Tú decides.
Nada ni nadie vendrá a por ti,
Ni salvación divina tan ansiada en merecer,
Ni bendición etérea del cielo verás caer.
Álzate ante el abismo de la desesperación,
Mira y reta tus miedos con ojos rojo fuego,
Salta, tropieza, vuela, destruye y grita con pasión;
“He venido a conquistarte, a retarte hasta dominarte”.























