Peter Solarz
dirt enthusiast

shark vs the universe

❣ Chile in a Photography ❣
styofa doing anything
Three Goblin Art
d e v o n
occasionally subtle
Monterey Bay Aquarium

Janaina Medeiros
Stranger Things

#extradirty
No title available

Origami Around

@theartofmadeline

祝日 / Permanent Vacation
h
Cosimo Galluzzi
AnasAbdin
Xuebing Du

seen from New Zealand

seen from Hungary

seen from Türkiye
seen from United States
seen from Malaysia
seen from Malaysia
seen from United States

seen from New Zealand

seen from United States
seen from United States
seen from Luxembourg

seen from Türkiye

seen from United Kingdom

seen from New Zealand

seen from United Kingdom

seen from Malaysia

seen from Hong Kong SAR China
seen from United States
seen from Türkiye

seen from North Macedonia
@inyourdebtx
[FOUR MONTHS LATER]
(Antes que nada, aviso que no he subido mas posts en Kennan por simple vagancia, my bad. Pero está claro que se quedó cerca de Leona all this time, because of reasons)
Orchid, Rio Indio. Florida
Hacía un frío infernal a fuera. El viento soplaba con fuerza en la costa, y en tantas otras como en aquella cafetería, la gente había buscado algo de calor humano y algo caliente para beber. Kennan Donnelly y Leona Kenzo no eran una excepción.
Se habían marchado de Fort Hood hacía un par de semanas, probando suerte por su cuenta, intentando encontrar algo a lo que echarle mano. Kennan no era cazador, pero Leona si, y entendía que Fort hood se hubiese vuelto agobiante y asfixiante, de hecho, le sorprendía que hubiese aguantado tanto tiempo en aquél perímetro seguro, sin el subidón de adrenalina atado al peligro.
Sin embargo, eso de estar en público no era precisamente del agrado del lycan. No se sentía cómodo rodeado de gente, sin mencionar que estaban en luna creciente y que controlar sus instintos primarios era más complicado cuando se acercaba la luna llena.
Lo demostró cuando, sin poder pasar más por alto las constantes miradas ardientes de aquél pescadero baboso hacia Leona giró apenas la cabeza para gruñir hacia él, enseñando levemente los colmillos
El hombre, obviamente y como era de esperar, tragó saliva casi derramando su taza de café e inquieto se puso en pie, dirigiéndose a la barra para pagar y probablemente salir pitando del local.
Kennan sonrió para si y estiró la mano bajando la tapa de la laptop de Kenzo.
-¿Podemos irnos ya? ¿Has encontrado algo?
Sin embargo, la cazadora impidió mayor movimiento proveniente del lycan al generar resistencia, agachando la barbilla para no perder de vista el artículo de un periódico local, bastante clandestino, escrito por especialistas en cacería tal como lo era ella. Aún cuando Kennan tenía más fuerza que ella, Leona logró su cometido, devolviendo la tapa de la laptop a su previo sitio.
-Deja de asustar a la gente, deberías de acostumbrarte a las miradas tanto como yo lo hice –murmuró la inglesa, extrañamente hablando rápido todavía cuando su rostro se movía grácil por las morisquetas, como si fuese un depredador a punto de capturar a su presa; sólo entonces sus ojos de color irremplazable, aquellos que entremezclaban un verde oliva con la más dulce miel, se alzaron para impactar contra los azules de Donnelly. –Y deja de recordarme que yo no puedo sacarle los dientes así a las señoritas para hacerlas fuera de tu camino –finalizó, enarcando ávidamente una de sus cejas para cuando desvió la mirada hacia la mesera, con la que la atravesó y consumió hasta que la chica se vio intimidada, y la sonrisa tonta por el hermoso porte del lycan desapareciera. -Dos manadas de lobos están enfrentándose, y me atrevo a decir que no es por algún interés en común –anunció, siguiendo con la mirada a la mesera hasta que se perdió detrás de una puerta; fue en aquel momento donde Leona le devolvió la mirada al lycan –Sino todo lo contrario.
-Lobos -Kennan alzó las cejas notablemente, y deslizó los dedos por el filo de la mesa, haciendo música con ellos luego -Entonces será mejor que sigamos camino. Habrá algo a un par de condados de aquí, quizá en la próxima ciudad. Sé que tu especialidad son los lobos, pero estás sentada en frente de uno y no me apetece encontrarme con el pasado. Si quieren matarse entre ellos, por mi bien, no parece que sea asunto de cazadores. Dejemos las guerras de los licantropos para los licántropos -dio un sorbo a su café caliente y ladeó una sonrisa al agachar la mirada, ocultándola de ella, y la borró solo cuando volvió a mirarla -Y hey, tu no necesitas colmillos para espantar la competencia. Creo que esa pobre camarera va a tener pesadillas contigo los próximos veinte años, los psiquiatras privados te deberán parte de su sueldo.
No obstante, sin hacer caso a lo dicho por el lycan y sólo absteniéndose a una torcida sonrisa de medio lado conforme negaba con la cabeza, Leona despegó la mirada de su compañero, con la suya teñida de orgullo, para perfilarla sobre el periódico virtual que tenía a su frente.
-No lo entiendes, no es algo de licántropos –prosiguió en primer término, movida internamente por la necesidad de acción y misterio que hacía meses no encontraba; de inmediato las manos femeninas cogieron como una canasta la laptop, enseñándole al lycan un párrafo concreto que explicaba el comportamiento de los licántropos aún sin dejar nada en claro al hincar el dedo índice sobre la pantalla.
De todas maneras, antes de hablar, le dejó una brecha de algunos segundos a Kennan para ser capaz de leer, mientras ella aprovechaba y bebía de su taza el café que la abrazó por dentro.
-Apuesto mi trasero que está ligado a algo como bandos de supervivencia, la pertenencia a un equipo –y antes de que Kennan preguntara o adivinara, Leona asintió una vez con la cabeza –Salomon y el círculo de Sahed, si están con alguno de estos dos grupos, la tienen asegurada.
Aunque recapacitó sobre lo que Leona dijo, Kennan se mantuvo en su postura de negación. Había cierto fuego en su mirada cuando clavó los ojos en los pardos de ella.
-Ser un alfa solitario es visto a ojos de las manadas como una verguenza, un insulto a nuestra raza. No puedo mezclarme con nada de todo esto, nena, si lo hago probablemente acaben exigiéndome reclutar una manada, y no puedo hacerme cargo de lobos adolescentes o de nada ahora mismo, en todo en lo que siempre he pensado desde hace años es en..
En ti, pero no pudo acabar su confesión que pretendía de algún modo convencerla de alejarse de aquello porque alguien en aquella cafetería le llamó por su nombre.
-¿Kennan? ¿Donnelly? -se trataba de un muchacho, joven, un pelo desordenado y castaño. Había confusión en sus ojos pero una sonrisa en sus labios -¡No puedo creerlo! -abriéndose camino entre la gente, el joven acabó sentándose junto a Leona, en la silla libre y se inclinó hacia delante para ver mas de cerca las facciones de Kennan -Si que eres tu. Tan malhumorado como siempre, tío, qué bien te ha sentado la aventura.
