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Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ

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@gretaduarte-blog
tbabinskx:
Elevó una de sus bien delineadas cejas oscuras, incapaz de creer la honestidad hallada en las promesas versificadas. “Con intentarlo no pierdes nada.” Fue su única replica antes de oír poco después las muy acertadas descripciones del dulce, entre tanto sus curiosos dedos cazaban un blanquecino malvavisco del bol y se lo metía en la boca mientras la voz de la morena se volvía en su único interés. Un vago asentimiento de cabeza se hizo presente, era la única forma en la cual logro manifestar su aprobación, estaba muy ocupada masticando como para emitir palabra alguna, mas entonces tragó con la ansiedad acariciando su piel e segundos después dio rienda suelta a su lengua: “Creo que es incluso después de cinco… Es como un arma de doble filo, podría decirse.” Comentó, ocurrencia vespertina floreciendo.
Permaneció en silencio, el malvavisco quedando a medio camino en el trayecto a su boca mientras se dedicaba a inspeccionar cuidadosamente las facciones femeninas. Una vez hubo culminado con aquellas acciones ajenas, Greta esbozó una amplia sonrisa que iluminó de lleno sus facciones. “Es como quien dice: no juzgues a un libro por su portada” empleó un tono de voz que no era el diario, la expresión bañándose con tintes exagerados. Terminó de ingerir el dulce antes de llegar a la conclusión de que había tenido suficientes por la noche aquella. “¿Sabes en qué saben mejor?” pausó, cual si verdaderamente se encontrara esperando una respuesta. “¡En un chocolate caliente!” alzó la mano, mostrando un no tan innovador conocimiento. “¿Quieres uno?” indagó, echando un vistazo a los alrededores. “Estoy segura de que no harán ninguna travesura en tu ausencia”.
theamess:
El licor dulzón rozando sus labios y entrando en su sistema. Su cuerpo apoyado en una de las paredes y ese par azulado enfocado en la silueta más pequeña frente a ella. Las imágenes corrieron en su mente gracias a su vívida imaginación, comisuras elevadas tan ligeramente pero ciertamente entretenidas. Negó, recordando que en la mayoría de las fiestas y reuniones era ella quien animaba a las féminas a beber hasta no poder más y simplemente las abandonaba para ver el espectáculo que protagonizarían desde lejos, sólo para mantener la velada algo entretenida (al menos para ella). “He visto muchos momentos vergonzosos, pero nunca los he protagonizado” palabras sinceras con ápices burlones salieron de entre sus labios, encogiendo sus hombros con el afán de restarle importancia al asunto. “supongo que he tenido suerte, no sé.”
Un bostezo ocasionó que sus ojos se tornaran vidriosos, Greta llevándose una mano en aquella dirección para tallarlos. Más tarde, terminada dicha acción, se encontró con que había desacomodado ligeramente el lente de contacto. Pestañeó un par de veces con la clara intención de acomodarlo. Cuando lo logró, echó un vistazo a la figura femenina. “¿Cuál ha sido el momento más vergonzoso que has presenciado?” entrecerró los ojos con sutileza, intentando esconder la curiosidad instalada sobre sus facciones. “Supongo que verdaderamente tienes mucha suerte” asintió con la cabeza, sacando a relucir ese lado positivo que nunca la abandonaba. ”¿Qué estás bebiendo, por cierto?” cuestionó, olfateando su propio vaso y percatándose entonces de que casi no lo había bajado.
v-arley:
Parecía estar escuchando las palabras de su contraria con atención, sin embargo, parte de su cabeza estaba concentrada en recordar dónde fue que metió la cajetilla con cigarrillos. Discreto, tanteó los bolsillos de su pantalón, ascendiendo por el interior de su chaqueta hasta finalmente dar con su vicio. Cuando la abrió observó el interior, un ceño fruncido se presentó al percatarse de que ahí quedaban sólo dos cilindros abandonados; tuvo que forzar su memoria para recrear todos los momentos donde había fumado, dirigiendo por fin su mirada oliva hasta el rostro de la morena. —¿Te refieres a que recién todos empiezan a embriagarse? —preguntó sin verdadero interés, tomando uno de los cigarros que aún poseía para encenderlo una vez que estuviera acomodado entre sus labios. Su mandíbula se tensó apenas fue contrariado, era como si de alguna manera Greta estuviera en competencia con su desaparecida amiga, algo que veía totalmente imposible y ridículo, pero decidió callar porque quizá no estaba en lo cierto. —Primero: no pareces ninguna flor delicada, eres como uno más del grupo. Y segundo: es la frase más cursi que he oído en toda mi vida. Siento que en cualquier momento se me caerá un brazo por la diabetes. —puso los ojos en blanco, pero su gesto carecía de verdadera molestia; el problema era su tono de voz, siempre el problema era su tono de voz: monocorde e inmutable, tenso, como si todas las palabras pronunciadas fueran realmente en serio. Guardó de nueva cuenta la cajetilla que tenía en su mano, dando una calada importante a su cáncer favorito. —Te ofrecería un cigarrillo, pero sólo me queda uno y no, no soy tan bondadoso. —chasqueó su lengua, tomando entre sus dedos el recién encendido, observándolo como quien admira un lingote de oro puro. Su espalda dio contra el sofá, acomodándose en una posición diferente para admirar el panorama que sus amigos comenzaban a crear.
