos bien. — Espetó con más calma hacia el hombre mayor, mostró tranquilidad mientras apoyaba el antebrazo en la mesa, una serie de modales poco cualificados, más bien brutos, pero no tan inadecuados. Ya que aquel solía vivir allá, así como él, mostrarse más natural era lo menos que podía hacer, incluso, llegando a reír levemente durante su comentario. Aquel último diálogo del hombre le recordó lo que venía a buscar; una vida tranquila. Y para ello necesitaba un sustento economico, aquí no hay pandillas, ni tráfico de drogas, al menos no tan exagerado, y volver a ir por un camino del que se pretendía alejar… no era adecuado, incluso si era lo único en lo que se destacaba. — Eso me recuerda. ¿Tiene idea de dónde podrían estar ofreciendo algún trabajo? — Estaba de más decirlo, pero aquel pelinegro no tenía ni siquiera la educación secundaria terminada, por lo que en labores mentales era prácticamente inútil, para su suerte, contaba con aquella naturaleza lobuna que le permitía realizar proezas sobrehumanas, en maquinaria física era quizá de los mejores para labrar monedas. — Nada muy complicado, mejor si es solo físico, sinceramente soy pésimo en matemáticas. — Como la mayoría, probablemente. Ante el gesto del castaño, el italo-americano arrojó una mirada soberbia, más bien friolenta. Solía la hoja, también escuchó el patrón de sus manos al escribir antes, no era lo mismo, le estaba mintiendo. Pero no arrojó un jaleo repentino, simplemente sonrió con audacia. — También se les está acabando el chocolate. Deberías anotarlo. — Y acertaría, ya que cuando pasó por la almacén con el anciano, las cajas de aquel chocolate para la leche tenían un olor débil a comparación de otras.
Quizás lo poco que quedaba del encanto Greenwood era ese anciano bonachón, porque su nieto era todo lo contrario a alguien simpático; siempre tan callado e inmiscuído en su propio ser que rara vez se detenía a pensar en los demás cambios que sucedían a su alrededor. El senil hombre pronto puso sus manos en la espalda mientras sonreía entre carcajadas que trataba de contener para poder dirigirse al invitado de forma más cordial y respetuosa. ‘‘Supongo que si, era más divertido huir de la policía luego de pintar grafitis o hacer vandalidades.’‘ El hombre rió otra vez por recordar los tiempos en los que era un pillo molesto, cual clon de Tom Sawyer en algún rincón de la afamada y para nada querida Costa Este, por otro lado, asintió nuevamente ante lo que dijo, mostrándose comprensivo frente a las palabras del perspicaz muchacho. ‘‘No esta mal migrar para buscar una vida mejor, yo lo hice y puedo decir que América me ofreció mil y un cosas que mi país de orígen siempre me negó, entre ellas.. un hermoso y callado nieto.’‘ Declaró el anciano mientras acariciaba y revolvía los cabellos de su respectivo descendiente, gesto al que Jeff solo respondió con un leve, muy leve rubor de vergüenza al momento de seguir garabateando su libreta. Nuevamente había regresado hacia su planificación sobre como detener a alguien con fuerza sobrehumana; tenía las ideas, pero carecía de los recursos, por lo que solo arrancó las hojas que llevaba en la susodicha y las guardó en su bolsillo tras hacerlas pequeños bollitos, era importante que tuviera esos cálculos encima. ‘‘Bueno, verás..’‘ Musitó el viejo una vez más, un tanto pensativo, pues sus años comenzaban a pasarle factura y los ladrones poco a poco se inmiscuían cada tanto en el pequeño pueblito de Writtens. Su nieto trabajaba y estudiaba por lo que poco tiempo tenía para pasarlo en la tienda, así que.. esa oportunidad solo dibujó una sonrisa en el rostro del abuelo. ‘‘Tengo un puesto libre como repositor, no te prometo una paga millonaria pero si que vas a ganar bien, tendrás almuerzo, merienda y cena si es necesario, también dos días libres a la semana. Ya estoy algo viejo y no quiero que pase nada con mi pequeño negocio..’