-Dyson -murmuró Kennan entre dientes, manteniendo la mirada puesta en su taza de café.
-El mismo -sonrió aún alegre el chico. Entonces posó la mirada bocabierto en Leona, repasándola de arriba abajo -¡Y tu eres su protegida! Vaya.. Eres tan preciosa como me imaginaba. Kennan siempre hablaba de ti, estaba locamente enamorado, una vez incluso..
El abrupto ruido de algo rompiéndose le silenció. Dyson giró la cabeza y vio el café derramado en la mesa, la taza echa de Kennan pedazos. "Ups", hizo una mueca y se humedeció los labios.
Con una sorpresiva incredulidad Leona escrutaba la situación que se estaba abriendo paso, pero escuchar las palabras del desconocido y ver la forma en la que era el objeto de inspección, la puso algo nerviosa, aún más al escuchar las últimas palabras que como si fuera una adolescente, le avergonzaron tiñéndole las mejillas de un tono rosáceo que una Kenzo no frecuentaba en lo absoluto.
Entonces, antes de tener oportunidad de despedir palabra alguna mediante sus entreabiertos labios curvilíneos, la mirada de la cazadora se disparó hacia la derecha con tan rapidez con la que la taza se había destrozado, y por inercia y entrenamiento, su mano aferró con fuerza la muñeca de Donnelly, dispuesta a matar. Sólo segundos después se relajó, suspirando el aire que había mantenido en su pecho al ver cómo las personas en el sitio habían volteado a verlos.
-¿Puedes actuar como el ser humano común y corriente que no eres? –cuestionó en voz baja, con aquella disfonía y acento que le caracterizaban, y con cuidado, haciendo de cuenta que el contacto entre sus pieles era algo vulgar y que no la enloquecía, lo soltó poco a poco hasta deslizar la mano lejos de la de él No queremos llamar la atención, dile a tu amigo eso dijo aún sonrojada, acomodando nuevamente su trasero sobre la silla al espiar de reojo los brazos de Dyson, y así escalar para encontrarse con su prendida mirada - Quién eres? –y al parecer, adelantándose, Leona adoptó una mueca severa antes de ladear la cabeza, amenazante –No me digas Dyson.
-Es un cachorro -explicó con voz ronca Kennan. Aún no levantaba la mirada, solamente movió la mano para sacudirla a un lado de su cuerpo limpiándola de café, y después se ayudó con una servilleta, mirando por fin al chico.
-Oh, pero ya no soy un cachorro -rió el muchacho, intercalando la mirada en ambos -Ahora ya me tienen en cuenta en la manada, soy los ojos que todo lo ven.
-El chivo espiatorio -resumió donnelly, enarcando las cejas.
-Hey -Dyson le señaló -No quieras arruinarle a todos la vida solo porque tu eres un amargado. Después de muchos años tengo misiones, cuentan conmigo, es más de lo que pensé que me darían.
-Conocí a Dyson en Rusia, él y los suyos me dieron cobijo y me ocultaron de los otros clanes, solo estaba de paso y no quería mezclarme en guerras entre alfas.
-Tienes la mala costumbre de maltratar a quien no debes –acusó Leona a Kennan, sin embargo con la voz relajada, como si estuviera diciendo algo completamente sabido y vulgar; sin tardar en voltear la cabeza para enfrentar a Dyson con la mitad de la espalda, Leona le estiró una mano con intenciones de estrechársela –Asumo que sabes quién soy –dijo, no obstante para nada alegre sobre ello, y tras estrechar con energía su mano, Leona dibujó sobre una de sus comisuras una fugaz y pequeña sonrisa, observando a Kennan de reojo –Si eres los ojos que todo lo ven, ¿puedo hacerte una pregunta? –inquirió angelical, con una faceta suya que sólo guardaba cuando era necesario; era probable que quizá Dyson no quisiera compartir información sólo para que maten a los suyos, fueran o no de otras manadas, así que tenía que sacar sus mejores ases.
Fue entonces cuando devolvió sus ojos a Dyson, paseandola por su entero rostro. Sí, era un niño, un cachorro, de eso no había duda alguna.
-Creo que sé lo que vas a preguntarme. Eres cazadora, y deberías tener cuidado, nosotros solemos dar esquinazo a los cazadores, intentamos no meternos en problemas pero los Goluveb no, si ven un cazador en su territorio no hacen la vista gorda, van a por él.
Kennan tenía el ceño fruncido, solía adoptar ese gesto cuando escudriñaba a alguien con la mirada, y ahora mismo sentía el rápido latir del corazón de Dyson.
-El chico que ha aparecido muerto -habló Donnelly -¿Era de los vuestros?
-Finn -suspiró, bajando la mirada y apoyando la espalda en la madera de la silla, encogiéndose de hombros -Esos cabrones nos han declarado la guerra y mi padre no va a descansar hasta que les despedacemos a todos.
-Típico de los animales que sois -Kennan era sincero, no solía guardase sus opiniones y mucho menos respecto a las malas costumbres de su gente.
-No -Dyson miró a Leona, y nuevamente al lycan al otro lado de la mesa -Ahora será diferente. Mi padre ha cerrado una alianza con gente importante, ahora estamos protegidos.
Sorprendida por la tosquedad de las palabras de Donnelly, Leona y su mirada quedaron prendidas en el lycan, observando su actitud y comportamiento, una que nunca había enseñado antes y que por más vil, encontraba atractiva por sobre todo lo demás. Sin poder comprenderse fue por esa razón que enarcó una ceja por sobre la otra; sin embargo, las palabras del muchacho a su lado capturaron su atención, y asimismo sucedió con su mirada, que se la dedicó enteramente, ceñuda.
-¿Crees que les tengo miedo o no soy capaz de arrancarle la cabeza en un intento? –no tuvo problema alguno de decir en primer momento, fuerte como una roca y sin expresión alguna liderando en su rostro; que pongan en tela de juicio sus habilidades como cazadora, no le gustaba en lo absoluto. Sin embargo no dudó en volver a hablar rápidamente. –¿A qué te refieres con gente importante? –inquirió sin pelos en la lengua.
-Mira, me caes bien -Dyson suspiró y frunció los labios, negando con la cabeza -Es como si te conociera. Pero soy un lobo, tu eres una cazadora, estamos en mundos muy distintos y si comparto información con el enemigo, mi padre me destripará. O peor, procederá a desterrarme y un lobo sin manada, no es un lobo -rápidamente miró a Kennan -Sin ofender.
-No me ofendes -Kennan bufó, frotándose la sien, descansando la espalda contra el respaldo de su silla.
Si había alguna posibilidad de evadir aquél caso, se había ido al diablo con la irrupción de Dyson. Leona no dejaría escapar esa oportunidad, y no tenía claro si él quería hacerlo de todos modos. La raza de los licántropos siempre se habían rendido cuentas entre ellos, nunca le habían jurado lealtad a nadie más, eran fuertes, orgullosos de su linaje, que estuviesen vendiéndose a facciones demoníacas solo podía significar que el terror había dejado una huella más profunda de la que creyó en un principio.
-¿La manada de Stas mató a vuestro chico sin razón? Es curioso, porque es difícil encontrar a un lobo sin su manada, solo, desprotegido.
Dyson suspiró una vez más.
-Claro que no. Finn estaba vigilándoles, debieron de notarle y le enviaron un mensaje a mi padre y al resto.
