-Bueno, hay muchos que dicen que si uno quiere el trabajo bien realizado, debe hacerlo uno mismo. A lo mejor consigo esquivar a tus guardaespaldas o lo que sea… -se encoge levemente de hombros-. O quizás es que no tienes la fuerza necesaria como para enfrentarme, a lo mejor te perdiste esa lección en el colegio de ricos. Ah, que no os enseñan nada de eso -Noreen va a cruzarse de brazos pero de repente recibe el bofetón de la mujer. Sonríe por haber conseguido sacar de sus casillas a la morena y le propina un fuerte empujón-. A ti tampoco te conviene molestarme, vieja. Ahora mismo no hay guardaespaldas, estás en uno de los peores barrios de la ciudad, justamente donde tengo más aliados que tú.
—El mejor arma de una mujer no es la fuerza sino la palabra. Por cada triste intento de herirme podría conseguir con una llamada que te encarcelasen bajo cualquier acusación—le advirtió altamente irritada. Su amenaza era totalmente cierta puesto que Edna poseía la influencia necesaria para mover hilos de aquella manera. Si ya lo había hecho con Catherine, una don nadie no sería mayor problema. Recibió el empujón y la miró con ferocidad. —Eres una niña muy brabucona. Hablas mucho y observas poco— susurró desde cierta distancia. —Pese a mi aspecto, no dudo de que incluso los de tu calaña puedan reconocerme. ¿Qué ganan enfrentándose a alguien con mi poder económico? Un bonito cupo en la lista de mis matones, como tú los has llamado.















