GEMIDO
@iloveputodandy
Existen en nosotros varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya. GEMIDO Tengo 20 minutos haciéndome una chaqueta, son las 9: 24 de la mañana y estoy a punto de perder mi clase de introducción a las teorías dramáticas, la chaqueta es placentera; suena la suite No. Uno de Bach, sigue el bolero de Rabel. No hay cosa más excitante que metérsela a un heterosexual que se pone a llorar porque ama a su novia. No hay nada más excitante que una falta, un secreto, desafiar a los dioses, hacerlos escuchar tus gemidos. Se llama Sebastián, es un lavatrastos de un restaurantillo del centro. Nunca fue mi intención tener algo con él. Fuimos a tomar pulque al casino, iba también otro tipo, compañero de él. La gente con pulque gime mejor, es lógico; bebe a una diosa raptada del cielo por un cabroncillo llamado Quetzalcoatl. Llegamos a mi casa y mientras buscaba unas canciones en la red, él simplemente se acostó en mi cama y me llamó, me abrazó y cachondeamos, se la empecé a mamar creyendo que yo desempeñaría el rol de pasivo. Le metí un dedo a su ano, gimió. Lo acaricié, se lo chupé, gimió. Le metí dos dedos, gimió. Volví a chupar, gimió. Le metí tres dedos con muchísimo cuidado, casi sin tocarlo, casi gimiendo. Los buenos músicos saben gemir. La suite No. Uno de Bach y el bolero de Rabel son mis gemidos preferidos. Clitemestra, Elena, Agamenmón, Orestes y Apolo son un constante gemido. Imagino regularmente que los gemidos de los dioses suenan más graves en la suite No. Uno de Bach. Los agudos son personificados por las mujeres. Imagino. Llevan una velocidad distinta, más rápida. Apolo, en cambio, se escucha en forma de una caricia sobre el cabello de Elena y de sus dos hermanas adulteras; es la culpa que se olvida de sí misma. Las Erinias se olvidan de sí embelesadas por el sonido grave en la suite No. Uno de Bach: un gemido de Apolo. Imagino. También hay gemidos silenciosos, los puedes encontrar en la calle, en la mirada de una madre por ejemplo; es Elena y Clitemestra. Es el engaño aprendiendo a ser discreto. Este hombre gemía maravillosamente. Sus piernas las puse sobre mis hombros. Estuvimos así por varios minutos, después lo voltee de manera que quedara de a perrito. Los gemidos aumentaron cuando lo tomaba por sus cabellos y le susurraba palabras que en este papel no escribiré. La pregunta que tenía que llevar a clase resuelta, es la siguiente: ¿por qué a Orestes se le perdona la vida cuando es enjuiciado por matar a su madre? Cuando acabamos el acto se vistió rápidamente y se puso a llorar. Me confesó que amaba a su novia. Yo terminé de programar las canciones de acuerdo a la escena. Su novia es actriz, es guapa y sin talento. Hemos bebido cerveza en algunas ocasiones. Los recordé, me dan ternura. Le pregunté a un compañero de clase cual era su conclusión sobre la pregunta, él me contestó que por cobarde; Orestes había matado a su madre por instrucciones de su hermana Electra, no por deseos propios. Electra a su vez estaba enamorada de su padre Agamemnón, muerto por Clitemestra, madre de Orestes y Electra, cabe mencionar que clitemestra llevaba por peculiaridad en la sangre el adulterio. No estoy de acuerdo en que haya sido por cobardía. Ahora me encuentro en el salón de clases, no puedo concentrarme, no escucho, trato de leer los labios del profesor. Mi tímpano revienta al escuchar el gemido de la noche anterior. Existen en nosotros varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya. GEMIDO Tengo 20 minutos haciéndome una chaqueta, son las 9: 24 de la mañana y estoy a punto de perder mi clase de introducción a las teorías dramáticas, la chaqueta es placentera; suena la suite No. Uno de Bach, sigue el bolero de Rabel. No hay cosa más excitante que metérsela a un heterosexual que se pone a llorar porque ama a su novia. No hay nada más excitante que una falta, un secreto, desafiar a los dioses, hacerlos escuchar tus gemidos. Se llama Sebastián, es un lavatrastos de un restaurantillo del centro. Nunca fue mi intención tener algo con él. Fuimos a tomar pulque al casino, iba también otro tipo, compañero de él. La gente con pulque gime mejor, es lógico; bebe a una diosa raptada del cielo por un cabroncillo llamado