-Un lobo sin manada es lo más valiente que he visto jamás –intervino Leona tras haber estado escudriñando la situación con cierto recelo, sin hilo conductor entre los comentarios anteriores pero aún sin importarle. Había agachado la mirada nuevamente, cerrando las pestañas que dejaban en vista la investigación que había estado realizado con anterioridad. ¿Dyson no quería darle información? Ella podría sola. Lo más importante se lo había confirmado, pisándose los talones: estaban haciendo tratos con gente más poderosa –Sin embargo, al parecer, las manadas necesitan de una autoridad además del alfa para mantener sus traseros a salvo. Y en tiempos de paz –pedante, Leona enarcó las cejas sólo como ella sabía en momentos donde el orgullo reinaba, sobre todo cuando protegía a alguien más como si estuviera ella defendiéndose a garras, y tras de un manotazo cerrar la laptop, despegó el trasero de la silla para así estirar las piernas y quedarse de pie, acomodando la PC bajo su brazo derecho –¿Cierto? –con una sonrisa sobre los labios, fugaz como toda morisqueta en su rostro, la cazadora paseó la mirada por ambos muchachos. Con la tensión que Kennan tenía, debían salir de allí rápido –Kennan, tenemos que irnos –anunció, y nuevamente irónica, después de relamerse los labios se sonó el cuello hacia ambos lados –No vaya a ser que con tanto perro dando vuelta se me ocurra quebrarle la nuca a alguno de los dos, eh –masculló entre risas silenciosas que en verdad nada de gracia tenían.
CHAPTER - TRUST TALE Kenzo había escogido un motel abandonado para su aislamiento, tanto de la base de su primo como del pequeño grupo del que ella formaba parte. No parecía haber peligros inminentes alrededor, todo estaba calmo. Sin embargo, no se escuchaba si quiera el cantar de los pájaros. Tampoco el ronronear de ningún motor. Nada, absolutamente nada. Y eso, en contadas ocasiones no significa otra cosa que peligro.
Efectivamente, un estruendo estrepitoso irrumpió en la calma, cuando un cuerpo entró por la ventana de la habitación dónde Leona descansaba. El impacto fue violento, y los cristales saltaron por todas partes. A simple vista, el soldado uniformado de negro que yacía entre vidrio y ensangrentado no estaba con vida, pero el hombre que entró por la puerta abriéndola sin necesidad de llave, con una violenta y certera patada, si estaba vivo.
Kennan ladeó la cabeza a un lado para observar el abandono del dormitorio, y finalmente clavó la mirada en los ojos sorprendidos de la cazadora de lobos.
-¿Interrumpimos algo?
Arrancada violentamente de los brazos de Morfeo, Leona Kenzo jadeó y despegó la espalda del colchón de la cama en cuanto escuchó al primer cuerpo caer. Fue instantáneo que encendiera la luz que descansaba sobre su mesa de noche, cogiendo la cuchilla que mantenía bajo la almohada para esconderla tras su espalda. Sus ojos de color miel apenas habían alcanzado a identificar el cuerpo del soldado para cuando alguien más se adentró al cuarto, y aún somnolienta, Leona se incorporó para acabar de pie, frente al joven moreno al que apuntó con la cuchilla.
-¿Qué demonios estás haciendo aquí? –murmuró entre dientes, sin pudor alguno de estar frente a él con las piernas desnudas; apenas le recubría el trasero y parte mínima de las piernas una calza negra, en tanto arriba vestía sencillamente con una remera de tiras. Su cabello, lejos de estar despeinado, estaba religiosamente atado en un rodete, y su posición de defensa no tardó en moldear su cuerpo conforme su mirada se endurecía.
Las cejas del lycan se alzaron notablemente ante ese recibimiento. No por sorpresa, sino por haber acertado cuando predijo cómo iba a reaccionar ella.
Ladeó una sonrisa y frunció después los labios, encogiéndose de hombros.
-Pasaba por aquí, percibí tu olor y no pude evitar dejarme caer por tu puerta -bajó la mirada al cuerpo -Y romperte la ventana. Imaginaba que no tenías un buen despertar, admito que eso ha sido simple placer de molestarte.
Estiró la mano y la dejó sobre la de ella, para que bajase ese cuchillo.
-No he venido a matarte, si es lo que crees. No soy tu enemigo.. Hasta dónde se, tus enemigos no cuidan de ti mientras duermes. Ese soldado merodeaba por la zona, junto a seis más.
Por más que Kennan acababa de decirle en cierta manera que estaba pendiente de ella y ya reconocía su aroma, Leona no pudo evitar enfadarse fugazmente ante el movimiento que él había empleado para bajarle el arma.
-Tienes mala memoria y no recuerdas que no me gusta que me toquen, menos mis armas –dijo, con la intensidad quemando en sus ojos en forma de llamas, y penetró los ojos azules del lobo antes de espiar de reojo al soldado -¿A qué has venido entonces? –moviéndose hasta el soldado para patearlo y asegurar que estaba muerto, Leona guardó la cuchilla dentro del elástico de su ropa inferior antes de girarse y mirar a Kennan. Quizá así podría quedarse tranquilo y pensar que no lo iba a atacar… -No recuerdo haber contratado un servicio de guardia –acotó la joven Kenzo al momento de ladear su rostro, observándolo para descubrir más allá de lo que sus labios articularían.
Kennan puso los ojos en blanco. Era como hablar con un mono, oía, pero no escuchaba.
-No he venido, siempre estoy cerca. Tengo mis razones -con eso pretendió dejar en claro que eso sería toda la información que iba a darle. Las tenia, y ella no se hacía una idea de cuales eran, y por eso probablemente ella aún no había intentado clavarle el cuchillo en el pecho -Pero si me preguntas porqué he irrumpido ahora mismo, te lo diré. Del mismo modo que localizo tu olor, he localizado el de tu amiga. La bruja -sonrió -Ya no huele tanto a podrido como aquella noche -le dio la espalda cuando se agachó para manosear el cuerpo del soldado, sacándole las armas y dejándolas descargadas en el suelo. Le serían útiles a Kenzo -Está a un par de kilómetros de aquí, la he visto cerca de un campamento de milicia francesa.
-¿En un campamento de milicia francesa? –repitió la cazadora en cuanto la incredulidad la invadió de comienzo a fin, y no fue consciente de cuánto su entrecejo se había fruncido ante la sorpresa de escuchar tal comentario.
Su mirada estaba plantada sobre el lobo, y sonrió a escondidas de él en cuanto vio que estaba realizando lo mismo que ella hubiera hecho si él no estuviera allí. Las piernas de la cazadora se aflojaron para caer en la cama sentada, y se pasó ambas manos por el rostro con intenciones de despertarse. ¿Qué diablos le pasaba? ¿Por qué no lo mataba y ya? Eso estaba definitivamente fuera de su naturaleza de especialista en lycans, pero por alguna razón también sabía que, en ocasiones, debía ser diplomática. Él tenía información, importante de hecho, y le había prestado leña verde, que la había ayudado quizá demasiado. Sólo por esos motivos todavía no le había cortado en dos mitades.
