Un dolor de cabeza que ninguna aspirina puede curar, es así como definiría a Indigo. Irreverente, osada, sarcástica y temperamental, nunca se sabe por completo con cual faceta de la joven vas a toparte, y no es que sea un misterio su personalidad, al contrario, es totalmente predecible, el ángulo complicado es conocer cual es el lado con que ella va a tratarte. ”Ojo por ojo, diente por diente” así es como funciona el mundo para la joven con cara de ángel, las apariencias engañan y esta es la viva imagen de ello, un carácter ácido producto de una adolescencia fracturada por sucesos difíciles, pero no del todo trágicos.
Aún después de todo lo ocurrido en las sombras de su pasado, Indigo nunca deja de sonreír -a menos que no le agrades por completo o simplemente no quiera hacerlo contigo-, uno de los detalles que no fracturó de si misma, conserva su sentido del humor y es que la chica tiene un talento especial e incomparable haciendo el ridículo, en ella las nuevas ideas jamás acaban. No es muy pensadora, ella solo actúa por instinto, desencadena su ira donde sea, cuando sea y con quien sea, no le teme a la reacción del otro y jamás se queda callada cuando algo le molesta, ella simplemente explota como si el resto no fuese a verse involucrado en su temperamento y difícil trato.
Sabe divertirse y al mismo tiempo ser consciente, pero solo con ella misma, los demás sabrán como arreglárselas, es algo extraño, sin embargo en todos los demás ámbitos es muy atenta con su circulo cercano, le gusta estar al tanto de todo silenciosamente, dar a conocer su preocupación con hechos y no con palabras. Le molesta de manera olímpica que la gente tome mucho cuidado de ella o que intenten analizarla, es muy desconfiada y jamás deposita su vida en manos de nadie, que alguien quiera protegerla la hostiga, se cree capaz de poder cuidarse sola hasta el fin de los tiempos, solo ella contra el mundo. Indigo no suele mostrar sus sentimientos, ella solo calla y deja que los momentos hablen, tal vez porque al hablar mucho se tropezó con sus propias palabras…
Breve historia de su vida
Una casa con decoraciones navideñas en épocas festivas, tres hijas preciosas, buenos negocios y un matrimonio estable, los Beauf lo tenían todo, su orgullo no podía estar más alto. Su hija mayor era una obra de arte tanto fisicamente como mentalmente, ella era perfecta en todo sentido de la palabra, era lo que cualquier padre hubiese deseado, había heredado la paciencia y tranquilidad de ambos, no era un problema en absoluto… era simplemente perfecta. Perfecta para ellos.
Porque para ella era un maldito desastre.
El señor y la señora Beauf pensaron en un cambio de escuela para la mayor de sus hijas, la joven entraría a segundo ciclo de preparatoria y era hora de ponerla en un lugar más prestigioso y de mayor calidad, no dudaban que fuese a cambiar su personalidad, Indigo era ejemplar y siempre supo escoger bien a sus amistades, sin embargo la chica esperaba algo totalmente distinto, este era su pasaje para dar a conocer su carácter reprimido en casa durante tantos años…
Siempre buscó más, pero, ¿Como hacerlo? No tenía los medios para no decepcionar a sus padres y al mismo tiempo estar bien consigo misma, no podía destapar que Indigo Beauf era una completa mentira en simplemente un par de días, por lo que al principio se mostró reacia a las fiestas que comenzaban a darse entre las amistades en la escuela…. lo que no duro mucho. Un día cualquiera había sobre los pupitres de todo el salón folletos de una gran fiesta a darse para celebrar el cumpleaños de una de sus compañeras de clase, chicas diferentes a ella ¿o tal vez no tanto? Los Beauf no pusieron inconvenientes, ambos sabían que su hija era una joven educada y considerada, que solo iría a compartir con sus compañeros.
Dudo que hubiesen pensado lo mismo si la hubiesen visto bailando sobre la mesa con una botella de tequila en la mano esa misma noche, típico de moscas muertas, le das un poco de libertad y se creen las dueñas del mundo, fue lo que pensaron algunas de las oxigenadas allí presentes. Con el tiempo Indigo se hizo conocida, a la chica le gustó el dulce sabor de la popularidad, ese bulto haciendo sitio entre sus entrañas que le daba nombre, ella era alguien y no iba a desechar esto. No cuando le causaba tanta diversión y por sobre todo, tanta atención. De fiesta en fiesta, de botella en botella, la chica caminaba por la delgada linea de ambos mundos, el borde del pozo con un fin abismal, pero paseaba por allí con paso seguro, ¿su plan? No iba a caerse.
Sus conocimientos y amplio sentido del humor la hicieron agradable al resto, estaban acostumbradas a chicas plásticas y sin cerebro, Indigo era una especie de alienigena para ellos, hablaba de sus frecuentes visitas a museos, galerías de arte, el teatro y su cámara, esto despertó el interés de varios y al mismo tiempo la envidia de algunos… una clase de envidia sana, ella no podía codearse con ambas especies, ella no era perfecta, era de dioses y divinidades estar en el cielo y el infierno al mismo tiempo, ella era solo una más. Y tenían que demostrárselo a todos, era hora de darle un empujoncito a la dulce Indigo, que tocara el fondo igual que ellos, que fuese por completo una más, basta del intento de híbrida. Indie lo pudo detectar al instante, ella siempre decía que los rostros eran como una fotografía, si los mirabas detenidamente podías descubrir el trasfondo. Se convenció de que ya había tenido su probada de vida real, era suficiente, había conseguido lo que quería, volvieron las tardes de fotografías, paseos al museo y clases de teatro, aún no decidía que quería estudiar, pero algo era seguro: tenía que llegar a la universidad. Pero todo plan tiene una grieta, una diminuta grieta que hace caer a pedazos todo lo construído hasta el borde del muro y esta vez la grieta estuvo en el plan de Indie.