Quetzalcoatl. Llegamos a mi casa y mientras buscaba unas canciones en la red, él simplemente se acostó en mi cama y me llamó, me abrazó y cachondeamos, se la empecé a mamar creyendo que yo desempeñaría el rol de pasivo. Le metí un dedo a su ano, gimió. Lo acaricié, se lo chupé, gimió. Le metí dos dedos, gimió. Volví a chupar, gimió. Le metí tres dedos con muchísimo cuidado, casi sin tocarlo, casi gimiendo. Los buenos músicos saben gemir. La suite No. Uno de Bach y el bolero de Rabel son mis gemidos preferidos. Clitemestra, Elena, Agamenmón, Orestes y Apolo son un constante gemido. Imagino regularmente que los gemidos de los dioses suenan más graves en la suite No. Uno de Bach. Los agudos son personificados por las mujeres. Imagino. Llevan una velocidad distinta, más rápida. Apolo, en cambio, se escucha en forma de una caricia sobre el cabello de Elena y de sus dos hermanas adulteras; es la culpa que se olvida de sí misma. Las Erinias se olvidan de sí embelesadas por el sonido grave en la suite No. Uno de Bach: un gemido de Apolo. Imagino. También hay gemidos silenciosos, los puedes encontrar en la calle, en la mirada de una madre por ejemplo; es Elena y Clitemestra. Es el engaño aprendiendo a ser discreto. Este hombre gemía maravillosamente. Sus piernas las puse sobre mis hombros. Estuvimos así por varios minutos, después lo voltee de manera que quedara de a perrito. Los gemidos aumentaron cuando lo tomaba por sus cabellos y le susurraba palabras que en este papel no escribiré. La pregunta que tenía que llevar a clase resuelta, es la siguiente: ¿por qué a Orestes se le perdona la vida cuando es enjuiciado por matar a su madre? Cuando acabamos el acto se vistió rápidamente y se puso a llorar. Me confesó que amaba a su novia. Yo terminé de programar las canciones de acuerdo a la escena. Su novia es actriz, es guapa y sin talento. Hemos bebido cerveza en algunas ocasiones. Los recordé, me dan ternura. Le pregunté a un compañero de clase cual era su conclusión sobre la pregunta, él me contestó que por cobarde; Orestes había matado a su madre por instrucciones de su hermana Electra, no por deseos propios. Electra a su vez estaba enamorada de su padre Agamemnón, muerto por Clitemestra, madre de Orestes y Electra, cabe mencionar que clitemestra llevaba por peculiaridad en la sangre el adulterio. No estoy de acuerdo en que haya sido por cobardía. Ahora me encuentro en el salón de clases, no puedo concentrarme, no escucho, trato de leer los labios del profesor. Mi tímpano revienta al escuchar el gemido de la noche anterior. Existen en nosotros varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya. GEMIDO Tengo 20 minutos haciéndome una chaqueta, son las 9: 24 de la mañana y estoy a punto de perder mi clase de introducción a las teorías dramáticas, la chaqueta es placentera; suena la suite No. Uno de Bach, sigue el bolero de Rabel. No hay cosa más excitante que metérsela a un heterosexual que se pone a llorar porque ama a su novia. No hay nada más excitante que una falta, un secreto, desafiar a los dioses, hacerlos escuchar tus gemidos. Se llama Sebastián, es un lavatrastos de un restaurantillo del centro. Nunca fue mi intención tener algo con él. Fuimos a tomar pulque al casino, iba también otro tipo, compañero de él. La gente con pulque gime mejor, es lógico; bebe a una diosa raptada del cielo por un cabroncillo llamado Quetzalcoatl. Llegamos a mi casa y mientras buscaba unas canciones en la red, él simplemente se acostó en mi cama y me llamó, me abrazó y cachondeamos, se la empecé a mamar creyendo que yo desempeñaría el rol de pasivo. Le metí un dedo a su ano, gimió. Lo acaricié, se lo chupé, gimió. Le metí dos dedos, gimió. Volví a chupar, gimió. Le metí tres dedos con muchísimo cuidado, casi sin tocarlo, casi gimiendo. Los buenos músicos saben gemir. La suite No. Uno de Bach y el bolero de Rabel son mis gemidos preferidos. Clitemestra, Elena, Agamenmón, Orestes y Apolo son un constante gemido. Imagino regularmente que los gemidos de los dioses suenan más graves en la suite No. Uno de Bach. Los agudos son personificados por las mujeres. Imagino. Llevan una velocidad distinta, más rápida. Apolo, en cambio, se escucha en forma de una caricia sobre el cabello de Elena