-¿Qué diablos hace ahí? –preguntó aunque sabía que él no tendría respuesta, y sin tardar demasiado, sacudió la cabeza antes de ponerse de pie, caminando hasta el bolso que había cercano a la puerta. Se agachó frente a él, y tomó dos piezas de vestimenta para vestirse además de unas tennis -Tenemos que matar a los otros que andan merodeando –dijo, y se mordió la lengua con fuerza al notar que había hablado en plural, esperando que él no lo notara.
No, lo correcto no era hacer un maldito equipo.
El joven Donnelly sonrió para si aún de espaldas a ella, escondiendo así esa sonrisa de ella. Que no estuviese intentando matarle había sido un gran paso, que le incluyese en sus planes de rescate, era un paso más importante. ¿No se trataba de eso, a fin de cuentas? ¿De acercarse de ese modo a ella?
Ella no lo entendía. Desde su décimo octavo cumpleaños, todo lo que había querido era probarse que realmente podía ser superior a su condición. Que no estaba diseñado para matar, que la muerte de su familia había sido un genocidio, no justicia. Él no era como los demás, no era un alfa a pesar de ser el hijo de uno, pues no tenía manada alguna. Era un omega, un lobo solitario, y durante mucho tiempo, todo y lo único que había tenido, era una deuda que ahora, poco a poco, parecía estar más cerca de saldar.
Se irguió de pronto cuando a sus oídos se alertaron al reconocer una carrera. Unos pies pisaban con fuerza, en una rápida huida. Y no muy lejos, muchísimas botas más seguían el mismo recorrido. Una persecución.
Sin mediar palabra se dirigió a la puerta y salió de la habitación.
Para entonces y la fortuna de Rhian Burgnam, Leona había acabado de vestirse en frente del lobo sin problema alguno para cuando aquello acontecía. Se sorprendió de ver cómo el moreno salía de la habitación sin mediar palabra; sólo entonces comprendió que debía apresurarse para alcanzarlo.
Luego de tomar el cinturón especial que contenía cuchillas, se lo prendió a la cadera en tanto rápidamente cogía de la mesa de noche un calibre número nueve. Pudo percibir como ante lo inesperado, su entero cuerpo estaba siendo embargado por la adrenalina que le agarrotó todos los músculos, concentrando toda la energía que tenía en ellos para pronto ser capaz de entrar en acción. Tampoco pareció no importarle que la puerta quedara abierta y dejara en vista el cadáver, junto a sus cosas.
La posibilidad de tener problemas con la policía y su identidad poco le importó, después de todo vivían en una guerra constante y de cualquier manera hallaría manera de escapar. Sus pies trazaron una veloz trayectoria para alcanzar al lobo y ubicarse a su lado, ralentizando su andar aunque sin volverlo vago, y lo miró de reojo con todos sus sentidos alerta.
-¿Qué has oído?
Los ojos de Kennan, rojos como la sangre vieron hacia su izquierda, dónde solo habían árboles más allá del parking del motel donde, por cierto, no había nadie más que Kenzo y él. El problema con la guerra es que la gente no tiene tiempo que dedicarle a sus negocios, prefieren ganar tiempo huyendo del país cuando aún tienen una oportunidad de hacerlo.
Como ese motel, habían muchos.
-No hace falta que corramos -avisó, inclinando apenas la mirada cuando endureció la totalidad de su cuerpo, preparado para defenderse -Ya están aquí.
Al instante, empezaron a escucharse los disparos. No cesaban, era una bala otras otra, zumbando por todas partes. De pronto, de entre los árboles salió escopeteada una figura femenina, tropezándose con el primer escalón que se interpuso en su camino y saltando la primera valla que encontró, todo sin detener su carrera.
Rhian Burgnam maldijo por lo bajo, sus pulmones no daban para más, y ver esas cuatro paredes del motel y que solo había campo a tráves detrás de él, por lo que sería un blanco fácil de ahora en adelante, hizo que pensase en un plan B.
Se agazapó después de deslizarse contra un vehículo estacionado del parking y alzó el arma a la altura de su rostro, sacando el cargador para ver cuantas balas le quedaban.
-Five -ladeó la cabeza haciendo una mueca al mismo tiempo -Not bad. It could be worse.
Los soldados de la milicia ya estaban allí, llegaron en su carrera y con sus armas en alto dispararon contra el vehículo en el que Rhian había encontrado refugio. Los cristales se hizieron pedazos y ella agachó la cabeza para asegurarse que ninguno le cortaba.
Mientras tanto, Kennan había tomado del brazo a Leona para proteger su posición, escondiéndose ambos detrás de otro vehículo. Tenían buena visión, tanto de la posición de Rhian como de la posición de los franceses que acababan de llegar.
-A tu amiga se le da bien meterse en problemas -comentó en voz baja, analizando la situación.
Leona había permitido sin chistar que él la tomase del brazo y la arrastrara justo detrás de la carrocería. Una vez en aquella posición se inclinó, aún de cuclillas, para observar a Rhian protegiéndose con un arma. Al percatarse de ello, la cazadora frunció el entrecejo al saber que nunca había entrenado con ningún tipo de arma, al menos en su compañía, y suspiró porque al menos, su amiga, tenía con qué defenderse.
-Ni que lo digas –le respondió a Kennan a modo de susurro, sin demorarse en preguntarse fugazmente qué diablos hacía Burgnam allí. Entonces giró el rostro para verlo a Kennan, encontrándose sumamente cerca de él, aunque aquello no pareció molestarla, sino que aprovechó para admirar sus rasgos desde cerca. Los ojos carmín, el cabello reverberando en sus mejillas ante la transformación… ¿cómo era capaz de cazar criaturas tan increíbles? Quizá justamente por eso, porque les admiraba y en parte los encontraba más superior que ella. Y claro, con Leona Kenzo eso nunca podría pasar.
-Tengo que ir con Burgnam –murmuró, endureciendo su rostro en tanto quitaba el seguro de su calibre. Se mordió la lengua para no darle las gracias, porque después de todo él se quedaría para ayudarles; fue después de girar el rostro, que potenció la fuerza de sus muslos antes de ponerse de pie y correr, entre las tinieblas, en dirección a la bruja, escuchando y sintiendo cómo sorteaba las balas de la milicia francesa al encorvar la espalda ligeramente, destrozando los últimos metros al salir ilesa -¿Qué demonios haces aquí sola? –cuestionó Leona en cuanto se plantó detrás del vehículo donde la rubia se defendía, justo al lado de ella, pero sorprendiéndola porque apareció del otro lado por el que observaba.
El bote que Rhian había dado hubiese sido mayor de haber estado de pie, pero estando agazapada y con el culo en el suelo, todo lo que hizo fue sobresaltarse y apuntar su arma hacia la que acababa de sentarse a su lado. ¿Leona? ¿Qué demonios?
-What the fuck are you doing here? -preguntó con sorpresa al principio, pero pronto su mirada se endureció -What? Anything you regret?
Moviéndose con cuidado a su derecha, Rhian inspiró profundamente hasta que se atrevió a asomarse. Tres hombres a la izquierda, cinco a la derecha y unos diez en el centro. Se decidió por los de la izquierda, y volviendo a dejarse ver apenas disparó contra ellos, logrando alcanzar solo a dos, volviendo a resguardarse.
