"COSA WEDDING" 06.03.2020
El gran día había llegado. Cosmo se preguntaba una y otra vez cómo era capaz de retener el desayuno en su estómago, asombrado por su capacidad de aguantar los nervios, aunque las manos eran más traicioneras y le sudaban y temblaban sin parar. Sacha había controlado los nervios, durante los meses atrás, porque siempre había visto el 6 de marzo como un día que tardaría en llegar, y eso le había ayudado a relajarse, pero cuando por fin amaneció y era “la fecha” pudo sentir la emoción en su estómago mezclada con los nervios de aquel día, de casarse por fin con el que había sido el amor de su vida prácticamente desde que le conoció.
El universo parecía haberse puesto de acuerdo para hacer que aquel día fuera perfecto, el indicado: el sol brillaba con ganas sobre sus cabezas, pero todavía con la brisa de marzo, así que ni se morían de frío ni de calor, y menos mal, porque estando en el jardín cualquier cambio meteorológico podría llevar al fracaso ese momento.
Ambos novios, antes de salir a la zona preparada para la ceremonia, estaban preparándose en habitaciones separadas. A Sacha le estaba ayudando a vestirse su hermana, y madrina, Ari, cuando su padre entró antes de ir al lugar de la ceremonia para ayudarle a ponerse los gemelos y dedicarle unas palabras mientras le colocaba la corbata.
— Me hace muy feliz verte así, hijo. Conozco a pocas parejas que se quieran más que vosotros, no pudiste elegir mejor. Nos vemos en el altar, ¿vale? — Beso la frente de su hijo y después los abrazó a ambos, por allí también estaba Joseph que se unió al abrazo familiar. Todos los rusos estaban muy emocionados. La habitación se fue vaciando hasta que solo quedaron Aretha y él.
Fred ya estaba perfectamente colocado frente al "altar" organizado. Las damas y damos de honor estaban alineados, mujeres a un lado, Paddy, Mit, Lieke, Blue y Amy, y hombres al otro, Caleb, Sage, Svet, Devon Kester y Devon Acker, a los lados de Fred.
Las primeras en salir fueron las niñas de las flores, Ru y Sophie, las cuales pasaron por el hueco preparado con una alfombra, entre las filas de sillas de los invitados. Y, tras ellas, con unos segundos de distancia, Cosmo, agarrando el brazo de su padre. Posiblemente el momento más tenso de toda su vida, notaba las miradas puestas en él, y solo podía pensar en que se iba a caer o a hacer el ridículo de alguna manera -y lo peor de todo, seguro que alguien lo estaba grabando-. Por suerte, los sollozos de su padre le despistaron de sus pensamientos.
— Me estás agobiando, papá... —susurró, dándole un suave codazo.— Todavía ni hemos llegado y creo que ya has llorado como cinco litros...
— Es que... —realmente estaba intentando contener las lágrimas, a pesar de que ya tenía los ojos rojos igual que la nariz. Por eso mismo no comentó nada más hasta que llegaron frente a Fred. Sonrió, dándole la mano al nuevo miembro de su familia gracias a aquel enlace. Tras aquel gesto, se giró hacia su hijo, cogiéndole la cara con las dos manos y dándole un beso -más largo de lo que Cosmo hubiera querido- en la frente.— Te quiero muchísimo cariño, eres de las mejores cosas que me han pasado en la vida.
No contestó nada, al menos de palabra, pero Johan sabía que se lo estaba diciendo todo con la mirada, y que había decidido no hablar porque le había tocado el corazoncito. Se separó de su hijo mayor y se puso al lado de los damos de honor, ocupando el lugar de Padrino en aquella boda, mientras Judith se las apañaba para pasarle pañuelos de contrabando.
Cosmo tomó aire y sonrió a Fred, acercándose para, de forma bastante extraña, darle una especie de abrazo, susurrando un "gracias" cerca de su oreja, separándose al segundo para colocarse recto, cogiéndose las manos delante del cuerpo, y esperar.
Sacha y Aretha estaban todavía esperando la señal que les indicara que ya podían avanzar.
— ¿Preparado, Sachi? Estás increíble, Cosmo se va a desmayar... Bueno, espero que no. — Bromeó la madrina, tendiéndole la mano a su hermano, que la cogió con una sonrisa de oreja a oreja.
— No sabes lo contento que estoy. Y nervioso. Pero sobre todo feliz, tengo ganas de verle... — Así pasaron los minutos antes de salir, mientras Aretha arreglaba su corbata o camisa aunque no le hiciera falta. Una suave melodía le dio la señal de que era hora de salir, pues probablemente su novio ya esperaba en el “altar”, y eso hicieron.
