
❣ Chile in a Photography ❣
Not today Justin
h
🪼
No title available
almost home
No title available
untitled
🩵 avery cochrane 🩵
Sade Olutola
Interview Vampire Daily
TMBGareOK. The Official They Might Be Giants tumblr
Jules of Nature
No title available

titsay
Xuebing Du

gracie abrams
sheepfilms
noise dept.
Fai_Ryy
seen from Malaysia
seen from Israel

seen from Netherlands
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Brazil

seen from Peru

seen from United States
seen from United States
seen from Germany

seen from South Korea

seen from United States
seen from United Kingdom

seen from Australia

seen from Czechia
seen from Saudi Arabia
seen from United States

seen from Australia

seen from Poland
seen from United States
@iauroramartinez
Estaba buscando el valor suficiente para volver, para retomar mi vida normal, el mundo no sé detiene por tu perdida, el duelo es parte del proceso...
Deja que el dolor haga su trabajo, si tienes ganas de llorar hazlo, deja que todo fluya, no te reprimas, no es fácil se los aseguro.
Pero una vez que entiendes que esa persona no se ha ido, que aún vive en tu corazón y memoria mientras los recuerdes con cariño, creeme que no se muere quien se olvida.
Y ahí voy poco a poco, paso a paso, retomando la rutina, refugiandome en cosas que me complementen y llenen... es la mejor medicina aparte de no querer volver a tomar antidepresivos...
No hay pastillas que curen el dolor del alma, solo queda tu espíritu de resiliencia y de afrontar y trascender tu perdida, aunque algunas veces los recuerdos lleguen y duelan.
Esta bien estar mal, sentirte vulnerable, tocar fondo te recuerda que eres humano, que tienes sentimientos y aunque trates de disfrazar una sonrisa, solo las personas importantes lo notan, sé amable siempre, apoya, escucha y abraza.
La soledad no es buena compañía, no te refugies en ti mismo. La vida no es tan perfecta, asi las redes sociales nos quieran hacer creer que todos tenemos vidas perfectas.
A veces es bueno desconectarse de todo y de todos, volver renovado y con buenas energías para afrontar otra vez el mundo.
Cronicas de un depresivo
Abuelos.
El tiempo corre. Siento las agujas del reloj avanzar. Sin embargo, en la casa parece que todo se ha detenido. Es como si alguien hubiera sacado una foto durante días, semanas.
Camino por los rincones de la casa hasta llegar a la habitación. La cama quedo tendida, intacta desde aquel día en el que él se levantó por última vez.
El despertador sigue funcionando y está programado para sonar a las 7 de la mañana, como siempre. Las pantuflas escoltan la cama y el alhajero aún tiene de rehén a un par de aros a presión, dos collares y un rosario.
El polvillo dibuja con exactitud el contorno de cada uno de los objetos de la cómoda. Los observo. No me atrevo a tocarlos o moverlos del lugar donde fueron deliberadamente ubicados por algunos de ellos. Temo que, tocándolos, pueda borrar sus huellas, sus intenciones. Después de todo, ¿Quién soy yo para afectarlos?
El perchero sostiene un cinto marrón y dos boinas, una de invierno y otra de verano. Eso me genera nostalgia, tristeza. Nadie le aviso que él ya no vendrá por esas prendas.
Cierro los ojos. En el aire se entremezclan los olores. Aromas de ella, otros de él, ambos se adueñan de una atmósfera quieta y calma.
Miro alrededor.
Los abuelos ya no están.
Leticia
Escribime
“Es increíble como algunas personas pueden estar sufriendo con toda su alma y, sin embargo, todo el mundo sigue su vida como si nada pasara. Totalmente indiferentes al sufrimiento del otro; es increíble que hayamos llegado a este punto donde nunca nos enteramos de nada y andamos indiferentes ante todo. Creo que todas las personas que están de duelo deberían poder llevar una marca ya sea una pulsera, polo, etc. Que los identifique y así todo puedan guardar un minuto de silencio por ellos.”
—