Pensativa se encargó de echar un vistazo fugaz a los alrededores, las variadas figuras humanas entrando dentro de su perímetro visual. “Podría decirse que sí” asintió con la cabeza, segura de que habían iniciado a beber mucho antes, pero que los efectos secundarios del alcohol apenas estaban haciendo de las suyas. Algunas risas y las miradas perdidas eran señales claras de que se encontraba en lo cierto. Encogió el hombro, ajena a cualquier teoría que el contrario se hubiese encargado de sacar en relación al comentario anterior respecto a una de las Humphrey. Pese a que quizá en ocasiones podía sacar sospechas, las intenciones de Greta siempre eran genuinas. “Lo decía más por Floyd que por mí, en realidad” acostumbrada a aquel tono de voz que al inicio ocasionaba escalofríos en su espalda, asintió con la cabeza y optó por tomárselo con un toque de humor que la llevó a soltar una risa baja debido a la broma planteada segundos atrás. Sí, quizá había resultado una comparación errónea debido a que ni ella misma se consideraba poseedora de una delicadeza como la de una flor. “Puedes recurrir a ella siempre que sea así necesario” asintió con la cabeza, bastante segura de que lo más probable era que sus palabras no serían tomadas en cuenta. “¿Cómo es uno más del grupo, eh? Porque estás hablando de una mezcla muy extraña, a mí parecer” entornó los ojos en su dirección, deseando obtener unas cuantas diferencias que resultaran sobresalientes entre cada uno de los miembros de aquel peculiar montón de amigos. “Tengo muy mala experiencia con ellos, así que...” movió la cabeza en ambas direcciones para dejarle en claro que no era necesario, el humo del cigarrillo pronto colándose por sus fosas nasales. Acostumbrada estaba a aquello debido a que su madre fumaba desde que ella tenía uso de razón; siempre intentaba no hacerlo en presencia de sus hijos, pero la mayor parte del tiempo fracasaba. “¿Quieres acompañarme afuera?” porque la temperatura en el interior se le antojaba un poco bochornosa. Recorriéndose un par de espacios en dirección a la figura masculina, Greta se encargó de propinarle (con el hombro) un empujón delicado y con tintes juguetones como una especie de invitación silenciosa.
romanwell:
Achicó los ojos en gesto de suspicacia, tomándose un momento para detallar la expresión que adornaba las amenas facciones femeninas, como si intentara encontrar algún indicio que dejara en evidencia si se encontraba mintiendo. Algo le decía que las palabras de su contraria carecían de franqueza, pues verdaderamente ponía en duda el hecho de que no tuviera conocimientos a la hora de bailar. Sin embargo, decidió no vociferar sus sospechas y se dispuso simplemente a continuar con su debate interno. El de las pecas echó un dudoso vistazo a los alrededores de la habitación, comprobando que, efectivamente, los demás se encontraban demasiado absortos en sus propios asuntos como para prestarle atención a ellos. Aspiró una gran cantidad de aire por la nariz, en un intento por recaudar un poco de valentía. Venga, que no podía ser tan difícil bailar un rato. Cuando su atención volvió a la castaña, negó con la cabeza. “No,” pronunció y dio un paso hacia el frente, declinando ante la idea de posponer el baile y recurrir a los malvaviscos en su lugar. Se negaba a seguir huyendo de toda aquella situación que amenazara con llevarlo a hacer el ridículo, no podía continuar viviendo de aquella manera. Como último recurso en su búsqueda de valor, llevó el rojo recipiente en su diestra hasta sus labios para darle un largo trago. A la mierda, pensó con el líquido raspándole el esófago y la nariz ligeramente arrugada en desagrado. Pasó el dorso de su mano por su boca antes de, finalmente, tomar la mano que su amiga le ofrecía. “Hay que bailar. Aprovechemos que han decidido poner buena música,” se esforzó por sonar animado, obsequiándole a la fémina una torcida sonrisa.
