Se relajó un poco en cuanto vio que era Fausto quien se había aproximado a ella y respiró hondo, más tranquila que hacia un minuto. El chico había pasado ésos días en el mismo lugar que ella y seguro había advertido lo alterada que estaba, por las palabras que escuchó de él. — Y-yo… no, supongo que no estoy bien. — respondió por lo bajo, negando con la cabeza y siguió escuchando lo que él le decía. — Um. — dudó por un instante, pensando en lo mucho que le hacía falta un descanso, pero al fin y al cabo también necesitaba calmarse primero que nada, así que terminó por asentir levemente. — S-si, gracias. Éso no suena mal. — respondió y esbozó un atisbo de sonrisa. — ¿Por donde está tu casa?
Dio un ligero asentimiento e intentó sonreír, para reconfortarla, no sabía, pero lo que sí, era que no podía colocarse el mismo estado de ella porque entonces no encontrarían ninguna solución. --Está por aquí cerca,-- Señaló una calle al lado del hospital e hizo una seña para que le siguiese. --Esperemos no se hayan vuelto un poco locos los militares y no hayan hecho daños a las casas.-- Mencionó en un tono de voz bajo porque lo que faltaba era que su hogar estuviese destrozado. --¿Y te has comunicado con tu chico?--