““””Cuando yo me vaya, no quiero que llores, quédate en silencio, sin decir palabras, y vive recuerdos, reconforta el alma. Cuando yo me duerma, respeta mi sueño, por algo me duermo; por algo me he ido. Si sientes mi ausencia, no pronuncies nada, y casi en el aire, con paso muy fino, búscame en mi casa, búscame en mis libros, búscame en mis cartas, y entre los papeles que he escrito apurado. Ponte mis camisas, mi sweater, mi saco y puedes usar todos mis zapatos. Te presto mi cuarto, mi almohada, mi cama, y cuando haga frío, ponte mis bufandas. Te puedes comer todo el chocolate y beberte el vino que dejé guardado. Escucha ese tema que a mí me gustaba, usa mi perfume y riega mis plantas. Si tapan mi cuerpo, no me tengas lástima, corre hacia el espacio, libera tu alma, palpa la poesía, la música, el canto y deja que el viento juegue con tu cara. Besa bien la tierra, toma toda el agua y aprende el idioma vivo de los pájaros. Si me extrañas mucho, disimula el acto, búscame en los niños, el café, la radio y en el sitio ése donde me ocultaba. No pronuncies nunca la palabra muerte. A veces es más triste vivir olvidado que morir mil veces y ser recordado. Cuando yo me duerma, no me lleves flores a una tumba amarga, grita con la fuerza de toda tu entraña que el mundo está vivo y sigue su marcha. La llama encendida no se va a apagar por el simple hecho de que no esté más. Los hombres que “viven” no se mueren nunca, se duermen de a ratos, de a ratos pequeños, y el sueño infinito es sólo una excusa. Cuando yo me vaya, extiende tu mano, y estarás conmigo sellada en contacto, y aunque no me veas, y aunque no me palpes, sabrás que por siempre estaré a tu lado. Entonces, un día, sonriente y vibrante, sabrás que volví para no marcharme.””””
— Carlos Alberto Boaglio
Duelo y Melancolía
“En el duelo, lloramos a los muertos, en la melancolía, morimos con ellos.”
Freud vio tanto al duelo como a la melancolía como formas en que los seres humanos respondemos a la experiencia de una pérdida, ¿pero cómo las diferencia? El duelo involucra la larga y dolorosa labor de separarnos del ser amado que hemos perdido. «Su función», escribe Freud, «es separar los recuerdos y esperanzas de los sobrevivientes de la persona muerta.» El duelo, entonces, es diferente del dolor. El dolor es nuestra reacción a la pérdida, pero el duelo es cómo procesamos este dolor. Cada recuerdo y expectativa ligada a esta persona que hemos perdido debe ser revivida y confrontada con el juicio de que se ha ido para siempre. Éste es el difícil y terrible período en el que nuestros pensamientos regresan perpetuamente a la persona que hemos perdido. Pensamos en su presencia en nuestras vidas, volvemos a recuerdos de momentos que pasamos juntos, imaginamos que los vemos en la calle, esperamos escuchar su voz cuando suena el teléfono. De hecho, los investigadores afirman que al menos un cincuenta por ciento de personas afligidas de hecho experimentan alguna forma de alucinación de la persona amada perdida. Ellos están ahí, obsesionándonos durante el proceso de duelo, pero cada vez que pensamos en ellos, una parte de la intensidad de nuestros sentimientos está siendo fraccionada.
Las acciones cotidianas como ir de compras, caminar en el parque, ir al cine o estar en ciertas partes de nuestra ciudad de súbito se tornan increíblemente dolorosas. Cada lugar que visitamos, incluso el más familiar, revive recuerdos de cuando estuvimos ahí con la persona que amábamos. Si comprar en el supermercado o caminar por la calle con nuestro compañero nunca habían sido experiencias particularmente especiales, hacerlas ahora se vuelve doloroso. No es sólo el resurgimiento de recuerdos felices ligados a aquellos lugares que importan, sino el hecho de saber que no los veremos ahí nunca más. Incluso las nuevas experiencias pueden volverse angustiosas. Ver una película, ver una exposición o escuchar un fragmento de música nos hace querer compartirlo con aquél que hemos perdido. El hecho de que no esté ahí hace que nuestra realidad cotidiana parezca agudamente vacía. El mundo a nuestro alrededor parece albergar un lugar vacío, un hueco. Pierde su magia.
Con el tiempo, nuestro apego disminuirá. Freud le dijo a uno de sus pacientes que este proceso llevaría entre uno y dos años. Pero no sería fácil. Recaemos, dijo, a causa de cualquier actividad que causa dolor, y así hay «una sublevación en nuestras mentes en contra del duelo.» No pasará automáticamente y tal vez incluso estemos haciendo todo lo posible para resistirnos a ello sin saberlo conscientemente. Si no obstante somos capaces de seguir el proceso de duelo, dicho dolor se volverá menor, junto con nuestros sentimientos de remordimiento y de autorreproche. Nos damos cuenta poco a poco de que la persona que amábamos se ha ido y la energía de nuestro apego a dicha persona se volverá gradualmente menor para que algún día pueda quizás estar vinculada a alguien más. Nos daremos cuenta de que la vida aún tiene algo qué ofrecer.