-Shit -maldijo, arrojando el arma porque se había quedado sin balas, desenfundando la segunda pistola de su cinturón. En esa le quedaban un par.
-Come on bitch! -gritó uno de los franceses, disparando con la más primitiva rabia, aún sabiendo que no acertaría -Show yourself!!
-I don't know why he's mad at me. I only explode his camp -puso los ojos en blanco -People are so emotional.
-You had not the right to move of the base, Rhian –dijo Leona a modo de respuesta, observándole fugazmente cada escondrijo de su rostro antes de cargar el arma. Su voz había sonado igual de dura que cariñosa, como si estuviera hablándole a su hermana menor que era incapaz de comprender algo; la cazadora estaba al tanto de que había poco tiempo como para darle una explicación o lecciones de moral, sin embargo pretendió que con ello tal sólo alcanzara.
Tras darle un escaneo de arriba abajo, supuso que estaba mejor físicamente, y haciendo caso omiso al último comentario por parte de la rubia, giró la cabeza para ver a Kennan metros alejado de ellas –I’m with a wolf – anunció, asomándose por sobre la carrocería para dar tres certeros tiros, uno a cada cabeza de las milicias. Entonces, al ver que el otro montón de hombres le rebatían con balas no tan exactas como las que ella había proferido, Leona se protegió nuevamente y la tomó a Rhian por el cuello para agachárselo ante cualquier tipo de peligro –He is going to help us and I don’t know why, but you have to trust him if you don’t want to be a dead witch – añadió como si fuera poco, alzando el volumen de su voz para hacerle guerra al ruido de los tiros insertándose en las chapas del auto.
-Who the fuck said I needed help? -contestó con la voz raspada por el enfado Burgnam. Fulminó a su amiga, o a quién había creido su amiga con la mirada y negó con la cabeza antes de apartar la mirada y agacharla, viendo sus manos sosteniendo el arma.
Estaba dispuesta a volver a alzarse y disparar a cuantos enemigos más pudiendo, recordando sus posiciones. Pero entonces un feroz rugir se oyó por encima de todo disparo, y el ruido balístico fue menguando, escuchándose aisladamente algún que otro grito desgarrado de dolor que duraba apenas un suspiro. Rhian intercambió un momento cuando el silencio fue rotundo una mirada con Kenzo, y paulativamente y cuidadosamente, se incorporó con el arma en alto y lista para disparar.
Pero solo vio cuerpos en el asfalto del parking, las carrocerías de algunos autos abolladas como si les hubiese golpeado una fuerza sobrehumana. Y a ese chico que parecía un civil cualquiera recogiendo armas del suelo, sus ropas teñidas de sangre.
-Tienen walkies de larga distancia, eso significa que forman parte de un grupo más grande. Si fueran un grupo aislado no se separarían tanto para necesitar comunicarse a kilómetros -se incorporó, dirigiendo la mirada hacia Rhian y Leona.
La cara de Rhian era un espectáculo.
¿En serio acababa de matarlos a todos en cuestión de unos segundos?
Los labios de la cazadora que se había puesto de pie al mismo tiempo que Rhian, se arrugaron en una mueca al ver que Kennan había hecho todo el trabajo más rápido de lo que dura un pestañeo. El suelo de cemento del parking estaba más teñido de sangre que de otra cosa, y sin bajar la guardia de su atención ante posibles estímulos externos, la cazadora enfundó su arma antes de acercarse hasta donde el lobo se encontraba, quitándole las armas que sus manos habían recogido para así entregárselas a Rhian.
Sin embargo, un fugaz pensamiento atravesó la mente de Leona, pensamiento que se tradujo en una mirada penetrante dirigida hacia Kennan. Y tragó el exceso de saliva en su boca conforme el rostro se le endurecía tanto como apretaba una mandíbula contra la otra. Ignorando la razón, cogió la mano de Rhian y dio dos pasos hacia atrás.
-Tenemos que irnos –farfulló, sin dejar de observar a Kennan al mismo tiempo en el que se preguntaba cómo antes no lo había pensado. ¿Él habría transformado a Nicole Hillson? La rabia que la recorrió prefirió omitirla, pues alejarse de él de repente había sido mejor opción que darle batalla debido a una sospecha. Además de que podía descontrolarse al oler tanta sangre alrededor suyo… nunca se sabía y ellas eran carne fresca –Iremos para la base de nuevo, ¿bien? –le dijo al oído a Burgnam en cuanto ambas le dieron la espalda al lobo, caminando hasta la van que Melanie había querido atacar en su momento – Me importa una mierda lo que diga Nicole al respecto, antes de que te escapes de nuevo prefiero tenerte conmigo.
Kennan no se molestó en ocultar su expresión de sorpresa cuando se incorporó, no siendo ahora amenazado por aquella pistola. ¿Por qué? Miró la masacre. Quizá había sido demasiado efusivo intentando darles ventaja y consiguiéndolo.
-Te he ayudado dos veces -alzó la voz en recriminación -Dos.
Rhian aún daba vueltas a lo que Leona le había dicho de volver a la base cuando escuchó al lobo dirigirse a su amiga. Si, ahora lo recordaba, era el mismo que había ayudado a purificar a Melanie con la dichosa y difícil de conseguir leña verde.
Ahogó un grito por la impresión cuando sintió una fuerza tomándola del brazo y empujándola contra la carrocería de la van, hacia un lado. El lycan acababa de echarse encima de Leona, acorralándola entre su fuerte pecho y la dura carrocería, desarmándola al apretar su muñeca lo suficiente para que soltase el arma.
Y la miró a los ojos, su pecho ascendía y descendía violentamente.
-No puedes darme la espalda así -recriminó en un susurro firme, poco antes de que sus ojos se entornaran hacia abajo para encontrar los labios de ella.
Aturdida al seguir la trayectoria que proyectaba la mirada azulada sobre su propio rostro, Leona echó la cabeza más hacia atrás para deshacer la cercanía con el lobo. Su semblante de repente había pasado a ser uno temeroso, uno que se ensimismaba en ocultar, y lo miró a los ojos aún cuando sus gestos se teñían de dolor. Fue inútil que intentara zafarse de su agarre, pues él la tomaba con la convicción propia de su especie, contra la que Leona no podía luchar.
-Suéltame –murmuró con la voz disfónica, bajando la mirada para escudriñar la barbilla del muchacho. Y pretendió soltarse de él una vez más, sin conseguir nada más que él la tomara con más fuerza, ante la que la cazadora reaccionó al fruncir la nariz en una mueca de dolor
dolor -¡Suéltame! ¿Qué quieres que haga, eh? –le gritó, arrugando el entrecejo, sin siquiera despegarle la mirada para que supiera que, después de todo, seguía siendo valiente por más que sus músculos temblaban –No ayudaré a los que cazo –dijo entre dientes y en voz baja, estirando ahora el cuello hacia delante para poder acortar la distancia, quizá buscando grabarle a fuego aquellas palabras –Eres una maldita excepción que en ningún momento tuvo que suceder, conténtate con eso.