”Es una fiesta Indie, vamos, estará toda la preparatoria, es casi fin de semestre, ¡no puedes perderte la fiesta de fin de semestre, cariño!”
Una inocente fiesta más, una de entre las cuantas a las que había ido durante todo ese periodo de tiempo, sus padres no le vieron inconveniente una vez más, Indigo debía divertirse, era una adolescente después de todo, los Beauf eran la clase de padres que van a buscar a sus hijos a la comisaría con el pretexto de ”son solo niños” e Indigo lo sabía, ellos nunca dirían no. Esa noche fue todo igual que siempre, se le insinuó un chico, pero ella lo envió a bailar, el siguió hostigándola… ”No voy a dormir contigo, supéralo y déjame en paz” Fue lo último que le dijo, el chico se retiró al parecer para nada ofendido, nadie más lo vio, seguramente se había ido. Indie siguió bebiendo, sin parar, entre todos los vasos que llevó a su boca uno tenía somníferos y en un par de minutos la joven cayó dormida en brazos de una amiga sobre el sofá. El plan era fotografiarla así, ebria, con el maquillaje corrido, con todo su adorable cabello negro pegado en el rostro por el sudor y luego divulgar las fotografías por las redes sociales, eso daría la verdadera imagen de Indigo ¿verdad? pero todo se salió de control, al cabo de dos horas la joven no despertaba y todos comenzaban a irse, finalmente la dejaron dormida en una de las habitaciones principales de la gran casa, planeaban volver por la mañana a ver que había ocurrido, no contaban con que el chico que había acosado a la inocente e ingenua Indie era el anfitrión, que estaba drogado y bebido, que la habitación en que habían dejado a Indigo era la de el y mucho menos que el chico pensaría en ella como una presa fácil no estando en sus cinco sentidos.
”Ella estaba en falda y en mi cama, tío, no sé que pensaba, se veía tan jodidamente sexy, de todas maneras esta inconsciente, no tienen que decirle.” fue la excusa del imbécil que recibió una sarta de golpes de parte de los chicos del grupo, pero los hematomas que pudieron dejar en el cuerpo del individuo no era nada en comparación al daño que le habían hecho a Indigo. ”¿Como mierda se supone que vamos a decírselo? ¡Dudo que en su vida un hombre la haya tocado más allá del brazo! Esto es un desastre, un total desastre, jodida mierda.” Eran algunas de las palabras que resonaban en la gran casa cuando Indie comenzaba a despegar sus ojos, habían buenas noticias: estaba viva.
Le mintieron, solo la más fuerte de ellas pudo soltar el falso cuento por completo: ”Cariño estabas muy ebria y subiste con el, intentamos evitarlo pero fuiste muy terca, te encontramos aquí.” La noticia la hizo añicos, pero las chicas decían que había sido su decisión, no tenía de que quejarse. Le pidió a una de las jovenes que la acompañase a médico y luego del chequeo la chica le soltó todo, se puso a llorar y le dijo que no soportaba más, le rogó que no les odiara, que no eran sus culpas… Pero Indigo podía sentir como todo dentro de ella se daba vuelta de asco, de ira, de rencor, todo lo que quería era vengarse, era devolverles la mano a esas perras que se hicieron llamar sus amigas. Todas estaban muy arrepentidas de lo ocurrido, pero comenzaron a arrepentirse más al enterarse de que la inocente Indie se estaba metiendo en las camas de sus novios, hermanos y pretendientes, una por una las hizo caer, desde la más fuerte hasta la más débil. Ellas solo debían mantener silencio, se lo tenían merecido, ellas le habían destruido la vida, eso era lo que pasaba por la cabeza de Indigo, no se daba cuenta de que se estaba destruyendo la vida ella misma. Comentarios como ”perra, zorra, puta, ofrecida” y muchos más comenzaron a circular por la escuela, Indigo solo sonreía ante ello,si provenían de personas insignificantes daban igual. Cierto día acabo con su plan, la más débil estaba llorando en el comedor cuando Indigo ingresó al salón, pasó por el lado de ellos como si nada. ”¿Te crees mucho con tu carita de muñeca de porcelana, eh? Malparida, hija de la zorra suprema.” Fue lo que le gritó desde el otro lado del salón, Indigo pudo sentir el calor de la ira desplazándose por su ser, no iba a quedarse callada, no iba a hacerlo nunca más. Entonces le reventó la bandeja del almuerzo en la cabeza, lo que significó expulsión, la chica quedó con algunos traumas en el cráneo, pero habían buenas noticias: estaba viva. Indie jamás le contó a nadie lo ocurrido en la fiesta, nunca se armó de valor, decidió decir que la golpeo solo por el insulto y nada más, sus padres lo comprendieron y lo creyeron.
El señor y la señora Beauf accedieron a que su hija tomara clases en casa y terminara el año así, luego la dejaron hacer lo que quisiese, entonces Indigo se fue a trabajar a una compañía de teatro, sus padres estaban convencidos de que la joven se había ido para no volver, prácticamente era mayor de edad y tenia la libertad de hacer lo que quisiera, sin embargo al cabo de un año la hija pródiga volvió, casi no parecía ella, esta era una mujer de tomo y lomo, que traía una sonrisa en su rostro y en su mano un papel que certificaba su matrícula en Imperial Academy. Su primogénita lo había hecho, lo iba a lograr. Y habían buenas noticias: estaba más viva que nunca.