Dejo que la vida me seduzca. Dejo que se pose en mi boca y serena implore mis mentadas de madre o mis besos. Dejo que la existencia me abarque como debe ser ya sea en una tarde de martes lluvioso con el café en el bulevar de la tristeza o con el viernes alegre en la avenida de los pervertidos ensoñados por la cerveza. Dejo que cada segundo me atrape y mi aliento se despunte en los pétalos de las rosas en el aroma del polvo del espacio que cae hacia la Tierra. No puedo detenerme ahora que se están formando los planetas dentro de mí y yacen como consecuencia nuevas dimensiones, neuronas de humo, jades enterrados en arenas de islas naufragas. Dejo que la vida me seduzca yo sólo tengo un barco de papel para recorrer el mar el mar que es el universo. Así que en lugar de tratar de atravesarlo dejaré que me empape para ser parte de él. Dejo que la vida me seduzca. Dejo que mis sentimientos se reconozcan con mi alma y se abracen con mis sonrisas ya sea de nostalgia o melancolía. Dejo que la vida me seduzca.
La memoria de las olas, Quetzal Noah (via quetzalnoah)