Kennan selló los brazos al tensar la mandíbula, tragándose las palabras de Leona con la angustia que en consecuencia desataban dentro suyo. Y también la rabia. No lo hizo voluntariamente, simplemente a veces no podía controlar su fuerza, cuando apretó más sus muñecas a causa de la ira.
-¿Y qué hay de los que cazan a los que nunca han derramado sangre? No por tener colmillos o ser diferentes debemos ser una amenaza.
-Suéltala -urgió Rhian, quién estaba ahora apuntando a la cabeza del lycan, y no le estaba temblando el pulso -Me quedan dos balas ¿crees que necesitaré las dos para reducirte? Yo creo que no. Ahora suéltala, no lo diré tres veces.
Los ojos rojos del Lycan volvieron a su color natural cuando su fase de transformación cesó, y volvía a ser ese apusto joven, corriente a simple vista. Aunque las manchas de sangre en su ropa alejaban un tanto la verdad de su inocencia.
Soltó a Kenzo poco después, alejándose unos pasos hacia atrás, pero sin dejar de verla todavía.
-Exijo estar en vuestro grupo -dijo entonces, serio y firme en su pedido.
-¿Qué? -Rhian soltó una risa, sin bajar aún el arma -Ni de coña. Tenemos suficiente con una lobita, gracias.
-Puedo enseñarle a controlar su transformación y su sed de sangre. Sabéis que sola no lo conseguirá. Me necesitáis.
La mirada de Leona no deshizo la conexión que había forjado con la del lobo incluso cuando ya la había dejado en libertad. Tomando el ruedo de su camiseta para acomodarla más hacia abajo, escuchó las palabras del muchacho sin siquiera poner atención en el arma de Rhian. Sólo segundos después en los que se debatió internamente, le indicó a la rubia que bajase el calibre, echándole una mirada de reojo.
-He’s right –concedió aún cuando iba contra sus principios, y le correspondió la mirada a Kennan una vez más –Nicole perderá el control en la siguiente luna llena, no sabe cómo manejar sus impulsos todavía y tenemos tiempo de entrenarla hasta la próxima –conjeturó la cazadora, despegándose de la carrocería del vehículo contra el que el lobo la había aprisionado, comenzando a caminar más cerca de Rhian que del joven Donnelly –Es un omega, por más fuerte que sea no generará demasiado problema porque no tiene una manada que venga tras nosotros o lo que fuera -comentó como si él no estuviera allí, mirando de soslayo a Rhian –Tenemos que correr el riesgo. Por Nicole –dijo al fin, frunciendo el entrecejo exageradamente, pues odiaba ir en dirección contraria, pero él sencillamente tenía razón.
-Espera, espera -Rhian arrugó el ceño, guardándose el arma en el pantalón mirando a los ojos de su compañera -Creo que me he perdido de algo. ¿Crees que vuelvo realmente a la base contigo? De eso nada -siseó -Estaba herida. Acababa de casi.. morir -tensó la mandíbula -Y tu me miraste a los ojos y me dijiste.. Y cito. "Estarás bien, rubia. Te veo en un rato". ¿Tienes idea de como me sentí cuando desperté sola, rodeada de personas que no conocía? En un sitio dónde habían armas por todas partes. Dónde en vez de llamarme por mi nombre me llamaban por lo que soy. Bruja. Me da igual de quién fuese la idea, o de si sé de buena mano que necesito alguien a mi lado si quiero sobrevivir. La última vez que alguien me miró a los ojos y me prometió que estaría bien sin él, acabé siendo una marginada en un pueblo dónde se hablaba de mi en cada esquina, dónde solo UNA de miles de familias confió en mi para cuidar a su hijo. Volveré a la base -decidió, tragando saliva -Pero no confío en ti.
Miró de soslayo al lycan y rodeó el vehículo para subirse por la puerta de acompañante.
Kennan arrugaba apenas el ceño, sintiéndose fuera de lugar en esa conversación. Pero habían accedido, así que sin temor a que le metieran una bala entre ceja y ceja se subió al coche, en los asientos de atrás. Estaba claro quién conduciría ¿No?
Sin embargo, Leona no se había adentrado al coche tan rápidamente. Había persistido con las suelas de sus tenis ancladas en el cemento del parking, odiándose internamente por haber acatado una regla con la que ni siquiera había estado de acuerdo. Mas sabía que Rhian no lo comprendería, pues claramente no tenía idea cuan peligroso era tenerla dando vueltas. Era blanco fácil, aún más al estar resentida y enojada, hecho que parecía ignorar: “en ese estado, lejos de estar más alerta, te pierdes de muchos detalles que saltan a la vista cuando dejas las cosas atrás”, se dijo Leona. Percibiendo cómo la angustia le anudaba la garganta al escuchar las palabras de Rhian, prefirió dejarlo pasar, sin responderle más que con su mirada intensa, lejos de demostrar la tristeza que le generaban escuchar tales palabras impactar sobre su pecho a modo de reproche. No obstante, en cuanto comenzó la caminata hasta la van, se dirigió con firmeza y determinación hasta el lado trasero por el que Kennan se había subido, abriendo la puerta para agacharse y mirarlo con los ojos entrecerrados.
-¿Por qué demonios te has subido si no he terminado de hablar contigo? –le preguntó, y previo a eso lo tomó por la chaqueta, obligándolo a ponerse de pie fuera del auto, cerrando la puerta luego para evitar que Rhian escuchase la conversación. Entonces se cruzó de brazos frente a él, inspeccionándolo con la mirada en tanto ladeaba la cabeza –Antes de que Rhian dijera de la situación de mi otra compañera, ¿por qué querías formar parte de nuestro equipo? – y sin darle pie a respuesta, giró la cabeza hacia el otro lado –Más te vale que sea una respuesta inteligente.
-¿Qué tal la verdad, Kenzo? -inquirió, con una media sonrisa.
Claro que, en ese momento, la verdad sería la que él quisiese que fuese. Porque lo cierto era que decirle "la verdad", implicaría que decidiese liquidarle en aquél mismísimo momento.
-Llevo solo mucho tiempo. No tengo manada, no tengo a nadie a quién ser leal más que a mi mismo -y a ella, pero eso no iba a decírselo. -Y teniendo en cuenta que llevo más de un mes eliminando todo lo que estaba dispuesto a amenazarte, porque no hacerlo siendo parte del equipo, y no un lobo solitario. ¿Te gusta esa respuesta, o quieres que te diga que es porque me gusta tu trasero?
La última pregunta diagramada por el lycan no pareció distráela lo suficiente como para que dejara pasar la anterior acotación. El ceño de la cazadora se pobló de pequeñas arrugas conforme la presión de sus ambas mandíbulas unidas se despedazaba, para dejarla con los labios entreabiertos.
-Me sorprende que un omega sea tan descuidado, aunque, espera… -dijo, y pestañeó varias veces antes de posar r su mirada en otro lugar que no fueran los ojos del muchacho –Quizá sea por eso que es más fácil matarlos –ironizó, antes de devolverle la mirada y hundirse en los ojos verdes de Kennan, deshaciendo el nudo que forjaban sus brazos entrecruzados para así dejarlos caer al lado de sus caderas -Todo lo que estaba dispuesto a amenazar…me? –preguntó al señalarse el pecho, enarcando las cejas en un atisbo de sorpresa justo al mismo tiempo. Y la mano libre escaló por la puerta del auto, aquella sobre la que él se apoyaba, para acorralarlo al igual que él había hecho con ella minutos atrás -¿Hay algo de lo que no me enterado todavía, lobo?