Entrelazó el brazo con el de su hermana que, sin hablar, le dijo “te quiero”. El camino hasta Cosmo fue fácil, le gustaba ser el centro de atención, pero más importante... Solo veía a Cosmo y solo le sonreía a él, visiblemente emocionado, de hecho, y cuando se detuvo frente a él se frotó los ojos ya que las lágrimas no le dejaron ver. Cosmo había intentado centrarse en sus manos mientras Sacha llegaba hasta su lado, pero le resultó imposible no alzar la cabeza y mirarle, fijarse solo y únicamente en él. Estaba a escasos minutos de casarse con él -de nuevo, esta vez más real- y todavía le parecía una ilusión. Estaba apretando los dientes con todas sus fuerzas para contener las lágrimas, pero ver a Sacha emocionado no ayudaba demasiado y, disimuladamente, se pasó el dorso de una mano por los ojos, intentando hacerlo como una "diva", como le habían dicho Ameryca y Olympia.
El padre del ruso abrazó de nuevo a su hijo, mientras Ari se apartaba a su lugar de Madrina, no sin antes darle la mano a Cosmo.
— Bienvenido a la familia.
La rusa le lanzó un beso para no incomodarle más de la cuenta y dejó a los novios frente a Fred, que aunque no era tan evidente, también estaba nervioso. Nunca antes había oficiado una boda, y menos de un hijo. Suspiró, acercándose al micrófono que le habían facilitado para que todos los invitados le escucharan mejor.
— He intentado ensayar varias veces este momento, y todos mis discursos empiezan de la misma manera, recordando a Cosmo con cinco o seis años menos, nervioso y aterrorizado cada vez que venía a casa a ver a Sacha. Desde entonces pude ver la manera en la que se miran, la manera en la que la cara de mi hijo recuperó su alegría cuando se conocieron, esa alegría que parece que solo Cosmo puede causar en él. Yo crecí convencido de que el amor no es tan fácil, ni tan bonito, ni tan eterno, al menos así era hasta que conocí a una pareja con un amor tan incondicional y puro por el otro como el que tienen ellos. Me alegra teneros a todos aquí presentes, testigos de este enlace que hoy vamos a celebrar, aunque ya sabemos que se casaron primero en Las Vegas. Bienvenido a la familia, Cosmo, desde este momento prometo tratar de asustarte lo menos posible. Sé que os haréis felices el uno al otro y sé que os espera toda una vida juntos, me hacéis sentirme muy orgulloso de poder llamaros familia. Pero no es momento de que yo hable, creo que habéis preparado unos votos el uno para el otro, Cosmo, ¿te gustaría empezar?
Cosmo se giró un poco para escuchar a Fred. Obviamente, que su suegro dijera tantas cosas buenas de él, de su relación, aunque mezcladas con un par de bromas, le emocionó en exceso, teniendo que sorber por la nariz un par de veces, notando como se le humedecían los ojos constantemente. Cuando escuchó la pregunta, alzó ambas cejas, asintiendo una única vez.
— Sí, claro... —carraspeó para aclararse la voz. Metió la mano en el bolsillo de la chaqueta del traje, sacando un papel doblado varias veces. Aunque no estaban solos, cuando Cosmo sacó con su temblorosa mano ese papel, el resto de invitados desapareció y Sacha se centró únicamente en su marido. Cosmo, finalmente, cogió aire y se giró un poco.— He escrito, revisado, reescrito, vuelto a pensar... Lo que decirte ahora mismo, más o menos, ochenta veces, pero eso creo que no le extraña a nadie... Hace aproximadamente nueve meses te hice una promesa, que iba a ser la persona que mereces, que iba a ser el mejor novio posible, que iba a intentar estar a tu altura... Hoy, ahora, y delante de tantísimas personas, te hago otra promesa. Te prometo que voy a acompañarte el resto de nuestras vidas, que nuestros caminos se van a juntar para empezar a ir por el mismo, sea fácil o difícil, como sea. Eres, sin exagerar, lo mejor que me ha pasado nunca. Has sido, eres y serás... el amor de mi vida... —bajó un poco el tono de voz porque se le empezaba a quebrar la voz, apretando los labios. Intentó tragar saliva para poder continuar.— Si al Cosmo de hace unos años le hubieran dicho que estaría casándose contigo... Creo que le daría algo. Pero ahora mismo, saber que voy a permanecer a tu lado me hace el hombre más feliz del mundo. Te quiero, Sacha Zuko, you're my wonderwall.