y de sus dos hermanas adulteras; es la culpa que se olvida de sí misma. Las Erinias se olvidan de sí embelesadas por el sonido grave en la suite No. Uno de Bach: un gemido de Apolo. Imagino. También hay gemidos silenciosos, los puedes encontrar en la calle, en la mirada de una madre por ejemplo; es Elena y Clitemestra. Es el engaño aprendiendo a ser discreto. Este hombre gemía maravillosamente. Sus piernas las puse sobre mis hombros. Estuvimos así por varios minutos, después lo voltee de manera que quedara de a perrito. Los gemidos aumentaron cuando lo tomaba por sus cabellos y le susurraba palabras que en este papel no escribiré. La pregunta que tenía que llevar a clase resuelta, es la siguiente: ¿por qué a Orestes se le perdona la vida cuando es enjuiciado por matar a su madre? Cuando acabamos el acto se vistió rápidamente y se puso a llorar. Me confesó que amaba a su novia. Yo terminé de programar las canciones de acuerdo a la escena. Su novia es actriz, es guapa y sin talento. Hemos bebido cerveza en algunas ocasiones. Los recordé, me dan ternura. Le pregunté a un compañero de clase cual era su conclusión sobre la pregunta, él me contestó que por cobarde; Orestes había matado a su madre por instrucciones de su hermana Electra, no por deseos propios. Electra a su vez estaba enamorada de su padre Agamemnón, muerto por Clitemestra, madre de Orestes y Electra, cabe mencionar que clitemestra llevaba por peculiaridad en la sangre el adulterio. No estoy de acuerdo en que haya sido por cobardía. Ahora me encuentro en el salón de clases, no puedo concentrarme, no escucho, trato de leer los labios del profesor. Mi tímpano revienta al escuchar el gemido de la noche anterior. Existen en nosotros varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya. GEMIDO Tengo 20 minutos haciéndome una chaqueta, son las 9: 24 de la mañana y estoy a punto de perder mi clase de introducción a las teorías dramáticas, la chaqueta es placentera; suena la suite No. Uno de Bach, sigue el bolero de Rabel. No hay cosa más excitante que metérsela a un heterosexual que se pone a llorar porque ama a su novia. No hay nada más excitante que una falta, un secreto, desafiar a los dioses, hacerlos escuchar tus gemidos. Se llama Sebastián, es un lavatrastos de un restaurantillo del centro. Nunca fue mi intención tener algo con él. Fuimos a tomar pulque al casino, iba también otro tipo, compañero de él. La gente con pulque gime mejor, es lógico; bebe a una diosa raptada del cielo por un cabroncillo llamado Quetzalcoatl. Llegamos a mi casa y mientras buscaba unas canciones en la red, él simplemente se acostó en mi cama y me llamó, me abrazó y cachondeamos, se la empecé a mamar creyendo que yo desempeñaría el rol de pasivo. Le metí un dedo a su ano, gimió. Lo acaricié, se lo chupé, gimió. Le metí dos dedos, gimió. Volví a chupar, gimió. Le metí tres dedos con muchísimo cuidado, casi sin tocarlo, casi gimiendo. Los buenos músicos saben gemir. La suite No. Uno de Bach y el bolero de Rabel son mis gemidos preferidos. Clitemestra, Elena, Agamenmón, Orestes y Apolo son un constante gemido. Imagino regularmente que los gemidos de los dioses suenan más graves en la suite No. Uno de Bach. Los agudos son personificados por las mujeres. Imagino. Llevan una velocidad distinta, más rápida. Apolo, en cambio, se escucha en forma de una caricia sobre el cabello de Elena y de sus dos hermanas adulteras; es la culpa que se olvida de sí misma. Las Erinias se olvidan de sí embelesadas por el sonido grave en la suite No. Uno de Bach: un gemido de Apolo. Imagino. También hay gemidos silenciosos, los puedes encontrar en la calle, en la mirada de una madre por ejemplo; es Elena y Clitemestra. Es el engaño aprendiendo a ser discreto. Este hombre gemía maravillosamente. Sus piernas las puse sobre mis hombros. Estuvimos así por varios minutos, después lo voltee de manera que quedara de a perrito. Los gemidos aumentaron cuando lo tomaba por sus cabellos y le susurraba palabras que en este papel no escribiré. La pregunta que tenía que llevar a clase resuelta, es la siguiente: ¿por qué a Orestes se le perdona la vida cuando es enjuiciado por matar a su madre? Cuando acabamos el acto se vistió rápidamente y se puso a