Freud no se refiere simplemente al duelo aquí. Usa la expresión de «trabajo de duelo», en una frase que recuerda el concepto que ya había introducido en su libro La interpretación de los sueños, «el trabajo de sueño» o «trabajo onírico». El trabajo de sueño es lo que transforma un pensamiento o deseo que quizá tenemos en un sueño manifiesto, complejo. Consiste en desplazamientos, distorsiones y condensaciones, equivalentes al mecanismo del inconsciente mismo. Freud usa el mismo tipo de expresión para hablar del duelo, quizá para indicar que no sólo son nuestros pensamientos sobre la persona amada perdida los que cuentan, sino lo que hacemos con ellos: cómo son organizados, dispuestos, repasados, alterados. En este proceso, nuestros recuerdos y esperanzas sobre aquél que hemos perdido deben ser sacados a la luz en todas las posibles formas en que han sido registrados, como mirar un diamante no sólo desde un ángulo sino desde todos los ángulos posibles, de modo que cada una de sus facetas pueda ser observada. En términos freudianos, debe accederse al objeto perdido en todas sus representaciones variables.
Cuando Freud habla del objeto perdido no quiere decir una persona perdida por la muerte. La frase también puede referirse a una pérdida que sobreviene debido a la separación o el extrañamiento. Aquel que hemos perdido puede aún estar ahí en la realidad, aunque la naturaleza de nuestro vínculo con esa persona haya cambiado. Pueden incluso estar viviendo en la misma casa, o en la misma ciudad, y es claro que el significado de la pérdida dependerá de las particulares circunstancias de cada individuo. El luto es quizá el más claro ejemplo de una pérdida, ya que señala una ausencia real, empírica, pero Freud pretendía que sus ideas tuvieran un alcance más amplio. Lo decisivo será la eliminación de cualquier punto de referencia que ha sido importante en nuestras vidas y que se ha convertido en el centro de nuestros apegos. En el duelo, este punto de referencia no sólo es eliminado, sino que su ausencia está siendo registrada, inscrita indeleblemente en nuestras vidas mentales.
¿Y que hay de la melancolía? ¿Cómo se la distingue del duelo?
Freud argumenta que mientras que el que está en duelo sabe más o menos que ha perdido, esto no siempre es evidente para el melancólico. La naturaleza de la perdida no necesariamente se conoce a un nivel consciente, y puede igualmente involucrar una decepción o desaire de alguien más como la perdida ocasionada por el dolor, o incluso el colapso de un ideal político o religioso. Si el melancólico si tiene una idea de a quien ha perdido, no sabe, dice Freud, “lo que él ha perdido” en ellos. Este punto brillante complica el panorama simple del dolor. Debemos distinguir entre a quien hemos perdido y lo que hemos perdido en ellos. Y, como veremos, tal vez la dificultad de hacer esta separación es una de las cosas que pueden bloquear el proceso de duelo.
La característica clave de la melancolía para Freud es una disminución en la autoestima. Aunque la melancolía comparte con el duelo tales características como un abatimiento profundamente doloroso, su primer rasgo distintivo es “una baja de sentimientos de autoestima a un grado que llega al pronunciamiento de autorreproches y auto - injurias, y culmina en una expectación delirante por ser castigado “. El melancólico se representa a sí mismo como “pobre, sin valor y despreciable, y espera ser expulsado y castigado”. La melancolía significa que después de una perdida, la imagen de uno mismo es pro fundamente alterada.