Un breve pestañeó se apoderó del momento, Greta encargándose de entrecerrar los párpados más tarde con la clara intención de inspeccionar detenidamente la expresión instalada en las facciones masculinas. Alzó el mentón ciertamente impresionada, percatándose inmediatamente de aquel paso dado en su dirección cual si hubiese estado midiendo un terreno peligroso, cruzándolo únicamente cuando se sintió con la seguridad de que sobreviviría si así se lo proponía. Intentó esconder aquella sonrisa victoriosa que amenazaba con ensancharse cada vez que un segundo transcurría, fracasando totalmente. “¿Tú crees que es buena música?” cuestión bañada con tintes bromistas, la fémina moviéndose a lo largo de la habitación y encargándose de no dejar ir la mano masculina. “Esa canción la ponen todos los años y parece que nadie se ha dado cuenta de que se convirtió en una costumbre que de verdad nunca falta” anunció, dejando el vaso que había estado cargando sobre la superficie más próxima a su ubicación actual. Una vez hubo encontrado un área lo suficientemente espaciosa, se detuvo y giró su cuerpo para enfrentar una vez más a Roman. Las curvas se elevaron y acentuaron aquella amena expresión dibujada sobre su rostro, la fémina deteniéndose un instante para dejar caer los párpados y así poder enfocarse en la melodía conocida que pronto vibró en cada célula de su cuerpo. Cual si hubiesen activado un botón de encendido en su ser, Greta comenzó a moverse con esa soltura que la caracterizaba, invitando a cualquier ser humano que se encontrara dentro del perímetro a unirse a ella sin dudarlo un instante. Era cierto que algunos movimientos pecaban de ridículos y que cada vez que los llevaba a cabo desprendía ese aire seguro que llevaba a todos lados. “¿Ya ves? Soy pésima bailando” con aires exagerados, una risa breve escapando de entre sus labios.
siophyte:
Fija sus orbes claras en las ajenas, la sucesión de palabras es seguida con atención de su parte. En un comienzo habría apostado que el relato se encaminaba a sucesos relacionados con los pasados hace un año (no hay necesidad de especificar cuáles, no), sin embargo el rumbo que toma es totalmente diferente, y al notarlo una risa (suavizada por una dosis de empatía) es lo que abandona sus labios. Resulta gracioso pensar en ello desde esta posición, entiende, pero como también percibe lo desagradable que habrá sido en su momento, una mano se encarga de tapar la sonrisa que quizá no debería estar esbozando. “Ese chico sabrá entender si en un futuro alguna mujer le dice ‘no.’” Entonces los dedos de la rubia viajan hasta uno de los tragos apoyados sobre la mesa más cercana. No sabe si éste pertenece a Greta, pero, con aires bromistas, igualmente decide arrastrar el vaso lejos de ella, la risa presente evidenciando su indirecta. “Espera, ¿te… estás moderando ahora mismo? ¿significa que esperas besar a alguien esta noche?” cambia un poco sus palabras, sólo un poquito. “¿Quién sería el afortunado si tuvieses que elegir, uh?”
Sus orbes viajaron hasta la superficie cercana, observando detalladamente las acciones llevadas a cabo por la rubia. “Es posible que sí” sin poder evitarlo, un ligero sonido escapó de entre sus labios, el ya mencionado perdiéndose bajo las notas musicales sonando en una de las habitaciones de aquella gran casa. Su rostro se giró en dirección contraria, entornando los ojos al escuchar aquellas palabras que ella no había pronunciado. La señaló con el índice de la izquierda, cual si buscara advertirle que se encontraba realizando una grave falta. “Estás distorsionando todo a tu gusto, Siobhan” movió la cabeza hacia ambos lados, deseando dejarle en claro que era algo que le disgustaba pese a que la sonrisa instalada en sus labios gritaba todo lo contrario. Dejó a un lado que los verdaderos motivos que la habían llevado a aquella decisión fue lo ocurrido el año anterior al actual, pues no deseaba ser ella la encargada de sacar a flotación aquel tema que podría disgustar o entristecer (quizá las dos en medidas equitativas) a la mayoría. “Todos y todas” anunció, considerando que aquella respuesta la salvaba de cualquier doble significado de la interrogante en cuestión. Claramente jamás se había detenido a pensar en ello. “Así” y acto seguido plantó un fugaz beso en la mejilla de la fémina, regalándole una sonrisa al saber que posiblemente había dejado una mancha pegajosa debido a los malvaviscos ingeridos con anterioridad.
