Es este dolor un agujero negro del que no se salir. Mientras torna mi vida al gris, mi espalda se tensa y mis piernas dicen que no pueden más.
Estoy agotado, bailo entre marismas al son de los flamencos migrando a mar abierto. Mi cabeza está a mil leguas de profundidad aunque el cuerpo yace entre sabana, colchón y somier.
No se si es que soy un burro y tu sigues siendo miel, las moscas se te acercan y tozudo busco la fórmula que me haga sentir bien.
No hay Dios que me ate, solo la cruel fecha que una moneda valió más que una persona nos llevó a donde estamos y a donde no quiero estar.
Deja al pájaro volando, deja al gato en la noche, deja que el horizonte se mezcle con los colores, déjame a mi solo conmigo mismo.
Nos mirábamos como en Andrómeda, tan lejos y tan cerca, nos mirábamos. Relativo a que en tus ojos un segundo en mi mente son cien noches a duermevela.
Me ves caer y no hago ni el amago de agarrarme a la rama, la gravedad es la única ley que respeto.
Cada día soy una persona diferente, un cubo de rubik andante, huesos que forman un esqueleto y le ponemos un alma para que sepas bien que es el dolor.
No derrames mas lágrimas, no, que tus labios perforados por las negativas se sequen ante tanto desatino.
Que rompa a llover dentro de ti y que crezca el campo, que atraiga mariposas y te enamores, que el fuego que arde en tu pecho caliente esa vida y cree más vida y en ese ecosistema que reposa en tu interior florezca la felicidad para que te alivie el peso de tu alma y tus labies tornen a sonrisa.
No necesitas más de lo que eres pero necesitas saber que eres, que quieres y que buscas.