‘ Y cuando mencionó lo del chocolate, el anciano se sintió aún más complacido, pues sabía que sería un buen empleado al percatarse de detalles tan importantes para un mercado como la posición del stock. En contraposición, Jeff nuevamente alzó la vista de su libreta tras anotar algo más, respondiéndole al pandillero con la misma calma tan incesante referente a la que hace unos minutos le otorgó las ideas para contener a semejante criatura en caso de necesitarlo. — Gracias, lo tendré en cuenta. —
— Yo aún tengo las marcas de cuando un poli me intentó atrapar luego de dibujarle el auto. — Se quitó su chaqueta para mostrar su codo izquierdo, el cual tenía una marca similar a un corte, cuando se cayó intentando huir. La herida cerró muy rápido pero la cicatriz prevaleció, como recuerdo al menos, suponía que era una buena anécdota para contarle al anciano. Dejando aquella prenda de cuero en el respaldo de la silla, para volver a sentarse, ahora yacía en una camiseta de mangas cortas, color azul marino. Escuchó con atención las palabras de aquel hombre, quizá fue buena idea irse después de todo, no mentiría. Sentía cierto pavor de no saber qué hará ahora de su vida sabiendo que su lugar estaba en esos barrios de mala muerte, se mostró un ligero suspiro. — Yo solamente espero poder encontrar una vida tranquila. — Se sinceró, sus ganas de muerte y violencia humana se llenaron en ese sitio, toda su anterior pandilla ahora debían estar en la morgue. Mostró cierta melancolía, pero disimulada, no quería amargar el momento. En ese momento, su pequeña riña silenciosa con el castaño pasó a segundo plano cuando aquel anciano le ofreció trabajo. Quería decir que tenía ante él una oportunidad nueva para reinstalarse adecuadamente en la sociedad como nunca pudo. Se levantó rápidamente, apoyando ambas palmas en la mesa, el problema radicaba en que él apenas manipuló su fuerza en eso y… el estruendo fue voraz pero por suerte no rompió la mesa, pero se veía la alegría en el rostro. — ¡¿En serio?!¡Muchas gracias! Prometo no decepcionarlo. — Espetó ante el canoso, estaba muy aliviado de tener esa oportunidad. Y claramente la cumpliría, tiene un mal temperamento pero siempre cumplía las promesas que hacia.
‘‘Hahaha, oh.. los policías.. dejan libres a criminales peligrosos pero siempre encuentran la forma de someter a alguien que tan solo dibuja sus autos. Yo tengo esta de cuando me agarraron luego de dibujar en el mural de la comisaría.’‘ En respuesta, el anciano se levantó suavemente la boina que llevaba puesta para mostrar una cicatriz que iba desde su nuca hasta su frente y cruzaba apenas con una de sus cejas, producto de un fuerte golpe con una de esas macanas que más que golpear a veces parecían cortar, pero solo era cosa del pasado. ‘‘No te preocupes, en este pueblo nunca pasa nada, te vas a aburrir incluso. La mayoría de habitantes somos ancianos, ha ha ha.’‘ El hombre se mostró sonriente hasta que el ruido de la mesa lo alertó, sosteniéndose el pecho mientras se agarraba de la pared; no, no había sufrido un ataque pero en defintiiva si había sido un susto bastante fuerte. Soltó un leve suspiro mientras hablaba algo entrecortado pero arrojando cada tant una carcajada. ‘‘No te preocupes muchacho, pero todavía es muy temprano para llevarme al otro lado, puedes venir en la mañana si te parece para que Jeff te muestre como trabajamos aquí.’‘ Fue en tonces que Greenwood alzó levemente la cabeza de su libreta con una expresión de sorpresa y a su vez, decepción, ¿enserio él tendría que encargarse de esa labor?, cruzó miradas con el invitado y le dirigió una visión particular; esto, esto solo acababa de iniciar.