romanwell:
Sin apartar sus azulados orbes del rostro de la fémina, aguardó paciente, aunque a punto de retractarse ante tanta libertad otorgada, a que alguna idea iluminara una bombilla imaginaria sobre la cabeza contraria. Confiaba, sin embargo, en que Greta no se aprovecharía ni con la más mínima malicia del juego que él mismo había propuesto. “¿Oh?” Sus cejas se arquearon, expectantes, como si de dos signos de interrogación se trataran. El silencio que vino después despertó en él cierta intriga. “¿Bailar?” Repitió ni bien escuchó la propuesta por parte contraria, con sus ojos agrandándose en sorpresa. Una risa, breve y teñida con un ligero nerviosismo, se deslizó de entre sus labios mientras movía su cabeza en negación. Al parecer, todavía no se encontraba lo suficientemente ebrio como para animarse a tal cosa sin pensárselo dos veces antes. “Sabes que no sé bailar, Greta,” le recordó, absteniéndose de mencionar la vergüenza que le causaba realizar dicha actividad. La simple posibilidad de ganarse la atención de los demás de llegar a aceptar era suficiente para frenarlo. Observó la mano ofrecida un instante, debatiéndose al respecto. Tampoco le parecía bien negarse. Estaba en una encrucijada.
Los orbes de Greta se pasearon por el rostro masculino, ella inmediatamente percatándose del cambio instalado en el mirar ajeno. La fémina pestañeó, ladeando el rostro con ligereza. “Bailar, sí” quizá era una petición que podría superar los niveles más básicos de la comodidad del contrario. “Yo tampoco sé” mintió, agitando la cabeza en ambas direcciones. ¿Era una maldad ocultar las múltiples clases de salsa que había tomado a lo largo de los últimos años? Y bueno, quizá era una exageración llamarles así cuando no le cobraban y tampoco se trataban de algo profesional. “Además, nadie está prestando atención. La mayoría está un poco tocado por el alcohol" señaló con el mentón los alrededores de la casa, permitiendo más tarde que una sonrisa bailarina encontrara la estabilidad requerida para permanecer firme sobre las facciones delicadas de la morena. Estaba claro que no le iba a presionar a realizar algo que no deseaba, pues Greta de intentar dar ligeros empujones que quizá no le correspondían nunca pasaba. Sin embargo, su mano permaneció extendida cual si pudiera acariciar la esperanza con la punta de los dedos, llevando un conteo de los segundos que faltaban antes de que desistiera de aquello y pusiera en marcha un segundo plan que aún no cosechaba. “Quizá podemos bailar más tarde” entrecerró los ojos con cierta duda, dedicándole un leve encogimiento de hombros para dejarle en claro que no había ningún problema. “Ahora deberías pensar en un premio que puedas darme” lo señaló con el índice, observando en ambas direcciones. “La bolsa de malvaviscos está por allá” susurró, fingiendo que era una muy importante pista para el objetivo.
icarianfloyd:
“Bien, Alicia. Si tu lo dices…” murmuró guiñando uno de sus ojos a Greta. Sin duda había elegido bien su compañera para éste momento porque había aceptado fácilmente, era una broma inofensiva ante sus ojos. Una vez que la morena cogió su respectivo vaso y lo bebió también de un solo golpe, el líquido ardió en su garganta reconfortándolo, agregando valor para seguir en su tarea. “Muy bien….” Asintió, estaban en un rincón junto al al teléfono. Parecía que los teléfonos locales tenían mejor recepción que los móviles y en esa parte de la casa la recepción no era tan mala. Floyd marcó el número mientras miraba a su amiga por el rabillo del ojo. “No te rías” Le recordó. “Está marcando…”
Oprimió los labios para así mantener al margen cualquier sonido que pudiera traicionarlos en el peor de los momentos. Cuando el aviso llevado a cabo por parte del contrario llegó hasta sus oídos, Greta permaneció inmóvil a la espera de escuchar algo al otro lado de la línea. Deseando obtener mejor resultado, se posicionó a un lado de la figura masculina buscando colocar el costado de su propio rostro junto al aparato. “Parece que no hay n--” pero la frase quedó a medias cuando el inconfundible descuelgue del teléfono al otro lado de la línea se hizo presente en la escena, un: “¿Diga?” pronunciado por una voz completamente desconocida. La fémina agrandó los ojos, observando a Floyd para confirmar que seguían con el plan en curso.
theamess:
“Si los dejamos afuera también se les bajará… eventualmente” chasquea su lengua, su semblante tranquilo la acompaña hasta cuando el alcohol corre por su torrente sanguíneo. “pero no te detendré si quieres jugar a la mamá, sólo asegúrate que me dejen dormir” Como si ya fuese un hecho el que aquel par terminaría muy mal. Dudaba que sus suposiciones llegasen a hacerse realidad. Si había algo en lo que Thea destacara era en escuchar a las personas, lo hacía con una serenidad (que hasta parecía que lo hacía por gusto.) Prefería mil veces escuchar a los demás hablar sobre su vida que charlar sobre la propia. Más allá del asco que podrían producirle las imágenes en su cabeza gracias a su vívida imaginación la de áureos cabellos encontró entretenida aquella anécdota, las desgracias ajenas usualmente producían ese cosquilleo en sus comisuras. “¿Qué pasó después?”