El melancólico piensa de sí mismo que no vale ni merece nada. E insistirá en esto con mucha obstinación. Estos comentarios ya ayudan a dividir el panorama clínico. Muchas personas deprimidas se sienten indignas, pero el melancólico es diferente en que puede articular esto sin la reticencia encontrada en otros. De manera similar, muchas personas neuróticas relacionarán sus sentimientos de indignidad o de inutilidad con aspectos de su imagen física: su cuerpo simplemente no está bien, su nariz o su cabello o todo estará mal. Pero el melancólico tiene una queja mucho más profunda. Para el, es la misma esencia de su ser la que es indigna o está mal, no solo sus rasgos superficiales. Donde un neurótico puede volverse intranquilo al tener un pensamiento malo o impulsivo, el melancólico se condenara a sí mismo como una persona mala. Esta es una queja ontológica, concerniente a su existencia en sí misma. Donde la persona neurótica puede sentirse inferior a otras o inadecuada, el melancólico en verdad se acusara a si mismo de inutilidad, como si su vida misma fuera una clase de pecado o crimen. No solo se siente inadecuado: se sabe inadecuado. Hay certeza aquí, más que duda.
Los melancólicos se reprenderán a sí mismos sin tregua por sus faltas. No existe ningún consejo racional o persuasión que pueda detenerlos. Están convencidos de que ellos están equivocados. En contraste con el paranoico, quien culpa al mundo exterior, el melancólico solo se culpa a sí mismo. Freud usa este motif de autorreproche como un rasgo distintivo de la melancolía, apartándola así de muchos otros casos de sentimientos depresivos.
La necesidad del melancólico de reprenderse a sí mismo intrigaba a Freud. ¿Por qué esta insistencia en culparse a sí mismo? ¿Pudiera ser que cuando el melancólico estaba tan ocupado culpándose a sí mismo, en realidad estaba culpando a alguien más? Ha redirigido los reproches que tenía para alguien más en contra de sí mismo.
Estos clamorosos autorreproches son de hecho reproches dirigidos a otra persona que ha sido internalizada. El melancólico se ha identificado por completo con el que ha perdido. Esto no siempre significa que una separación real o luto ha tenido lugar. Puede ser quizá la persona que el sujeto ama, o amó, o incluso la que debió haber amado. Pero una vez que la pérdida ha ocurrido, su imagen ha sido transferida al lugar del yo del melancólico. La furia y el odio dirigidos a la persona perdida son de igual forma desplazados, así que el yo ahora es juzgado como si fuera el objeto abandonado. En la famosa frase de Freud, “la sombra del objeto ha caído sobre el yo” ahora sujeto a la crítica despiadada tan singular al sujeto melancólico. Las espadas se han convertido en boomerangs.
Para Freud, el autorreproche del melancólico es de hecho un reproche al ser amado perdido. Pero, ¿por qué un reproche en primer lugar? ¿Infaliblemente los muertos y los que ya se han ido solo merecen nuestra simpatía? Puede haber enojo por la simple razón de que, cuando alguien se esfuma, los culpamos por su partida. Los cantos fúnebres en muchas culturas a menudo castigan amargamente al fallecido por haber abandonado a los vivos. Y esta rabia es ubicua en la vida mental de la persona afligida. Puede que encuentre difícil llorar una pérdida cuando sentimientos amorosos luchan contra la furia hacia la persona por haber muerto. La ausencia nunca es aceptada sin enojo. En duelo por un ser amado, un hombre describió su sueño aterrador de una lápida agrietada, como si estuviera “destrozada por un acto de venganza”. Darle sentido a esto era difícil ya que él no sentía enojo consciente; sin embargo, más sueños mostraron lo real que era esto. No podía perdonar a la persona muerta por partir. El sueño es ejemplar en que muestra lo difícil que puede ser construir un memorial para una persona si el enojo lo destruye continuamente.
Los viajes a visitar la tumba del ser amado traían consigo el mismo dilema. Cada vez que salía para el cementerio, equivocaba el camino: se pasaba de la parada correcta del metro o se perdía en el laberinto de calles que rodeaban al cementerio. Estas desventuras lo dejaban en total desesperación, hasta que de súbito se dio cuenta de que estaban representando su reproche contra la persona fallecida. Encontrarse solo y sin apoyo en un lugar extraño, dijo, era como culpar a la persona muerta.
Este es uno de los más importantes descubrimientos del psicoanálisis: el hecho de que podemos sentir furia sin ser conscientes de ello. Freud señaló después que las relaciones entre los vivos eran en sí mismas ambivalentes. Como escribió en Tótem y tabú:
“En casi todos los casos donde hay un apego emocional fuerte para con una persona en particular, encontramos que detrás del amor más tierno hay una hostilidad oculta en el inconsciente.”
Freud argumenta, después de todo, que el factor decisivo no es la fuerza de nuestro apego hacia quien hemos perdido. No es el amor, sino la mezcla del amor y el odio lo que importa. Tendremos dificultades durante el duelo no porque amábamos a alguien demasiado, como sugeriría el sentido común, sino porque nuestro odio era tan poderoso. Tal vez es el esfuerzo mismo para separar el amor del odio lo que incapacita a la persona en duelo, dejándola atrapada en un limbo doloroso y devastador que puede tomar la forma del abatimiento y el pánico.
Hemos vista cómo Freud distinguía el duelo de la melancolía. En el duelo, nuestros recuerdos y esperanzas ligadas a alguien que hemos perdido son repasados y cada uno es confrontado con el juicio de que la persona ya no está aquí. Este proceso de reconocer y reorganizar pensamientos e imágenes eventualmente se agotara a sí mismo, y la persona en duelo elegirá la vida por encima de la muerte. En duelos patológicos o complicados, este proceso es detenido, debido primordialmente a la presencia de sentimientos poderosos de odio mezclado con nuestro amor por el fallecido. En la melancolía, el odio inconsciente hacia el que hemos perdido se vuelve contra nosotros para hundirnos: nos enfurecemos contra nosotros mismos de la misma forma que antes nos enfurecíamos contra el otro, debido a nuestra identificación inconsciente con él. Nos hemos convertido en aquello a lo que no podemos renunciar.
Fragmento del libro “La Moda Negra: Duelo, Melancolía y Depresión” de Darian Leader
“Lo vas a lograr. El camino va a ser difícil; pero recuerda, lo que fácil llega fácil se va. Así que no te rindas, porque esto apenas esta comenzando.”
— Notas De Una Anónima
Eres luz, y brillas tanto como una supernova. Quizá por eso mi vida dejó de ser tan cálida cuando te fuiste. Tu mantenías a las sombras y al frío alejados de mí, y ahora que ya no estás… ¿Cómo sobrevivir a tu ausencia? Soy un sistema solar que se ha quedado sin su estrella más importante. Soy una Vía Láctea apagada y sin color.
-Ghost-
¿Por qué algunas personas elogian a otras en público para después hablar mal de ellas?
El amor de tu vida se parece más a con quien llevas una vida tranquila, quien te hace pensar tus palabras antes de hablar a lo pendejo porque estás consciente de que esa persona vale mucho, es la persona con la que un día que no estás con ella la casa se siente muy grande.
Quetzal Noah
quetzalnoah.com
Querido padre:
Jamás fui tu pequeña princesa, Mucho menos tu mayor orgullo.
CARTA DE UN HIJO A SUS PADRES SEPARADOS
No traten de disipar mi dolor con grandes regalos y diversiones. Me duele el corazón y éste no sana con risas sino con caricias. Todo lo que necesito es la garantía de que, aunque estén separados, ninguno de los dos me abandonará Díganme con palabras y actitudes que puedo seguir amándolos a los dos y ayúdenme a mantener una relación estrecha con ambos. Después de todo, fueron ustedes quienes se escogieron mutuamente como mis padres. No me pongan de testigo, de árbitro ni de mensajero en sus peleas y conflictos. Me siento utilizado y responsabilizado por arreglar un problema que no es mío. Tengan en cuenta que todo lo que hagan para perjudicarse mutuamente, quiéranlo o no, en primer lugar me lastimará personalmente a mí. No se critiquen ni se menosprecien delante de mí, así todo lo que digan sea la verdad. Entiendan que por malos que hayan sido como esposos, son mis padres y por lo tanto yo necesito verlos a ambos como lo máximo. No peleen a ver cuál se queda conmigo, porque no soy de ninguno, pero los necesito a los dos. Recuerden que estar conmigo es un derecho, no un privilegio que tienen ambos y que tengo yo. No me pongan en situaciones en que tenga que escoger con quién irme, ni de que lado estoy. Para mi es una tortura porque siento que si elijo a uno le estoy faltando al otro, y yo los quiero y los necesito a los dos. Díganme que no tengo la culpa de su separación, que ha sido su decisión y que yo nada tengo que ver. Aunque para ustedes esto sea obvio, yo me culpo porque necesito conservar su imagen intacta, y por lo tanto, el único que puede haber fallado debo ser yo. Entiendan que cuando llego furioso