-Si lo hubiese -empezó Kennan, negando apenas con la cabeza cuando puso su mano sobre la que Kenzo tenía en la puerta, inclinando la cabeza hacia ella para dejar sus labios muy cerca de los de ella, mirándola a los ojos -¿Realmente crees que te lo diría?
Rhian miró por el espejo retrovisor del lado del conductor aquella cercanía entre Leona y el lobo. Y puso los ojos en blanco.
-Estupendo, ahora me toca viajar con un lobo en celo y la chica dura que se resiste pero en el fondo quiere hacérselo duro en el coche -subió los pies a la guantera, asegurándose una posición cómoda para el relativamente largo viaje -Hay que joderse.
Ante la actitud del lobo, Leona no pudo evitar apresar entre dientes sus labios, manteniéndolos allí en caso de que se le ocurrieran realizar algo descabellado que sólo él inspiró al acercarse y derribar la poca distancia que ya los separaba, ¿o mejor decir “cercanía”? Despidiendo aire lento y tibio mediante sus narinas, la cazadora bajó la mirada para escrutar el movimiento de los labios del lobo al articular las palabras, pero pronto se alejó de él, tironeando con la suficiente certeza como para librarse de su agarre. Debía admitir que esos pocos segundos en los que había persistido sin ningún tipo de habla, habían sido eternos. Probablemente para ambos, y no era algo que le agradara en lo absoluto.
-Sube al auto –se limitó a decir en cuanto pudo mediar palabra, apartando la mirada de aquel rostro esencialmente atractivo para ensimismarla en la semi circunferencia que trazó con sus pies camino al asiento del piloto. Antes de que Rhian pudiera decir algo respecto a la situación que acababa de sucederse, Leona se colocó el cinturón de seguridad y la miró de reojo -Ni se te ocurra –dijo para acallarla.
Y el lycan se quedó en la misma posición a pesar de que la cazadora ya hubiese subido al coche, con esa media sonrisa socarrona y victoriosa. No, no la había besado, pero había escuchado su acelerado palpitar cuando la distancia entre ellos fue mínima. En mayor o menor medida, había química, y aunque Kenzo no tuviese super oído, acabaría dándose cuenta.
Se subió al coche cerrando de un portazo y se puso el cinturón de seguridad, frotándose las piernas con las manos después.
Rhian giró la cabeza para mirarle, con el ceño fruncido. Pero en seguida volvió la vista al frente.
-Un alfa en los asientos de atrás con el cinturón de seguridad puesto -se puso las lentes de sol que sacó de su mochila -Ya lo he visto todo en la vida.
SACRED BLOOD | SEASON THREE
CHAPTER X - FRESH DEAD WITCH
lately i’ve been driving myself crazy lately this old house ain’t been no home
Kennan Donnelly - The alfa
CHAPTER – IN YOUR DEBT
El hombre cree que la guerra es solo entre sus iguales. Pero el hombre se equivoca.
Todo empezó con sangre, todo empezó con la certeza de que la redención podría borrar quiénes éramos. Todo empezó con el diálogo, con el intento de un tratado de paz. Empezó con un hombre negándose a escuchar, y acabó con mi soledad.
Lo cierto es que no recuerdo con detalle lo que sucedió aquella noche. Sé que mi padre era un buen hombre, que también lo era mi madre, así como mis hermanos. He tenido mucho tiempo para reflexionar sobre lo que sucedió, y aún hoy cumplo mi penitencia.
Daños colaterales, la guerra de otros abriendo heridas en corazones inocentes. ¿Un santo? No, creo que estoy muy lejos de ser uno, y que solo estoy siguiendo el camino más corto al infierno.
Cada vez que hay sangre en mis manos, cada vez que robo una vida, vuelvo a esa noche.
Dicen que no hay nada peor que un lobo solitario. Que no hay nada más peligroso que una bestia sin contención. Pero el hombre vuelve a equivocarse, pues si hay algo peor que un lobo sin manada, es un lobo con un propósito. Un lobo con una deuda pendiente.
No creía que pudiese llegar al walkie, pero lo intentaba. Se arrastraba en el suelo aún cuando las llamas se alzaban hacia el cielo, solo el crujir de la madera rompiéndose a su alrededor, ya no oía un solo grito de socorro. No había cobertura, no habían refuerzos... Estaba solo, agonizando y solo.
Sollozó y gimió cuando sintió aquellos ojos amarillos en su nuca. Le había visto, y ahora iría a por él. La herida de su brazo sangraba copiosamente, y estaba seguro de que su hígado no daba para más. Solo un par de metros, un par...
Pero aquella bota pisó su mano antes de alcanzarlo, le faltaron unos centímetros.
Lo suyo no era matar con tanta sangre fría, pero debía hacerse. Si dejaba que aquél hombre viviese pondría el peligro al grupo de cazadores a los que protegía. No, refuerzos era lo último que necesitarían.
Había pasado más de diez noches en aquellos bosques, alerta a cualquier movimiento. Había detenido a seis grupos de milicia, y dos batallones franceses.
-Qué clase de monstruo eres tu -siseó el soldado que tenía a sus pies.
Kennan encogió el ceño al fruncirlo y por un momento se hizo la misma pregunta. Se agachó para estar a la altura del militar y vio sus heridas, no sobreviviría. Pero si podía ahorrarle dolor.
Fue entonces que tensó la mandíbula y sus colmillos asomaron tanto como permitió. Quizá, de esa forma, estaba dándole la respuesta a la pregunta que le había hecho, y él demostrando su ira. Tal vez debería dejar que se desangrara ¿Cuantas vidas había robado aquél hombre? ¿A cuantos niños habría matado? ¿Cuantas mujeres habría violado?
Cerró los ojos y se relajó, alejando el walkie con la otra mano. Recordó que él no era un juez, y que ni mucho menos podía juzgar a un hombre por sus actos, cuando sus manos eran las primeras en tener sangre inocente.
Acabó con su calvario, le partió el cuello para que fuese rápido e indoloro.
Recogería las armas y destruiría los camiones, se desharía de los cadáveres para no dejar pruebas de lo que había hecho así como de que había estado allí.
Estábamos reunidos alrededor del fuego. Mi padre tocaba una vieja guitarra y mi madre me miraba a los ojos como si el hecho de que aquella noche cumpliese mis dieciocho años lo cambiase todo. Yo sabía, aunque intentaba ignorarlo, que en algún momento me convertiría en el alfa de la manada, que cuando mi padre estuviese demasiado cansado, demasiado mayor, y demasiado lento para seguir cuidando de todos nosotros, sería mi momento de tomar su lugar.
Recuerdo que le sonreí, no estoy seguro de si pretendía decirle con ese gesto que aún faltaba mucho para que me escuchase aullar como el líder que debía ser. Entonces llegaron las linternas, aquellos halos de luz alertaron a mis iguales, pero fue demasiado tarde para mis dos hermanos pequeños. Recuerdo verles caer con los ojos abiertos a mi lado, como las llamas repentinamente avivaron más que nunca el fuego. En aquél momento no lo entendí, no entendí por qué habían muerto, por qué estaban atacándonos.