Entrecerró los ojos, contemplando aquella posibilidad que la obligó a agitar la cabeza en ambas direcciones con una sonrisa pintada sobre sus labios. “Dormirás como un bebé” palabras bañadas con sabor a promesa que Greta se encargaría de cumplir fuera cual fuese la situación. Sus orbes se posaron sobre el rostro ajeno, pestañeando un par de veces antes de optar por proseguir: “No mucho, en realidad” confesó, encogiendo los hombros con aire lejano. “Se ensució y huyó al baño con la intención de limpiarse. Luego de eso salió muy ofendido y no me dirigió la palabra en todo el camino” aseguró, soltando una risa sonora al encontrarse con que todo aquel suceso resultaba verdaderamente absurdo desde esa nueva perspectiva. “Pensé que me sentiría mal por el resto de mi vida, pero ahora me causa muchísima gracia” comentó, la sonrisa aún instalada sobre su rostro. “¿Has tenido algún momento de ese tipo? Al menos vergonzoso”.
hmphrxy:
Emula el gesto ajeno, eleva el dedo índice también, pero lo baja de inmediato, simplemente gracioso con la seriedad con la que se toma la morena la acusación pese a su desbordante trivialidad, le agrada, ¿le enternece?— ¿Tú no tomaste nada aún, eh? —cuestiona con un deje de curiosidad, observando de arriba a abajo a la fémina, es grato de algún modo saber que alguien también es ajeno a los efectos secundarios del licor, y él todavía se muere de ganas de ser uno de ellos, con las botellas vaciándose en su boca— Uno estará bien. —acepta, tomando entre sus dedos la bolsa y sacando uno de los esponjosos dulces, se lo lleva a la boca, sintiendo el sabor disolverse, de algún modo sirve para distraer a la nube de ideas que domina su mente, de algún modo el dulce es hasta terapéutico— Azul, tono pitufo. —responde mientras se humedece los labios, limpiando así cualquier rastro de malvavisco— ¿Qué importa el color? —confundido, ladea una pequeña curvatura totalmente contraria a la arruga formada en su ceño.
"Sí bebí un poco, pero no tanto como para perderme a mí misma. Igual cualquier efecto secundario lo bajé con una taza da café. Es muy bueno el que tienen aquí, por cierto” señaló en dirección a la cocina, un asentimiento irrefutable apoderándose de la figura femenina. “Pese a eso, estoy segura de que Floyd o Cassandra me encontrarán muy pronto. No dejes que me lleven” con tinte exagerado frunció la punta de la nariz, cual si verdaderamente se encontrase hablando en serio. “Uno nunca es suficiente” agitó la cabeza en ambas direcciones, permitiendo que su lengua ---posiblemente también azul--- recorriera sus labios coloreados con la clara y única intención de limpiar cualquier resto dejado con anterioridad. “Porque me gusta más el azul que el amarillo" anunció, segura de sus propias palabras. “Pero ahora sé que se trata del azul y no hay tanta prisa por limpiarme” como contradicción a sus palabras, se estiró para conseguir una servilleta que resultó estar sucia. Más tarde optó limpiarse los labios discretamente con la orilla del suéter que en aquel momento se encargaba de cubrirla. “¿Cómo lo estás llevando?” seriedad destilando de esa cuestión, orbes enfocados en las facciones contrarias.
blue-kilduff:
Acata cada orden que la morena le proporciona, el silencio que emana de Blue es prácticamente incuestionable, mas es su reacción la que frente a ellas se tergiversa sin demasiada complejidad. La curvatura de sus labios dan entrada a la risa, una risa suave que no emite sonidos y que tampoco se aparta de los límites de la socarronería. Se burla, se burla de esa amiga que no se molesta en fingir sorpresa, se burla de esa actitud que hasta parece tener cierta inocencia —. ¿Por qué, Greta? ¿Acaso no quieres hacer un muñeco conmigo? — y finge el sentir ofensa, el retractarse completamente a las palabras dichas con anterioridad y, sin embargo, en su consciente no hay ni una pizca de arrepentimiento —. Sólo estoy intentando sentirme menos aburrida de lo que ya estoy — explica, sus hombros se elevan indiferente y es que la castaña tiene esa esencia burlesca que carece de sentidos cuando desea obtener entretenimiento a cualquier precio —, pero parece que me he equivocado de compañía, ah, tendré que buscar a Siobhan para que sea mi Elsa, al menos ya es rubia — la mentira escapa en un canturreo, porque a la blonda es a la que menos quiere ver, mas el absurdo escapa de sus labios y un movimiento exagerado de su cuerpo da indicios que realmente cumplirá lo que esta profesando.
