Vestí todos mis sentidos con poesía y los mande a contemplar el mundo exterior, algunos entendieron la razón de su existencia, otros simplemente se perdieron en la gran penumbra del olvido. Uno de ellos regresó, y silenciosamente penetró mi alma, desde adentro, con un aura depresiva contó una historia, una que estaba seguro ya había escrito. Recitó aquellos versos y rompiendo a llorar mencionó su nombre.















