Fue a buscar, lo más rápido que pudo, todo lo que necesitaba para hacerle la desinfección y cura de la espalda. Si bien era cierto que desde hacía muchos años no utilizaba sus habilidades para la enfermería —las condiciones de su antigua profesión le había llevado a ello — con Amma había vuelto a tener que recuperar aquellos conocimientos. Se colocó a su lado y, una vez desinfectada la zona, se inclinó para darle un beso en el hombro, queriéndola tranquilizar. — Va a doler. Si lo vuelves a hacer no estaré yo para curarte. ¿Lo has entendido? — le susurró, como si se tratase de una niña pequeña, antes de volver a besar su magullada piel, tomar una aguja y comenzar a coser la herida más grande. La vista de su espalda no lee hizo que se le removiera el estómago, había visto cosas todavía peores, pero sí que sus ojos se humedecieran de nuevo.
El alcohol hizo que varias de las heridas volviesen a sangrar y todo su cuerpo temblase ante el dolor que estas le producían. El beso de Edna consiguió calmarla durante unos instantes y, antes de que le empezase a coser, asintió tragando saliva con fuerza, sabiendo que lo que venía a continuación no iba a ser nada agradable. En cuanto sintió la aguja hundirse en su piel, las lágrimas comenzaron a escapar irremediablemente de sus ojos. Su respiración se agitó y para no gritar no le quedó otra que morder la almohada.