Sus pestañas subieron y bajaron con una velocidad que pudo haber dejado en duda la existencia de aquella nimia acción que dejaba ver lo muy desconcertada que Greta se encontraba. Sin embargo y pese a que era una cantidad enorme dentro de su delgada figura, se las apañó para esbozar una sonrisa amplia que ocupó la mayor parte de su rostro. “Por supuesto que quiero. Es solo que al inicio creí que no hablabas en serio” volvió a entrecerrar los ojos, atrapando aquellos detalles peculiares cual si deseara obtener una respuesta silenciosa a todas y cada una de sus dudas. Las ya mencionadas se disiparon segundos después. Una vez las siguientes palabras llegaron hasta sus oídos, Greta se apresuró a buscar un argumento lo suficientemente válido para hacerle saber a Blue que aquello no era una buena idea. “Pues no es necesario que busques a nadie más” aseguró, sus manos moviéndose en su dirección cuando estuvo casi segura de que se alejaría en busca de la susodicha. “Sé que Siobhan puede hacer un trabajo excelente, pero no mejor que el mío” tintes bromista bañando su comentario, segura de que aquello era suficiente para hacer que la fémina se quedara y pudieran entre las dos armar un muñeco de nieve. “Venga que ya me has alborotado” la señaló con el índice de la diestra antes de dar un giro sobre su sitio para encaminarse al exterior. Sin avanzar lo suficiente, se detuvo. “¿Por qué no te adelantas mientras consigo algunas cosas en la cocina?” porque ya había dado por sentado que verdaderamente ocurriría.
rykerking:
“ ¿Se supone que esa es tu cara de fiesta? ” — @gretaduarte
Cuando la desconexión profesaba encontrarse en la parte más alta de la montaña rusa, de pronto se vio en una caída en picada. Segundos bastaron para que la sonrisa se borrase de sus facciones y entonces la preocupación atacase su pecho, la irresponsabilidad y egoísmo lo arrastraron hasta las paredes invernales, alejándolo de quien lo necesitaba constantemente por un tiempo que no había anunciado; mas suponía que el mayor de la familia afectaba también lo necesitaba, al menos en parte, y fueron las consecuencias de sus propios actos lo que lo arrastraron a la pérdida producida. No había sido un camino tomado en solitario, pero había sucedido de todas formas. La voz femenina lo alejó de sus propios pensamientos, dejando que una débil curvatura y las excusas aparecieran tanto en su rostro como en su cabeza. —Es mi cara que llora tu ausencia.—bromeó, estirándose para tomar una nueva botella de la mesa principal. —ahora siento que la vida a vuelto y las ganas de sonreír afloran. —amplió la curvatura en su rostro, mientras sacaba la tapa de la botella de alcohol.
La mirada de la fémina se paseó por las facciones ajenas en busca de una respuesta silenciosa que le permitiera salir de dudas, la sonrisa pintada sobre sus propios labios pero su atención completamente enfocada en aquel detalle notado con anterioridad. Una risa escapó de entre las dos curvas femeninas, ella encargándose de agitar la cabeza en ambas direcciones. “Ya no sufras más que he llegado” añadió en el mismo tono que su acompañante, Greta tomando una pequeña bocanada de aire para acallar las quejas de sus pulmones. “Parece que no te resulta suficiente el que tengamos que compartir la misma habitación para dormir” volvió a negar, cual si creyera que aquello se tratara de algo verdaderamente grave. “Pero si mi presencia te hace sonreír hasta alcanzar un terrible dolor en las mejillas, ¿quién soy yo para privarte de ella?” sabía que en el fondo aquellas bromas cumplían el papel de tapadera para otro asunto verdaderamente importante y que quizá podría considerarse fuera de lugar el tratarlo dentro de un ambiente caótico como era el caso de aquella fiesta improvisada. “Dijo Thea que no piensa dormir con ningún ebrio en la habitación, así que posiblemente les toque dormir afuera” exageró.
romanwell:
“Pruébalo, pero que sea sólo un pequeño sorbo,” propuso como única condición, pues tampoco quería dejarle demasiado fácil el asunto. Era un reto bastante tonto, en el fondo lo sabía, mas a su embriagado cerebro le parecía de lo más divertido en esos momentos. Con una entorpecida sonrisa apropiada de sus labios y una expectante expresión trazada por sus facciones, Roman observó con atención a su acompañante mientras ésta se dedicaba a degustarse con la bebida que hasta hacía escasos tres minutos se había encargado él mismo de preparar. Una vez que obtuvo respuesta por parte contraria, su sonrisa adquirió tamaño y los ojos, ya comenzando a desenfocarse a causa de estar bebiendo desde temprano, se le achicaron. Era exactamente lo que estaba bebiendo. “Vaya, pero si eres toda una experta en esto, ¿no, Greta?” Comentó con cierto sarcasmo, aunque sin malicia alguna. Le era sumamente sencillo animarse a bromear cuando el alcohol intervenía. “Claro. Venga, pide lo que quieras.”