De no ser porque no quería arruinar la ceremonia, el ruso le hubiera interrumpido varias veces con besos o comentarios, pero se limitó a sonreír, visiblemente emocionado, sin poder evitar alcanzar su mejilla con la mano y acariciarla con delicadeza, limpiando su propio rostro después antes de que la lágrima llegase muy lejos. Cuando le tocó a él, no sacó ningún papel, simplemente cogió aire.
— Cosmo, sé que peco de intenso pero una parte de mí siempre supo, desde la primera vez que te vi, que tú eras el amor de mi vida y lo seguí pensando incluso estando lejos... Cuando nos reencontramos no hice más que confirmarlo. Contigo, mi amor, quiero bailar en la cocina, escaparnos a un concierto, hacer fiestas con temáticas de locos con nuestros amigos, pasar noches en casa arropados con una manta, tener hijos, nuestro propio hogar, quiero ver cómo te gradúas y quiero celebrar contigo cada éxito. Pero también quiero estar contigo cuando el mundo sea demasiado caótico, cuando las noches se hagan largas o cuando estés enfadado con el mundo. No hay nada que quiera más en este mundo que pasar el resto de mi vida contigo. Eres la persona más increíble que conozco y yo el hombre más afortunado, porque de todas las personas que existen, soy yo el que dormirá a tu lado hasta que seamos dos abuelos divertidos. Te quiero, para siempre, y te prometo que te haré aún más feliz.
Cuando Sacha empezó a hablar todo a su alrededor desapareció. Cosmo sólo podía estar pendiente de él. Apretó la mandíbula con fuerza, sin darse cuenta que llevaba un rato derramando lágrimas hasta el punto de tener las mejillas empapadas. No le importó ser -todavía más- el centro de atención, y cuando Sacha paró de hablar, se adelantó un paso para darle un abrazo, aguantando las ganas de comerle a besos para hacerlo en el ansiado momento. Aprovechando el abrazo, Sacha pasó los pulgares por las mejillas de su marido para secar sus lágrimas, también conteniendo las ganas por darle un beso, quería respetar las normas hasta el final.
Fue Fred el que carraspeó y siguió adelante antes de que aquello fuera un mar de lágrimas, mientras Caleb cumplía con su misión de ayudar al pequeño Jonan, el sobrino de Sacha, a llevar los anillos hasta donde se encontraba la pareja. Caleb, cargando al bebé en brazos, se quedó a un lado, sosteniendo la almohada con las alianzas. Sacha, derretido al ver a Caleb y Jonan llegar juntos, alzó el pulgar cuando llegaron al final en señal de lo bien que habían hecho su cometido.
— Tras estas palabras tan bonitas, solo una respuesta os separa del resto de vuestras vidas... Cosmo Hudcek Monroe, ¿quieres a Sacha Zuko como marido?
Cosmo cogió una mano de Sacha, acariciándole, soltándole a los pocos segundos y tendiendo la mano dónde ya tenía el anillo de compromiso.
— Sí, quiero. —casi lo dijo a media voz.
Sacha soltó un pequeño suspiro de alivio acompañado de una sonrisa al escuchar el “sí quiero” como si no supiera ya que era lo que iba a contestar. Cogió la alianza de Cosmo y seguidamente su mano para, con mucha delicadeza, poner el anillo en su dedo anular.
— Sacha Zuko, ¿quieres a Cosmo Hudcek Monroe como marido? —prosiguió Fred, mientras Cosmo cogía la alianza que le pondría a su futuro marido.
— Sí, quiero. Lo repetiré mil veces.
Cosmo le cogió la mano, colocando el anillo en el dedo que tocaba, guiándose por el anillo de compromiso, mordiéndose ligeramente el labio, de la emoción. Ambos, esta vez, miraron a Fred, ahora sí, impacientes y eufóricos, y éste no pudo contener la sonrisa, pues también le había emocionado mucho el momento de los votos.
— Yo os declaro marido y marido. Enhorabuena, chicos... Podéis besar al novio.
Y, casi sin dejar que acabara la frase, ambos se unieron en un beso, Cosmo llevando sus manos al cuello ajeno, mientras que Sacha le atraía más a él, con las manos en la cintura del, ahora sí y de forma definitiva, su marido.
El estadounidense tuvo que separarse un poco para volver a secarse las lágrimas de nuevo, pero esta vez sin poder dejar de sonreír. Cogió la mano de Sacha y, girándose en dirección a todos los invitados, alzó la mano del ruso junto a la suya, mientras todos ya habían empezado a aplaudirles.
— ¡Que nos hemos casado! —y fue lo último que alcanzó a decir antes de que damos, damas, padrino, madrina, resto de familia y demás se fueran acercando para abrazarlos y darles la enhorabuena, entre grititos y lágrimas.











