Dio un asentimiento con la cabeza, queriendo demostrar que se encontraba de acuerdo con ambos comentarios—. No podías hacer nada para ayudarlos. Eran ellos o tú, Audrey —mencionó, y aunque sus palabras fueron algo bruscas, su tono era uno tranquilo, inclusive casi dulce. Entendía el sentimiento por el cual la morena pasaba, lo había vivido en su primer simulacro, conocía la enorme culpa de ver morir personas frente a él, y lo que menos deseaba era que ella la experimentara también. Acercándose a la chica, volvió a rodearle la cintura con sus brazos, brindándole leves caricias en la zona—. Lo olvidarás, tal vez no con tanta facilidad, pero terminarás por superarlo.
Negó con su cabeza, cerrando sus ojos con fuerza, regresando aquellos terribles recuerdos al lugar más recóndito en su memoria, con la esperanza de que éstos se perdieran allí para siempre. —Nunca había visto a alguien morir, ni siquiera en alguno de mis anteriores simulacros, Dom —tragó en seco, queriendo dejar el tema de la conversación hasta aquel punto. Esbozó una ligera sonrisa al sentir los brazos ajenos rodearle, se sentía singularmente cómoda, como si perteneciera a éstos—. Puedes ayudarme a olvidarlo... aunque sea momentáneamente —insinuó, rodeando el cuello ajeno con sus brazos, atraiéndolo discretamente hacia ella, restando la distancia que los distanciaba.