Un movimiento grácil bastó para que sus hombros se encogieran en respuesta, la sonrisa victoriosa pintando aquellas dos curvas que pronto se acentuaron. “Lo que yo quiera” repitió, pensativa. Colocó el brazo libre en forma de jarra, adoptando una postura sumamente seria y profesional, según sus más profundos pensamientos. Una vez la idea la golpeó directamente, sus cálidos orbes volvieron a enfocarse sobre las facciones masculinas. “Ya sé cuál será mi premio” asintió, segura de sus propias palabras. Entonces, decidió esperar un par de segundos para que la canción resonando de fondo avanzara un poco más. “Baila conmigo” incisivos quedando a la vista, Greta caminando un par de pasos en dirección desconocida mientras extendía la mano como invitación silenciosa. Claramente tuvo que prepararse mentalmente para un rechazo que seguramente la llevaría a recurrir a un plan b que tendría que improvisar en el momento. Sin embargo, de pie sobre aquel punto, se mantuvo verdaderamente positiva al respecto.
theamess:
Relamió cualquier gota dulzona de entre sus labios carmín, sus ocelos bien fijos en la diminuta figura de la pelinegra escuchando con atención sus palabras. “Mientras no te acerques al tequila imagino que estarás bien, porque desde ya te digo que no dormiré con ebrios, y eso también va para Elijah o Ryker” con un suave movimiento retiró su dorada cabellera de entre su hombro izquierdo. “Por algo pregunté, ¿no?” y escuchar la voz de Greta no sonaba como algo tan insoportable como escuchar las bromas carentes de sentido por parte de Floyd y ciertamente no estaba de humor para soportar a Cassandra y sus ataques pobremente disfrazados. “trata de no omitir ningún detalle sucio o de lo contrario terminaré dormida”
Cuando los nombres de las dos personas con quienes compartían habitación llegaron hasta sus oídos, los orbes de la fémina se pasearon por los alrededores en busca de esos rostros familiares. Sin embargo, cuando no encontró rastro de ninguno, se permitió a sí misma encoger un hombro para restarle un poco de importancia. “Está bien, si llegan ebrios podemos dejarlos fuera de la habitación” comentó. “O prepararles una taza de café para que se les baje un poco” sugirió. “Igualmente digo que yo lo haría, porque sé que tú no” esbozó una sonrisa en su dirección, segura de que se encontraba en lo cierto. “¿Alguna vez has vomitado a alguien mientras intentan besarte? Pero no como algo intencional, sino más bien debido a un accidente que tú no pudiste controlar” comentó, dándole a entender que por ese rumbo iba su historia. “Ya sabes” prosiguió. “Joven, varios tragos de alcohol, primeriza en aquel ambiente y bastante delicada en ciertos aspectos. Música resonando de fondo, la brisa fresca golpeando mi rostro y luego los labios ajenos intentando encontrar los míos para llevarse una desagradable sorpresa”.
v-arley:
Sus labios se torcieron hacia un lado, dubitativo. No iba a mentir, la compañía de la morena no le era del todo desagradable si la comparaba, por ejemplo, con Thea, quien lograba picar hasta el último nervio de su paciencia con tan solo cinco palabras. —¿Tienes tendencias masoquistas o algo así? —su pregunta, obviamente, no era en serio; aunque tras pronunciarla Simon se vio en la obligación de plantearse el asunto con delicadeza, estaba de acuerdo en que su carácter no era el de un ser humano taciturno y bondadoso, al contrario. —Entonces creo que viajé en el tiempo. —relamió sus labios, seguía algo somnoliento y desorientado, pero al menos pudo ubicarse en un tiempo determinado. Parpadeó seguidas veces, el sueño actuaba con el mismo efecto que lo haría una generosa cantidad de alcohol en su sistema, la sinceridad se volvía aún más brutal e insensible, pero al mismo tiempo se tornaba más suave y acolchonada. La comparación le fue inevitable, recordaba que la desaparecida se había comenzado a acercar a él con persistencia, hasta el punto de hostigarlo con su presencia; entonces se percató de que en realidad la estimaba y deseaba su compañía constante, algo que nunca le había querido revelar a nadie. —Depende del punto de vista. —pronunció, su mirada entrecerrándose en dirección a la chimenea. —Ella también se acercaba así como tú, pero lo hizo por muchísimo tiempo. El avance fue que me tuviera tanta paciencia. Probablemente tú te devuelves más pronto al grupo donde perteneces, ya sabes, como Floyd y Tabitha. —sus hombros se encogieron sin darle mayor importancia, a pesar de que carecía de interés, el canadiense era capaz de separar personalidades más agradables o las que soportaba, de otras que ya no toleraba.