llorar. Me confesó que amaba a su novia. Yo terminé de programar las canciones de acuerdo a la escena. Su novia es actriz, es guapa y sin talento. Hemos bebido cerveza en algunas ocasiones. Los recordé, me dan ternura. Le pregunté a un compañero de clase cual era su conclusión sobre la pregunta, él me contestó que por cobarde; Orestes había matado a su madre por instrucciones de su hermana Electra, no por deseos propios. Electra a su vez estaba enamorada de su padre Agamemnón, muerto por Clitemestra, madre de Orestes y Electra, cabe mencionar que clitemestra llevaba por peculiaridad en la sangre el adulterio. No estoy de acuerdo en que haya sido por cobardía. Ahora me encuentro en el salón de clases, no puedo concentrarme, no escucho, trato de leer los labios del profesor. Mi tímpano revienta al escuchar el gemido de la noche anterior. Existen en nosotros varias memorias. El cuerpo y el espíritu tienen cada uno la suya. GEMIDO Tengo 20 minutos haciéndome una chaqueta, son las 9: 24 de la mañana y estoy a punto de perder mi clase de introducción a las teorías dramáticas, la chaqueta es placentera; suena la suite No. Uno de Bach, sigue el bolero de Rabel. No hay cosa más excitante que metérsela a un heterosexual que se pone a llorar porque ama a su novia. No hay nada más excitante que una falta, un secreto, desafiar a los dioses, hacerlos escuchar tus gemidos. Se llama Sebastián, es un lavatrastos de un restaurantillo del centro. Nunca fue mi intención tener algo con él. Fuimos a tomar pulque al casino, iba también otro tipo, compañero de él. La gente con pulque gime mejor, es lógico; bebe a una diosa raptada del cielo por un cabroncillo llamado Quetzalcoatl. Llegamos a mi casa y mientras buscaba unas canciones en la red, él simplemente se acostó en mi cama y me llamó, me abrazó y cachondeamos, se la empecé a mamar creyendo que yo desempeñaría el rol de pasivo. Le metí un dedo a su ano, gimió. Lo acaricié, se lo chupé, gimió. Le metí dos dedos, gimió. Volví a chupar, gimió. Le metí tres dedos con muchísimo cuidado, casi sin tocarlo, casi gimiendo. Los buenos músicos saben gemir. La suite No. Uno de Bach y el bolero de Rabel son mis gemidos preferidos. Clitemestra, Elena, Agamenmón, Orestes y Apolo son un constante gemido. Imagino regularmente que los gemidos de los dioses suenan más graves en la suite No. Uno de Bach. Los agudos son personificados por las mujeres. Imagino. Llevan una velocidad distinta, más rápida. Apolo, en cambio, se escucha en forma de una caricia sobre el cabello de Elena y de sus dos hermanas adulteras; es la culpa que se olvida de sí misma. Las Erinias se olvidan de sí embelesadas por el sonido grave en la suite No. Uno de Bach: un gemido de Apolo. Imagino. También hay gemidos silenciosos, los puedes encontrar en la calle, en la mirada de una madre por ejemplo; es Elena y Clitemestra. Es el engaño aprendiendo a ser discreto. Este hombre gemía maravillosamente. Sus piernas las puse sobre mis hombros. Estuvimos así por varios minutos, después lo voltee de manera que quedara de a perrito. Los gemidos aumentaron cuando lo tomaba por sus cabellos y le susurraba palabras que en este papel no escribiré. La pregunta que tenía que llevar a clase resuelta, es la siguiente: ¿por qué a Orestes se le perdona la vida cuando es enjuiciado por matar a su madre? Cuando acabamos el acto se vistió rápidamente y se puso a llorar. Me confesó que amaba a su novia. Yo terminé de programar las canciones de acuerdo a la escena. Su novia es actriz, es guapa y sin talento. Hemos bebido cerveza en algunas ocasiones. Los recordé, me dan ternura. Le pregunté a un compañero de clase cual era su conclusión sobre la pregunta, él me contestó que por cobarde; Orestes había matado a su madre por instrucciones de su hermana Electra, no por deseos propios. Electra a su vez estaba enamorada de su padre Agamemnón, muerto por Clitemestra, madre de Orestes y Electra, cabe mencionar que clitemestra llevaba por peculiaridad en la sangre el adulterio. No estoy de acuerdo en que haya sido por cobardía. Ahora me encuentro en el salón de clases, no puedo concentrarme, no escucho, trato de leer los labios del profesor. Mi tímpano revienta al escuchar el gemido de la noche anterior.