Dante fue el próximo, y entonces vi a mi padre levantarse con las manos en alto y dirigirse a aquél hombre de tez blanca cuyas facciones no pude distinguir desde dónde estaba. El griterío del llanto de mi madre estaba rompiéndome los tímpanos, si hay algo más impactante que ver a un niño llorar, es el llanto de una loba por sus cachorros.
Ellos eran cuatro, nosotros tres. Pero Dios sabe que de haber querido aún quedaríamos tres. Mi padre, nuestro alfa, nuestro líder intentó que bajasen las armas.
Recuerdo la vida de mi madre escapándose en mis brazos, el brillo de sus ojos apagándose fue lo que inició mi proceso de transformación. Y lo siguiente fue un vacío, uno que de alguna forma la fiera en mi interior quiso llenar con la sangre de otros, pero lo único que realmente sucedió aquella noche, lo único que mire como lo mire sucedió, fue que me quedé solo. En una noche de luna llena, en mi décimo octavo cumpleaños, maté por primera vez. Masacré, por primera vez.
Off role
Kennan Donnelly es un muchacho solitario. Su infancia no fue la de un niño cualquiera, pero fue lo suficientemente buena para él. Hijo de Drake Donnelly, un lobo alfa irlandés que se trasladó a Inglaterra poco después de que naciese su primer hijo, Kennan. No podía considerarse su familia una manada, pues no había ningún lobo que no fuese sangre de su sangre entre ellos. Viajaron junto al hermano de Drake, Dante, la madre de Kennan, Molly y poco más tarde llegaron Edward y Ginna, los hermanos pequeños de Ken.
Drake era un hombre de firmes principios, para él no se trataba de no aceptar lo que eran, sino de hacer algo bueno con el destino que les había sido impuesto. Ser lobo implicaba muchas bendiciones, así como habilidades. Pero también cargaban con la maldición de no poder llevar jamás una vida normal, pues a fin de cuentas no podían escapar a lo que eran, y sabían que de acercarse demasiado a la civilización, podrían cometer el error de herir a un inocente, o no controlar su sed de caza, su sed de sangre.
Así que durante años, la manada se limitó a vivir en los densos bosques de Inglaterra, nunca quedándose por más de dos meses en el mismo perímetro, siendo nómadas la mayor parte de la infancia de los más jóvenes de la manada. Encendían hogueras, se reunían cada noche alrededor del fuego y aprendían algo más. Molly había sido profesora en una pequeña universidad de Irlanda, hasta que una noche de luna llena estuvo a punto de perder el control y Drake, apareciendo en el momento oportuno y en el sitio indicado, la salvó de manchar su inocencia cometiendo asesinato por primera vez.
Así que, bajo el amparo de una madre y maestra, la fortaleza de un alfa y la sabiduría de Dante, la noche en la que Kennan cumplía sus dieciocho años, podría decirse que sabía todo lo que un buen hombre necesita saber para no perder su camino.
Pero su historia dejaría de ser pura y honorable aquella misma noche, la víspera del cumpleaños de Kennan, todo daría un giro.
Resultó ser que la familia Donnelly no era la única manada de lobos en North York Moors. Un grupo de Lycans había estado haciendo de las suyas en el pueblo más próximo, y la organización de cazadores de Gran Bretaña, alertada de lo sucedido, envió a uno de sus mejores cazadores a cargo de un grupo de tres hombres más a solucionar el problema antes de que se diesen más muertes.
Pero aquél grupo de cazadores cometieron un error, o quizá no fue exactamente así; tal vez, lo que realmente sucedió, fue que aquella manada de lycans hambrientos y de corazones oscuros sabían de la localización de la manada de los Donnelly, y llevaron de pista en pista a aquél grupo de cazadores de cabeza al asentamiento de Drake y su familia.
El lobo alfa, después de ver como acababan con la vida de dos de sus hijos y poco después de su mujer, intentó encontrar fe en su corazón y pedirle a los cazadores que bajasen las armas. Intentó explicarles hasta el último aliento que ellos no habían matado a nadie, que eran nómadas y no se alimentaban de seres humanos, que habían aprendido a controlar su ira y su transformación. Que no eran un peligro, a fin de cuentas no se acercaban a la civilización a menos de que se tratase de una emergencia.
Pero fue en vano. Todos cayeron, uno a uno, la destreza de esos hombres había sido letal. Mataron a todos, excepto a uno. El que estaba a punto de convertirse en lobo adulto vio con ojos llorosos como todo lo que conocía se había reducido a nada, a cuerpos sin vida. Ya no volvería a escuchar las enseñanzas de su madre, no volvería a obedecer a su padre y líder, no volvería a molestar a sus hermanos ni a ver certeza en los ojos de su tío.
Toda una vida de bien, manchada de sangre.
El dolor se hizo ira, la ira se volvió ferocidad y su transformación fue inevitable. No supo, o quizá si, lo que estaba haciendo cuando resultó un animal imparable para los tres cazadores, cuando se lanzó a los cuellos de cada uno de ellos y les arrancó la vida con los colmillos que jamás había usado para algo así.
La luna aún brillaba grande e imponente para cuando Kennan volvió a abrir los ojos. Desorientado y con apenas ropa encima se abrazó por minutos a si mismo hasta que no pudo ignorar por más tiempo el olor a sangre, ese que de alguna forma seguía llamándole. Notaba una tormenta en su interior y sensaciones que nunca antes había sentido.
Jamás había conocido el dolor, jamás había conocido la pérdida, y aquella noche había tenido la desafortunada oportunidad de encontrarse con ambos.
No solamente el haber perdido a su familia, sino el saber que acababa de asesinar, de masacrar a tres seres humanos.
Perdido y destruído, algo llamó la atención del joven lobo. Algo que había caído cerca de uno de los cuerpos, un pequeño papel. Una fotografía.
En ella, una mujer, un hombre y una joven que no debía de tener más años que él sonreía. Era lo más bonito que había visto nunca.
Una imagen tan pura, tan real como su propia familia.
Lo comprendió cuando miró el cuerpo sin vida de Hayden Kenzo. Acababa de matar al padre de alguien, al esposo de alguien.
Solo, Kennan abandonó los bosques de Inglaterra para adentrarse en la civilización el tiempo que le llevó averiguar quién era la muchacha de la fotografía, a quién acababa de romper todos sus esquemas, a quién acababa de dejar sin padre y sin esposo.
Cualquier otro no hubiese mirado atrás y hubiese dejado que el tiempo curase las heridas, pero no Kennan. Pues de alguna forma entendía que aquello no había sido más que un daño colateral, y que ese daño debía repararse. Él no era un monstruo, no era un asesino, y de seguir su padre con vida, se lo recordaría antes de que perdiese el control.
Leona Kenzo. Así se llamaba su deuda. Y hoy, cuando la guerra entre naciones y razas arde en cualquier esquina y rincón de los Estados Unidos, Kennan Donnelly ha encontrado por fin el momento de saldarla.
SACRED BLOOD | SEASON THREE Mail: [email protected]
Character: Kennan Donnelly