Fingió pensarlo con detenimiento, pese a que no era necesario porque conocía la respuesta a esa cuestión. “No” respondió tras varios segundos en silencio, dos dedos paseándose por su mentón como si aún lo estuviera meditando; era consciente de que, quizá, la interrogante realmente no estaba destinada para ser llenada con una explicación lógica (o, por lo menos, que ella consideraba que lo fuera) por parte de Greta. Sin embargo, luego de pensarlo con detenimiento, dijo: “No creo que pueda considerarme del todo inmune a tus comentarios, pero sí puedo decir que tengo una armadura casi impenetrable. Además, sé que es tu forma de ser” pausó, volviendo a enredar sus dedos en la oreja de la taza caliente. “Y lo sabía incluso antes de hacer nada" encogió el hombro con la clara intención de restarle importancia, guardándose información que impedía que aquello recién añadido poseyera un poco de sentido para oídos ajenos. “No lo decía tan literal” movió la cabeza hacia ambos lados, permitiendo que una risa silenciosa escapara una vez más. “Empezó hace horas, pero en realidad acaba de comenzar-comenzar” empleó énfasis en la repetición de aquella palabra, volviendo a señalar a su alrededor para indicarle que se encontraba haciendo referencia al caótico ambiente que se podía respirar, incluso sentir. “Pareces muy seguro de ello, ¿sabes? Y no deberías estarlo” lo señaló de nueva cuenta, mordisqueando el interior de su mejilla a la par que achicaba los ojos en dirección a un punto recóndito de aquel lugar. "Pronto verás que poseo una cantidad sobrehumana de paciencia y que en muy pocas ocasiones llega a agotarse” advirtió en lo que consideraba un tono confidencial, la sonrisa traicionera haciendo acto de presencia. “Incluso las flores más delicadas pueden llegar a sobrevivir a las peores tormentas” o quizá no, pero le gustaba pensar en que podía ser posible.
v-arley:
Pasó las palmas por su rostro, presionando sutilmente sus ojos. No sabía en qué momento había descendido por su cuerpo todo ese cansancio, como si hubiera estado todo el día ejercitándose con máquinas profesionales. —¿No tuvimos una dosis suficiente de ambos en el camino? Porque sino fue así, entonces tuve una horrible pesadilla contigo. —cubrió un bostezo con el dorso de su mano, definitivamente la falta de sueño picaba un pésimo humor para el dueño de ojos aceituna; su intención no era ser una mala persona, pero a veces esos comentarios nacían en su interior sin razón aparente. Su mirada enfocó la taza que incluso a esa distancia lograba proporcionarle calor a su fría piel de porcelana, su ceño fruncido fue signo más fiel de confusión por la información obtenida. —¿Entonces ya terminó toda esta estupidez? —cuestionó, sin saber si en realidad se había quedado dormido por horas o fue cosa de segundos, tal como sintió. Un suspiro huyó de su cuerpo, la resignación decoró cada detalle de sus facciones antes de confesar: —Sí, la verdad es que es fácil darse cuenta de eso. Antes era Dominique la experta en incomodarme. —y lo soltó como si fuera algo detestable, mas sabía perfectamente lo bien que se le daban las charlas con ella.
Una vez hubo acomodado sus piernas sobre el sofá, su rostro se movió apenas un par de centímetros para estar al pendiente de la figura contraria. La vibración comenzó en su interior, la misma ascendiendo por su garganta, golpeando el interior de sus labios y finalmente encontrando el camino indicado al exterior, el sonido bajo siendo su más fiel acompañante hasta que ambos se perdieron bajo las notas musicales que resonaban en el interior de la casa. “Desgraciadamente no fue una pesadilla. Compartimos varios minutos en compañía del otro, pero como puedes ver yo no he tenido suficiente” agitó la cabeza en ambas direcciones, cual si se encontrase entregándole una pésima noticia. Bien tenía esa opción o tomárselo a pecho, y la segunda no era tan válida como realmente parecía. Tenía un límite, sí, pero aún no lo había alcanzado. “Acaba de comenzar” anunció, llevándose un dedo a sus labios para indicarle que guardara silencio y escuchara. La música, risas y voces actuando como la banda sonora perfecta de una película con, posiblemente, un final bizarro. La confesión ocasionó que Greta observara a Simon durante largos segundos, sumiéndose así en un profundo silencio que pronto la hizo reaccionar. ¿Era una avance? Sí, tal vez podía considerarlo como tal. El suspiro huyó de su interior al recordar a las hermanas, una tenue mueca robando protagonismo durante un instante. “Apuesto a que ella tuvo mejores resultados que yo” hablar en pasado le dejó un extraño sabor de boca.