después de estar con mi padre/madre, no es porque él/ella me envenene sino que estoy triste y tengo rabia con ambos porque ya no puedo vivir permanentemente con los dos. Nunca me incumplan una cita o una visita que hayan prometido. No tienen idea de la ilusión con la que espero su llegada, ni el dolor tan grande que me causa ver nuevamente que han fallado. Denme permiso de querer a la nueva pareja de mi padre/madre. Aunque en el fondo del alma me duele aceptarla, yo quiero ganármela para no perder al padre/madre que pienso que me dejó por ella. No me pidan que sirva de espía ni que les cuente cómo vive o qué hago con mi otro padre. Me siento desleal para con él, y no quiero ser un soplón. No me utilicen como instrumento de su venganza, contándome todo lo “malo” que fue mi padre/madre. Lo único que con seguridad lograrán es que me llene de resentimiento contra quien trata de deteriorarme una imagen que necesito mantener muy en alto. Asegúrense que comprendo que aunque su relación matrimonial haya terminado, nuestra relación es diferente y siempre seguirá vigente. Recuerden que aunque la separación pueda constituir para ustedes una oportunidad para terminar con un matrimonio desdichado o para establecer una nueva relación, para mí constituye la pérdida de la única oportunidad que tengo para criarme al lado de las personas que más amo y necesito: mi papá y mi mamá. Recuerden que lo mejor que pueden hacer por mí -ahora que ya no se aman es respetarse mutuamente.
Carta de un niño a sus padres divorciados
“Queridos mamá y papá: Sé que están sufriendo, yo también lo estoy. Siento y me alimento de su tensión, estoy en shock. Aunque soy joven y no puedo expresar verbalmente lo que esta pasando en nuestras vidas, sigo sintiendo el impacto.
Mi corazón se rompe cada vez que debo renunciar a uno de ustedes, mi sentido de seguridad se perdió. Por favor no asuman que soy resistente, por favor no asuman que mi vida será exactamente como era, y que continuaré sintiendo el mismo amor por ustedes dos.
Soy un ser humano igual que ustedes, mis necesidades son como las de ustedes. Necesito amor, atención, una buena crianza, estabilidad, consistencia, afecto, entendimiento, paciencia, y por sobre todo, ser querido.
Cuando pelean por mi o me ponen en medio de sus discuciones me dan el mensaje de que ganar entre ustedes es más importante que mi vida. Estoy aprendiendo de ustedes que es mejor estar en lo correcto que ser amado. Me están enseñando que provengo de una persona que no es querida y esta equivocada, y que de cierta forma soy un error también.
Cuando ponen sus heridas en mi corazón estan guardando en mi un dolor adulto, robándome mi infancia. Me estan quitando el creer que el amor es incondicional y lo reemplazan con un mensaje que dice que me convierta en insensible y que no ame por que seré herido y no podré recuperarme.
Puede que no entiendan esto hoy, que soy tan pequeño y que no piensan en mi fúturo, pero me están poniendo en un tremendo riesgo por que también me estoy divorciando yo. En este momento arriesgan mi seguridad y ponen un vacío en mi corazón.
Mi seguridad es su trabajo, sin ustedes y su pretección estoy sin escudos frente al mundo. Esto se manifestará en temores irracionales en mi, por que permaneceré en un estado de luchar o volar por el resto de mi vida.
Algún día este estado de shock desaparecerá, pero el como elijan ser mis padres durante esta crísis jamás lo hará. Voy a sentir su sentido egoísta de apoyo y protección, o tendré una cicatriz permanente en mi corazón que dirá que las cosas buenas le pasan a la gente buena… Tal vez fui malo.
Atentamente: el hijo del divorcio…”
——-
Ojalá hubiera tenido el valor de escribirle algo así a mis padres, ellos se separarón cuando yo tenía 10 años y hace un año se divorciarón oficialmente… Tengo 18 años y sigue doliendome de la misma forma.
La carta original: https://www.youtube.com/watch?v=gnG6XY0H2_U
“Dicen que el amor duele pero lo que de verdad duele son los tacones de doce centímetros después de pasar dos horas de pie… Relativicemos! No nos hagamos víctimas. Si el amor duele es porque en algún momento nos ha aportado mucho y bueno. Quedémonos con eso… en esta vida la mayoría de cosas empiezan y acaban, y deberíamos aceptarlo y continuar…”
—
Rosa ❤